Jacob no durmió demasiado aquella noche, aunque se habría negado a admitir que la advertencia de Mewtwo hubiera tenido alguna responsabilidad. El problema principal era que la pequeña habitación había dejado de ser un espacio de descanso y se había convertido en una improvisada zona de vigilancia. Dragonite permaneció durante horas sentada frente a la ventana, con el cuerpo erguido y las alas recogidas contra la espalda, observando las lejanas siluetas blancas de las ruinas como si esperara que algo emergiera de ellas en cualquier momento. Gengar se había ocultado dentro de la sombra del armario, pero sus ojos rojizos continuaron abiertos durante buena parte de la madrugada, apareciendo ocasionalmente entre la oscuridad cuando algún sonido recorría el pasillo. Raichu de Alola, por su parte, se había quedado dormida aferrada al brazo izquierdo de Jacob, con la larga cola rodeando una de sus piernas y las orejas levantándose cada vez que él intentaba cambiar de posición.
En otras circunstancias, Jacob habría devuelto a Raichu a su Pokébola para recuperar la libertad de movimiento. Sin embargo, después de las imágenes que Mewtwo había colocado dentro de su mente, no estaba dispuesto a obligarla a entrar en una esfera ni a separarla de los demás. La ratoncita se había despertado en dos ocasiones durante la noche, desorientada y mirando hacia la ventana con el cuerpo tenso. Las dos veces había comprobado primero que Jacob seguía junto a ella y después que Dragonite continuaba en la habitación. Solo entonces había logrado relajarse. Por esa razón, el entrenador terminó aceptando la incomodidad y permaneció acostado boca arriba, observando durante largos minutos el techo oscuro mientras intentaba ignorar el entumecimiento de su brazo.
La primera luz de la mañana atravesó la ventana y se proyectó sobre la cama. Dragonite no se movió de inmediato; sus ojos continuaban clavados en las ruinas, aunque el cansancio acumulado podía percibirse en la forma ligeramente caída de sus antenas. Gengar emergió poco a poco desde la sombra del armario, estirándose como si hubiera pasado la noche en una posición incómoda. Después flotó hasta situarse sobre Jacob y abrió la boca exageradamente, preparándose para gritarle en el rostro.
—No lo hagas —murmuró Jacob sin abrir los ojos, moviendo apenas los labios.
Gengar se quedó suspendido sobre él. Su sonrisa se congeló y sus ojos se desplazaron hacia Raichu, que continuaba dormida sobre el brazo del entrenador.
—Si la despiertas, tú vas a tranquilizarla —añadió Jacob mientras levantaba lentamente la mano libre y señalaba a la ratoncita
—. También tendrás que explicarle por qué decidiste asustarla después de lo que ocurrió ayer—.
Gengar contempló a Raichu durante varios segundos. Después cerró la boca, descendió un poco y retrocedió con una expresión de decepción. Desde la ventana, Dragonite emitió un sonido suave que parecía una risa contenida. Jacob abrió finalmente los ojos y giró la cabeza hacia ella.
—Tú tampoco puedes burlarte —dijo mientras intentaba retirar el brazo atrapado bajo el cuerpo de Raichu
—. Llevas toda la noche observando las ruinas como si fueran a levantarse, cruzar el campamento y entrar por la ventana—.
Dragonite desvió brevemente la mirada hacia él y cruzó los brazos, dejando claro que consideraba su vigilancia completamente justificada.
—Sí, ya sé que estabas protegiéndonos —continuó Jacob mientras movía lentamente los dedos para recuperar la sensibilidad
—. Pero podrías haberlo hecho sentada en una posición menos dramática—.
La Pokémon dragón levantó ligeramente el mentón y volvió a observar el exterior. Jacob consiguió liberar el brazo sin despertar a Raichu y se incorporó con lentitud. Durante unos segundos permaneció sentado en el borde de la cama, flexionando la mano entumecida y tratando de recuperar la circulación. Después extendió el brazo hacia la mesa, tomó su teléfono y activó la pantalla.
Había cinco mensajes de Selene Veyr.
Los primeros cuatro habían sido enviados a intervalos regulares y solicitaban que se presentara en el Centro de Investigaciones a las siete de la mañana. El último había llegado apenas unos minutos antes y su tono era mucho menos cordial.
La entrada a Némesis será abierta a las 07:30. Si desea participar en la expedición, deberá presentarse antes de esa hora.
Jacob deslizó el dedo por la pantalla para comprobar la hora. Eran las siete con veintisiete minutos.
—Parece que tenemos prisa —comentó mientras se levantaba, aunque su forma de moverse no mostró ninguna urgencia.
Dragonite giró de inmediato hacia él y desplegó parcialmente las alas. Gengar recuperó la sonrisa, interpretando la frase como una señal de que finalmente ocurriría algo interesante. El movimiento de ambos despertó a Raichu, que levantó la cabeza y observó la habitación con los ojos aún adormilados.
—No es nuestra prisa —aclaró Jacob mientras guardaba el teléfono dentro del abrigo
—. Es la de Selene. Hay una diferencia importante—.
Raichu se frotó los ojos con ambas patas. Dragonite se acercó a la cama y le ofreció una garra para ayudarla a bajar. La ratoncita la aceptó y después flotó lentamente sobre su cola, manteniéndose cerca de Jacob mientras él revisaba las Pokébolas sujetas a su cinturón. Todas parecían funcionar con normalidad en la superficie. Las presionó una por una para comprobar sus cierres, pero evitó liberar a los Pokémon que permanecían dentro. Todavía no sabía qué tipo de interferencia encontrarían bajo las ruinas ni cuánto tiempo estarían expuestos a ella.
Antes de abandonar la habitación, Jacob sacó del bolsillo interior la hoja doblada donde Raichu había dibujado la cápsula, la corona y la figura de Selene. Desplegó el papel sobre la mesa y observó los trazos desordenados. El dibujo no era una prueba definitiva, pero la reacción de la científica había confirmado que al menos una parte de aquellas imágenes era verdadera. Jacob volvió a doblar la hoja y la guardó con cuidado.
—Vamos a tener una conversación bastante desagradable —dijo mientras abría la puerta y dirigía una mirada hacia Gengar.
El Pokémon fantasma levantó ambas garras con entusiasmo, como si hubiera estado esperando precisamente aquellas palabras.
—Eso no significa que puedas asustarla, maldecirla o hacer que crea que el suelo intenta tragársela —advirtió Jacob mientras salía al pasillo.
Gengar bajó lentamente los brazos y flotó detrás de él, aunque la sonrisa que mantuvo en el rostro indicaba que todavía estaba considerando alguna de esas posibilidades.
Cuando llegaron al edificio principal, Selene ya los esperaba dentro de la misma sala privada donde habían conversado el día anterior. La científica había sustituido la bata blanca por una chaqueta oscura confeccionada con material resistente. Bajo ella llevaba un traje de exploración ceñido, botas reforzadas y un cinturón que sostenía diferentes herramientas de análisis, una pequeña pistola de bengalas y varias Pokébolas. Su cabello estaba recogido con mayor firmeza que el día anterior y el dispositivo metálico de su muñeca mostraba una sucesión de códigos que cambiaban constantemente.
Detrás de ella permanecía Metagross.
El enorme Pokémon ocupaba buena parte del espacio disponible. Sus cuatro extremidades descansaban sobre el suelo con una estabilidad absoluta y su cuerpo metálico reflejaba la iluminación blanca de la sala. Cuando Jacob cruzó la puerta, los ojos rojos de Metagross se fijaron primero en él y después se desplazaron hacia Dragonite. La dragona respondió avanzando medio paso y elevando ligeramente las alas. No adoptó una postura de ataque abierta, pero el movimiento bastó para dejar claro que no permitiría que el Pokémon de Selene se acercara demasiado.
—Llegó tarde —dijo Selene mientras consultaba el dispositivo de su muñeca y evitaba mirar directamente a Dragonite.
Jacob avanzó hasta una de las sillas y dejó caer el peso de su cuerpo sobre ella sin pedir permiso.
—Llegué antes de que abrieran la puerta —respondió mientras apoyaba un brazo sobre el respaldo.
—Por tres minutos —señaló Selene, levantando la mirada hacia él—.
—Entonces llegué temprano —concluyó Jacob sin mostrar preocupación.
La científica lo observó durante varios segundos, como si tratara de decidir si la respuesta era una provocación deliberada o una consecuencia natural de su personalidad. Mientras tanto, Gengar se deslizó alrededor de la silla y se acercó a Metagross. El Pokémon fantasma levantó ambas garras, deformó el rostro y sacó la lengua con la intención de sorprenderlo.
Metagross no reaccionó.
Gengar inclinó la cabeza, se acercó un poco más y repitió el gesto con mayor exageración.
Los ojos rojos de Metagross permanecieron completamente inmóviles.
La sonrisa de Gengar perdió firmeza. Después cruzó los brazos y miró al Pokémon metálico con una mezcla de ofensa y desafío.
—No creo que funcione —comentó Jacob observándolo desde la silla.
Gengar señaló a Metagross y después se señaló a sí mismo, como si Jacob hubiera puesto en duda su talento.
—No dije que no fueras aterrador —aclaró el entrenador mientras apoyaba la mejilla sobre una mano
—. Dije que probablemente no tenga sentido del humor—.
Raichu de Alola flotó hasta situarse detrás de Dragonite. Desde allí observó a Metagross, pero evitó acercarse. La combinación de sus tipos Acero y Psíquico, junto con las experiencias de la tarde anterior, parecía producirle una incomodidad que no podía ocultar. Selene percibió la reacción.
—Metagross no intentará entrar en su mente —aseguró mientras dirigía brevemente la mirada hacia Raichu.
La pequeña Pokémon bajó las orejas y se ocultó un poco más detrás del cuerpo de Dragonite.
—Eso no fue tranquilizador —señaló Jacob, girando lentamente el rostro hacia Selene.
—Solo intentaba aclararlo —respondió la científica—.
—Normalmente nadie aclara algo así a menos que exista la posibilidad de que ocurra —replicó Jacob.
Selene inspiró con lentitud. Después dejó el dispositivo de su muñeca sobre la mesa y apoyó ambas manos junto a él.
—Metagross permanecerá bajo mi control durante toda la expedición —declaró con firmeza.
Dragonite emitió un gruñido que hizo vibrar ligeramente el aire de la habitación. Metagross movió una de sus extremidades sobre el suelo y el sonido metálico resonó contra las paredes.
—Ella tampoco está bajo mi control —comentó Jacob mientras señalaba a Dragonite con un movimiento leve de la cabeza
—. Sin embargo, suele comportarse bastante bien cuando nadie me amenaza, me encierra o intenta ocultarme información importante—.
Selene sostuvo la mirada del entrenador.
—Nadie lo está amenazando —respondió.
Jacob sacó el teléfono del abrigo, activó la pantalla y lo colocó sobre la mesa frente a ella.
—Entonces podemos avanzar a la parte donde explica por qué su expediente utiliza el mismo código que la entrada de Némesis —dijo mientras deslizaba el dispositivo hacia la científica.
La captura mostraba con claridad la identificación
N-01-VEYR. Selene no hizo ningún movimiento durante los primeros segundos. Metagross giró ligeramente la cabeza hacia ella, quizá percibiendo un cambio en su actividad cerebral o en su tensión corporal.
—¿Accedió a archivos restringidos? —preguntó Selene sin elevar la voz, aunque la rigidez de sus hombros contradijo su aparente serenidad—.
—Usted los envió dentro de la documentación de la expedición —respondió Jacob mientras apoyaba ambos brazos sobre la mesa
—. Estaban escondidos entre informes repetidos, mapas incompletos y varias páginas que parecían diseñadas para que nadie tuviera ganas de leerlas—.
—Ese código no estaba destinado a ser interpretado fuera del sistema interno —replicó Selene mientras tomaba el teléfono y examinaba la imagen.
—Eso tampoco respondió mi pregunta —señaló Jacob.
Selene permaneció observando la pantalla. Después dejó el teléfono exactamente en el mismo lugar donde lo había encontrado y levantó lentamente la mirada.
—N-01 era la identificación administrativa de la instalación —explicó—. Mi apellido aparece porque fui una de las personas autorizadas para acceder al nivel principal—.
Dragonite cerró las garras con fuerza. Gengar dejó de prestar atención a Metagross y se acercó a la mesa.
—Ayer dijo que Némesis era una sección restringida de las excavaciones —recordó Jacob.
—También le expliqué que se había construido una instalación científica alrededor de esa sección —respondió Selene, manteniendo una voz controlada.
—No mencionó que usted tenía acceso administrativo ni que su identificación estaba grabada en la misma puerta —replicó él.
—No administraba Némesis sola —aclaró Selene.
—¿Quién más participaba? —preguntó Jacob de inmediato.
La científica guardó silencio y recogió una tableta que estaba colocada junto al dispositivo de su muñeca.
—Eso no es relevante para entrar de forma segura —contestó después de activar la pantalla.
Jacob no respondió. Permaneció mirándola con los ojos dorados entrecerrados. Dragonite inclinó el cuerpo hacia delante y Gengar dejó escapar una risa breve, como si incluso él comprendiera que la evasiva había sido demasiado evidente.
Selene dejó escapar un suspiro lento.
—El trabajo estaba financiado por varias instituciones privadas y supervisado por investigadores procedentes de Ciudad Central —explicó finalmente—. Había especialistas en genética, neurología Pokémon, tecnología antigua y contención energética. La mayor parte del personal abandonó la instalación después del incidente—.
Jacob apoyó la espalda contra la silla.
—¿Qué incidente? —preguntó.
La mirada de Selene se desplazó hacia Raichu de Alola. La ratoncita se escondió parcialmente detrás de Dragonite al notar que la observaban.
—Mewtwo escapó de su cámara de contención —respondió Selene.
El ambiente de la habitación cambió. Dragonite dejó de gruñir, pero su expresión se volvió más dura. Gengar perdió la sonrisa por completo. Incluso Metagross pareció quedar más inmóvil que antes.
—¿Lo tenían encerrado? —preguntó Jacob.
—Lo manteníamos aislado —corrigió Selene.
—Dentro de una cápsula y con una corona sobre la cabeza —añadió él mientras sacaba del abrigo el dibujo realizado por Raichu.
Por primera vez desde que habían entrado, la expresión de Selene se alteró de forma evidente. Sus ojos se dirigieron hacia el papel antes de que Jacob lo colocara completamente sobre la mesa.
—¿Cómo sabe eso? —preguntó mientras miraba a Raichu.
La pequeña Pokémon retrocedió. Dragonite extendió uno de sus brazos frente a ella y cubrió parte de su cuerpo con un ala. Jacob desplegó el papel y lo empujó hacia Selene.
—Mewtwo le mostró estas imágenes —explicó
—. Raichu no puede decirme exactamente qué significaban, pero pudo representar una cápsula, una especie de corona y su presencia frente a él—.
Selene tomó la hoja. Sus ojos recorrieron los trazos de la ratoncita durante un tiempo prolongado. No parecía sorprendida por la cápsula ni por la corona. Lo que realmente la perturbaba era saber que Mewtwo había elegido compartir ese recuerdo.
—No puede estar seguro de que sea una memoria auténtica —dijo finalmente mientras continuaba sujetando el papel—. Mewtwo es capaz de alterar percepciones, combinar fragmentos de experiencias distintas y presentar una versión diseñada para provocar una reacción concreta—.
—Eso mismo pensé —respondió Jacob
—. Pero su cara acaba de ayudar bastante—.
Selene dobló la hoja con cuidado y la deslizó de nuevo hacia él.
—La estructura que dibujó Raichu existía —admitió—. La llamábamos Corona Némesis—.
Raichu se estremeció al escuchar el nombre. Dragonite colocó una garra sobre su hombro y la acercó más a su cuerpo. Gengar giró lentamente hacia Selene y su expresión adquirió una seriedad poco habitual.
—¿Para qué servía? —preguntó Jacob mientras guardaba el dibujo.
—Reducía la intensidad de sus capacidades psíquicas —respondió Selene—. Los instrumentos dejaban de funcionar cuando Mewtwo liberaba demasiada energía. Las personas sufrían migrañas, pérdida de orientación y episodios de memoria fragmentada. Sin algún sistema de regulación era imposible acercarse a él o estudiar el fenómeno que representaba—.
—¿También era imposible preguntarle si deseaba ser estudiado? —cuestionó Jacob.
Selene apretó ligeramente los labios.
—Mewtwo no era estable cuando llegó a Némesis —afirmó.
—Eso no respondió la pregunta —replicó Jacob.
—No conoce las circunstancias en las que fue encontrado —dijo la científica con mayor dureza—.
—Porque se niega a contarlas completas —respondió él.
Selene mantuvo ambas manos sobre la mesa. Durante unos segundos, sus dedos se tensaron alrededor del borde metálico.
—La Corona Némesis no fue diseñada para causarle dolor —continuó—. Su función era contener los picos de energía y evitar que sus impulsos afectaran a todos los que estuvieran cerca—.
—Pero le causaba dolor —señaló Jacob.
La científica no respondió. La ausencia de una negación resultó suficiente.
Jacob recogió el teléfono y se puso de pie con lentitud. Dragonite se movió al mismo tiempo, posicionándose de inmediato a su lado.
—No voy a entrar sin saber qué intenta hacer cuando encontremos a Mewtwo —declaró Jacob mientras guardaba el dispositivo.
—Rescatar a los desaparecidos y contenerlo antes de que alcance la superficie —respondió Selene con rapidez.
—Contener significa encerrarlo otra vez —dijo él.
—Si resulta necesario, sí —admitió la científica.
Dragonite desplegó parcialmente las alas. Gengar dejó escapar un gruñido y Raichu observó a Selene con una mezcla de temor y rechazo.
—Mewtwo posee suficiente poder para destruir Pueblo Ara —continuó Selene mientras permanecía frente a Jacob—. Durante su primera fuga dañó varias secciones del complejo, destruyó sistemas de soporte y dejó a numerosos investigadores heridos. Si alcanza la superficie en un estado similar, no habrá tiempo para discutir sobre sus intenciones—.
—¿Cuántos Pokémon resultaron heridos antes de que escapara? —preguntó Jacob.
El silencio que siguió fue más prolongado que los anteriores.
Metagross avanzó medio paso.
El movimiento fue pequeño, pero Dragonite reaccionó inmediatamente. La dragona se interpuso entre Jacob y el Pokémon metálico, extendiendo las alas hasta casi tocar las paredes laterales. Sus ojos se endurecieron y un gruñido grave comenzó a crecer en su garganta. Gengar se deslizó dentro de su sombra, listo para aparecer desde cualquier ángulo. Raichu elevó las mejillas y pequeñas chispas comenzaron a recorrer su rostro.
Metagross bajó ligeramente el cuerpo. Sus cuatro extremidades se afirmaron sobre el suelo y el brillo de sus ojos aumentó.
—Basta —ordenó Selene sin levantar la voz, volviéndose hacia su Pokémon.
Metagross detuvo el avance, aunque no abandonó la postura defensiva.
Jacob apoyó una mano sobre el brazo de Dragonite. La Pokémon no se movió al principio. Él deslizó lentamente los dedos sobre su piel, sin apartar la vista de Selene.
—Tranquila —dijo con tono bajo
—. No empezaremos una batalla antes de desayunar. Sería una cantidad absurda de esfuerzo—.
Dragonite giró apenas un ojo hacia él. Después relajó gradualmente las alas, aunque permaneció delante de su entrenador. Raichu dejó de acumular electricidad. Gengar volvió a salir de la sombra, pero se quedó cerca de la pierna de Jacob. Metagross se incorporó y retrocedió hasta la posición inicial.
Selene recogió la tableta y mostró un plano incompleto de Némesis.
—La apertura ya comenzó —informó mientras ampliaba un mapa formado por varios niveles subterráneos—. Si el sistema vuelve a bloquear la entrada, quizá no podamos intentarlo otra vez en varios días—.
—¿Quién está abriendo la puerta? —preguntó Jacob mientras examinaba la pantalla.
—Un equipo técnico desde la superficie —respondió Selene.
—Dijo que Némesis estaba abandonada —recordó él.
—Abandonada no significa completamente desconectada —replicó la científica—. Parte de la red externa sigue respondiendo—.
Jacob tomó la tableta y observó el plano. Varias zonas aparecían marcadas con errores, espacios negros o líneas interrumpidas. El nivel superior era el único que mostraba una distribución relativamente clara. Los niveles inferiores apenas contenían corredores aislados y referencias incompletas.
—Faltan secciones enteras —comentó mientras desplazaba un dedo sobre la pantalla.
—Los servidores sufrieron daños durante la fuga —explicó Selene—. Solo fue posible recuperar una parte de los mapas—.
—Y aun así aseguró que existía una sola entrada —dijo Jacob levantando la mirada.
—Una sola entrada operativa desde la superficie —corrigió ella.
Jacob le devolvió la tableta.
—Está mejorando con las palabras —comentó.
Selene ignoró la observación y comenzó a enumerar las condiciones de la expedición. Su voz recuperó el tono profesional de una persona acostumbrada a dirigir equipos enteros.
—Permaneceremos juntos. Nadie se separará sin autorización. No abrirá cámaras, depósitos ni zonas de contención. No liberará Pokémon que encontremos dentro hasta que sean evaluados. Si localizamos a Mewtwo, no intentará combatirlo ni capturarlo. Si le ordeno retirarse, obedecerá inmediatamente—.
Gengar comenzó a contar las condiciones con los dedos. Después de la cuarta, fingió bostezar y se dejó caer sobre la mesa como si se hubiera quedado dormido.
—¿Terminó? —preguntó Jacob.
—Esas reglas no son negociables —respondió Selene.
—Entonces puede entrar sin mí —propuso él mientras comenzaba a caminar hacia la salida.
Selene no respondió.
Jacob llegó hasta la puerta y colocó una mano sobre el panel, pero no la abrió.
—Si pudiera llegar hasta Mewtwo con Metagross y sus técnicos, no habría ofrecido ciento cincuenta mil Pks a alguien que no forma parte de ninguna institución —continuó sin girarse
—. Necesita algo de mí. Probablemente más de lo que está admitiendo—.
—Necesito su capacidad estratégica y la variedad de su equipo —reconoció Selene después de una pausa.
Jacob volvió el rostro hacia ella.
—Entonces mis condiciones también son simples —dijo cruzandose de brazos
—. Mis Pokémon deciden si continúan. Si encontramos Pokémon cautivos o heridos, los ayudaremos. Si Mewtwo está siendo controlado o lastimado por algún sistema de Némesis, ese sistema será destruido—.
—No puede tomar decisiones de esa magnitud sin comprender las consecuencias —respondió Selene.
—Usted tuvo años para comprenderlas —replicó Jacob
—. El resultado fue un laboratorio destruido, Pokémon desaparecidos, personas con la mente dañada y algo golpeando desde el subsuelo. No parece que su comprensión haya servido demasiado—.
La científica sostuvo la tableta con mayor fuerza. Después giró hacia la puerta.
—No interferirá hasta que evaluemos la situación —dijo mientras salía de la sala.
—Eso es lo más parecido a un acuerdo que va a obtener —respondió Jacob siguiéndola.
El sendero norte había sido cerrado con barreras metálicas, señalizaciones de peligro y cintas que impedían el acceso a los trabajadores comunes. Cuando el grupo llegó, dos investigadores se encontraban arrodillados frente a la puerta expuesta, retirando restos de roca y conectando gruesos cables a un panel lateral. Un Magnezone flotaba sobre ellos, emitiendo un zumbido constante mientras suministraba energía al sistema. Las chispas que recorrían los cables iluminaban por momentos la inscripción
NÉMESIS y el código
NIVEL 01.
Raichu se detuvo en cuanto vio a Magnezone. Las luces de sus mejillas parpadearon débilmente y su cola descendió. Jacob se agachó junto a ella, apoyando una rodilla sobre el suelo cubierto de polvo blanco.
—Puedes regresar a la Pokébola —ofreció mientras extendía una mano
—. Nadie te obliga a entrar—.
Raichu observó la esfera de su cinturón, después la puerta y finalmente a Selene. La ratoncita permaneció quieta durante varios segundos. Luego negó con la cabeza, flotó hasta Jacob y sujetó con ambas patas la parte inferior de su abrigo.
—Está bien —respondió él mientras acariciaba una de sus orejas
—. Pero si vuelves a sentir esa presión o no quieres continuar, salimos. No importa lo que diga nadie—.
Raichu asintió. Y Dragonite se colocó detrás de ambos y mantuvo una mirada severa sobre la entrada. Gengar se acercó a la puerta y examinó el metal, introduciendo una garra en una de las grietas sin llegar a atravesarla.
Selene se aproximó a los técnicos.
—Informe de apertura —ordenó mientras consultaba el dispositivo de su muñeca.
—Los sistemas externos responden, pero el cierre interior continúa activo —explicó uno de los investigadores mientras observaba una secuencia de códigos—. Cada vez que enviamos la orden de apertura, otra señal la cancela desde dentro—.
—¿Es un protocolo automático? —preguntó Selene.
El técnico negó con la cabeza.
—No lo parece. Las respuestas cambian cada vez que modificamos el código. Alguien está observando nuestros intentos y anulándolos manualmente —respondió.
Dragonite emitió un sonido bajo. Jacob entendió lo que intentaba señalar y observó la puerta.
—Mewtwo —murmuró.
Selene dirigió la mirada hacia Magnezone.
—Aumenta la corriente un veinte por ciento —ordenó.
Magnezone elevó el cuerpo y emitió un zumbido más intenso. Las chispas recorrieron todos los cables al mismo tiempo. Raichu se aferró con mayor fuerza al abrigo de Jacob, sintiendo la acumulación eléctrica del entorno.
La pantalla del panel parpadeó.
ACCESO DENEGADO.
Los caracteres desaparecieron y fueron sustituidos por una nueva frase.
SELENE VEYR NO AUTORIZADA.
Los técnicos intercambiaron miradas. Selene permaneció inmóvil, pero el dispositivo de su muñeca comenzó a cambiar de código con rapidez.
—Parece que alguien cambió las cerraduras —comentó Jacob, observando la pantalla por encima de su hombro.
Selene se acercó al panel e introdujo una nueva secuencia de identificación.
IDENTIDAD RECONOCIDA.
Durante un instante pareció que el sistema aceptaría la orden. Después apareció otra respuesta.
ACCESO REVOCADO.
Gengar dejó escapar una risa breve. La científica le dirigió una mirada fría.
El Pokémon fantasma levantó ambas garras y negó exageradamente, indicando que él no había tenido nada que ver.
—No necesitabas aclararlo —dijo Jacob sin apartar los ojos de la puerta.
Un ruido metálico surgió desde el interior. Los seguros comenzaron a moverse uno después de otro. El equipo técnico retrocedió con rapidez y Magnezone se elevó, tensando los cables conectados al panel.
—¿Está abriéndose? —preguntó uno de los investigadores.
—No envié esa orden —respondió Selene mientras tomaba una Pokébola de su cinturón.
La puerta comenzó a separarse lentamente del marco. Primero apareció una abertura estrecha, de la cual escapó una corriente de aire frío con olor a metal húmedo, polvo acumulado y maquinaria antigua. Después los paneles se replegaron con un chirrido que resonó entre las ruinas blancas.
Raichu cerró los ojos y su cuerpo se tensó cuando la presencia de Mewtwo volvió a rozar su mente. Esta vez no recibió palabras ni imágenes completas. Solo una dirección clara, acompañada por una sensación de urgencia.
Hacia abajo.
La ratoncita abrió los ojos, levantó una pata y señaló el corredor que había quedado expuesto.
Jacob siguió su gesto.
—Nos está dejando entrar —dedujo.
—O está atrayéndonos —respondió Selene mientras sostenía la Pokébola preparada.
—Las dos cosas pueden ser ciertas —comentó Jacob.
La entrada terminaba en un corredor metálico que descendía bajo las ruinas. Algunas luces de emergencia permanecían activas, aunque parpadeaban de forma irregular. Las paredes estaban cubiertas por tuberías, cables y placas instaladas por seres humanos. Entre esas estructuras modernas sobresalían fragmentos de roca blanca marcados con los mismos patrones semejantes a circuitos que cubrían las ruinas de Pueblo Ara. Era evidente que Némesis no había sustituido la construcción antigua; se había edificado alrededor de ella, envolviéndola y utilizando una tecnología que sus responsables no comprendían por completo.
Metagross entró primero. Cada una de sus extremidades produjo un golpe pesado contra el suelo metálico. Selene avanzó detrás de él, manteniendo una mano cerca de las Pokébolas de su cinturón.
Jacob permaneció frente al umbral y observó a sus tres Pokémon.
—Todavía podemos marcharnos —dijo viendoles. Dragonite negó de inmediato y se aproximó a él. Gengar sonrió, atravesó la abertura y flotó unos metros dentro del corredor. Raichu dudó, pero después señaló hacia abajo y volvió a sujetar el abrigo de Jacob.
—Eso imaginé —murmuró mientras cruzaba la entrada.
Los técnicos se quedaron en la superficie. Cuando Jacob atravesó el umbral, una franja de luz roja recorrió el techo del corredor. Todas las Pokébolas de su cinturón vibraron al mismo tiempo. Dragonite giró hacia él. Jacob tomó una de las esferas y presionó el botón central. Al hacerlo la luz parpadeó, pero la Pokébola no se abrió. Probó una segunda vez, pero nada. Después tomó otra de las esferas y el resultado fue idéntico.
—Hay interferencia —informó mientras mostraba una de las Pokébolas bloqueadas.
Selene se detuvo y observó el dispositivo.
—Los sistemas de contención afectan las señales de almacenamiento —explicó—. Debería ser temporal y limitarse a algunos sectores—.
—¿Cuántos Pokémon sabía que quedarían inutilizados? —preguntó Jacob.
—No sabía que la red seguía funcionando con esta intensidad —respondió Selene.
—Pero sabía que existía —replicó él.
La científica continuó caminando sin responder.
Dragonite, Gengar y Raichu eran los únicos Pokémon de Jacob fuera de sus esferas. Tyranitar, Iron Valiant y Volcarona habían quedado atrapados dentro de Pokébolas que no podían abrirse. Luego Jacob volvió a sujetarlas al cinturón.
—Parece que la instalación eligió nuestro equipo —comentó con leve fastidio.
Gengar levantó una garra y se señaló con orgullo, como si hubiera sido seleccionado por sus extraordinarias capacidades.
—No te emociones —advirtió Jacob mientras reanudaba la marcha
—. Todavía podemos quedar encerrados, separados y asesinados por algo que vive debajo de nosotros—.
La sonrisa de Gengar aumentó.
—Eso tampoco era una invitación para divertirte —añadió Jacob.
El corredor descendió durante varios minutos. A medida que se alejaban de la superficie, los daños se volvían más frecuentes. Algunos paneles habían sido arrancados de las paredes, varias puertas permanecían dobladas hacia dentro y largas marcas de garras atravesaban el metal. En una zona, el techo estaba hundido como si algo de gran tamaño hubiera golpeado desde abajo.
Dragonite se detuvo frente a una de las hendiduras y pasó una garra cerca de ella sin tocarla. La marca era demasiado ancha y profunda para haber sido causada por Mewtwo.
—¿Qué hizo esto? —preguntó Jacob mientras se aproximaba a la pared deformada.
Selene observó las marcas.
—Uno de los sujetos de prueba —respondió.
Jacob levantó lentamente la mirada.
—Ayer dijo que estudiaban a Mewtwo —recordó.
—Mewtwo no era el único Pokémon alojado en Némesis —admitió Selene.
Gengar dejó de sonreír. Raichu se acercó más al entrenador y Dragonite volvió el rostro hacia la científica.
—¿Cuántos había? —preguntó Jacob.
—No conozco la cifra exacta —respondió ella.
—Tenía acceso administrativo al nivel principal —replicó él.
—Némesis estaba dividida en departamentos —explicó Selene mientras continuaba avanzando—. No todos los registros eran compartidos y algunas investigaciones se mantenían aisladas incluso del resto del personal—.
Jacob observó nuevamente las marcas.
—Cada respuesta logra que este lugar parezca peor —comentó.
—Porque continúa evaluando información incompleta —respondió Selene—.
—Entonces deje de entregarla incompleta —replicó él.
Antes de que la científica pudiera responder, todas las luces se apagaron.
La oscuridad cubrió el corredor de forma absoluta. Raichu soltó un chillido y se aferró a la pierna de Jacob. Dragonite extendió las alas y se situó delante de ambos. Los ojos de Gengar brillaron con intensidad dentro de la oscuridad. Metagross activó una luz roja en el centro de su rostro, proyectando una iluminación tenue y amenazante sobre las paredes.
Selene levantó el dispositivo de su muñeca.
—El suministro externo se ha interrumpido —informó mientras revisaba la señal.
—¿Fue Mewtwo? —preguntó Jacob.
—No necesariamente —respondió ella.
Una risa distorsionada surgió desde los altavoces del corredor. El sonido era electrónico, agudo y fragmentado, como si varias grabaciones intentaran reproducirse al mismo tiempo.
Las pantallas de las paredes se encendieron una tras otra. En cada una apareció el cuerpo irregular de Porygon-Z, deformado por interferencias y movimientos imposibles. Sus ojos apuntaban en direcciones diferentes y su cabeza giraba con brusquedad.
—Visitas —dijo mediante una voz sintetizada que se repetía con pequeños ecos—. Visitas no autorizadas. Visitas no autorizadas—.
Selene avanzó hasta uno de los paneles.
—Porygon-Z, código Veyr N-01 —ordenó mientras mostraba el dispositivo de su muñeca—. Restablece el suministro y abre el acceso al núcleo—.
La imagen del Pokémon virtual comenzó a girar sobre sí misma.
—Veyr N-01 —repitió—. Acceso revocado. Acceso revocado. Acceso revocado—.
Las puertas situadas detrás del grupo se cerraron con violencia. El impacto hizo temblar el corredor. Dragonite giró de inmediato. Gengar se hundió en una de las paredes, intentando atravesarla y llegar al otro lado.
Una descarga azul recorrió el metal y él Pokémon fantasma salió despedido y cayó varios metros más adelante.
—¡Gengar! —exclamó Jacob mientras corría hacia él y se arrodillaba a su lado.
Gengar se incorporó lentamente, sacudió la cabeza y apoyó una garra sobre el hombro de su entrenador. Su expresión bromista había desaparecido.
—Las paredes contienen barreras contra Pokémon fantasma —explicó Selene mientras Metagross se colocaba frente a ella.
Jacob ayudó a Gengar a levantarse y después miró a la científica.
—Otro detalle que no podía conocer si el lugar estaba completamente abandonado —comentó seriamente.
Porygon-Z apareció en todas las pantallas al mismo tiempo.
—Sujeto externo detectado —anunció—. Jacob Balfourt. Dragonite. Gengar. Raichu de Alola—.
Jacob levantó la mirada. La imagen del Pokémon virtual dejó de girar.
—El sujeto Némesis está observando —continuó Porygon-Z.
Raichu cerró los ojos. La presión de Mewtwo regresó a su mente. No fue una frase ni una imagen concreta. Era una mezcla de urgencia, miedo y dolor que la obligó a doblar ligeramente el cuerpo. Dragonite se acercó para sostenerla, pero Raichu levantó una pata y señaló con insistencia el corredor de la izquierda.
Jacob observó el gesto.
—Mewtwo quiere que vayamos por ahí —dijo, concluyendo.
Selene consultó el mapa de su tableta.
—Ese corredor no conduce al núcleo —respondió ella.
—Entonces quizá conduce a algo que usted no quiere que encontremos —replicó Jacob.
La científica levantó la mirada y Porygon-Z comenzó a reír dentro de las pantallas.
—Ruta no autorizada —repitió mientras todas las luces del corredor izquierdo se encendían una tras otra—. Ruta no autorizada. Ruta no autorizada—.
La primera puerta se abrió lentamente. Más allá solo había oscuridad.
Selene tomó una Pokébola e intentó activarla. La esfera emitió un destello débil, pero no se abrió. La interferencia también había bloqueado a los Pokémon que no había liberado antes de entrar.
—No podemos confiar en Mewtwo —advirtió mientras observaba la entrada.
Jacob colocó una mano sobre la cabeza de Raichu. La pequeña Pokémon continuaba señalando hacia el corredor izquierdo, aunque su cuerpo temblaba por la presión mental recibida.
—Tampoco confiamos en usted —respondió mientras comenzaba a avanzar
—. Al menos él no está fingiendo que este lugar es seguro—.
Dragonite siguió a Jacob, manteniéndose cerca de su espalda. Gengar flotó detrás de ambos y evitó tocar nuevamente las paredes. Raichu avanzó junto al hombro de su entrenador.
Selene permaneció quieta durante unos segundos. Metagross giró el cuerpo hacia ella.
—Doctora —dijo Porygon-Z desde las pantallas—. El sujeto Némesis ha elegido una ruta—.
La científica observó a Jacob alejándose dentro del corredor. Después cerró la mano alrededor de la Pokébola inutilizada y ordenó a Metagross que avanzara.
La puerta se cerró detrás del grupo.
Pequeñas luces comenzaron a encenderse sobre el suelo, formando una línea que descendía hacia las profundidades de Némesis. No aparecieron todas al mismo tiempo. Cada una se activó cuando Jacob se aproximó a la anterior, como si alguien estuviera observando cada uno de sus pasos y señalando el camino en tiempo real.
Jacob contempló la ruta luminosa.
—No confío en ti —dijo en voz alta, consciente de que Mewtwo podía escucharlo desde algún punto bajo la instalación
—. Pero seguir luces requiere menos esfuerzo que encontrar el camino solo—.
Durante varios segundos no recibió respuesta. Después, una voz profunda y fría surgió dentro de su mente.
—"Entonces sigue caminando"—.
Jacob no cambió de expresión, pero sus ojos se endurecieron por un instante. Dragonite percibió la reacción y se acercó hasta rozar uno de sus brazos.
—Sí —murmuró mientras retomaba el descenso
—. Definitivamente nos está guiando—.
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A varios niveles por debajo, Mewtwo permanecía arrodillado dentro de una cámara oscura. La Corona Némesis continuaba sujeta alrededor de su cabeza y varios cables descendían desde ella hacia la maquinaria que cubría el suelo. Cada vez que utilizaba su poder para alcanzar la mente de Jacob o alterar una puerta, una descarga recorría el dispositivo y atravesaba su cuerpo.
Mewtwo apretó los dientes cuando una nueva corriente eléctrica recorrió su espalda. Sus dedos se cerraron contra el suelo metálico y pequeñas fracturas aparecieron bajo su mano. Frente a él, una pantalla mostraba a Jacob, Dragonite, Gengar, Raichu de Alola, Selene y Metagross avanzando por el corredor que él había abierto.
El Pokémon psíquico levantó lentamente una mano y al hacerlo otra luz se encendió en el camino. Después otra. Y otra más. Cada una acercaba al grupo a la zona que Selene había intentado mantener oculta y cada una acercaba a Jacob a la verdad.