Rango S Historia Proyecto Némesis: La voluntad de Mewtwo "[Captura Legendaria]"

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Proyecto Némesis: La voluntad de Mewtwo​

Un trabajo demasiado bien pagado​


La tarde avanzaba lentamente sobre Pueblo Oakwood. El viento recorría el antiguo bosque de robles que rodeaba por completo el asentamiento, sacudiendo las ramas más altas y dejando caer algunas hojas sobre los caminos de tierra. La temperatura era agradable, el Centro Pokémon estaba casi vacío y, para Jacob Balfourt, aquello significaba que había encontrado el lugar perfecto para no hacer absolutamente nada.

El entrenador permanecía recostado sobre una de las bancas exteriores del edificio, utilizando una mochila como almohada improvisada. Una de sus piernas colgaba por el borde, mientras la otra permanecía doblada. Sobre su pecho descansaba una consola portátil que se había apagado varios minutos atrás.

Dragonite estaba sentada a pocos metros de él. La Pokémon dragón observaba atentamente los alrededores, aunque cada cierto tiempo dirigía la mirada hacia Jacob para comprobar que seguía dormido. Sus alas se movían ligeramente con cada corriente de aire y su cola descansaba sobre la hierba.

Un par de Pidgey descendieron cerca de la banca buscando migajas.

Dragonite los miró con curiosidad, pero no hizo ningún intento por ahuyentarlos. En cambio, llevó una de sus garras hacia la mochila de Jacob y sacó con cuidado una pequeña bolsa de comida Pokémon.

—No les des todo —murmuró Jacob sin abrir los ojos.

Dragonite se quedó inmóvil Y Jacob levantó apenas uno de sus párpados y la observó desde la banca.

—La última vez terminamos comprando otra bolsa antes de llegar al siguiente pueblo —añadió con tono monótono, dejando caer nuevamente la cabeza sobre la mochila.

Dragonite emitió un sonido suave y abrazó la bolsa contra su cuerpo, como si no tuviera ninguna intención de compartirla.

—Eso también es demasiado —señaló Jacob cerrando los ojos otra vez—. Vas a comértela completa—.

La Pokémon infló ligeramente las mejillas y apartó la mirada. El entrenador no necesitaba observarla para saber que estaba fingiendo no haberlo escuchado. Después de tantos años juntos, conocía cada uno de sus gestos, incluso aquellos que Dragonite creía que podía ocultar.

La tranquilidad fue interrumpida por el sonido repetitivo del teléfono de Jacob. El dispositivo vibró dentro del bolsillo de su abrigo, pero Jacob no reaccionó.
El teléfono vibró por segunda vez y Dragonite inclinó la cabeza. La tercera vibración fue más larga.

—No existe ningún mensaje lo suficientemente importante como para justificar esto —murmuró Jacob, cubriéndose el rostro con uno de sus brazos.

Dragonite se acercó a la banca y le dio un pequeño empujón con una garra.

—Tú tampoco deberías estar del lado del teléfono —refunfuñó Jacob sin apartarse el brazo del rostro.

Dragonite volvió a empujarlo y Jacob soltó un suspiro prolongado antes de incorporarse con evidente desgana. Buscó el dispositivo dentro de su bolsillo y observó la pantalla con los ojos entrecerrados. Había recibido un correo marcado como urgente.

El remitente era el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Pueblo Ara. Jacob estuvo a punto de guardar nuevamente el teléfono.
La palabra urgente solía significar problemas, responsabilidades o personas esperando resultados en un periodo de tiempo ridículamente corto. Ninguna de esas cosas era particularmente atractiva.

Sin embargo, una segunda línea llamó su atención.

Recompensa inicial: 80 000 Pks. Gastos de traslado y alojamiento cubiertos. Bonificación adicional sujeta a resultados.

Jacob abrió ambos ojos y Dragonite acercó el rostro para mirar la pantalla por encima de su hombro.

—Eso es sospechoso —comentó Jacob manteniendo su expresión impasible y Dragonite asintió lentamente. —Pero también es mucho dinero —añadió Jacob bajando un poco el teléfono para revisar mejor la cifra.

La Pokémon volvió a asentir, esta vez con menor convicción y Jacob abrió el mensaje completo.

El informe mencionaba que, durante las últimas semanas, varios trabajadores y exploradores habían desaparecido en las proximidades de las ruinas de Pueblo Ara. Algunos habían regresado horas o días después, desorientados y con lagunas en la memoria. Otros seguían sin ser localizados.

Las expediciones de rescate tampoco habían conseguido avanzar demasiado.

Los dispositivos electrónicos comenzaban a fallar al aproximarse a una sección recién descubierta de las ruinas. Las brújulas dejaban de funcionar, las comunicaciones se interrumpían y algunos Pokémon se negaban a continuar y al parecer los tipos Psíquico parecían ser los más afectados.

Uno de los documentos adjuntos describía a un Alakazam que había comenzado a temblar antes de entrar en la zona. Otro reporte señalaba que un Gothitelle había perdido el conocimiento después de asegurar que alguien estaba observándola desde debajo de la tierra.

El centro de investigaciones solicitaba un entrenador experimentado, con capacidad para operar en lugares peligrosos y enfrentarse a Pokémon salvajes si fuera necesario.

La persona que firmaba la solicitud era la doctora Selene Veyr. Jacob leyó el nombre una segunda vez y no le resultaba familiar.

—Desapariciones, ruinas antiguas, Pokémon psíquicos aterrados y una científica ofreciendo demasiado dinero —resumió Jacob deslizando el dedo por la pantalla—. Definitivamente es una trampa—.

Dragonite emitió un gruñido bajo y se acercó todavía más a él, su expresión alegre había desaparecido pues la preocupación era evidente en sus ojos. Jacob la miró durante unos segundos.

—No he dicho que vayamos —aclaró mientras sostenía su mirada.

Dragonite pareció relajarse, luego el teléfono vibró nuevamente. Un nuevo mensaje había llegado desde el mismo remitente.

La recompensa puede incrementarse hasta 150 000 Pks si se recupera información relacionada con el origen de las anomalías.

Jacob permaneció en silencio y Dragonite lo observó fijamente.

—Tampoco he dicho que no vayamos —agregó Jacob sin apartar la vista de la nueva cifra.

La Pokémon dejó caer las alas y soltó un sonido de desaprobación.

—Podríamos ignorarlo —continuó Jacob mientras revisaba los detalles del traslado—. También podríamos comer comida instantánea durante los próximos dos meses—. Dragonite frunció el ceño. —O podríamos trabajar unos días, cobrar y después no hacer nada durante bastante tiempo —explicó Jacob inclinando ligeramente el teléfono hacia ella.

La idea parecía convencerlo mucho más que cualquier responsabilidad moral relacionada con los desaparecidos.

Dragonite, sin embargo, seguía inquieta. La Pokémon se inclinó hasta colocar el rostro frente al de su entrenador, sus ojos recorrieron cada una de sus facciones, intentando determinar si realmente estaba tomando el asunto en serio. Jacob sostuvo su mirada.

—Sé que algo está mal —admitió finalmente, dejando de revisar el mensaje y Dragonite parpadeó.

—Por eso no iré solo —añadió Jacob mientras levantaba una mano hacia ella.

La expresión de la Pokémon se suavizó ligeramente. Jacob colocó la mano sobre la cabeza de Dragonite y la acarició con movimientos lentos.

—Además, si alguien intenta matarme, puedes lanzarlo desde una montaña —comentó sin modificar su tono monótono. Dragonite sonrió de inmediato y movió la cola con entusiasmo.

—Eso era una broma —aclaró Jacob retirando lentamente la mano. Aún así, la Pokémon continuó sonriendo. Jacob la observó durante unos segundos.

—Espero que haya sido una broma —murmuró mientras entornaba los ojos.

Desde la puerta del Centro Pokémon, una enfermera los observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación. Jacob fingió no notarlo y presionó el botón de respuesta y escribió un mensaje breve.

Acepto. Envíe los detalles.

No agregó un saludo ni preguntó por el estado de los desaparecidos. Tampoco explicó sus capacidades como entrenador. Consideraba que todo aquello implicaba escribir demasiado. La respuesta de Selene Veyr llegó casi de inmediato.

Señor Balfourt, su participación será de gran ayuda. Lo esperamos en Pueblo Ara mañana por la tarde. Encontrará un pase ferroviario y la documentación necesaria adjuntos. Le sugiero viajar con sus Pokémon más experimentados. La situación podría ser considerablemente más peligrosa de lo que indican los reportes oficiales.

Jacob leyó la última oración dos veces. Dragonite también lo hizo. El viento sopló con más fuerza a través del bosque, provocando que las hojas de los robles se agitaran al mismo tiempo. Durante unos segundos, el sonido pareció extenderse por todo Oakwood como un murmullo lejano. Al final Jacob guardó el teléfono.

—Cuando alguien admite que sus propios reportes están incompletos, normalmente significa que sabe exactamente qué está ocurriendo —comentó mientras dirigía la mirada hacia los árboles.

Dragonite cruzó los brazos.

—Sí, ya sé que eso debería ser razón suficiente para no ir —respondió Jacob al percibir su gesto y la Pokémon asintió.

Jacob volvió a recostarse en la banca.

—Nos iremos mañana —decidió mientras acomodaba nuevamente la mochila bajo su cabeza.

Dragonite abrió los ojos con sorpresa.

—Hoy estoy ocupado —añadió Jacob cerrando los ojos.

La Pokémon observó la consola apagada que todavía descansaba junto a él.

—Dormir también cuenta como estar ocupado —aseguró Jacob sin molestarse en mirar lo que Dragonite estaba observando.

Dragonite soltó un resoplido, pero se sentó junto a la banca. Jacob cerró nuevamente los ojos. Sin embargo, esta vez no consiguió dormirse de inmediato pues su mente repasaba las pocas palabras que la doctora había utilizado.

Más peligrosa de lo que indican los reportes oficiales.

Aquello significaba que Selene Veyr estaba ocultando información. La pregunta no era si la científica mentía, sino que la pregunta era por qué había elegido precisamente a Jacob Balfourt. Él no era un Ranger, no pertenecía a ningún cuerpo de rescate y nunca había solicitado reconocimiento como entrenador. Existían muchas personas con mejores credenciales en Aleria, incluidos varios miembros de su propia familia. Aun así, la solicitud había llegado directamente a su nombre.

Dragonite percibió el cambio en su estado de ánimo. La Pokémon se aproximó y apoyó la cabeza sobre el pecho de Jacob. Él abrió los ojos y observó el cielo entre las ramas de los robles.

—No estoy preocupado —dijo con su tono habitual, aunque sus dedos comenzaron a acariciar lentamente una de las antenas de Dragonite—. Solo estoy pensando—.

Dragonite lo miró con evidente preocupación, luego Jacob suspiró.

—Sí. Eso es peor —reconoció mientras volvía a cerrar los ojos.


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A varios kilómetros de distancia, en algún lugar. Una alarma comenzó a parpadear dentro de un corredor abandonado. Las luces rojas iluminaron paredes metálicas cubiertas de grietas. En el centro de una cámara subterránea, una cápsula de cristal permanecía abierta. Los cables que alguna vez estuvieron conectados a ella colgaban del techo como raíces arrancadas. Algunos todavía liberaban pequeñas descargas de electricidad.

Frente a la cápsula, una figura humanoide permanecía suspendida en el aire y su larga cola se movió lentamente detrás de su cuerpo.

Mewtwo abrió los ojos.

Una voz femenina surgió desde los altavoces del laboratorio.

—El entrenador aceptó —informó Selene Veyr desde algún punto desconocido de la instalación.

Mewtwo no respondió. Una pantalla se encendió frente a él y mostró una fotografía de Jacob junto a Dragonite. Los ojos del Pokémon psíquico se estrecharon.

—Jacob Balfourt llegará mañana —continuó Selene Veyr desde algún punto desconocido de la instalación—. Tal vez él consiga llegar hasta donde los demás fracasaron—.

Mewtwo levantó una mano y la pantalla se deformó bajo una presión invisible hasta romperse en cientos de fragmentos.

—No necesito otro humano —
declaró Mewtwo mediante telepatía, haciendo temblar los cristales de la cámara.

Durante unos segundos, Selene guardó silencio.

—No —respondió finalmente con absoluta serenidad—. Pero yo sí necesito que él llegue hasta ti—.

Las luces del laboratorio se apagaron. En medio de la oscuridad, los ojos de Mewtwo continuaron brillando.


 
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Llegada a Pueblo Ara​



El viaje hasta Pueblo Ara habría requerido varias horas en tren, además de dos conexiones y una espera considerable en Ciudad Central. Jacob tenía un pase ferroviario completamente pagado por el Centro de Investigaciones Arqueológicas, pero decidió no utilizarlo. Esperar en estaciones, buscar los andenes correctos y compartir un vagón con desconocidos le parecía un esfuerzo innecesario. Por eso, poco después del amanecer, Dragonite sobrevolaba la región Crowny llevando a Jacob entre sus brazos.

La Pokémon avanzaba a gran velocidad por encima de bosques, caminos y pequeñas poblaciones. Las nubes se abrían a su paso, mientras las corrientes de aire golpeaban el abrigo de su entrenador. Jacob mantenía los brazos cruzados y los ojos cerrados. De pronto Dragonite dirigió la mirada hacia él.

—No estoy dormido —aseguró Jacob sin abrir los ojos.

Dragonite soltó un sonido incrédulo.

—Solo estoy descansando la vista —añadió mientras acomodaba ligeramente la cabeza contra uno de los brazos de la Pokémon.

Dragonite negó con la cabeza y continuó volando. A pesar de sus quejas, no parecía molesta por cargarlo. Todo lo contrario, le gustaba sentir que Jacob confiaba en ella lo suficiente como para dormir mientras atravesaban largas distancias. La tranquilidad duró hasta que una fuerte corriente de aire los golpeó desde un costado. Dragonite corrigió la dirección de inmediato, pero el movimiento repentino hizo que Jacob abriera los ojos.

—Eso fue innecesario —murmuró mirando hacia abajo.

La Pokémon respondió con un gruñido de protesta.

—Sí, ya sé que fue el viento —dijo Jacob mientras se acomodaba nuevamente—. No estaba culpándote—.

Dragonite entornó los ojos.

—Estaba culpando al viento —aclaró él con absoluta seriedad.

La Pokémon soltó un resoplido y batió las alas con más fuerza. Debajo de ellos, el paisaje comenzó a cambiar.
Los bosques y campos fueron sustituidos poco a poco por amplias extensiones rocosas. La vegetación se volvió escasa y el terreno adquirió un tono más claro. Algunas formaciones de piedra blanca sobresalían entre pequeñas colinas, reflejando la luz del sol.

Pueblo Ara apareció finalmente en la distancia. Era una población pequeña, considerablemente más modesta que Ciudad Central. Sus edificios estaban construidos principalmente con roca blanca y presentaban formas simples, cuadradas y minimalistas. No había grandes torres ni estructuras extravagantes. Las viviendas parecían diseñadas para mezclarse con el terreno y resistir el paso del tiempo.

Al este del pueblo se alzaba el Centro de Investigaciones Arqueológicas. El edificio era fácilmente reconocible por su gran domo central y por las antenas instaladas sobre el techo. A su alrededor se encontraban almacenes, campamentos de exploradores y caminos que conducían hacia las ruinas.

Más allá del centro se extendía el verdadero atractivo de Pueblo Ara. Las ruinas blancas.

Grandes pilares emergían del suelo como los restos de un bosque petrificado. Algunas estructuras permanecían parcialmente enterradas, mientras otras se habían derrumbado formando montículos de piedra. Desde el aire podían distinguirse caminos, plazas y muros que sugerían la existencia de una antigua ciudad.

Dragonite disminuyó la velocidad, luego Jacob abrió los ojos por completo y observó las ruinas.

—Son más grandes de lo que parecían en las fotografías —comentó mientras inclinaba ligeramente la cabeza.

Dragonite emitió un sonido de estar acuerdo.

—Eso significa que habrá que caminar más —añadió él con decepción.

La Pokémon casi perdió el ritmo de sus alas. Descendieron en una explanada ubicada frente al Centro de Investigaciones. Dragonite aterrizó con cuidado y depositó a Jacob sobre el suelo.
El entrenador estiró los brazos, aunque no porque estuviera cansado. Había permanecido inmóvil durante casi todo el trayecto. Varias personas que trabajaban en el exterior interrumpieron momentáneamente sus labores para observarlos. La llegada de un Dragonite no era precisamente algo cotidiano, incluso en un centro dedicado al estudio de ruinas antiguas.

Dragonite percibió las miradas y levantó ligeramente el mentón. Jacob tomó su mochila.

—No empieces a presumir —murmuró mientras se colocaba una de las correas sobre el hombro.

La Pokémon giró el rostro hacia él y extendió sus alas con mayor elegancia.

—Eso es exactamente lo que estás haciendo —señaló Jacob mirándola de reojo y Dragonite sonrió.

De pronto una mujer salió del edificio principal y comenzó a caminar hacia ellos. Su paso era tranquilo y preciso. Aparentaba estar cerca de los cuarenta años. Tenía el cabello negro recogido en una coleta baja, con algunos mechones plateados visibles cerca de las sienes. Sus ojos eran de un gris claro y analizaban cada detalle con una serenidad incómoda. Vestía una bata blanca sobre un traje oscuro y llevaba un dispositivo metálico sujeto a la muñeca izquierda. No mostraba prisa, pero tampoco parecía sorprendida por la presencia de Dragonite.

—Señor Jacob Balfourt —saludó la mujer deteniéndose a unos pasos de distancia—. Me alegra comprobar que aceptó nuestra invitación—.

Jacob la observó durante unos segundos.

—Doctora Selene Veyr —respondió con tono monótono mientras acomodaba la mochila.

—Veo que decidió no utilizar el pase ferroviario —comentó Selene dirigiendo brevemente la mirada hacia Dragonite.

—Había demasiadas conexiones —explicó Jacob sin mostrar vergüenza alguna.

—El pase incluía un vagón directo desde Ciudad Central —aclaró Selene con una leve sonrisa.

Jacob permaneció en silencio y Dragonite lo miró.

—No leí esa parte —admitió finalmente mientras desviaba la mirada hacia el edificio.

La sonrisa de Selene se volvió un poco más evidente.

—El expediente decía que no era especialmente cuidadoso con las instrucciones —señaló la científica mientras colocaba ambas manos detrás de la espalda.

Jacob volvió el rostro hacia ella.

—¿Qué expediente? —preguntó sin modificar su expresión.

La sonrisa de Selene desapareció casi por completo. Por un instante, ninguno de los dos habló y Dragonite se acercó ligeramente a Jacob.

—Un informe básico sobre los entrenadores disponibles para la misión —respondió Selene después de una breve pausa—. Nada que deba preocuparle—.

—Yo no estaba disponible —replicó Jacob mientras sostenía su mirada—. Usted me contactó directamente—.

Selene guardó silencio. El viento recorrió la explanada y levantó una pequeña capa de polvo blanco entre ellos.

—Tiene razón —reconoció la científica finalmente—. Debí expresarme con mayor precisión. Investigamos a varios entrenadores que podían cumplir con las necesidades de la expedición y usted resultó ser uno de los candidatos más adecuados—.

—¿Por qué? —preguntó Jacob.

Selene lo observó como si hubiera esperado aquella pregunta.

—Ha trabajado como tutor de movimientos, posee experiencia en terrenos peligrosos y ha ayudado a Rangers novatos en situaciones reales —enumeró mientras mantenía la voz serena—. Además, ha entrenado a un equipo considerablemente fuerte sin depender de instituciones oficiales—.

Jacob entrecerró los ojos.

—Eso suena como una forma elegante de decir que soy barato y prescindible —comentó mientras hundía una mano en el bolsillo de su abrigo.

Dragonite emitió un gruñido, ante ello Selene miró a la Pokémon.

—No considero prescindible a ningún entrenador que acepte ayudarnos —respondió la doctora sin perder la compostura.

—Entonces eligió mal las palabras otra vez —señaló Jacob.

Dragonite permaneció junto a él, observando atentamente a Selene. La científica no parecía intimidada por la presencia de la Pokémon dragón. Al contrario, la analizaba con una curiosidad casi clínica y la dragóna lo notó. Sus alas se tensaron y Jacob colocó una mano sobre uno de sus brazos.

—Tranquila —murmuró sin apartar la vista de Selene.

Dragonite relajó ligeramente la postura, aunque no dejó de vigilarla.

—Comprendo que desconfíe —dijo Selene—. Le aseguro que, cuando conozca la situación completa, entenderá la razón de nuestra urgencia—.

—Podría contarme la situación completa ahora —propuso Jacob.

—Prefiero hacerlo dentro del centro —respondió Selene señalando la entrada principal—. Hay información que no debería discutirse frente a todo el personal—.

Jacob dirigió la mirada hacia los trabajadores que continuaban observándolos desde la distancia.

—Eso no suena sospechoso en absoluto —murmuró mientras comenzaba a caminar, Dragonite lo siguió de inmediato.

Selene permaneció quieta durante un segundo antes de avanzar detrás de ellos.

El interior del Centro de Investigaciones Arqueológicas contrastaba con la apariencia sencilla de Pueblo Ara. Los pasillos estaban llenos de pantallas, mesas de análisis y vitrinas que contenían fragmentos de piedra blanca. Algunos investigadores clasificaban piezas, mientras otros discutían frente a mapas digitales de las ruinas.

Jacob observó una columna incompleta colocada dentro de una cámara de cristal. En su superficie había líneas y símbolos que parecían formar circuitos.

—No parecen decoraciones —comentó mientras disminuía el paso.

Selene se detuvo junto a él.

—No lo son —respondió mientras observaba la pieza—. Las ruinas de Pueblo Ara pertenecieron a una civilización tecnológicamente avanzada. Algunas de sus construcciones parecen simples templos, pero contienen mecanismos que todavía no comprendemos por completo—.

Jacob acercó el rostro al cristal.

—¿Funcionan? —preguntó.

—Algunos —contestó Selene.

—¿Y decidieron presionarlos hasta descubrir qué hacen? —cuestionó Jacob mientras examinaba las líneas luminosas.

—No somos tan irresponsables —respondió la científica con cierta firmeza—.

Jacob levantó una ceja.

—Ofrecieron ciento cincuenta mil Pks para que un desconocido entre en una zona donde desaparecen personas —recordó sin apartarse de la vitrina.

Selene no respondió. Dragonite observó la pieza con desconfianza y se acercó a Jacob hasta rozar su hombro.

Continuaron por el corredor hasta llegar a una sala privada. La habitación contenía una mesa ovalada, varias sillas y una gran pantalla instalada en la pared. Sobre la mesa había mapas, fotografías y dispositivos de comunicación dañados. Selene cerró la puerta después de que Dragonite entrara.

—Puede dejarla fuera si lo prefiere —comentó la científica mirando a la Pokémon.

Dragonite frunció el ceño.

—No lo prefiero —respondió Jacob mientras tomaba asiento y la dragona se colocó detrás de su silla.

Selene ocupó el extremo opuesto de la mesa y activó la pantalla. Apareció un mapa tridimensional de las ruinas.

Varias zonas estaban marcadas en azul. Una pequeña sección del extremo norte estaba resaltada en rojo.

—La primera desaparición ocurrió hace diecinueve días —comenzó Selene mientras ampliaba la zona marcada—. Dos arqueólogos descendieron a una cámara descubierta después de un derrumbe. Perdimos contacto con ellos durante seis horas—.

En la pantalla aparecieron las fotografías de un hombre y una mujer.

—¿Regresaron? —preguntó Jacob mientras apoyaba un codo sobre la mesa.

—Sí —respondió Selene—. Fueron encontrados caminando cerca de la entrada principal de las ruinas. Ninguno recordaba cómo había salido de la cámara—.

Selene cambió la imagen. Apareció la fotografía de un Alakazam sentado en una cama médica, con la mirada perdida.

—Su Pokémon se negó a volver a acercarse al sitio —continuó la científica—. Cada vez que intentábamos preguntarle qué había sucedido, entraba en un estado de pánico—.

—¿Qué dijo? —preguntó Jacob y Selene lo miró.

—Que había alguien debajo de ellos —respondió después de una breve pausa.

Dragonite inclinó la cabeza.

—Las ruinas tienen cámaras subterráneas —señaló Jacob—. Que haya alguien debajo no parece especialmente extraño—.

—El Alakazam insistía en que aquello no estaba físicamente debajo —explicó Selene mientras entrelazaba las manos sobre la mesa—. Decía que estaba debajo de sus pensamientos—.

La expresión de Jacob no cambió, pero sus dedos dejaron de moverse.

Selene proyectó nuevas imágenes: Equipos rotos, cámaras con interferencias, símbolos desconocidos y huellas sobre el polvo.

—Después de eso enviamos una segunda expedición —continuó—. Tres investigadores, dos Rangers y cinco Pokémon. Solo regresaron cuatro personas—.

—¿Y los Pokémon? —preguntó Jacob levantando la mirada.

Selene tardó un poco más de lo necesario en responder.

—Dos regresaron con ellos —contestó finalmente.

Dragonite emitió un gruñido bajo. Jacob la escuchó, pero no apartó los ojos de Selene.

—Los reportes que me envió hablaban de trabajadores y exploradores desaparecidos —dijo con lentitud—. No mencionaban Pokémon perdidos—.

—La información oficial fue simplificada para evitar alarma pública —respondió Selene manteniendo la serenidad—.

—También dijo que los Pokémon psíquicos eran los más afectados —continuó Jacob—. Pero ahora resulta que faltan Pokémon de otros tipos—.

Selene lo observó fijamente.

—¿Cómo sabe que eran de otros tipos? —preguntó.

Jacob señaló las fotografías proyectadas. En una de ellas se distinguían marcas de garras sobre una puerta de metal. En otra, parte del suelo estaba quemado.

—Un Pokémon psíquico no suele intentar atravesar una puerta usando garras —explicó mientras apoyaba nuevamente la espalda contra la silla—. Y esas quemaduras no parecen causadas por un ataque psíquico—.

Selene dirigió la mirada hacia las imágenes.

—Es observador —comentó.

—Era eso o leer todo el reporte —respondió Jacob.

La científica desactivó las fotografías. El mapa de las ruinas volvió a ocupar la pantalla.

—Los Pokémon desaparecidos eran un Houndoom, un Sandslash y un Noctowl —reveló Selene finalmente—. Hasta el momento, ninguno ha sido localizado—.

Dragonite apretó ambas garras.

—¿Por qué ocultarlo? —preguntó Jacob.

—Porque Pueblo Ara depende de la investigación arqueológica —respondió Selene—. Si se difundiera que algo está capturando Pokémon dentro de las ruinas, las autoridades podrían cerrar toda la zona—.

—Tal vez deberían hacerlo —señaló Jacob.

—Eso destruiría la economía del pueblo y paralizaría décadas de investigación —replicó Selene con mayor firmeza.

—Pero evitaría más desapariciones —contestó él.

Selene permaneció en silencio, luego Jacob dejó escapar un suspiro y miró nuevamente el mapa.

—Usted no me trajo para encontrar a los desaparecidos —afirmó. La científica no respondió. —Los Rangers ya están haciendo eso —continuó Jacob mientras señalaba las rutas de búsqueda marcadas en azul—. Usted necesita que llegue a la zona roja. Quiere que encuentre algo específico—.

Selene sostuvo su mirada durante varios segundos. Dragonite se inclinó hacia delante, preparada para reaccionar. Finalmente, Selene llevó una mano hacia el dispositivo metálico de su muñeca y amplió la sección roja. La imagen mostró una cámara circular oculta bajo las ruinas.

En el centro aparecía una forma borrosa, imposible de identificar debido a la interferencia.

—Hace cuatro días recuperamos esta grabación —dijo Selene mientras observaba la pantalla.

La figura se movió dentro de la imagen. Durante un instante, pudieron distinguirse dos ojos brillantes y una larga cola.

Dragonite dio un paso hacia Jacob. Él permaneció sentado.

—¿Qué Pokémon es? —preguntó con tono monótono—.

—No lo sabemos con certeza —respondió Selene—.

Jacob giró lentamente el rostro hacia ella.

—Otra mala elección de palabras —señaló.

Selene mantuvo la mirada fija en la grabación.

—No podemos confirmarlo —corrigió.

—Pero tiene una teoría —insistió Jacob.

La científica apagó la pantalla.

—Sí —admitió finalmente—. Y si estoy en lo correcto, las desapariciones son el menor de nuestros problemas—.

La habitación quedó en silencio. Dragonite permanecía detrás de Jacob, con las alas extendidas y la mirada clavada en Selene. Finalmente Jacob se puso de pie con lentitud.

—Quiero ver a los Pokémon que regresaron —dijo mientras recogía su mochila.

—No se encuentran en este edificio —respondió Selene—.

—Entonces lléveme donde estén —ordenó Jacob con una calma que no admitía discusión.

Selene lo observó durante un momento.

—Puede descansar primero —propuso—. Ha realizado un viaje largo—.

Jacob se colocó la mochila sobre un hombro.

—Dormí durante casi todo el trayecto —respondió y Dragonite lo miró con evidente satisfacción. —No pongas esa cara —murmuró Jacob dirigiéndose a ella—. Nunca dije que no estuviera dormido—.

La Pokémon sonrió y se acercó a él. Selene se levantó.

—Los Pokémon recuperados están en una clínica temporal, cerca del campamento norte —explicó mientras abría la puerta—. Le advierto que su estado puede resultar perturbador—.

Jacob pasó junto a ella.

—Ya me perturbó la cantidad de información que decidió ocultar —respondió sin detenerse—. Dudo que pueda empeorar demasiado—.

Selene lo siguió con una expresión inescrutable. En el instante en que abandonaron la sala, el dispositivo de su muñeca emitió una vibración apenas perceptible.

La científica bajó la mirada. En la pequeña pantalla apareció una sola frase:

Actividad psíquica detectada. Sujeto Némesis consciente.

Selene cerró la mano sobre el dispositivo antes de que Jacob pudiera verlo.



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En algún lugar, Mewtwo permanecía inmóvil en medio de la cámara destruida. Había escuchado la conversación. No a través de las paredes ni de los sistemas de vigilancia. La había escuchado directamente dentro de la mente de Selene, después sus ojos se cerraron lentamente.

Jacob Balfourt ya estaba en Pueblo Ara. Y aunque el humano todavía lo ignoraba, Mewtwo también había comenzado a observarlo.
 
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Las ruinas blancas​




La clínica temporal había sido instalada al norte de Pueblo Ara, en una zona donde el terreno comenzaba a descender hacia las ruinas. No era un edificio permanente, sino un conjunto de módulos médicos conectados entre sí mediante pasillos cubiertos. A su alrededor se levantaban carpas, almacenes y pequeños puestos de vigilancia.

Jacob avanzaba detrás de Selene con las manos dentro de los bolsillos. Dragonite caminaba a su lado, procurando mantener una de sus alas cerca de la espalda de su entrenador. Desde que habían abandonado el centro de investigaciones, la Pokémon no había dejado de observar a la científica,
pero Selene parecía ignorarla.

—Los dos Pokémon que lograron regresar pertenecían a uno de los Rangers de la segunda expedición —explicó mientras se aproximaban al módulo principal—. Un Luxray y un Golbat—.

—¿Y el Ranger? —preguntó Jacob sin apresurar el paso.

—Sigue desaparecido —respondió Selene mientras colocaba la mano sobre el lector de acceso.

Al instante la puerta se abrió con un sonido metálico y un olor fuerte a desinfectante salió del interior.

—¿Los Pokémon regresaron solos? —preguntó Jacob deteniéndose antes de entrar.

—Sí —confirmó la científica volviendo el rostro hacia él—. Aparecieron cerca de uno de los accesos secundarios, varias horas después de que perdiéramos contacto con el grupo—.

—¿Estaban heridos? —cuestionó Jacob mientras observaba el interior.

Selene tardó un instante en responder.

—No de una forma convencional —contestó finalmente.

Jacob entró. El primer módulo funcionaba como recepción y zona de observación. Había dos enfermeros revisando monitores y una Chansey organizando medicamentos sobre una mesa. Ninguno habló cuando Selene cruzó la sala.

Dragonite tuvo que inclinar un poco la cabeza para no golpear el marco de la puerta con una de sus antenas.

—Podrías esperar afuera —propuso Jacob mirándola de reojo. Dragonite negó con firmeza y se aferró a uno de sus brazos. —Era una sugerencia —aclaró él mientras intentaba liberar el brazo sin demasiado esfuerzo.

La Pokémon se pegó todavía más. Selene los observó desde el otro extremo del pasillo.

—Su Dragonite parece especialmente dependiente de usted —comentó mientras reanudaba la marcha.

Dragonite levantó la mirada de inmediato, Jacob también.

—Parece especialmente atenta —corrigió el entrenador mientras avanzaba junto a ella.

—No pretendía ofenderla —respondió Selene dirigiendo una breve mirada hacia la Pokémon.

Dragonite emitió un gruñido bajo.

—Lo consiguió de todos modos —señaló Jacob sin alterar el tono.

La científica no respondió. Llegaron a una habitación protegida por un cristal reforzado. Dentro había dos camillas amplias, una ocupada por Luxray y otra por Golbat.

Luxray estaba despierto, aunque permanecía completamente inmóvil. Sus ojos estaban abiertos y dirigidos hacia el techo. No reaccionó cuando Selene y Jacob entraron en la sala de observación.

Golbat se encontraba envuelto parcialmente por sus propias alas. Su cuerpo temblaba con intervalos irregulares.

Dragonite soltó el brazo de Jacob, su expresión cambió de inmediato. La Pokémon dio un paso hacia el cristal y colocó una de sus garras sobre él.

—No tienen heridas externas importantes —explicó Selene mientras consultaba uno de los monitores—. Tampoco detectamos toxinas, parásitos ni daños neurológicos evidentes—.

Jacob se acercó a Luxray. El Pokémon ni siquiera movió las orejas.

—¿Desde cuándo está así? —preguntó mientras observaba sus pupilas.

—Desde que regresó —respondió Selene.

—¿Y come? —continuó Jacob inclinándose ligeramente.

—Solo cuando se le alimenta directamente —contestó la científica—. No muestra iniciativa para beber, moverse o comunicarse—.

Jacob dirigió la mirada hacia Golbat.

—¿Y él? —preguntó.

—Entra en pánico cuando se apagan las luces —explicó Selene mientras cruzaba los brazos—. También reacciona de forma agresiva ante Pokémon psíquicos—.

—¿Lo han interrogado? —preguntó Jacob.

—Lo intentamos con un traductor de vocalizaciones y con un Espeon entrenado en comunicación telepática —respondió Selene—. El Espeon perdió el conocimiento apenas entró en contacto con su mente—.

Dragonite se volvió hacia ella.

—Eso tampoco estaba en el informe —comentó Jacob levantando lentamente la vista.

—No —admitió Selene sin apartarse del monitor. Jacob se quedó en silencio.

Golbat comenzó a temblar con mayor intensidad. Sus alas se cerraron alrededor de su cuerpo y un chillido bajo escapó de su garganta.

Dragonite reaccionó antes que los enfermeros. Se acercó a la camilla con movimientos lentos y bajó la cabeza para no parecer amenazante. Emitió un sonido suave, casi maternal. Golbat dejó de agitarse durante unos segundos y sus ojos se abrieron entre las alas. Cuando vio a Dragonite, retrocedió hasta chocar contra la pared. A continuación el monitor comenzó a emitir alarmas.

—Dragonite, atrás —ordenó Jacob levantando una mano.

La Pokémon obedeció de inmediato, aunque miró a Golbat con preocupación.

Un enfermero entró en la habitación y administró un sedante ligero.

Jacob observó la escena sin moverse.

—No le teme a Dragonite —dijo después de unos segundos y Selene lo miró.

—Su reacción sugiere lo contrario —respondió—.

—Miró detrás de ella —explicó Jacob señalando el cristal—. No estaba intentando alejarse de Dragonite. Estaba intentando alejarse de algo que creyó que venía con nosotros—.

La científica mantuvo la vista en Golbat.

—Aquí no hay nada —afirmó mientras revisaba los sensores.

—Eso no significa que él no pueda sentirlo —contestó Jacob.

Dragonite se acercó de nuevo a su entrenador, esta vez sin apartar la mirada de la habitación. Jacob sacó una Pokébola del cinturón. Selene observó el objeto.

—¿Qué pretende hacer? —preguntó.

—Comprobar algo —respondió mientras presionaba el botón central.

La Pokébola se abrió. Una sombra oscura surgió de su interior y se extendió por el suelo antes de adoptar una forma definida. Gengar apareció con una sonrisa exagerada. El Pokémon fantasma miró a Jacob, luego a Selene y finalmente a Dragonite. Sus ojos se iluminaron con malicia.

Gengar se deslizó detrás de Selene y levantó ambas garras como si pretendiera asustarla.

—No —dijo Jacob sin siquiera mirarlo y Gengar se quedó congelado. Su sonrisa desapareció lentamente. —Después —añadió Jacob mientras señalaba la habitación con Luxray y Golbat.

Gengar recuperó la sonrisa y asintió con entusiasmo.

Selene dirigió una mirada fría hacia el Pokémon.

—Necesito que compruebes si hay algo extraño alrededor de ellos —indicó Jacob volviéndose hacia Gengar—. Sombras, energía, presencias o cualquier cosa que no debería estar ahí—.

Gengar dejó de sonreír, luego se acercó al cristal y observó a los dos Pokémon. Durante unos segundos no ocurrió nada, después atravesó la pared.

Selene dio un paso hacia delante.

—La sala está aislada —advirtió mientras levantaba la mano.

El Pokémon fantasma ya estaba dentro. El Pokémon flotó alrededor de Luxray y pasó una de sus garras frente a sus ojos. Luxray no reaccionó. Gengar sacó la lengua y adoptó una expresión grotesca: Nada. Luego se acercó a Golbat. El Pokémon murciélago volvió a temblar, pero no mostró la misma reacción que había tenido con Dragonite. Gengar inclinó la cabeza y su sombra se extendió bajo la camilla. Durante un instante, el cuerpo del Pokémon fantasma se volvió completamente rígido y su sonrisa desapareció.

Gengar se hundió en el suelo y regresó a la sala de observación casi de inmediato. Apareció junto a Jacob y se aferró a la parte trasera de su abrigo.

Dragonite abrió los ojos con sorpresa y Jacob bajó la mirada.

—¿Qué viste? —preguntó mientras observaba el rostro del Pokémon.

Gengar señaló la camilla de Luxray. Después llevó una garra hacia su propia cabeza y cerró los dedos como si sujetara algo invisible. Finalmente, señaló hacia abajo.

—¿Algo está dentro de su mente? —interpretó Jacob mientras seguía sus gestos.

Gengar negó con rapidez y volvió a señalar la cabeza y después extendió una garra hacia el suelo.

—Algo entró en su mente desde abajo —corrigió Jacob y Gengar asintió.

Selene se aproximó.

—Eso coincide con lo que dijo el Alakazam —murmuró mientras observaba a Luxray.

Jacob se volvió hacia ella.

—Usted ya sabía que iba a coincidir —afirmó. Y Selene sostuvo su mirada.

—Lo sospechaba —respondió con calma.

—Empiezo a cansarme de esa respuesta —comentó Jacob mientras Gengar continuaba aferrado a su abrigo.

—Aún no tenemos pruebas suficientes para confirmar la naturaleza del fenómeno —replicó Selene.

—Pero sí las suficientes para contratarme y mandarme hacia él —señaló Jacob.

La científica no contestó. Gengar soltó lentamente el abrigo de su entrenador. Ya no parecía interesado en hacer bromas y Jacob notó el cambio.

—¿Puedes entrar en las ruinas? —preguntó mientras se agachaba un poco para quedar a su altura.

Gengar miró hacia la dirección donde se encontraban las estructuras antiguas. Su sonrisa reapareció, aunque esta vez era más pequeña y asintió.

—Eso no significa que debas hacerte el valiente —advirtió Jacob colocando una mano sobre su cabeza—. Si encuentras algo que no entiendes, regresas—.

Gengar entrecerró los ojos, fingiendo indignación.

—Y sin asustar a los arqueólogos —añadió Jacob. El Pokémon miró hacia otro lado. —Gengar —insistió Jacob. En respuesta Gengar cruzó los brazos y asintió de mala gana, luego el pelinegro de incorporó —Quiero entrar a las ruinas hoy —informó mientras se dirigía hacia la salida.

Selene frunció ligeramente el ceño.

—Le sugerí descansar antes de iniciar la exploración —recordó mientras lo seguía.

—Ya descansé —respondió Jacob.

—Un vuelo sobre Dragonite no sustituye el descanso apropiado —replicó Selene.

—Para mí sí —dijo él sin disminuir el paso.

Dragonite y Gengar avanzaron detrás de ambos. Cuando llegaron a la recepción, Jacob sacó otra Pokébola. La esfera se abrió y liberó una luz blanca y Raichu de Alola apareció en el suelo.
La pequeña Pokémon estiró los brazos y movió la cola como si acabara de despertar de una larga siesta. Después levantó la cabeza y vio a Dragonite. La ratoncita sonrió y corrió hacia ella. La dragona la recibió inclinándose ligeramente, luego la Pokemón dobletipo trepó por uno de sus brazos y se acomodó sobre su hombro.

Gengar apareció detrás de ambas y estiró las garras hacia Raichu. La ratoncita se volvió de golpe y el Pokémon fantasma hizo una mueca aterradora. Raichu soltó un chillido y descargó una pequeña chispa sobre su rostro. Gengar cayó de espaldas, riéndose.

—Dije que no asustaras a los arqueólogos —comentó Jacob mientras abría la puerta de salida—. Técnicamente Raichu no es arqueóloga, así que supongo que encontraste un vacío en la instrucción—.

Gengar levantó un pulgar desde el suelo, Raichu infló las mejillas y se escondió parcialmente detrás de la cabeza de Dragonite.

—Necesito que vengas con nosotros —dijo Jacob dirigiéndose a ella—. Hay algo de tipo psíquico o parecido dentro de las ruinas—.

La expresión alegre de Raichu desapareció un poco, bajó del hombro de Dragonite y flotó usando su cola.

—No tendrás que enfrentarlo —aclaró Jacob mientras se agachaba frente a ella—. Solo quiero que me avises si sientes algo extraño—. Raichu lo observó durante unos segundos. Después levantó una pata y la colocó sobre la mano de Jacob. —Sí, intentaré que no te pase nada —dijo él cerrando suavemente los dedos alrededor de su pata—. Es bastante trabajo, pero lo intentaré—.

Raichu sonrió y saltó para abrazarlo alrededor del cuello, Jacob se quedó inmóvil y Dragonite observó la escena con los ojos entrecerrados.

—No empieces —murmuró Jacob dirigiendo la mirada hacia ella.

Dragonite cruzó los brazos. Raichu soltó a Jacob y volvió a flotar junto a él.

Selene contempló a los tres Pokémon.

—Dragonite, Gengar y Raichu de Alola —enumeró mientras analizaba al equipo—. Una selección interesante—.

—No es una selección —respondió Jacob mientras retomaba el camino—. Ellos decidieron venir—.

—Los entrenadores suelen decidir qué Pokémon participan en una expedición —señaló Selene caminando a su lado.

—Ese parece un problema de los otros entrenadores —contestó él.

Abandonaron la clínica y siguieron un sendero que conducía hacia las ruinas.

El terreno descendía suavemente. A cada lado del camino se levantaban pilares blancos, algunos intactos y otros partidos por la mitad. Había cuerdas y señalizaciones que marcaban las zonas seguras para investigadores.

Raichu volaba cerca de Jacob, Gengar se desplazaba entre las sombras de los pilares, apareciendo y desapareciendo a voluntad. Dragonite permanecía detrás de su entrenador, observando cada estructura.

A medida que avanzaban, el sonido del pueblo comenzó a desvanecerse. El viento continuaba soplando, pero parecía incapaz de penetrar por completo entre las ruinas. El aire se volvió más pesado y silencioso.

Jacob observó uno de los muros. Su superficie estaba cubierta de símbolos similares a los de la pieza que había visto en el centro de investigaciones. Algunas líneas parecían conectarse entre sí formando patrones geométricos.

—¿Han logrado traducirlos? —preguntó mientras pasaba los dedos cerca de la piedra sin tocarla.

—Solo fragmentos —respondió Selene—. La mayor parte parece relacionada con energía, conciencia y transferencia de información.

—Conceptos bastante específicos para no entenderlos —comentó Jacob volviendo la mirada hacia ella.

—Comprender palabras aisladas no significa comprender el sistema completo —explicó la científica.

Raichu se detuvo, su cola dejó de moverse.

Jacob avanzó dos pasos más antes de notarlo.

—¿Qué ocurre? —preguntó volviéndose hacia ella.

Raichu miraba hacia un arco parcialmente derrumbado. No había nadie allí, sin embargo la pequeña Pokémon llevó ambas patas hacia sus orejas.

—¿Escuchas algo? —preguntó Jacob acercándose lentamente.

Raichu negó con la cabeza. Después señaló su frente, Dragonite se colocó junto a ella, Gengar salió de una pared y observó el arco.

—¿Lo sientes dentro de la cabeza? —preguntó Jacob y la Raichu asintió.

Selene levantó el dispositivo de su muñeca. La pantalla comenzó a registrar actividad.

—La intensidad psíquica está aumentando —informó mientras examinaba los datos.

Jacob dirigió la mirada hacia el arco.

—¿Desde dónde? —preguntó.

—Debajo de nosotros —respondió Selene.

Raichu soltó un sonido ahogado y sus ojos se abrieron por completo. Una voz atravesó su mente, no fue un susurro. Fue una orden clara, fría y poderosa. Vete. Raichu retrocedió bruscamente y chocó contra Jacob. Él la sostuvo antes de que cayera.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Jacob mientras la pequeña Pokémon se aferraba a su abrigo.

Raichu temblaba. Sus ojos permanecían abiertos, pero durante unos segundos parecieron observar algo que no se encontraba frente a ella.

Dragonite se arrodilló a su lado y extendió una garra con cuidado, Gengar dejó de sonreír. La pequeña ratona levantó lentamente ambas patas y se las llevó a los costados de la cabeza. Después señaló el arco derrumbado y movió los brazos hacia delante, como si tratara de alejar algo.

Jacob siguió cada uno de sus movimientos.

—¿Alguien se comunicó contigo? —preguntó inclinándose ligeramente hacia ella.

Raichu asintió con rapidez y volvió a señalar hacia las profundidades de las ruinas. Luego cruzó los brazos frente a su cuerpo y empujó el aire varias veces, indicando que debían retroceder.

—Quiere que nos marchemos —interpretó Jacob mientras la sostenía con mayor firmeza.

Raichu asintió nuevamente. Dragonite desplegó un poco las alas y dirigió una mirada amenazante hacia el arco, Gengar se colocó delante de Raichu, interponiendo su cuerpo entre ella y las ruinas.

Selene bajó el dispositivo que llevaba en la muñeca. Por primera vez desde que Jacob la había conocido, su serenidad se quebró. Solo fue un instante, pero él lo vio.

—Usted sabe quién le habló —afirmó Jacob mientras sostenía a Raichu contra su pecho. Selene no respondió. —No fue una pregunta —añadió él, clavando sus ojos dorados en la científica.

La doctora observó el arco derrumbado. Más allá de este, el sendero descendía hacia una sección de las ruinas marcada con señales de acceso restringido.

—Debemos regresar al centro —dijo Selene mientras ocultaba el dispositivo bajo la manga de su bata.

—Hace cinco minutos quería que entrara ahí —recordó Jacob sin moverse.

—La situación ha cambiado —respondió ella con firmeza.

—No —replicó Jacob mientras Raichu apretaba las patas alrededor de su abrigo—. Lo único que cambió es que ahora sabe que está despierto—.

Dragonite se colocó junto a Jacob y extendió las alas hasta cubrir parcialmente a su entrenador y a Raichu. Gengar permaneció delante de ellos, observando las ruinas con una seriedad poco habitual.

Selene sostuvo la mirada de Jacob. El silencio entre ambos fue interrumpido por un crujido profundo pues la tierra tembló bajo sus pies.

Dragonite reaccionó de inmediato y extendió una de sus alas delante de Jacob y Raichu, protegiéndolos de las pequeñas piedras que comenzaron a desprenderse de las estructuras cercanas. Gengar se hundió parcialmente en el suelo, atento a cualquier presencia que pudiera surgir desde las ruinas.

Una sección del terreno situada detrás del arco derrumbado descendió varios centímetros. El polvo blanco se elevó en una nube espesa, cubriendo durante unos segundos el sendero marcado como acceso restringido.

Selene retrocedió un paso y Jacob lo notó. No había sido un movimiento provocado por el temblor. La científica había reconocido algo.

Cuando el polvo comenzó a disiparse, quedó al descubierto una superficie metálica oculta debajo de las piedras antiguas. No pertenecía a las ruinas blancas. La estructura era demasiado uniforme, demasiado reciente y demasiado diferente de los pilares y muros construidos por la civilización de Pueblo Ara.

Una puerta metálica se encontraba enterrada bajo el terreno. Su superficie estaba cubierta por arañazos, golpes y manchas oscuras. En el centro podía distinguirse un símbolo negro: un círculo atravesado por tres líneas verticales.

Debajo del símbolo había una pequeña placa. Gran parte de la inscripción había sido dañada por el tiempo y los derrumbes. Varias letras estaban cubiertas por polvo o habían desaparecido bajo profundos rasguños. Solo dos elementos podían leerse con claridad:

NÉMESIS

NIVEL 01


Jacob mantuvo la vista sobre la placa.

—Némesis —leyó en voz baja mientras inclinaba ligeramente la cabeza—. Supongo que tampoco sabe qué significa—.

Selene no respondió ya que mirada permanecía clavada en la puerta. Jacob observó cómo los dedos de la científica se cerraban lentamente alrededor del dispositivo que llevaba en la muñeca.

—No parece sorprendida —comentó mientras sostenía a Raichu contra su pecho.

—He visto símbolos parecidos en otras secciones de las ruinas —respondió Selene sin apartar la vista de la entrada.

Jacob dirigió nuevamente la mirada hacia la placa.

—No me refería al símbolo —aclaró.

La científica guardó silencio. Muy por debajo de ellos, algo golpeó una pared metálica. El impacto recorrió los túneles subterráneos y llegó hasta la superficie como un trueno amortiguado. La puerta tembló dentro del terreno, Raichu cerró los ojos y se llevó ambas patas hacia los costados de la cabeza.

Jacob la sostuvo con más firmeza. Dragonite se inclinó sobre ambos, mientras Gengar se colocaba frente a ellos, sin mostrar ya ningún rastro de su sonrisa habitual.

La presencia volvió a introducirse en la mente de Raichu. Esta vez no le ordenó marcharse, solo dejó una imagen. El rostro de Selene Veyr.

Raichu abrió los ojos de golpe. Miró primero hacia la puerta y después giró lentamente la cabeza hacia la científica. La ratoncita levantó una pata temblorosa y señaló directamente a Selene. Jacob siguió la dirección de su gesto.

—¿Te mostró a la doctora? —preguntó mientras observaba la expresión de Raichu.

Raichu asintió varias veces.

Selene mantuvo el rostro sereno, pero su cuerpo se había vuelto completamente rígido.

—La presencia que está ahí abajo la conoce —concluyó Jacob, acariciando suavemente la cabeza de Raichu para tranquilizarla.

Selene no lo negó. Tampoco preguntó cómo podía estar seguro, luego un segundo impacto sacudió la estructura metálica. Esta vez, varias piedras rodaron desde los bordes del terreno y golpearon la puerta.

Jacob dirigió la mirada hacia la inscripción.

—¿Qué es Némesis? —preguntó sin apartar los ojos de la científica.

—Un nombre —respondió Selene después de una prolongada pausa.

—Eso ya lo había deducido —replicó Jacob.

Selene bajó lentamente la mirada hacia el dispositivo de su muñeca.

—No debemos abrir esa puerta —advirtió mientras la pantalla proyectaba numerosas señales de alerta—.

Jacob observó primero la entrada y después a la científica.

—Usted me trajo hasta aquí para encontrarla —afirmó.

—Lo traje para investigar las anomalías de las ruinas —respondió Selene con firmeza.

—Y las anomalías acaban de mostrarme una puerta moderna enterrada debajo de una ciudad antigua —señaló Jacob—. Una puerta que lleva un nombre que usted reconoce y detrás de la cual hay algo capaz de entrar en la mente de Raichu—.

Dragonite gruñó mientras mantenía las alas extendidas.

Selene apretó la mandíbula.

—No entiende lo que podría liberar si entra ahí —dijo la científica.

Jacob levantó ligeramente una ceja.

—Entonces sí sabe qué hay al otro lado —concluyó.

Selene volvió a guardar silencio.

Desde las profundidades llegó un tercer impacto. La placa metálica se desprendió parcialmente de uno de sus soportes y quedó inclinada hacia delante.

Detrás de ella apareció una inscripción más pequeña, casi completamente oculta. Jacob apartó un poco el polvo con la punta de su bota.

Solo alcanzó a distinguir una serie de números y letras:

N-01

No había ninguna explicación adicional. Nada que permitiera saber qué era realmente Némesis. Finalmente Jacob levantó la mirada.

—Quiero la verdad antes de entrar —dijo mientras sostenía la mirada de Selene.

La científica observó la puerta, luego a Raichu y finalmente a Jacob.

—La verdad completa no se encuentra aquí arriba —respondió.

Jacob dejó escapar un suspiro cansado.

—Imaginé que diría algo así —murmuró.

La puerta volvió a temblar. Esta vez, desde el otro lado surgió un sonido distinto, no fue un golpe. Pareció una respiración lenta y profunda.
Raichu se aferró al abrigo de Jacob, Dragonite acercó una de sus garras al entrenador y Gengar se deslizó hacia la puerta, pero se detuvo antes de tocarla. Incluso él parecía comprender que había algo al otro lado que no debía tomarse a la ligera.

Jacob observó la entrada durante varios segundos. Después dirigió la mirada hacia Selene.

—Regresaremos al centro —decidió mientras acomodaba a Raichu entre sus brazos—. Pero no porque usted lo haya pedido—.

Selene entrecerró ligeramente los ojos.

—Entonces, ¿por qué? —preguntó.

—Porque Raichu está asustada, Gengar dejó de hacer bromas y Dragonite lleva varios minutos pensando en lanzarla contra una pared —respondió mientras comenzaba a alejarse—. Entrar ahora sería demasiado trabajo—.

Dragonite miró a Jacob. Luego dirigió una breve mirada hacia Selene. La científica no preguntó qué parte de aquella explicación había sido una broma. Jacob tampoco se molestó en aclararlo. A sus espaldas, la puerta permaneció inmóvil entre las ruinas y sobre su superficie solo podía leerse una palabra:

NÉMESIS

Todavía no era una respuesta. Era apenas la primera pregunta.
 
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Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

La voz bajo la tierra​



El regreso al Centro de Investigaciones se realizó en completo silencio. Jacob caminaba por el sendero con Raichu de Alola entre sus brazos. La pequeña Pokémon mantenía las patas aferradas a su abrigo y la cola enrollada alrededor de su propio cuerpo. Aunque ya no temblaba con la misma intensidad, evitaba mirar hacia las ruinas.

Dragonite avanzaba a la derecha de Jacob. Una de sus alas permanecía extendida detrás de él y Raichu, como si intentara protegerlos de una amenaza que todavía pudiera seguirlos desde las profundidades. Gengar cerraba el grupo. El Pokémon fantasma aparecía y desaparecía entre los pilares blancos, pero no se alejaba demasiado. Cada vez que su sombra se deslizaba sobre alguna grieta del terreno, se detenía unos segundos para observarla.

Selene caminaba delante de ellos. Desde que habían abandonado la puerta marcada con el nombre de Némesis, la científica no había pronunciado una sola palabra. Jacob tampoco parecía tener intención de romper el silencio. Su mirada permanecía clavada en el dispositivo metálico que Selene llevaba sujeto a la muñeca.

Antes de que la puerta quedara expuesta, la pantalla había registrado actividad psíquica. Después de que Raichu recibiera la imagen de la científica, Selene había cubierto el dispositivo casi de inmediato. Aquello no era la reacción de una persona que acababa de descubrir una anomalía desconocida. Era la reacción de alguien que había visto regresar un problema que creía bajo control.

Cuando llegaron al campamento norte, varios trabajadores se acercaron al observar el polvo sobre la ropa de Selene y el estado de Raichu.

—¿Ocurrió otro derrumbe? —preguntó uno de los arqueólogos mientras dirigía la mirada hacia las ruinas—.

—Un hundimiento menor —respondió Selene sin detenerse—. Nadie resultó herido—.

Jacob la observó de reojo, seguido de Dragonite quien emitió un gruñido bajo.

—¿Debemos cerrar el sendero norte? —preguntó otra investigadora mientras sujetaba una tableta contra su pecho.

—Ciérrenlo hasta nuevo aviso —ordenó Selene mientras se detenía frente a ella—. Nadie debe acercarse al arco derrumbado sin mi autorización—.

—¿Encontraron algo? —insistió la mujer con evidente curiosidad.

Selene sostuvo su mirada.

—Terreno inestable —respondió con firmeza—. Eso es todo—.

Jacob continuó caminando.

—Otra simplificación para evitar alarma pública —comentó con tono monótono mientras pasaba junto a ambas.

Selene giró la cabeza hacia él. El arqueólogo y la investigadora intercambiaron una mirada confundida.

—El señor Balfourt ha tenido un viaje agotador —dijo Selene recuperando la serenidad—. Llévenlo al módulo de alojamiento—.

—No estoy agotado —respondió Jacob sin detenerse—. Estoy fastidiado—.

Dragonite asintió con energía y Raichu levantó apenas el rostro desde los brazos de su entrenador.

Selene cerró los ojos durante un instante.

—La diferencia no resulta especialmente visible en usted —señaló mientras volvía a caminar—.

—Normalmente no me esfuerzo para que sea visible —
replicó Jacob.

El módulo de alojamiento se encontraba detrás del edificio principal. Había sido construido para recibir investigadores, Rangers y entrenadores que permanecían varios días en las excavaciones. La habitación asignada a Jacob era sencilla. Contenía una cama individual, una mesa, un pequeño armario, un baño y una ventana desde la cual podían observarse algunas de las estructuras blancas de las ruinas.

Selene permaneció junto a la puerta.

—Descanse y permita que Raichu se recupere —indicó mientras observaba a la pequeña Pokémon—. Mañana decidiremos cómo continuar—.

Jacob dejó la mochila sobre la mesa.

—No recuerdo haber dicho que usted decidiría cómo continuar —
respondió mientras se sentaba en el borde de la cama.

—Yo dirijo la investigación —replicó Selene cruzando los brazos.

—Y también oculta instalaciones debajo de las ruinas —añadió Jacob.

Selene dirigió una rápida mirada hacia el pasillo y notó que la puerta continuaba abierta.

—No deberíamos hablar de eso aquí —advirtió bajando ligeramente la voz.

—Entonces entre y cierre la puerta —
propuso Jacob mientras acomodaba a Raichu sobre la cama.

Selene permaneció inmóvil. Dragonite se colocó detrás de Jacob, Gengar apareció lentamente desde la sombra del armario y mostró una sonrisa demasiado amplia hacia la científica.

—Su Gengar no mejora la sensación de hospitalidad —comentó Selene mirando al Pokémon fantasma.

—No está intentando ser hospitalario —respondió Jacob mientras acariciaba la cabeza de Raichu y Gengar asintió con entusiasmo.

Selene entró finalmente y cerró la puerta.

—¿Qué desea saber? —preguntó colocándose frente a la mesa.

Jacob levantó la mirada.

—Todo —respondió sin cambiar la expresión.

—Eso no es una pregunta —señaló Selene.

—Escribir preguntas individuales es aburrido —replicó él—. Puede empezar por Némesis—.

La científica permaneció en silencio. Raichu observaba a Selene con evidente inquietud y Dragonite también.

—Némesis era la designación de una sección restringida de la excavación —explicó Selene después de una breve pausa—. Fue descubierta hace varios años y cerrada cuando su estructura comenzó a volverse inestable—.

Jacob apoyó ambos antebrazos sobre las piernas.

—Las puertas arqueológicas suelen estar hechas del mismo material que las ruinas —
comentó mirándola directamente—. Esa era de metal moderno—.

—Se instalaron refuerzos y accesos de seguridad para proteger a los investigadores —respondió Selene.

—También tenía un símbolo industrial y una numeración de nivel —
añadió él.

—Era una instalación científica —admitió Selene manteniendo la voz serena—. Se construyó alrededor de una sección particularmente importante de las ruinas—.

Jacob inclinó ligeramente la cabeza.

—Eso ya se parece más a la verdad —comentó. Dragonite cruzó los brazos.

—No le oculté que existían investigaciones en la zona —replicó Selene.

—Me ocultó que existía una instalación subterránea —señaló Jacob—. También me ocultó que la cosa que está dentro la conoce—.

Selene apretó ligeramente los labios, Raichu se encogió sobre la cama. Jacob lo notó y colocó una mano sobre su espalda.

—No es una cosa —dijo Selene finalmente y La habitación quedó en silencio.

Gengar dejó de sonreír y Jacob mantuvo la mirada sobre la científica.

—Entonces sabe qué es —
concluyó.

Selene apartó los ojos.

—Sé que se trata de un Pokémon —respondió ella y Dragonite dio un paso hacia delante.

—¿Qué especie? —preguntó Jacob.

—No está registrada oficialmente —contestó la científica.

—¿Tiene nombre? —insistió él.

Selene volvió a mirarlo. Durante un momento pareció debatirse entre continuar o abandonar la habitación.

—Mewtwo —reveló finalmente.

Raichu bajó las orejas. El nombre no parecía significar nada para ella, pero la forma en que Selene lo había pronunciado hizo que se aferrara a la sábana. Dragonite mantuvo una expresión severa. Gengar inclinó la cabeza y Jacob no mostró sorpresa.

—¿Es legendario? —preguntó con el mismo tono que habría utilizado para preguntar la hora.

Selene frunció ligeramente el ceño.

—¿Eso es lo primero que le interesa? —cuestionó.

—Es lo que explicaría los ciento cincuenta mil Pks —respondió Jacob.

—El dinero no tiene relación con su clasificación —replicó Selene—.

—Entonces tiene relación con lo peligroso que es —
concluyó él. Selene permaneció callada y Jacob dejó escapar un suspiro. —Sigue siendo una conversación demasiado larga para obtener respuestas simples —murmuró mientras dirigía la mirada hacia Raichu.

La pequeña Pokémon continuaba observando a Selene.

—¿Qué le mostró? —preguntó la científica acercándose un paso.

Dragonite extendió un brazo delante de ella y Selene se detuvo.

—No le gustó que la llamara dependiente —
recordó Jacob mientras acariciaba una de las antenas de Dragonite.

—No pretendía acercarme de forma agresiva —respondió Selene levantando ambas manos.

Dragonite no bajó el brazo.

—Raichu recibió una imagen suya —
explicó Jacob—. Nada más—.

La científica observó a la ratoncita.

—¿Está seguro? —preguntó sin quitar la mirada de ella. En respuesta Raichu se tensó y Jacob entrecerró los ojos.

—¿Qué esperaba que recibiera? —
cuestionó.

Selene tardó demasiado en responder.

—Mewtwo posee capacidades telepáticas muy avanzadas —explicó finalmente—. Puede enviar pensamientos, recuerdos o imágenes incompletas—.

—Eso no respondió mi pregunta —
señaló Jacob.

—No sabemos qué intenta comunicar —replicó Selene.

—Usted sí parece saberlo —dijo él.

Selene observó durante unos segundos a Jacob. Después se dirigió hacia la puerta.

—Debe mantener a Raichu alejada de las ruinas —advirtió mientras colocaba una mano sobre el panel de apertura—. Si Mewtwo establece un vínculo más fuerte con ella, podría utilizarla para alcanzar al resto del equipo—.

Dragonite gruñó y Gengar se colocó frente a la puerta antes de que Selene pudiera abrirla. La científica lo miró y Gengar sonrió de nuevo, mostrando todos los dientes.

—Gengar —dijo Jacob sin levantar la voz.

El Pokémon fantasma no se movió.

—Déjala salir —ordenó Jacob mientras dirigía la mirada hacia él.

Gengar sostuvo la sonrisa durante un momento más y después se deslizó hacia un costado, luego Selene abrió la puerta.

—Mañana hablaremos de las condiciones para acceder a Némesis —informó sin girarse.

—Hoy —respondió Jacob y Selene se detuvo.

—Raichu necesita descansar —repitió la científica—.

—Raichu sí —dijo Jacob mientras se recostaba parcialmente sobre la cama—. Yo puedo escuchar mientras no hago nada—.

La doctora volvió el rostro hacia él.

—No entraré en esa instalación sin preparar un equipo de seguridad —declaró con firmeza.

—No le pedí que entrara —
replicó Jacob.

Selene sostuvo su mirada.

—La puerta requiere códigos de acceso —señaló.

—Entonces tendré que encontrar otra entrada —
respondió él.

—No existe otra entrada —aseguró la científica.

Jacob levantó apenas una ceja y Selene comprendió su error.

—Eso significa que conoce bastante bien el lugar —
comentó él.

La científica no respondió. Abandonó la habitación y cerró la puerta detrás de ella. Gengar se acercó de inmediato y pegó una oreja contra la madera. Los pasos de Selene se alejaron por el pasillo. Cuando ya no pudo escucharla, el Pokémon se volvió hacia Jacob y comenzó a imitar su forma de caminar. Enderezó la espalda, levantó el mentón y fingió ocultar algo bajo una bata imaginaria. Raichu soltó un pequeño sonido parecido a una risa y Dragonite también relajó un poco la expresión.

—Sí, se parece bastante —admitió Jacob mientras observaba la imitación. Gengar levantó un dedo y después señaló la puerta. —No, todavía no puedes asustarla —aclaró Jacob y Gengar dejó caer los brazos con decepción. Luego el de ojos dorados dirigió nuevamente la atención hacia Raichu. —Necesito saber qué viste —dijo con voz más suave mientras se acercaba a ella.

La ratoncita bajó la mirada. Dragonite se sentó al otro lado de la cama y extendió una garra, Raichu la tomó. Jacob abrió su mochila y sacó una pequeña libreta junto con un lápiz. Observó ambos objetos durante unos segundos como si acabaran de imponerle una tarea insoportable.

—Escribir con lápiz sigue siendo aburrido —
murmuró mientras arrancaba una hoja—. Pero hoy fingiremos que no—.

Raichu lo observó con curiosidad. Jacob dibujó una figura humana muy sencilla. Después añadió cabello largo y una bata.

—¿Esto es Selene? —preguntó señalando el dibujo. Raichu miró la figura y asintió. Gengar se asomó por encima del hombro de Jacob. El Pokémon fantasma comenzó a reír al observar la pobre calidad del dibujo. —Puedes hacerlo tú, si crees que es fácil —comentó Jacob ofreciéndole el lápiz a lo que Gengar dejó de reír y se alejó lentamente. Luego el pelinegro trazó un cuadrado alrededor de la figura.

—¿Estaba dentro de una habitación? —preguntó. Raichu dudó. Después negó con la cabeza y Jacob dibujó varios círculos alrededor de Selene. —¿Había más personas? —continuó y Raichu volvió a negar. Cerró los ojos y se llevó las patas a la cabeza, intentando recordar. Dragonite acarició suavemente uno de sus hombros, luego Raichu levantó una pata y señaló el papel. Después dibujó con dificultad una forma larga y ovalada.

Jacob observó el resultado.

—¿Una cápsula? —preguntó inclinando la hoja. Raichu asintió y su respiración comenzó a acelerarse. Jacob dibujó una figura dentro del óvalo. Raichu tomó el lápiz de sus manos y añadió una cola larga, Gengar se acercó otra vez y Dragonite observó el dibujo en silencio. —Mewtwo estaba dentro de una cápsula —interpretó Jacob y Raichu asintió. Después añadió varias líneas alrededor de la cabeza de la figura. Jacob frunció ligeramente el ceño. —¿Cables? —preguntó y Raichu negó. Llevó ambas patas sobre su propia cabeza y formó un círculo con ellas.
—¿Algo parecido a una corona? —dedujo Jacob y Raichu asintió con fuerza. El lápiz cayó de sus patas y la pequeña Pokémon se estremeció.
Dragonite la acercó contra su cuerpo, Gengar observó el dibujo y dejó de hacer gestos mientras Jacob permaneció quieto

Una cápsula.

Una corona.

Selene.

Mewtwo no le había mostrado a Raichu una amenaza futura. Le había mostrado un recuerdo.

—¿Selene le colocó eso? —preguntó Jacob señalando la figura de la científica y después la corona dibujada. Raichu miró ambas imágenes y permaneció varios segundos sin moverse. Finalmente asintió. Dragonite apretó los dientes y Gengar miró hacia la puerta, como si estuviera considerando ignorar la orden anterior de Jacob.

—No —dijo Jacob antes de que el Pokémon pudiera moverse. Gengar lo observó. —Todavía no —añadió mientras doblaba la hoja y él Pokémon fantasma sonrió de nuevo mientras Dragonite emitió un sonido de desaprobación. —Eso tampoco significa que después sí —aclaró Jacob mientras guardaba el dibujo dentro de su abrigo. Gengar levantó ambos hombros y luego el pelinegro se recostó sobre la cama.

Raichu permaneció junto a Dragonite, todavía afectada por las imágenes.

—Mewtwo quería que supiéramos que Selene le hizo daño —dijo Jacob mirando el techo. Dragonite asintió y Gengar cruzó los brazos. —También pudo mostrarle exactamente lo que quería que viéramos —continuó él. Dragonite frunció el ceño. —No estoy diciendo que mienta —aclaró su entrenador mientras giraba el rostro hacia ella—. Estoy diciendo que aún no lo conocemos—. La Pokémon bajó un poco las alas. —Selene oculta algo, Mewtwo quiere que desconfiemos de ella y nosotros estamos en medio —resumió Jacob cerrando los ojos—. Es una situación bastante molesta—. Raichu se acercó y apoyó la cabeza sobre su brazo, ante esto Jacob abrió un ojo.

—Tú no hiciste nada malo —dijo mientras le acariciaba una oreja a lo que Raichu levantó la mirada. —Pero la próxima vez que una presencia desconocida intente entrar en tu cabeza, intenta ignorarla —añadió, pero la Pokémon eléctrica inclinó la cabeza. —Sí, sé que no funciona así —reconoció.

Dragonite se acomodó en el suelo junto a la cama, Gengar se hundió dentro de la sombra del armario, aunque sus ojos permanecieron visibles en la oscuridad. Durante casi una hora, nadie abandonó la habitación. Raichu terminó quedándose dormida junto a su entrenador. Dragonite mantuvo una garra sobre el borde de la cama, cerca de ambos.
Jacob sostuvo su teléfono frente al rostro y comenzó a revisar nuevamente los archivos enviados por Selene. Los reportes mencionaban interferencias, desapariciones y actividad psíquica. No existía ninguna referencia a Mewtwo, tampoco al nombre Némesis. Jacob abrió el mapa de las ruinas y amplió la zona norte. Las coordenadas donde habían encontrado la puerta aparecían cubiertas por una marca gris.

SECTOR SIN CARTOGRAFIAR.

—Eso también es mentira —murmuró mientras observaba el plano, Dragonite abrió un ojo al escucharlo. —Selene dijo que conoce la única entrada —explicó Jacob mostrándole la pantalla—. No puede saberlo si el sector nunca fue cartografiado—.En respuest, la Pokémon dragón levantó la cabeza. Sin embargo Jacob continuó revisando los archivos. Entre los documentos había una lista de personal autorizado para la expedición. La mayoría eran arqueólogos, médicos y Rangers. También notó que Selene aparecía como directora temporal y junto a su nombre había un código.

N-01-VEYR

Jacob observó la secuencia. La misma combinación estaba grabada detrás de la placa metálica.

N-01.

Guardó una captura de pantalla.

—Supongo que mañana tendremos otra conversación larga —comentó mientras apagaba el teléfono. La luz del exterior comenzó a desaparecer.

Pueblo Ara quedó cubierto poco a poco por las sombras de la noche. Desde la ventana podían verse algunas lámparas encendiéndose entre las estructuras blancas. Raichu seguía dormida, Dragonite cerró nuevamente los ojos., después Jacob dejó el teléfono sobre la mesa y trató de acomodarse. No había espacio suficiente para dormir correctamente con Raichu sobre uno de sus brazos, pero despertarla habría provocado más problemas. Finalmente cerró los ojos y Durante algunos minutos, solo escuchó el sonido del viento contra la ventana. Después percibió algo diferente. Una presión ligera en la frente y Jacob abrió los ojos debido a ello. La habitación no había cambiado. Dragonite seguía junto a la cama, Raichu dormía, los ojos de Gengar continuaban visibles dentro de la sombra del armario. Entonces la presión aumentó. Jacob intentó incorporarse, pero su cuerpo no respondió de inmediato. A continuación, una voz surgió dentro de su mente. Profunda, fría pero perfectamente clara.

—No confíes en ella—.

Jacob permaneció inmóvil, Dragonite abrió los ojos de golpe al percibir el cambio en su respiración y Gengar salió de la sombra. Raichu continuó dormida. Luego la presencia desapareció tan rápido como había llegado. El pelinegro consiguió mover una mano y se tocó la frente. Dragonite se levantó de inmediato y se inclinó sobre él.

—Estoy bien —dijo mientras observaba la oscuridad al otro lado de la ventana, sin embargo la Pokémon no pareció creerle. —Esta vez me habló a mí —explicó Jacob mientras mantenía la vista fija en las ruinas. Gengar giró la cabeza hacia la ventana y Dragonite extendió las alas. Jacob volvió a escuchar el viento. Pero no hubo un segundo mensaje, ni recibió imágenes. Solo aquella advertencia.

No confíes en ella.

Jacob dejó escapar un suspiro.

—Demasiado tarde —murmuró mientras sus ojos dorados permanecían clavados en las ruinas blancas—. Nunca confié en ella—.


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En su confinamiento, Mewtwo abrió lentamente los ojos. Entre él y Jacob existían muchas interferencias físicas. Aun así, había conseguido alcanzar su mente. Dentro de una sala de control oculta, Selene observó cómo una línea roja aparecía sobre uno de sus monitores.

CONEXIÓN TELEPÁTICA EXTERNA DETECTADA.

La científica apretó los dedos contra la consola.

—Así que ya lo elegiste —murmuró contemplando la señal. Detrás de ella, algo metálico se movió en la oscuridad, mostrando dos ojos rojos se encendieron: Metagross permanecía inmóvil junto a la entrada. Selene desvió la mirada hacia una segunda pantalla. En ella aparecía el expediente de Jacob Balfourt. —Ahora veremos si él también te elige a ti —añadió mientras ampliaba la fotografía del entrenador.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

El descenso a Némesis



Jacob no durmió demasiado aquella noche, aunque se habría negado a admitir que la advertencia de Mewtwo hubiera tenido alguna responsabilidad. El problema principal era que la pequeña habitación había dejado de ser un espacio de descanso y se había convertido en una improvisada zona de vigilancia. Dragonite permaneció durante horas sentada frente a la ventana, con el cuerpo erguido y las alas recogidas contra la espalda, observando las lejanas siluetas blancas de las ruinas como si esperara que algo emergiera de ellas en cualquier momento. Gengar se había ocultado dentro de la sombra del armario, pero sus ojos rojizos continuaron abiertos durante buena parte de la madrugada, apareciendo ocasionalmente entre la oscuridad cuando algún sonido recorría el pasillo. Raichu de Alola, por su parte, se había quedado dormida aferrada al brazo izquierdo de Jacob, con la larga cola rodeando una de sus piernas y las orejas levantándose cada vez que él intentaba cambiar de posición.

En otras circunstancias, Jacob habría devuelto a Raichu a su Pokébola para recuperar la libertad de movimiento. Sin embargo, después de las imágenes que Mewtwo había colocado dentro de su mente, no estaba dispuesto a obligarla a entrar en una esfera ni a separarla de los demás. La ratoncita se había despertado en dos ocasiones durante la noche, desorientada y mirando hacia la ventana con el cuerpo tenso. Las dos veces había comprobado primero que Jacob seguía junto a ella y después que Dragonite continuaba en la habitación. Solo entonces había logrado relajarse. Por esa razón, el entrenador terminó aceptando la incomodidad y permaneció acostado boca arriba, observando durante largos minutos el techo oscuro mientras intentaba ignorar el entumecimiento de su brazo.

La primera luz de la mañana atravesó la ventana y se proyectó sobre la cama. Dragonite no se movió de inmediato; sus ojos continuaban clavados en las ruinas, aunque el cansancio acumulado podía percibirse en la forma ligeramente caída de sus antenas. Gengar emergió poco a poco desde la sombra del armario, estirándose como si hubiera pasado la noche en una posición incómoda. Después flotó hasta situarse sobre Jacob y abrió la boca exageradamente, preparándose para gritarle en el rostro.

—No lo hagas —murmuró Jacob sin abrir los ojos, moviendo apenas los labios.

Gengar se quedó suspendido sobre él. Su sonrisa se congeló y sus ojos se desplazaron hacia Raichu, que continuaba dormida sobre el brazo del entrenador.

—Si la despiertas, tú vas a tranquilizarla —
añadió Jacob mientras levantaba lentamente la mano libre y señalaba a la ratoncita—. También tendrás que explicarle por qué decidiste asustarla después de lo que ocurrió ayer—.

Gengar contempló a Raichu durante varios segundos. Después cerró la boca, descendió un poco y retrocedió con una expresión de decepción. Desde la ventana, Dragonite emitió un sonido suave que parecía una risa contenida. Jacob abrió finalmente los ojos y giró la cabeza hacia ella.

—Tú tampoco puedes burlarte —
dijo mientras intentaba retirar el brazo atrapado bajo el cuerpo de Raichu—. Llevas toda la noche observando las ruinas como si fueran a levantarse, cruzar el campamento y entrar por la ventana—.

Dragonite desvió brevemente la mirada hacia él y cruzó los brazos, dejando claro que consideraba su vigilancia completamente justificada.

—Sí, ya sé que estabas protegiéndonos —
continuó Jacob mientras movía lentamente los dedos para recuperar la sensibilidad—. Pero podrías haberlo hecho sentada en una posición menos dramática—.

La Pokémon dragón levantó ligeramente el mentón y volvió a observar el exterior. Jacob consiguió liberar el brazo sin despertar a Raichu y se incorporó con lentitud. Durante unos segundos permaneció sentado en el borde de la cama, flexionando la mano entumecida y tratando de recuperar la circulación. Después extendió el brazo hacia la mesa, tomó su teléfono y activó la pantalla.

Había cinco mensajes de Selene Veyr.

Los primeros cuatro habían sido enviados a intervalos regulares y solicitaban que se presentara en el Centro de Investigaciones a las siete de la mañana. El último había llegado apenas unos minutos antes y su tono era mucho menos cordial.

La entrada a Némesis será abierta a las 07:30. Si desea participar en la expedición, deberá presentarse antes de esa hora.

Jacob deslizó el dedo por la pantalla para comprobar la hora. Eran las siete con veintisiete minutos.

—Parece que tenemos prisa —comentó mientras se levantaba, aunque su forma de moverse no mostró ninguna urgencia.

Dragonite giró de inmediato hacia él y desplegó parcialmente las alas. Gengar recuperó la sonrisa, interpretando la frase como una señal de que finalmente ocurriría algo interesante. El movimiento de ambos despertó a Raichu, que levantó la cabeza y observó la habitación con los ojos aún adormilados.

—No es nuestra prisa —
aclaró Jacob mientras guardaba el teléfono dentro del abrigo—. Es la de Selene. Hay una diferencia importante—.

Raichu se frotó los ojos con ambas patas. Dragonite se acercó a la cama y le ofreció una garra para ayudarla a bajar. La ratoncita la aceptó y después flotó lentamente sobre su cola, manteniéndose cerca de Jacob mientras él revisaba las Pokébolas sujetas a su cinturón. Todas parecían funcionar con normalidad en la superficie. Las presionó una por una para comprobar sus cierres, pero evitó liberar a los Pokémon que permanecían dentro. Todavía no sabía qué tipo de interferencia encontrarían bajo las ruinas ni cuánto tiempo estarían expuestos a ella.

Antes de abandonar la habitación, Jacob sacó del bolsillo interior la hoja doblada donde Raichu había dibujado la cápsula, la corona y la figura de Selene. Desplegó el papel sobre la mesa y observó los trazos desordenados. El dibujo no era una prueba definitiva, pero la reacción de la científica había confirmado que al menos una parte de aquellas imágenes era verdadera. Jacob volvió a doblar la hoja y la guardó con cuidado.

—Vamos a tener una conversación bastante desagradable —
dijo mientras abría la puerta y dirigía una mirada hacia Gengar.

El Pokémon fantasma levantó ambas garras con entusiasmo, como si hubiera estado esperando precisamente aquellas palabras.

—Eso no significa que puedas asustarla, maldecirla o hacer que crea que el suelo intenta tragársela —advirtió Jacob mientras salía al pasillo.

Gengar bajó lentamente los brazos y flotó detrás de él, aunque la sonrisa que mantuvo en el rostro indicaba que todavía estaba considerando alguna de esas posibilidades.

Cuando llegaron al edificio principal, Selene ya los esperaba dentro de la misma sala privada donde habían conversado el día anterior. La científica había sustituido la bata blanca por una chaqueta oscura confeccionada con material resistente. Bajo ella llevaba un traje de exploración ceñido, botas reforzadas y un cinturón que sostenía diferentes herramientas de análisis, una pequeña pistola de bengalas y varias Pokébolas. Su cabello estaba recogido con mayor firmeza que el día anterior y el dispositivo metálico de su muñeca mostraba una sucesión de códigos que cambiaban constantemente.

Detrás de ella permanecía Metagross.

El enorme Pokémon ocupaba buena parte del espacio disponible. Sus cuatro extremidades descansaban sobre el suelo con una estabilidad absoluta y su cuerpo metálico reflejaba la iluminación blanca de la sala. Cuando Jacob cruzó la puerta, los ojos rojos de Metagross se fijaron primero en él y después se desplazaron hacia Dragonite. La dragona respondió avanzando medio paso y elevando ligeramente las alas. No adoptó una postura de ataque abierta, pero el movimiento bastó para dejar claro que no permitiría que el Pokémon de Selene se acercara demasiado.

—Llegó tarde —dijo Selene mientras consultaba el dispositivo de su muñeca y evitaba mirar directamente a Dragonite.

Jacob avanzó hasta una de las sillas y dejó caer el peso de su cuerpo sobre ella sin pedir permiso.

—Llegué antes de que abrieran la puerta —
respondió mientras apoyaba un brazo sobre el respaldo.

—Por tres minutos —señaló Selene, levantando la mirada hacia él—.

—Entonces llegué temprano —concluyó Jacob sin mostrar preocupación.

La científica lo observó durante varios segundos, como si tratara de decidir si la respuesta era una provocación deliberada o una consecuencia natural de su personalidad. Mientras tanto, Gengar se deslizó alrededor de la silla y se acercó a Metagross. El Pokémon fantasma levantó ambas garras, deformó el rostro y sacó la lengua con la intención de sorprenderlo.

Metagross no reaccionó.

Gengar inclinó la cabeza, se acercó un poco más y repitió el gesto con mayor exageración.

Los ojos rojos de Metagross permanecieron completamente inmóviles.

La sonrisa de Gengar perdió firmeza. Después cruzó los brazos y miró al Pokémon metálico con una mezcla de ofensa y desafío.

—No creo que funcione —comentó Jacob observándolo desde la silla.

Gengar señaló a Metagross y después se señaló a sí mismo, como si Jacob hubiera puesto en duda su talento.

—No dije que no fueras aterrador —
aclaró el entrenador mientras apoyaba la mejilla sobre una mano—. Dije que probablemente no tenga sentido del humor—.

Raichu de Alola flotó hasta situarse detrás de Dragonite. Desde allí observó a Metagross, pero evitó acercarse. La combinación de sus tipos Acero y Psíquico, junto con las experiencias de la tarde anterior, parecía producirle una incomodidad que no podía ocultar. Selene percibió la reacción.

—Metagross no intentará entrar en su mente —aseguró mientras dirigía brevemente la mirada hacia Raichu.

La pequeña Pokémon bajó las orejas y se ocultó un poco más detrás del cuerpo de Dragonite.

—Eso no fue tranquilizador —señaló Jacob, girando lentamente el rostro hacia Selene.

—Solo intentaba aclararlo —respondió la científica—.

—Normalmente nadie aclara algo así a menos que exista la posibilidad de que ocurra —
replicó Jacob.

Selene inspiró con lentitud. Después dejó el dispositivo de su muñeca sobre la mesa y apoyó ambas manos junto a él.

—Metagross permanecerá bajo mi control durante toda la expedición —declaró con firmeza.

Dragonite emitió un gruñido que hizo vibrar ligeramente el aire de la habitación. Metagross movió una de sus extremidades sobre el suelo y el sonido metálico resonó contra las paredes.

—Ella tampoco está bajo mi control —
comentó Jacob mientras señalaba a Dragonite con un movimiento leve de la cabeza—. Sin embargo, suele comportarse bastante bien cuando nadie me amenaza, me encierra o intenta ocultarme información importante—.

Selene sostuvo la mirada del entrenador.

—Nadie lo está amenazando —respondió.

Jacob sacó el teléfono del abrigo, activó la pantalla y lo colocó sobre la mesa frente a ella.

—Entonces podemos avanzar a la parte donde explica por qué su expediente utiliza el mismo código que la entrada de Némesis —dijo mientras deslizaba el dispositivo hacia la científica.

La captura mostraba con claridad la identificación N-01-VEYR. Selene no hizo ningún movimiento durante los primeros segundos. Metagross giró ligeramente la cabeza hacia ella, quizá percibiendo un cambio en su actividad cerebral o en su tensión corporal.

—¿Accedió a archivos restringidos? —preguntó Selene sin elevar la voz, aunque la rigidez de sus hombros contradijo su aparente serenidad—.

—Usted los envió dentro de la documentación de la expedición —
respondió Jacob mientras apoyaba ambos brazos sobre la mesa—. Estaban escondidos entre informes repetidos, mapas incompletos y varias páginas que parecían diseñadas para que nadie tuviera ganas de leerlas—.

—Ese código no estaba destinado a ser interpretado fuera del sistema interno —replicó Selene mientras tomaba el teléfono y examinaba la imagen.

—Eso tampoco respondió mi pregunta —señaló Jacob.

Selene permaneció observando la pantalla. Después dejó el teléfono exactamente en el mismo lugar donde lo había encontrado y levantó lentamente la mirada.

—N-01 era la identificación administrativa de la instalación —explicó—. Mi apellido aparece porque fui una de las personas autorizadas para acceder al nivel principal—.

Dragonite cerró las garras con fuerza. Gengar dejó de prestar atención a Metagross y se acercó a la mesa.

—Ayer dijo que Némesis era una sección restringida de las excavaciones —
recordó Jacob.

—También le expliqué que se había construido una instalación científica alrededor de esa sección —respondió Selene, manteniendo una voz controlada.

—No mencionó que usted tenía acceso administrativo ni que su identificación estaba grabada en la misma puerta —
replicó él.

—No administraba Némesis sola —aclaró Selene.

—¿Quién más participaba? —preguntó Jacob de inmediato.

La científica guardó silencio y recogió una tableta que estaba colocada junto al dispositivo de su muñeca.

—Eso no es relevante para entrar de forma segura —contestó después de activar la pantalla.

Jacob no respondió. Permaneció mirándola con los ojos dorados entrecerrados. Dragonite inclinó el cuerpo hacia delante y Gengar dejó escapar una risa breve, como si incluso él comprendiera que la evasiva había sido demasiado evidente.

Selene dejó escapar un suspiro lento.

—El trabajo estaba financiado por varias instituciones privadas y supervisado por investigadores procedentes de Ciudad Central —explicó finalmente—. Había especialistas en genética, neurología Pokémon, tecnología antigua y contención energética. La mayor parte del personal abandonó la instalación después del incidente—.

Jacob apoyó la espalda contra la silla.

—¿Qué incidente? —preguntó.

La mirada de Selene se desplazó hacia Raichu de Alola. La ratoncita se escondió parcialmente detrás de Dragonite al notar que la observaban.

—Mewtwo escapó de su cámara de contención —respondió Selene.

El ambiente de la habitación cambió. Dragonite dejó de gruñir, pero su expresión se volvió más dura. Gengar perdió la sonrisa por completo. Incluso Metagross pareció quedar más inmóvil que antes.

—¿Lo tenían encerrado? —preguntó Jacob.

—Lo manteníamos aislado —corrigió Selene.

—Dentro de una cápsula y con una corona sobre la cabeza —
añadió él mientras sacaba del abrigo el dibujo realizado por Raichu.

Por primera vez desde que habían entrado, la expresión de Selene se alteró de forma evidente. Sus ojos se dirigieron hacia el papel antes de que Jacob lo colocara completamente sobre la mesa.

—¿Cómo sabe eso? —preguntó mientras miraba a Raichu.

La pequeña Pokémon retrocedió. Dragonite extendió uno de sus brazos frente a ella y cubrió parte de su cuerpo con un ala. Jacob desplegó el papel y lo empujó hacia Selene.

—Mewtwo le mostró estas imágenes —
explicó—. Raichu no puede decirme exactamente qué significaban, pero pudo representar una cápsula, una especie de corona y su presencia frente a él—.

Selene tomó la hoja. Sus ojos recorrieron los trazos de la ratoncita durante un tiempo prolongado. No parecía sorprendida por la cápsula ni por la corona. Lo que realmente la perturbaba era saber que Mewtwo había elegido compartir ese recuerdo.

—No puede estar seguro de que sea una memoria auténtica —dijo finalmente mientras continuaba sujetando el papel—. Mewtwo es capaz de alterar percepciones, combinar fragmentos de experiencias distintas y presentar una versión diseñada para provocar una reacción concreta—.

—Eso mismo pensé —respondió Jacob—. Pero su cara acaba de ayudar bastante—.

Selene dobló la hoja con cuidado y la deslizó de nuevo hacia él.

—La estructura que dibujó Raichu existía —admitió—. La llamábamos Corona Némesis—.

Raichu se estremeció al escuchar el nombre. Dragonite colocó una garra sobre su hombro y la acercó más a su cuerpo. Gengar giró lentamente hacia Selene y su expresión adquirió una seriedad poco habitual.

—¿Para qué servía? —
preguntó Jacob mientras guardaba el dibujo.

—Reducía la intensidad de sus capacidades psíquicas —respondió Selene—. Los instrumentos dejaban de funcionar cuando Mewtwo liberaba demasiada energía. Las personas sufrían migrañas, pérdida de orientación y episodios de memoria fragmentada. Sin algún sistema de regulación era imposible acercarse a él o estudiar el fenómeno que representaba—.

—¿También era imposible preguntarle si deseaba ser estudiado? —
cuestionó Jacob.

Selene apretó ligeramente los labios.

—Mewtwo no era estable cuando llegó a Némesis —afirmó.

—Eso no respondió la pregunta —
replicó Jacob.

—No conoce las circunstancias en las que fue encontrado —dijo la científica con mayor dureza—.

—Porque se niega a contarlas completas —respondió él.

Selene mantuvo ambas manos sobre la mesa. Durante unos segundos, sus dedos se tensaron alrededor del borde metálico.

—La Corona Némesis no fue diseñada para causarle dolor —continuó—. Su función era contener los picos de energía y evitar que sus impulsos afectaran a todos los que estuvieran cerca—.

—Pero le causaba dolor —señaló Jacob.

La científica no respondió. La ausencia de una negación resultó suficiente.

Jacob recogió el teléfono y se puso de pie con lentitud. Dragonite se movió al mismo tiempo, posicionándose de inmediato a su lado.

—No voy a entrar sin saber qué intenta hacer cuando encontremos a Mewtwo —declaró Jacob mientras guardaba el dispositivo.

—Rescatar a los desaparecidos y contenerlo antes de que alcance la superficie —respondió Selene con rapidez.

—Contener significa encerrarlo otra vez —dijo él.

—Si resulta necesario, sí —admitió la científica.

Dragonite desplegó parcialmente las alas. Gengar dejó escapar un gruñido y Raichu observó a Selene con una mezcla de temor y rechazo.

—Mewtwo posee suficiente poder para destruir Pueblo Ara —continuó Selene mientras permanecía frente a Jacob—. Durante su primera fuga dañó varias secciones del complejo, destruyó sistemas de soporte y dejó a numerosos investigadores heridos. Si alcanza la superficie en un estado similar, no habrá tiempo para discutir sobre sus intenciones—.

—¿Cuántos Pokémon resultaron heridos antes de que escapara? —preguntó Jacob.

El silencio que siguió fue más prolongado que los anteriores.

Metagross avanzó medio paso.

El movimiento fue pequeño, pero Dragonite reaccionó inmediatamente. La dragona se interpuso entre Jacob y el Pokémon metálico, extendiendo las alas hasta casi tocar las paredes laterales. Sus ojos se endurecieron y un gruñido grave comenzó a crecer en su garganta. Gengar se deslizó dentro de su sombra, listo para aparecer desde cualquier ángulo. Raichu elevó las mejillas y pequeñas chispas comenzaron a recorrer su rostro.

Metagross bajó ligeramente el cuerpo. Sus cuatro extremidades se afirmaron sobre el suelo y el brillo de sus ojos aumentó.

—Basta —ordenó Selene sin levantar la voz, volviéndose hacia su Pokémon.

Metagross detuvo el avance, aunque no abandonó la postura defensiva.

Jacob apoyó una mano sobre el brazo de Dragonite. La Pokémon no se movió al principio. Él deslizó lentamente los dedos sobre su piel, sin apartar la vista de Selene.

—Tranquila —dijo con tono bajo—. No empezaremos una batalla antes de desayunar. Sería una cantidad absurda de esfuerzo—.

Dragonite giró apenas un ojo hacia él. Después relajó gradualmente las alas, aunque permaneció delante de su entrenador. Raichu dejó de acumular electricidad. Gengar volvió a salir de la sombra, pero se quedó cerca de la pierna de Jacob. Metagross se incorporó y retrocedió hasta la posición inicial.

Selene recogió la tableta y mostró un plano incompleto de Némesis.

—La apertura ya comenzó —informó mientras ampliaba un mapa formado por varios niveles subterráneos—. Si el sistema vuelve a bloquear la entrada, quizá no podamos intentarlo otra vez en varios días—.

—¿Quién está abriendo la puerta? —preguntó Jacob mientras examinaba la pantalla.

—Un equipo técnico desde la superficie —respondió Selene.

—Dijo que Némesis estaba abandonada —recordó él.

—Abandonada no significa completamente desconectada —replicó la científica—. Parte de la red externa sigue respondiendo—.

Jacob tomó la tableta y observó el plano. Varias zonas aparecían marcadas con errores, espacios negros o líneas interrumpidas. El nivel superior era el único que mostraba una distribución relativamente clara. Los niveles inferiores apenas contenían corredores aislados y referencias incompletas.

—Faltan secciones enteras —comentó mientras desplazaba un dedo sobre la pantalla.

—Los servidores sufrieron daños durante la fuga —explicó Selene—. Solo fue posible recuperar una parte de los mapas—.

—Y aun así aseguró que existía una sola entrada —dijo Jacob levantando la mirada.

—Una sola entrada operativa desde la superficie —corrigió ella.

Jacob le devolvió la tableta.

—Está mejorando con las palabras —comentó.

Selene ignoró la observación y comenzó a enumerar las condiciones de la expedición. Su voz recuperó el tono profesional de una persona acostumbrada a dirigir equipos enteros.

—Permaneceremos juntos. Nadie se separará sin autorización. No abrirá cámaras, depósitos ni zonas de contención. No liberará Pokémon que encontremos dentro hasta que sean evaluados. Si localizamos a Mewtwo, no intentará combatirlo ni capturarlo. Si le ordeno retirarse, obedecerá inmediatamente—.

Gengar comenzó a contar las condiciones con los dedos. Después de la cuarta, fingió bostezar y se dejó caer sobre la mesa como si se hubiera quedado dormido.

—¿Terminó? —preguntó Jacob.

—Esas reglas no son negociables —respondió Selene.

—Entonces puede entrar sin mí —propuso él mientras comenzaba a caminar hacia la salida.

Selene no respondió.

Jacob llegó hasta la puerta y colocó una mano sobre el panel, pero no la abrió.

—Si pudiera llegar hasta Mewtwo con Metagross y sus técnicos, no habría ofrecido ciento cincuenta mil Pks a alguien que no forma parte de ninguna institución —continuó sin girarse —. Necesita algo de mí. Probablemente más de lo que está admitiendo—.

—Necesito su capacidad estratégica y la variedad de su equipo —reconoció Selene después de una pausa.

Jacob volvió el rostro hacia ella.

—Entonces mis condiciones también son simples —
dijo cruzandose de brazos—. Mis Pokémon deciden si continúan. Si encontramos Pokémon cautivos o heridos, los ayudaremos. Si Mewtwo está siendo controlado o lastimado por algún sistema de Némesis, ese sistema será destruido—.

—No puede tomar decisiones de esa magnitud sin comprender las consecuencias —respondió Selene.

—Usted tuvo años para comprenderlas —
replicó Jacob—. El resultado fue un laboratorio destruido, Pokémon desaparecidos, personas con la mente dañada y algo golpeando desde el subsuelo. No parece que su comprensión haya servido demasiado—.

La científica sostuvo la tableta con mayor fuerza. Después giró hacia la puerta.

—No interferirá hasta que evaluemos la situación —dijo mientras salía de la sala.

—Eso es lo más parecido a un acuerdo que va a obtener —respondió Jacob siguiéndola.

El sendero norte había sido cerrado con barreras metálicas, señalizaciones de peligro y cintas que impedían el acceso a los trabajadores comunes. Cuando el grupo llegó, dos investigadores se encontraban arrodillados frente a la puerta expuesta, retirando restos de roca y conectando gruesos cables a un panel lateral. Un Magnezone flotaba sobre ellos, emitiendo un zumbido constante mientras suministraba energía al sistema. Las chispas que recorrían los cables iluminaban por momentos la inscripción NÉMESIS y el código NIVEL 01.

Raichu se detuvo en cuanto vio a Magnezone. Las luces de sus mejillas parpadearon débilmente y su cola descendió. Jacob se agachó junto a ella, apoyando una rodilla sobre el suelo cubierto de polvo blanco.

—Puedes regresar a la Pokébola —
ofreció mientras extendía una mano—. Nadie te obliga a entrar—.

Raichu observó la esfera de su cinturón, después la puerta y finalmente a Selene. La ratoncita permaneció quieta durante varios segundos. Luego negó con la cabeza, flotó hasta Jacob y sujetó con ambas patas la parte inferior de su abrigo.

—Está bien —respondió él mientras acariciaba una de sus orejas—. Pero si vuelves a sentir esa presión o no quieres continuar, salimos. No importa lo que diga nadie—.

Raichu asintió. Y Dragonite se colocó detrás de ambos y mantuvo una mirada severa sobre la entrada. Gengar se acercó a la puerta y examinó el metal, introduciendo una garra en una de las grietas sin llegar a atravesarla.

Selene se aproximó a los técnicos.

—Informe de apertura —ordenó mientras consultaba el dispositivo de su muñeca.

—Los sistemas externos responden, pero el cierre interior continúa activo —explicó uno de los investigadores mientras observaba una secuencia de códigos—. Cada vez que enviamos la orden de apertura, otra señal la cancela desde dentro—.

—¿Es un protocolo automático? —preguntó Selene.

El técnico negó con la cabeza.

—No lo parece. Las respuestas cambian cada vez que modificamos el código. Alguien está observando nuestros intentos y anulándolos manualmente —respondió.

Dragonite emitió un sonido bajo. Jacob entendió lo que intentaba señalar y observó la puerta.

—Mewtwo —murmuró.

Selene dirigió la mirada hacia Magnezone.

—Aumenta la corriente un veinte por ciento —ordenó.

Magnezone elevó el cuerpo y emitió un zumbido más intenso. Las chispas recorrieron todos los cables al mismo tiempo. Raichu se aferró con mayor fuerza al abrigo de Jacob, sintiendo la acumulación eléctrica del entorno.

La pantalla del panel parpadeó.

ACCESO DENEGADO.

Los caracteres desaparecieron y fueron sustituidos por una nueva frase.

SELENE VEYR NO AUTORIZADA.

Los técnicos intercambiaron miradas. Selene permaneció inmóvil, pero el dispositivo de su muñeca comenzó a cambiar de código con rapidez.

—Parece que alguien cambió las cerraduras —comentó Jacob, observando la pantalla por encima de su hombro.

Selene se acercó al panel e introdujo una nueva secuencia de identificación.

IDENTIDAD RECONOCIDA.

Durante un instante pareció que el sistema aceptaría la orden. Después apareció otra respuesta.

ACCESO REVOCADO.

Gengar dejó escapar una risa breve. La científica le dirigió una mirada fría.

El Pokémon fantasma levantó ambas garras y negó exageradamente, indicando que él no había tenido nada que ver.

—No necesitabas aclararlo —dijo Jacob sin apartar los ojos de la puerta.

Un ruido metálico surgió desde el interior. Los seguros comenzaron a moverse uno después de otro. El equipo técnico retrocedió con rapidez y Magnezone se elevó, tensando los cables conectados al panel.

—¿Está abriéndose? —preguntó uno de los investigadores.

—No envié esa orden —respondió Selene mientras tomaba una Pokébola de su cinturón.

La puerta comenzó a separarse lentamente del marco. Primero apareció una abertura estrecha, de la cual escapó una corriente de aire frío con olor a metal húmedo, polvo acumulado y maquinaria antigua. Después los paneles se replegaron con un chirrido que resonó entre las ruinas blancas.

Raichu cerró los ojos y su cuerpo se tensó cuando la presencia de Mewtwo volvió a rozar su mente. Esta vez no recibió palabras ni imágenes completas. Solo una dirección clara, acompañada por una sensación de urgencia.

Hacia abajo.

La ratoncita abrió los ojos, levantó una pata y señaló el corredor que había quedado expuesto.

Jacob siguió su gesto.

—Nos está dejando entrar —dedujo.

—O está atrayéndonos —respondió Selene mientras sostenía la Pokébola preparada.

—Las dos cosas pueden ser ciertas —comentó Jacob.

La entrada terminaba en un corredor metálico que descendía bajo las ruinas. Algunas luces de emergencia permanecían activas, aunque parpadeaban de forma irregular. Las paredes estaban cubiertas por tuberías, cables y placas instaladas por seres humanos. Entre esas estructuras modernas sobresalían fragmentos de roca blanca marcados con los mismos patrones semejantes a circuitos que cubrían las ruinas de Pueblo Ara. Era evidente que Némesis no había sustituido la construcción antigua; se había edificado alrededor de ella, envolviéndola y utilizando una tecnología que sus responsables no comprendían por completo.

Metagross entró primero. Cada una de sus extremidades produjo un golpe pesado contra el suelo metálico. Selene avanzó detrás de él, manteniendo una mano cerca de las Pokébolas de su cinturón.

Jacob permaneció frente al umbral y observó a sus tres Pokémon.

—Todavía podemos marcharnos —dijo viendoles. Dragonite negó de inmediato y se aproximó a él. Gengar sonrió, atravesó la abertura y flotó unos metros dentro del corredor. Raichu dudó, pero después señaló hacia abajo y volvió a sujetar el abrigo de Jacob. —Eso imaginé —murmuró mientras cruzaba la entrada.

Los técnicos se quedaron en la superficie. Cuando Jacob atravesó el umbral, una franja de luz roja recorrió el techo del corredor. Todas las Pokébolas de su cinturón vibraron al mismo tiempo. Dragonite giró hacia él. Jacob tomó una de las esferas y presionó el botón central. Al hacerlo la luz parpadeó, pero la Pokébola no se abrió. Probó una segunda vez, pero nada. Después tomó otra de las esferas y el resultado fue idéntico.

—Hay interferencia —
informó mientras mostraba una de las Pokébolas bloqueadas.

Selene se detuvo y observó el dispositivo.

—Los sistemas de contención afectan las señales de almacenamiento —explicó—. Debería ser temporal y limitarse a algunos sectores—.

—¿Cuántos Pokémon sabía que quedarían inutilizados? —
preguntó Jacob.

—No sabía que la red seguía funcionando con esta intensidad —respondió Selene.

—Pero sabía que existía —replicó él.

La científica continuó caminando sin responder.

Dragonite, Gengar y Raichu eran los únicos Pokémon de Jacob fuera de sus esferas. Tyranitar, Iron Valiant y Volcarona habían quedado atrapados dentro de Pokébolas que no podían abrirse. Luego Jacob volvió a sujetarlas al cinturón.

—Parece que la instalación eligió nuestro equipo —comentó con leve fastidio.

Gengar levantó una garra y se señaló con orgullo, como si hubiera sido seleccionado por sus extraordinarias capacidades.

—No te emociones —advirtió Jacob mientras reanudaba la marcha—. Todavía podemos quedar encerrados, separados y asesinados por algo que vive debajo de nosotros—.

La sonrisa de Gengar aumentó.

—Eso tampoco era una invitación para divertirte —
añadió Jacob.

El corredor descendió durante varios minutos. A medida que se alejaban de la superficie, los daños se volvían más frecuentes. Algunos paneles habían sido arrancados de las paredes, varias puertas permanecían dobladas hacia dentro y largas marcas de garras atravesaban el metal. En una zona, el techo estaba hundido como si algo de gran tamaño hubiera golpeado desde abajo.

Dragonite se detuvo frente a una de las hendiduras y pasó una garra cerca de ella sin tocarla. La marca era demasiado ancha y profunda para haber sido causada por Mewtwo.

—¿Qué hizo esto? —preguntó Jacob mientras se aproximaba a la pared deformada.

Selene observó las marcas.

—Uno de los sujetos de prueba —respondió.

Jacob levantó lentamente la mirada.

—Ayer dijo que estudiaban a Mewtwo —recordó.

—Mewtwo no era el único Pokémon alojado en Némesis —admitió Selene.

Gengar dejó de sonreír. Raichu se acercó más al entrenador y Dragonite volvió el rostro hacia la científica.

—¿Cuántos había? —
preguntó Jacob.

—No conozco la cifra exacta —respondió ella.

—Tenía acceso administrativo al nivel principal —replicó él.

—Némesis estaba dividida en departamentos —explicó Selene mientras continuaba avanzando—. No todos los registros eran compartidos y algunas investigaciones se mantenían aisladas incluso del resto del personal—.

Jacob observó nuevamente las marcas.

—Cada respuesta logra que este lugar parezca peor —comentó.

—Porque continúa evaluando información incompleta —respondió Selene—.

—Entonces deje de entregarla incompleta —replicó él.

Antes de que la científica pudiera responder, todas las luces se apagaron.

La oscuridad cubrió el corredor de forma absoluta. Raichu soltó un chillido y se aferró a la pierna de Jacob. Dragonite extendió las alas y se situó delante de ambos. Los ojos de Gengar brillaron con intensidad dentro de la oscuridad. Metagross activó una luz roja en el centro de su rostro, proyectando una iluminación tenue y amenazante sobre las paredes.

Selene levantó el dispositivo de su muñeca.

—El suministro externo se ha interrumpido —informó mientras revisaba la señal.

—¿Fue Mewtwo? —preguntó Jacob.

—No necesariamente —respondió ella.

Una risa distorsionada surgió desde los altavoces del corredor. El sonido era electrónico, agudo y fragmentado, como si varias grabaciones intentaran reproducirse al mismo tiempo.

Las pantallas de las paredes se encendieron una tras otra. En cada una apareció el cuerpo irregular de Porygon-Z, deformado por interferencias y movimientos imposibles. Sus ojos apuntaban en direcciones diferentes y su cabeza giraba con brusquedad.

—Visitas —dijo mediante una voz sintetizada que se repetía con pequeños ecos—. Visitas no autorizadas. Visitas no autorizadas—.

Selene avanzó hasta uno de los paneles.

—Porygon-Z, código Veyr N-01 —ordenó mientras mostraba el dispositivo de su muñeca—. Restablece el suministro y abre el acceso al núcleo—.

La imagen del Pokémon virtual comenzó a girar sobre sí misma.

—Veyr N-01 —repitió—. Acceso revocado. Acceso revocado. Acceso revocado—.

Las puertas situadas detrás del grupo se cerraron con violencia. El impacto hizo temblar el corredor. Dragonite giró de inmediato. Gengar se hundió en una de las paredes, intentando atravesarla y llegar al otro lado.

Una descarga azul recorrió el metal y él Pokémon fantasma salió despedido y cayó varios metros más adelante.

—¡Gengar! —exclamó Jacob mientras corría hacia él y se arrodillaba a su lado.

Gengar se incorporó lentamente, sacudió la cabeza y apoyó una garra sobre el hombro de su entrenador. Su expresión bromista había desaparecido.

—Las paredes contienen barreras contra Pokémon fantasma —explicó Selene mientras Metagross se colocaba frente a ella.

Jacob ayudó a Gengar a levantarse y después miró a la científica.

—Otro detalle que no podía conocer si el lugar estaba completamente abandonado —comentó seriamente.

Porygon-Z apareció en todas las pantallas al mismo tiempo.

—Sujeto externo detectado —anunció—. Jacob Balfourt. Dragonite. Gengar. Raichu de Alola—.

Jacob levantó la mirada. La imagen del Pokémon virtual dejó de girar.

—El sujeto Némesis está observando —continuó Porygon-Z.

Raichu cerró los ojos. La presión de Mewtwo regresó a su mente. No fue una frase ni una imagen concreta. Era una mezcla de urgencia, miedo y dolor que la obligó a doblar ligeramente el cuerpo. Dragonite se acercó para sostenerla, pero Raichu levantó una pata y señaló con insistencia el corredor de la izquierda.

Jacob observó el gesto.

—Mewtwo quiere que vayamos por ahí —dijo, concluyendo.

Selene consultó el mapa de su tableta.

—Ese corredor no conduce al núcleo —respondió ella.

—Entonces quizá conduce a algo que usted no quiere que encontremos —
replicó Jacob.

La científica levantó la mirada y Porygon-Z comenzó a reír dentro de las pantallas.

—Ruta no autorizada —repitió mientras todas las luces del corredor izquierdo se encendían una tras otra—. Ruta no autorizada. Ruta no autorizada—.

La primera puerta se abrió lentamente. Más allá solo había oscuridad.

Selene tomó una Pokébola e intentó activarla. La esfera emitió un destello débil, pero no se abrió. La interferencia también había bloqueado a los Pokémon que no había liberado antes de entrar.

—No podemos confiar en Mewtwo —advirtió mientras observaba la entrada.

Jacob colocó una mano sobre la cabeza de Raichu. La pequeña Pokémon continuaba señalando hacia el corredor izquierdo, aunque su cuerpo temblaba por la presión mental recibida.

—Tampoco confiamos en usted —
respondió mientras comenzaba a avanzar—. Al menos él no está fingiendo que este lugar es seguro—.

Dragonite siguió a Jacob, manteniéndose cerca de su espalda. Gengar flotó detrás de ambos y evitó tocar nuevamente las paredes. Raichu avanzó junto al hombro de su entrenador.

Selene permaneció quieta durante unos segundos. Metagross giró el cuerpo hacia ella.

—Doctora —dijo Porygon-Z desde las pantallas—. El sujeto Némesis ha elegido una ruta—.

La científica observó a Jacob alejándose dentro del corredor. Después cerró la mano alrededor de la Pokébola inutilizada y ordenó a Metagross que avanzara.

La puerta se cerró detrás del grupo.

Pequeñas luces comenzaron a encenderse sobre el suelo, formando una línea que descendía hacia las profundidades de Némesis. No aparecieron todas al mismo tiempo. Cada una se activó cuando Jacob se aproximó a la anterior, como si alguien estuviera observando cada uno de sus pasos y señalando el camino en tiempo real.

Jacob contempló la ruta luminosa.

—No confío en ti —dijo en voz alta, consciente de que Mewtwo podía escucharlo desde algún punto bajo la instalación—. Pero seguir luces requiere menos esfuerzo que encontrar el camino solo—.

Durante varios segundos no recibió respuesta. Después, una voz profunda y fría surgió dentro de su mente.

—"Entonces sigue caminando"—.

Jacob no cambió de expresión, pero sus ojos se endurecieron por un instante. Dragonite percibió la reacción y se acercó hasta rozar uno de sus brazos.

—Sí —murmuró mientras retomaba el descenso—. Definitivamente nos está guiando—.


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A varios niveles por debajo, Mewtwo permanecía arrodillado dentro de una cámara oscura. La Corona Némesis continuaba sujeta alrededor de su cabeza y varios cables descendían desde ella hacia la maquinaria que cubría el suelo. Cada vez que utilizaba su poder para alcanzar la mente de Jacob o alterar una puerta, una descarga recorría el dispositivo y atravesaba su cuerpo.

Mewtwo apretó los dientes cuando una nueva corriente eléctrica recorrió su espalda. Sus dedos se cerraron contra el suelo metálico y pequeñas fracturas aparecieron bajo su mano. Frente a él, una pantalla mostraba a Jacob, Dragonite, Gengar, Raichu de Alola, Selene y Metagross avanzando por el corredor que él había abierto.

El Pokémon psíquico levantó lentamente una mano y al hacerlo otra luz se encendió en el camino. Después otra. Y otra más. Cada una acercaba al grupo a la zona que Selene había intentado mantener oculta y cada una acercaba a Jacob a la verdad.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Sujetos de prueba​



Las pequeñas luces instaladas en el suelo continuaron encendiéndose una después de otra, marcando un camino que descendía por los niveles inferiores de Némesis. El grupo avanzaba con lentitud entre corredores cada vez más estrechos y deteriorados. Las paredes metálicas habían perdido el brillo y estaban cubiertas por manchas de humedad, cables expuestos y profundas abolladuras. En algunos puntos, las placas colocadas por los investigadores habían cedido, dejando visibles grandes bloques de la piedra blanca perteneciente a las ruinas originales. Aquella superficie antigua estaba marcada por líneas luminosas que se activaban durante unos segundos cuando Jacob pasaba cerca, como si la estructura escondida bajo el laboratorio pudiera percibir su presencia.

Dragonite caminaba delante de Jacob, ocupando buena parte del corredor con su cuerpo. Mantenía las alas parcialmente extendidas y giraba la cabeza cada vez que algún ruido surgía detrás de las paredes. Su actitud alegre había desaparecido desde que entraron en la instalación. Incluso cuando Gengar intentaba llamar su atención desde alguna sombra, la dragona apenas respondía. Su prioridad era mantener a Jacob y a Raichu lejos de cualquier peligro que pudiera aparecer.

Raichu de Alola flotaba junto al hombro de su entrenador, apoyada sobre su cola. Aunque había decidido continuar, no se separaba más de unos centímetros de él. Cada cierto tiempo observaba las luces del suelo y después levantaba la mirada hacia la oscuridad que se extendía delante del grupo. La presencia de Mewtwo ya no intentaba comunicarse con ella, pero la ratoncita parecía sentirlo como una presión distante, constante y difícil de ignorar.

Gengar se desplazaba por el centro del corredor. Después de recibir la descarga al intentar atravesar una pared, había abandonado temporalmente la costumbre de alejarse por su cuenta. Aun así, no podía evitar acercarse a cada puerta cerrada y colocar una oreja sobre la superficie, intentando descubrir qué había detrás. Cuando escuchaba algún ruido, regresaba junto a Jacob y realizaba una serie de gestos exagerados que rara vez ayudaban a comprender lo que había encontrado.

Selene y Metagross caminaban algunos metros detrás. La científica consultaba constantemente el mapa incompleto de la tableta, pero las rutas que aparecían en la pantalla no coincidían con el corredor señalado por las luces. En varias ocasiones había intentado sugerir otro camino, solo para que las puertas correspondientes se cerraran antes de que pudiera acercarse.

Porygon-Z continuaba observándolos desde las pantallas. Su rostro distorsionado aparecía de forma intermitente entre líneas de interferencia. Algunas veces los miraba en silencio; otras repetía palabras incompletas que parecían fragmentos de viejos protocolos.

—Contención... evaluación... obediencia... estabilidad... —recitó Porygon-Z desde un monitor mientras giraba la cabeza en un ángulo imposible—.

Jacob levantó la mirada hacia la pantalla, pero no disminuyó el paso.

—Tiene un vocabulario bastante tranquilizador —comentó mientras colocaba una mano sobre la espalda de Raichu para mantenerla cerca.

—Porygon-Z fue utilizado para administrar los sistemas internos y clasificar los resultados de las pruebas —explicó Selene mientras deslizaba varios comandos sobre su tableta—. Su programación se degradó cuando los servidores fueron dañados—.

—Parece recordar suficiente para bloquearla y seguir órdenes de Mewtwo —señaló Jacob mientras observaba cómo otra puerta se abría frente a Dragonite.

—No sabemos si Mewtwo le está dando órdenes —respondió Selene mientras guardaba momentáneamente la tableta dentro de una funda lateral—. Porygon-Z podría estar reaccionando a protocolos antiguos o interpretando su actividad psíquica como una autorización—.

Porygon-Z apareció en la pantalla más cercana.

—Sujeto Némesis autorizado —repitió el Pokémon virtual mientras su cuerpo se deformaba entre errores digitales—. Veyr no autorizada. Veyr no autorizada—.

Gengar se volvió hacia Selene y comenzó a reír, cubriéndose la boca con ambas garras. La científica mantuvo la mirada hacia delante, fingiendo no prestar atención.

—Parece bastante seguro de la diferencia —comentó Jacob mientras Gengar flotaba nuevamente a su lado.

—Porygon-Z no distingue entre una autorización válida y una intrusión en el sistema —replicó Selene mientras ajustaba el dispositivo de su muñeca.

—Tampoco parece distinguir entre usted y un problema —añadió Jacob sin apartar los ojos del corredor.

Selene apretó la mandíbula, pero evitó responder. El camino señalado por las luces terminó frente a una puerta distinta de las anteriores. No tenía ninguna ventana ni lector de acceso visible. En el centro había un símbolo formado por dos círculos unidos mediante una línea vertical debajo podía leerse una inscripción deteriorada:

ÁREA BIOLÓGICA B

Dragonite se detuvo frente a ella y extendió un brazo para impedir que Jacob continuara. La dragona acercó el rostro a la superficie metálica y permaneció inmóvil. Sus antenas se inclinaron hacia delante mientras intentaba percibir algún sonido.

Gengar flotó hasta la puerta y colocó una oreja contra ella y durante varios segundos no reaccionó. Después sus ojos se abrieron con sorpresa.
El Pokémon se separó de la puerta, señaló el interior y movió ambas garras como si imitara a varias criaturas temblando. Por su parte Raichu bajó lentamente las orejas.

—Hay Pokémon detrás —dedujo Jacob mientras se acercaba a la entrada sin superar el brazo extendido de Dragonite.

Gengar asintió y volvió a señalar la puerta con insistencia.

Selene observó la inscripción. Su expresión se endureció.

—Esta sección no estaba conectada con la ruta hacia la cámara central —afirmó mientras abría el mapa de la tableta y ampliaba el nivel correspondiente.

—Mewtwo no parece interesado en llevarnos directamente hasta él —respondió Jacob mientras examinaba el borde de la puerta.

—Está retrasándonos —replicó Selene mientras pasaba un dedo sobre distintas rutas del plano—. Cada minuto que permanezcamos aquí aumenta la posibilidad de que el sistema colapse o de que los desaparecidos sean trasladados a otro sector—.

Jacob dirigió la mirada hacia ella.

—¿Trasladados por quién? —preguntó mientras dejaba caer la mano que había colocado cerca de la puerta.

Selene se detuvo. La científica observó durante un instante la pantalla antes de levantar lentamente la cabeza.

—Por Porygon-Z o por cualquier otro Pokémon que continúe operando dentro de la instalación —respondió mientras apagaba el mapa.

—No sonó como una suposición —señaló Jacob.

—Este no es el momento para otra discusión —replicó Selene mientras avanzaba hasta situarse frente a la entrada—.

—Esa frase suele aparecer justo antes de una discusión importante —comentó Jacob.

Selene levantó el dispositivo de su muñeca e intentó conectarlo con el panel oculto de la puerta. En respuesta la pantalla emitió una luz roja.

AUTORIZACIÓN INSUFICIENTE.

Porygon-Z apareció en un monitor lateral.

—Área Biológica B —anunció mientras sus ojos se movían en direcciones contrarias—. Sujetos estables. Sujetos inestables. Sujetos descartables—.

La última palabra resonó varias veces por los altavoces.

Descartables. Descartables. Descartables.

Dragonite gruñó y golpeó el suelo con la cola, Gengar dejó de sonreír y Raichu se aferró al hombro de Jacob. Él observó la puerta durante unos segundos.

—Ábrela —ordenó mirando hacia la pantalla donde aparecía Porygon-Z.

El Pokémon virtual ladeó la cabeza.

—Jacob Balfourt, usted no está autorizado —respondió mientras su cuerpo se fragmentaba en pequeños bloques de luz.

—Mewtwo quiere que veamos lo que hay dentro —dijo Jacob mientras dirigía la vista hacia las cámaras instaladas en el techo—. Si estás siguiendo sus órdenes, abre la puerta—.

Selene giró con brusquedad hacia él.

—No provoque al sistema —advirtió mientras extendía una mano para apartarlo del panel.

Dragonite interpuso una garra entre ambos antes de que Selene pudiera tocarlo. La científica se detuvo, sin embargo Metagross avanzó medio paso, pero Selene levantó inmediatamente la otra mano para indicarle que permaneciera quieto. Las luces del corredor comenzaron a parpadear.

Porygon-Z desapareció de la pantalla. Durante unos segundos, solo se escuchó el zumbido de las instalaciones y la respiración inquieta de Raichu.
Después, los seguros de la puerta se liberaron: Uno, dos, tres. La estructura metálica comenzó a abrirse lentamente.

Una corriente de aire extremadamente frío salió desde el interior, llevando consigo un olor intenso a sustancias químicas, humedad y cuerpos que habían permanecido demasiado tiempo encerrados.

Dragonite retrocedió medio paso y cubrió a Jacob con una de sus alas, Gengar llevó ambas garras hacia la nariz y realizó una mueca de desagrado.
Raichu se escondió parcialmente detrás del cuello de su entrenador y finalmente la puerta terminó de abrirse.

Al otro lado había una sala amplia dividida por filas de cápsulas verticales. Algunas estaban vacías, otras rotas y varias continuaban encendidas. Cables gruesos recorrían el techo y descendían hasta cada contenedor. El suelo estaba cubierto por agua condensada, cristales de hielo y fragmentos de vidrio.

Las luces azules del interior permitían distinguir siluetas dentro de las cápsulas, eran Pokémon. Jacob avanzó un paso y Dragonite mantuvo el ala frente a él.

—Necesito entrar —dijo Jacob mientras colocaba una mano sobre el borde del ala y la bajaba con suavidad. La dragona volvió la cabeza hacia él y negó con firmeza. —Solo hasta la primera cápsula —añadió Jacob mientras sostenía su mirada—. Tú puedes ir delante—.

Dragonite permaneció inmóvil durante varios segundos. Finalmente retiró el ala y entró primero en la sala, examinando el suelo antes de permitir que Jacob la siguiera. Gengar avanzó cerca de ellos y Raichu continuó sobre el hombro de su entrenador.

Selene entró después, acompañada por Metagross.

Las cápsulas contenían Pokémon de distintas especies. En la primera fila había un Kadabra, un Beheeyem y un Orbeetle, todos suspendidos dentro de un líquido transparente. Los ojos de Kadabra permanecían cerrados, pero su cuerpo temblaba ocasionalmente. Beheeyem tenía varios conectores sujetos a la cabeza y el pecho. Orbeetle mantenía las alas pegadas contra el cuerpo, como si hubiera intentado protegerse antes de perder el conocimiento.

En otras cápsulas había Pokémon que no eran de tipo Psíquico, había un Manectric, un Weavile, un Noivern, un Houndoom. Este último tenía una venda alrededor de una de sus patas traseras y una marca blanca cerca del cuello.

Jacob se acercó al cristal y al instante recordó la lista de desaparecidos que Selene había mencionado: Houndoom, Sandslash y Noctowl.

—Es uno de los Pokémon de la expedición —afirmó mientras observaba el collar parcialmente oculto bajo los cables.

Selene se aproximó a la cápsula y examinó el código de identificación.

—No puedo confirmarlo sin revisar el registro de su entrenador —respondió mientras colocaba la tableta frente al lector lateral.

Jacob dirigió la mirada hacia ella.

—Tiene el mismo collar que aparecía en las fotografías del informe —señaló mientras golpeaba suavemente el cristal con un nudillo. El Houndoom no reaccionó.

—Entonces probablemente lo sea —admitió Selene mientras los datos comenzaban a aparecer en la pantalla.

—¿Probablemente? —repitió Jacob mientras observaba las conexiones sujetas al cuerpo del Pokémon.

—No quiero dar una identificación definitiva sin comprobarla —respondió la científica mientras ampliaba la información médica.

Gengar apareció junto a otra cápsula y golpeó el cristal con ambas garras. Dentro se encontraba Sandslash. El Pokémon estaba encogido sobre sí mismo, con varias agujas conectadas a la espalda. Parte de sus púas habían sido recortadas para colocar los sensores. Después el Pokémon fantasma volvió el rostro hacia Jacob.

La ira reemplazó por completo su expresión bromista Dragonite avanzó hacia la cápsula, sus garras se cerraron con tanta fuerza que las puntas comenzaron a marcar el suelo metálico. Raichu descendió del hombro de Jacob y flotó cerca del cristal. Sus ojos se humedecieron al observar el estado de Sandslash.

—Ábrelas —ordenó Jacob mientras giraba hacia Selene.

La científica negó con la cabeza y levantó la tableta entre ambos.

—No sabemos qué condiciones mantienen estables sus organismos —respondió mientras mostraba varias lecturas irregulares—. Si interrumpimos el soporte de forma incorrecta, podríamos matarlos—.

—Entonces desconéctelos correctamente —replicó Jacob mientras señalaba las cápsulas.

—Necesito evaluar cada sistema —explicó Selene mientras se acercaba al panel central—. Algunas cámaras podrían contener sustancias peligrosas o Pokémon sometidos a alteraciones—.

—El Houndoom y el Sandslash llegaron aquí hace menos de tres semanas —dijo Jacob mientras observaba los códigos recientes de las cápsulas—. No son experimentos antiguos abandonados después de su incidente—.

Selene no respondió. En cambio Jacob avanzó hacia el panel pero Metagross se interpuso en su camino. Dragonite reaccionó inmediatamente y se colocó frente al Pokémon metálico. Ambos quedaron separados por menos de un metro.

—Retíralo —ordenó Jacob mientras sus ojos permanecían fijos en Selene.

—No tocará el sistema sin saber cómo funciona —respondió la científica mientras extendía una mano hacia Metagross para indicarle que no atacara.

—Entonces explíqueme por qué las cápsulas siguen recibiendo Pokémon nuevos —replicó Jacob mientras señalaba las fechas visibles en el panel.

Selene guardó silencio. Gengar se deslizó hasta situarse detrás de Metagross. La sombra del Pokémon fantasma comenzó a extenderse bajo sus patas, aunque evitó tocar las paredes protegidas. Raichu elevó las mejillas y pequeñas chispas recorrieron su rostro. Y por último Dragonite mantuvo las alas abiertas.

—Jacob, aleje a sus Pokémon —advirtió Selene mientras su mirada se desplazaba entre Dragonite, Gengar y Raichu.

—Ellos están reaccionando a lo que ven —respondió Jacob mientras apoyaba una mano sobre el brazo de Dragonite—. Yo también—.

La dragona soltó un gruñido grave y Metagross permaneció inmóvil.

—Las cápsulas no fueron activadas por mí —afirmó Selene mientras observaba las fechas mostradas en la pantalla—. Después del cierre, Porygon-Z mantuvo operativos algunos protocolos. Es posible que haya utilizado drones o Pokémon controlados para trasladar a los intrusos hasta esta área—.

—Y usted sabía que podía hacerlo —dijo Jacob.

—Sabía que el sistema tenía capacidad para preservar sujetos —respondió Selene mientras ajustaba una lectura—. No sabía que continuaba capturando Pokémon—.

—Otra diferencia muy conveniente —comentó Jacob.

De repente fueron interrumpidos por Porygon-Z que apareció en una pantalla situada sobre el panel central.

—Sujetos preservados —anunció mientras giraba lentamente—. Sujetos protegidos. Sujetos utilizados—.

Selene levantó la mirada.

—¿Utilizados para qué? —preguntó mientras activaba un canal de comunicación con el sistema—.

Porygon-Z deformó el rostro.

—Estabilidad del sujeto Némesis. Transferencia. Adaptación. Resistencia. Obediencia— Respondió el Pokémon psiquico, deormandose todavía un poco más.


Las cápsulas emitieron un sonido simultáneo que recorrió toda la sala biológica y provocó que las luces instaladas en sus bases cambiaran bruscamente de azul a rojo. Kadabra abrió los ojos dentro del líquido transparente y su cuerpo se arqueó cuando varias descargas atravesaron los cables conectados a su cabeza. Raichu de Alola soltó un chillido y retrocedió hacia Jacob, mientras Dragonite golpeaba el cristal de la cápsula con una garra, dispuesta a romperlo para sacar al Pokémon. Jacob levantó inmediatamente una mano y le indicó que se detuviera, consciente de que destruir el contenedor sin conocer el procedimiento podía ocasionar más daño que el propio sistema.

—¡Detén el protocolo! —ordenó Selene mientras se inclinaba sobre el panel y comenzaba a introducir comandos con ambas manos—.

—Veyr no autorizada —respondió Porygon-Z mientras su imagen deformada aparecía en las pantallas y su voz se repetía con ecos por toda la sala—.

Beheeyem y Orbeetle comenzaron a convulsionar dentro de sus respectivas cápsulas al mismo tiempo que las lecturas médicas se elevaban de manera alarmante. Houndoom abrió los ojos y trató de mover las patas, pero los conectores sujetos a su pecho, cuello y extremidades lo mantuvieron inmovilizado. Sandslash dejó escapar un gruñido ahogado y se encogió todavía más sobre sí mismo, provocando que varias de las agujas colocadas entre sus púas se tensaran. Gengar dirigió una mirada furiosa hacia las cámaras, mientras Raichu observaba a Jacob con las mejillas temblando y el miedo reflejado en el rostro.

Jacob tomó una de las Pokébolas de su cinturón e intentó abrirla, pero la esfera únicamente emitió un destello débil antes de volver a quedar bloqueada. Probó con una segunda y obtuvo el mismo resultado. Dragonite volvió la cabeza hacia él, esperando instrucciones, mientras Gengar se aproximaba al panel principal con la intención de intervenir. Antes de que pudiera tocarlo, una barrera eléctrica surgió alrededor de la consola y lo obligó a retroceder. El entrenador recorrió la sala con la mirada: había demasiadas cápsulas para romperlas individualmente y ningún método visible para desconectar todos los soportes sin arriesgar la vida de los Pokémon.

Entonces una de las Pokébolas sujetas a su cinturón comenzó a calentarse.

Jacob bajó la vista y descubrió que la esfera perteneciente a Volcarona emitía una luz roja intermitente. El Pokémon se movía dentro de ella e intentaba forzar su salida al percibir el sufrimiento de los demás. Jacob sujetó la Pokébola con ambas manos, pero la temperatura continuó elevándose y pequeñas grietas luminosas aparecieron alrededor del botón central.

—Volcarona —murmuró Jacob mientras alejaba la esfera de su cuerpo y observaba cómo la luz aumentaba de intensidad.

Selene abandonó momentáneamente el panel y giró hacia él al comprender lo que estaba ocurriendo.

—No fuerce la apertura —advirtió Selene mientras extendía una mano hacia la Pokébola, aunque sin atreverse a tocarla—. La interferencia podría dañar al Pokémon durante la materialización—.

Jacob observó la esfera y después dirigió la mirada hacia las cápsulas, donde Kadabra y los demás Pokémon continuaban sufriendo las descargas.

—No soy yo quien la está forzando —respondió Jacob mientras extendía el brazo para mantener la Pokébola lejos de todos.

La esfera terminó abriéndose con una explosión de luz que iluminó la sala completa. Volcarona apareció en medio del laboratorio y desplegó sus seis alas de fuego, liberando una oleada de calor que comenzó a derretir el hielo acumulado sobre el suelo y las tuberías. Durante los primeros segundos, el Pokémon flotó con dificultad y su cuerpo se fragmentó parcialmente en pequeñas partículas de energía debido a la interferencia. Sin embargo, recuperó el equilibrio al contemplar las cápsulas y escuchar los sonidos de dolor provenientes de su interior.

Volcarona fijó los ojos en Jacob, esperando una indicación. El entrenador observó el vapor que comenzaba a formarse alrededor de las cámaras y después señaló el sistema de refrigeración instalado sobre ellas.

—El frío los mantiene debilitados y permite que el sistema continúe utilizando su energía —dedujo Jacob mientras seguía los cambios de las lecturas médicas—. Calienta la sala, pero no rompas las cápsulas—.

Volcarona extendió completamente las alas y comenzó a liberar una radiación térmica controlada. No dirigió ninguna llamarada contra las cámaras, sino que distribuyó el calor de manera gradual por toda la sala, elevando la temperatura del aire y debilitando la capa de hielo que cubría las tuberías. Las alarmas comenzaron a sonar y dos advertencias aparecieron en las pantallas:

REFRIGERACIÓN INSUFICIENTE

PROTOCOLO DE TRANSFERENCIA INTERRUMPIDO


Kadabra dejó de convulsionar y su cuerpo descendió lentamente dentro del líquido. Beheeyem cayó nuevamente en un estado de inconsciencia, mientras las luces rojas instaladas en las bases de las cápsulas parpadeaban de manera irregular. Selene regresó al panel y examinó los cambios producidos por el aumento de temperatura.

—La energía extraída de los Pokémon se dirigía hacia los niveles inferiores —informó Selene mientras seguía con un dedo las líneas de transferencia que aparecían sobre la pantalla.

—Hacia Mewtwo —concluyó Jacob mientras se colocaba junto a ella y mantenía la mirada sobre el diagrama.

La científica no respondió de inmediato. Sus ojos recorrieron la ruta energética hasta llegar a una referencia marcada como NÚCLEO PSÍQUICO.

—Parte de ella —admitió Selene mientras ampliaba el diagrama y observaba las conexiones restantes—. Otra parte alimentaba los sistemas de contención—.

Jacob volvió la mirada hacia las cápsulas, especialmente hacia Kadabra, Beheeyem y Orbeetle, cuyos cuerpos habían sido conectados a la instalación.

—Usaban Pokémon para mantener activa la corona —dijo Jacob mientras la apatía habitual desaparecía poco a poco de sus ojos dorados.

—No era el propósito original —respondió Selene mientras desactivaba manualmente varios conductos y evitaba mirar directamente al entrenador—. El sistema debió modificar sus protocolos después de perder el suministro principal—.

—¿Y quién diseñó una máquina capaz de adaptarse secuestrando Pokémon? —preguntó Jacob mientras se aproximaba a la científica y señalaba las fechas recientes de las cápsulas.

Selene permaneció en silencio.

Volcarona continuó calentando la sala hasta que el hielo desapareció por completo de las tuberías y varias conexiones comenzaron a desprenderse debido a la expansión del metal. Gengar aprovechó el fallo eléctrico para acercarse nuevamente al panel secundario. Esta vez consiguió introducir una garra dentro de la consola y liberó una descarga de energía fantasmal que hizo parpadear todas las pantallas.

Porygon-Z apareció deformado entre numerosos errores digitales.

—Interferencia no autorizada —anunció Porygon-Z mientras su cuerpo virtual se fragmentaba y volvía a reconstruirse en diferentes monitores—.

Gengar sonrió por primera vez desde que habían entrado en la sala y volvió a introducir la garra en el panel, moviendo varias conexiones internas.

—No destruyas todo —advirtió Jacob mientras observaba los indicadores correspondientes al soporte vital de las cápsulas—. Solo impide que el sistema reinicie el protocolo—.

Gengar levantó un pulgar para demostrar que había comprendido y comenzó a modificar los circuitos con movimientos más cuidadosos. Mientras tanto, Raichu flotó hacia una caja de energía instalada en la pared. La ratoncita examinó los cables, señaló uno de color amarillo y después miró a Jacob, moviendo una pata hacia las cerraduras de las cápsulas.

—¿Ese cable alimenta los seguros? —preguntó Jacob mientras seguía con la vista la dirección de la conexión señalada.

Raichu asintió y volvió a apuntar hacia las bases de las cámaras.

—Descárgalo con cuidado —indicó Jacob mientras extendía una mano y cerraba parcialmente los dedos para pedirle que limitara la intensidad.

Raichu apoyó ambas patas sobre el cable y liberó una descarga breve y precisa. El sistema emitió un chasquido y los seguros de todas las cápsulas se desactivaron, aunque los contenedores permanecieron cerrados para evitar que el líquido se derramara de manera descontrolada.

Selene comprobó las lecturas y comenzó a introducir nuevas instrucciones en el panel.

—Puedo iniciar una liberación médica secuencial —explicó Selene mientras seleccionaba primero las cámaras de Houndoom y Sandslash—. Volcarona deberá mantener estable la temperatura y Dragonite tendrá que sostenerlos cuando el líquido sea drenado—.

Jacob se volvió hacia su equipo. Dragonite había mantenido la atención sobre las cápsulas y parecía preparada para actuar desde el momento en que escuchó el procedimiento.

—Dragonite, ayúdala —dijo Jacob mientras señalaba la cápsula de Houndoom y se acercaba al panel para vigilar las lecturas.

La dragona abandonó su posición frente a Metagross y se colocó junto al contenedor. Cuando el líquido comenzó a descender, introdujo los brazos dentro del espacio de apertura y sostuvo a Houndoom antes de que su cuerpo cayera contra el borde de la cápsula. Lo retiró con cuidado y lo depositó sobre una zona seca del suelo, procurando no tirar de los cables que todavía permanecían conectados a su cuerpo. Volcarona descendió inmediatamente y extendió las alas sobre él, proporcionándole calor mientras Selene retiraba los sensores. La respiración del Pokémon era débil, pero se mantenía constante.

Después comenzaron a liberar a Sandslash. Dragonite lo sostuvo contra su pecho para impedir que sus púas golpearan el contenedor durante la extracción. Una vez colocado junto a Houndoom, Raichu se aproximó y tomó una de sus garras entre las patas. Gengar permaneció cerca de ellos y observó en silencio, sin mostrar ningún rastro de su actitud bromista.

Jacob se arrodilló junto a Houndoom y apartó cuidadosamente uno de los cables para revisar el collar parcialmente oculto bajo su cuello. En la placa aparecía el nombre del Ranger desaparecido, confirmando que se trataba del mismo Pokémon mencionado en los informes.

—Es él —confirmó Jacob mientras levantaba la placa para que Selene pudiera leerla.

La científica observó la identificación y después dirigió la mirada hacia las demás cápsulas, varias de las cuales continuaban mostrando lecturas inestables.

—Podemos liberar a los sujetos que se encuentren estables —respondió Selene mientras revisaba los parámetros médicos y seleccionaba nuevas cámaras—. Los Pokémon con alteraciones graves necesitarán transporte especializado antes de ser desconectados—.

—Liberaremos a todos los que puedan sobrevivir fuera de las cápsulas y dejaremos esta sala inutilizada para que no vuelva a capturar a nadie —dijo Jacob mientras se incorporaba lentamente y observaba el sistema de transferencias.

—Si destruimos permanentemente el soporte, algunos sujetos podrían morir antes de que llegue la ayuda —advirtió Selene mientras señalaba las cámaras cuyos indicadores continuaban en estado crítico.

—Entonces mantendremos únicamente el soporte vital —respondió Jacob mientras se acercaba al panel y examinaba los controles—. Nada de transferencias energéticas, pruebas ni protocolos de obediencia—.

Selene retiró las manos de la consola y lo observó con una expresión severa.

—Está dando órdenes dentro de una instalación que no comprende —dijo Selene mientras mantenía los dedos tensos sobre el borde del panel.

Jacob dirigió la mirada hacia Houndoom y Sandslash, ambos tendidos bajo el calor proporcionado por Volcarona, y después observó las restantes cápsulas.

—Comprendo lo suficiente —respondió Jacob mientras la indiferencia abandonaba por completo su expresión—. Alguien tomó Pokémon heridos, los encerró, conectó sus cuerpos a una máquina y decidió que podían utilizarse para mantener prisionero a otro Pokémon—.

Selene apretó los labios y desvió la mirada hacia el diagrama del núcleo.

—Mewtwo no es una víctima indefensa —replicó Selene mientras ampliaba la imagen de los sistemas de contención.

—Eso no convierte a los demás en herramientas —respondió Jacob mientras volvía a colocarse junto a Dragonite.

La dragona se situó a su lado, mientras Gengar abandonaba el panel después de inutilizar el protocolo de transferencia. Raichu permaneció junto a Sandslash, todavía sujetando una de sus garras, y Volcarona elevó lentamente las alas para mantener el calor sobre los dos Pokémon liberados. Jacob contempló a todo su equipo antes de dirigir nuevamente la mirada hacia Selene.

—La recompensa dejó de importarme —dijo Jacob mientras introducía una mano dentro del bolsillo de su abrigo y observaba las cámaras restantes.

Selene levantó la vista y estudió su expresión, como si intentara descubrir si estaba hablando en serio.

—No esperaba que lo admitiera tan pronto —respondió Selene mientras apartaba las manos del panel.

—No lo malinterprete —añadió Jacob mientras recorría la sala con la mirada—. Todavía pienso cobrar si salimos vivos. Pero ya no estoy aquí por el dinero—.

Un golpe profundo recorrió toda la instalación y provocó que las luces de la sala se apagaran durante un instante antes de volver a encenderse. Raichu soltó la garra de Sandslash y se llevó ambas patas hacia los costados de la cabeza cuando la presencia de Mewtwo regresó a su mente. Esta vez no le mostró dolor ni recuerdos de la cápsula; le mostró una puerta situada más allá de la sala biológica.

Raichu abrió los ojos y señaló el extremo opuesto del lugar. Detrás de varias cápsulas rotas podía distinguirse una entrada parcialmente oculta bajo cables, placas metálicas y fragmentos de maquinaria. Jacob siguió la dirección indicada por la ratoncita y se acercó hasta ella.

—Quiere que sigamos —interpretó Jacob mientras colocaba una mano sobre la cabeza de Raichu y observaba la entrada oculta. La ratoncita asintió, pero inmediatamente volvió a señalar a Houndoom, Sandslash y las demás cápsulas, dejando claro que no quería abandonarlos. —Tampoco quiere que los dejemos solos —añadió Jacob mientras comprendía la preocupación expresada mediante sus gestos.

Raichu volvió a asentir y se acercó nuevamente a Sandslash.

Selene observó la puerta oculta y consultó el plano parcialmente recuperado en su tableta.

—Esa ruta conduce a las áreas de investigación neurológica —informó Selene mientras ampliaba el nivel correspondiente y seguía la trayectoria con un dedo—. Desde ahí podríamos alcanzar el núcleo—.

—¿Y qué ocurrirá con ellos? —preguntó Jacob mientras señalaba a los Pokémon liberados y las cámaras todavía ocupadas.

Selene activó el comunicador de su muñeca y recorrió varias frecuencias, pero solo recibió interferencia.

—No hay contacto con la superficie —respondió Selene mientras ajustaba el transmisor e intentaba enviar una señal de emergencia.

Jacob observó a Volcarona. El Pokémon continuaba fuera de la Pokébola pese a la interferencia, pero su materialización comenzaba a volverse inestable. Pequeños fragmentos de luz aparecían alrededor de sus alas y desaparecían antes de tocar el suelo.

—No puede permanecer fuera demasiado tiempo —advirtió Selene mientras estudiaba la señal emitida por la Pokébola—. El sistema intentará obligarlo a regresar o terminará desestabilizando su forma—.

Volcarona dirigió la mirada hacia Jacob y después observó a Houndoom y Sandslash. El entrenador permaneció en silencio durante unos segundos antes de tomar la Pokébola y sostenerla frente al Pokémon.

—Volveremos por ellos —dijo Jacob mientras mantenía la esfera abierta y observaba directamente a Volcarona—. Pero necesito que descanses antes de que esta instalación termine desarmando tu cuerpo—.

Volcarona contempló a los Pokémon liberados y luego se acercó a Dragonite para emitir un sonido bajo. La dragona escuchó con atención y finalmente asintió, comprendiendo que alguien debía permanecer protegiéndolos. Solo entonces Volcarona aceptó regresar a su Pokébola.

Jacob guardó la esfera y observó cómo Dragonite se sentaba junto a Houndoom y Sandslash.

—Dragonite se quedará con ellos —dijo Jacob mientras se aproximaba a la dragona y colocaba una mano sobre uno de sus brazos.

Dragonite volvió el rostro hacia él y la preocupación apareció de inmediato en sus ojos. Quedarse significaba separarse de Jacob dentro de Némesis, precisamente la clase de situación que más temor le provocaba debido a su pasado.

Jacob se colocó frente a ella y sostuvo ambos brazos con firmeza.

—No voy a abandonarte —dijo Jacob mientras mantenía la mirada sobre sus ojos y acariciaba lentamente uno de sus brazos—. Necesito que protejas a estos Pokémon hasta que podamos abrir una ruta segura. Después volveré por ti—.

Dragonite bajó las antenas y cerró las garras alrededor de los brazos de su entrenador, sin parecer completamente convencida.

—No estoy cambiándote por Mewtwo ni por nadie —añadió Jacob mientras inclinaba ligeramente la cabeza hacia ella y suavizaba el tono—. Te lo estoy pidiendo porque eres la única que puede mantenerlos a salvo—.

La dragona permaneció inmóvil durante unos segundos antes de acercar el rostro y apoyar la frente contra la de Jacob. Él cerró los ojos brevemente y permitió que el contacto se prolongara hasta que Dragonite lo soltó por decisión propia. Después, la Pokémon se colocó junto a Houndoom y Sandslash y extendió las alas alrededor de ambos, formando una barrera protectora.

Gengar observó la despedida sin realizar ninguna broma. Raichu se acercó a Dragonite y abrazó brevemente uno de sus brazos; la dragona respondió acariciándole la cabeza antes de indicarle con un gesto que permaneciera junto a Jacob.

El entrenador se volvió hacia la entrada oculta. A partir de ese momento continuarían únicamente con Gengar y Raichu, mientras Dragonite protegía a los Pokémon rescatados.

—Separar al equipo es peligroso —dijo Selene mientras retiraba varios cables de la entrada con ayuda de Metagross.

—Dejar solos a Pokémon heridos sería peor —respondió Jacob mientras comprobaba que Gengar y Raichu se encontraran junto a él.

Metagross apartó una placa metálica y dejó completamente visible la puerta. Sobre ella aparecía una nueva inscripción:

DIVISIÓN DE CONDICIONAMIENTO NEURAL

Gengar perdió la sonrisa en cuanto leyó el ambiente del lugar, mientras Raichu volvía a sujetar el abrigo de Jacob con ambas patas. Selene permaneció frente a la entrada y colocó una mano sobre el panel de apertura.

—Lo que encuentre detrás no representa toda la historia de Némesis —advirtió Selene mientras mantenía los dedos sobre los controles y evitaba mirar directamente al entrenador.

Jacob observó la inscripción y después dirigió los ojos hacia ella.

—Hasta ahora, cada parte que encuentro empeora la historia —respondió Jacob mientras su mirada se endurecía y se acercaba a la puerta—. Veamos cuánto falta para que deje de intentar defenderla—.

La entrada se abrió y reveló una sala llena de pantallas encendidas. En cada una se reproducían distintas grabaciones de Mewtwo dentro de la cápsula: recibiendo descargas, atacando las paredes, intentando arrancarse la Corona Némesis y retorciéndose cuando los sistemas de contención reaccionaban contra él. En muchas de aquellas imágenes aparecía Selene al otro lado de un cristal, observándolo sin intervenir mientras los investigadores registraban cada reacción.

Jacob permaneció inmóvil frente a las grabaciones, contemplando cómo las versiones incompletas ofrecidas por la científica se desmoronaban una tras otra. Selene cerró lentamente los ojos y bajó el rostro. La verdad ya no estaba escondida bajo las ruinas ni protegida por archivos clasificados; ahora se reproducía frente a ellos.
 
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Gennai

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Eclipse Dynasty Member

La verdadera Selene Veyr​




La puerta de la División de Condicionamiento Neural terminó de abrirse con un rechinido prolongado, dejando al descubierto una sala mucho más amplia de lo que el corredor exterior permitía imaginar. Las paredes estaban cubiertas casi por completo por monitores, paneles médicos y conexiones que se extendían hacia una plataforma circular situada en el centro. Sobre aquella estructura permanecía una silla metálica inclinada, provista de sujetadores para brazos, piernas y cuello. Numerosos cables descendían desde el techo y terminaban en conectores diseñados para adherirse al cráneo de un Pokémon. Aunque la instalación llevaba años sin recibir mantenimiento adecuado, varias pantallas continuaban encendidas y reproducían grabaciones almacenadas en el sistema.

En una de ellas, Mewtwo permanecía suspendido dentro de una cápsula llena de líquido, con los ojos cerrados y la Corona Némesis sujeta alrededor de la cabeza. En otra grabación aparecía despierto, golpeando el cristal con ambas manos mientras los científicos retrocedían detrás de una barrera. Una tercera pantalla mostraba al Pokémon legendario sujeto a la silla central, recibiendo descargas cada vez que intentaba levantar un brazo o liberar energía psíquica. Las imágenes no contenían sonido, pero los movimientos de su cuerpo y la tensión de su rostro eran suficientes para comprender que el dispositivo le provocaba dolor. En varias grabaciones podía verse a Selene observándolo desde el otro lado de un cristal, tomando notas o dando instrucciones a los técnicos mientras el sistema registraba cada reacción.

Jacob permaneció inmóvil frente a los monitores, con Raichu de Alola aferrada a la parte inferior de su abrigo y Gengar flotando junto a su hombro. La ratoncita evitaba mirar directamente las imágenes más violentas, aunque no lograba apartar los ojos por completo. Gengar, en cambio, observaba cada grabación con el rostro endurecido y las garras cerradas. Detrás de ellos, Metagross se había situado frente a Selene como una barrera silenciosa, pero la científica no parecía prestar atención a la postura defensiva de su Pokémon. Había cerrado los ojos en cuanto las pantallas comenzaron a reproducir los archivos, como si reconociera de memoria cada segundo de aquellas grabaciones.

—Lo obligaron a sentarse ahí —dijo Jacob mientras dirigía la mirada hacia la plataforma central y seguía con los ojos las correas instaladas en los apoyabrazos.

Selene abrió lentamente los ojos y observó la silla sin acercarse.

—Era una estación de evaluación neurológica —respondió Selene mientras mantenía los brazos pegados al cuerpo y evitaba mirar directamente las grabaciones—. Necesitábamos determinar cómo reaccionaba su cerebro ante diferentes estímulos—.

—Parece que reaccionaba intentando escapar —replicó Jacob mientras avanzaba hacia una pantalla donde Mewtwo forcejeaba contra las sujeciones—. No hacía falta construir una sala entera para descubrirlo—.

Selene apretó ligeramente la mandíbula. Metagross giró la cabeza hacia ella, como si hubiera percibido el incremento de tensión en su mente.

—Las primeras pruebas no incluían descargas —dijo Selene mientras se aproximaba a uno de los paneles y apagaba una grabación sin conseguir detener las demás—. La Corona Némesis solo debía reducir las ondas psíquicas y proteger al personal. Los protocolos de castigo fueron añadidos después—.

Jacob volvió el rostro hacia ella.

—¿Después de qué? —preguntó Jacob mientras introducía las manos en los bolsillos de su abrigo y mantenía el tono aparentemente indiferente.

La científica no respondió de inmediato. En una de las pantallas apareció una grabación distinta. Mewtwo se encontraba de pie dentro de una habitación blanca, sin la corona y sin cables conectados al cuerpo. Frente a él había una mesa con comida, varios dispositivos de análisis y un grueso cristal que lo separaba de los investigadores. Selene, visiblemente más joven, se encontraba del otro lado y mantenía una mano apoyada sobre la superficie transparente.

La imagen cambió. Mewtwo se acercó al cristal y colocó una mano exactamente frente a la de ella. Durante varios segundos, ambos permanecieron separados únicamente por la barrera.

Raichu observó la escena y después levantó la mirada hacia Selene.

—Al principio hablaba con usted —dijo Jacob mientras seguía el movimiento de Mewtwo en la grabación.

—Al principio solo hablaba conmigo —respondió Selene mientras bajaba lentamente la mano hacia el costado, como si aún recordara la sensación del cristal bajo los dedos.

Jacob dirigió nuevamente la vista hacia la pantalla. Mewtwo parecía tranquilo en aquellas primeras imágenes. No golpeaba las paredes ni intentaba atacar a los investigadores. Se limitaba a caminar por la habitación, observar objetos y acercarse al cristal cuando Selene aparecía.

—Entonces no lo encontraron atacando ciudades —dedujo Jacob mientras contemplaba una grabación donde Mewtwo examinaba un pequeño bloque de piedra blanca perteneciente a las ruinas—. Tampoco llegó destruyendo el laboratorio—.

Selene mantuvo la mirada sobre la pantalla durante varios segundos antes de responder.

—Mewtwo fue localizado en una cámara situada debajo de las ruinas más antiguas de Pueblo Ara —dijo Selene mientras se acercaba al monitor y ampliaba la fecha de la grabación—. No sabemos cuánto tiempo permaneció allí ni quién lo llevó hasta ese lugar. Cuando abrimos la cámara, estaba inconsciente, herido y rodeado por equipo que no pertenecía a la civilización de Aleria—.

Jacob entrecerró los ojos.

—¿Equipo humano? —preguntó Jacob mientras observaba los conectores que aparecían parcialmente en la imagen ampliada.

—Tecnología genética avanzada, cápsulas de conservación y registros escritos en un lenguaje utilizado fuera de la región —respondió Selene mientras señalaba varios símbolos borrosos en la pantalla—. Todo indicaba que había sido creado o modificado antes de llegar a Pueblo Ara, pero ninguno de nosotros participó en su creación—.

Gengar se acercó a la pantalla y observó la figura inconsciente de Mewtwo dentro de la cámara original. Raichu levantó una pata y señaló primero la grabación y después a Selene.

—Ella pregunta si usted lo sacó de ahí —interpretó Jacob mientras seguía los gestos de la ratoncita.

Selene asintió con lentitud.

—Yo dirigí el equipo que lo encontró y autoricé su traslado a Némesis —respondió Selene mientras observaba a Raichu y mantenía ambas manos visibles para no inquietarla—. En ese momento creí que salvarlo era la única decisión posible—.

—Después decidió encerrarlo —dijo Jacob mientras dirigía la mirada hacia la silla de condicionamiento.

—Después descubrimos lo que podía hacer —replicó Selene mientras se volvía hacia él y recuperaba parte de la firmeza en la voz.

La científica activó otro archivo. La grabación mostraba una sala de observación con varios investigadores trabajando frente a computadoras. Mewtwo permanecía en su cámara, sentado en el suelo y aparentemente dormido. Sin embargo, uno de los científicos se levantó repentinamente, tomó una silla y la lanzó contra un compañero. Otro comenzó a golpearse la cabeza contra una pared. Una tercera investigadora desconectó deliberadamente varios sistemas de seguridad mientras gritaba algo que el video no permitía escuchar. Selene apareció corriendo hacia el panel principal y activó una barrera de emergencia antes de ordenar la evacuación.

—No los tocó —dijo Jacob mientras observaba cómo Mewtwo continuaba sentado durante el caos.

—No necesitaba hacerlo —respondió Selene mientras ampliaba las lecturas psíquicas registradas en un lateral de la pantalla—. Estaba dormido y tuvo una pesadilla. Sus emociones se extendieron por el nivel completo. Doce personas perdieron el control de sus cuerpos y tres Pokémon atacaron a sus entrenadores sin comprender por qué—.

La siguiente grabación mostró un pasillo destruido. Un Machamp golpeaba las paredes, un Hypno permanecía inmóvil con los ojos completamente blancos y varios técnicos intentaban arrastrar a una mujer inconsciente hacia una salida. Al fondo, una masa de energía psíquica deformaba las puertas metálicas.

—Ese fue el primer incidente —continuó Selene mientras cruzaba los brazos y observaba los daños registrados—. Mewtwo ni siquiera estaba consciente de lo que ocurría. Cuando despertó, no recordaba haberlo causado—.

Jacob permaneció callado. No apartó la mirada de las imágenes, pero su expresión ya no mostraba únicamente rechazo hacia la científica. Aquello no justificaba la silla, las descargas ni los Pokémon utilizados como fuentes de energía, aunque sí explicaba por qué el personal había comenzado a temer a una criatura capaz de alterar una instalación completa durante una pesadilla.

—¿Y decidió que la solución era lastimarlo cada vez que usara sus poderes? —preguntó Jacob mientras se detenía frente al panel central y examinaba los protocolos almacenados.

—Decidimos desarrollar un inhibidor —respondió Selene mientras caminaba hasta situarse al otro lado de la consola—. La primera versión de la Corona Némesis no causaba dolor. Limitaba el alcance de sus ondas psíquicas y permitía que pudiéramos permanecer cerca sin correr peligro—.

—¿Él aceptó usarla? —preguntó Jacob mientras levantaba lentamente la mirada.

Selene permaneció en silencio. La respuesta era evidente.

—No podía comprender el riesgo que representaba —dijo Selene mientras desviaba los ojos hacia una grabación donde Mewtwo intentaba retirar la primera versión de la corona.

—Podía hablar con usted —replicó Jacob mientras apoyaba ambas manos sobre el panel—. Comprendía suficiente para decir que no—.

—También podía alterar nuestras emociones sin proponérselo —respondió Selene mientras endurecía la voz y señalaba las imágenes del primer incidente—. Podía entrar en la mente de un investigador, encontrar un recuerdo doloroso y proyectarlo sobre todos los presentes. No existía una Pokébola, una barrera o un Pokémon dentro de Némesis capaz de detenerlo si perdía el control—.

Metagross levantó ligeramente el cuerpo al escuchar aquello. Selene dirigió una mirada breve hacia él antes de continuar.

—Metagross consiguió resistir parcialmente sus ondas —dijo Selene mientras colocaba una mano sobre una de las extremidades metálicas de su Pokémon—. Fue la única razón por la que logramos evacuar a varios investigadores durante el segundo incidente—.

Jacob observó a Metagross. El Pokémon mantenía los ojos fijos sobre las grabaciones y no mostraba orgullo alguno. En una de las pantallas laterales apareció una imagen donde un Metagross más joven sostenía una puerta deformada mientras Selene ayudaba a varios técnicos a escapar. Una oleada psíquica golpeaba su cuerpo y provocaba que sus patas se hundieran en el suelo, pero continuaba resistiendo.

—¿Qué ocurrió en el segundo incidente? —preguntó Jacob mientras dirigía la mirada hacia Selene y después hacia su Pokémon.

La científica retiró la mano de Metagross y caminó hasta otro panel. Sus dedos se detuvieron sobre el archivo durante unos segundos antes de activarlo.

La grabación mostró a Mewtwo sentado dentro de la cámara, con la Corona Némesis colocada y varios cables conectados al dispositivo. Frente al cristal se encontraba Selene, acompañada por un hombre de cabello gris y uniforme oscuro. El desconocido revisaba varias lecturas y señalaba repetidamente a Mewtwo mientras discutía con ella. Aunque el video no tenía sonido, la postura de Selene indicaba que se oponía a lo que el hombre ordenaba.

—El doctor Alaric Morn —dijo Selene mientras observaba al hombre de la grabación con una expresión de evidente desagrado—. Director ejecutivo del programa y representante de las instituciones que financiaban Némesis—.

—Supongo que era una de las personas cuyos nombres no consideraba relevantes —comentó Jacob mientras seguía los movimientos del desconocido.

—Morn creía que contener a Mewtwo no era suficiente —respondió Selene mientras cruzaba los brazos y mantenía la mirada sobre la pantalla—. Quería demostrar que podía ser condicionado para obedecer instrucciones simples, bloquear ataques y utilizar sus capacidades bajo supervisión humana—.

La grabación avanzó. Varios investigadores aumentaron la energía enviada a la corona. Mewtwo abrió los ojos y llevó ambas manos hacia la cabeza, pero las correas sujetas a la silla impidieron que pudiera tocar el dispositivo. Morn indicó algo desde el otro lado del cristal. Un pequeño objetivo mecánico apareció frente a Mewtwo. Durante varios segundos, el Pokémon se negó a reaccionar. Entonces una descarga recorrió la corona y su cuerpo se arqueó contra las sujeciones.

Raichu se ocultó detrás del brazo de Jacob. Gengar apretó las garras y enseñó los dientes hacia la imagen de Morn.

—Él añadió los protocolos de dolor —dijo Jacob mientras su mirada seguía fija en la pantalla.

—Los autorizó sin mi aprobación —respondió Selene mientras cerraba una mano y mantenía la otra apoyada sobre la consola—. Cuando intenté detener las pruebas, me recordó que Némesis pertenecía a las instituciones que la financiaban y que Mewtwo era considerado material biológico no registrado—.

—Y aun así permaneció aquí —replicó Jacob mientras se volvía lentamente hacia ella.

Selene sostuvo su mirada.

—Sí —admitió Selene mientras levantaba el mentón y aceptaba la acusación sin intentar esquivarla.

El silencio llenó la sala. Las grabaciones continuaron reproduciéndose detrás de ellos. En una, Selene discutía con Morn frente a varios investigadores. En otra, permanecía junto a la cápsula de Mewtwo después de una prueba, aparentemente intentando hablar con él. Mewtwo mantenía los ojos abiertos, pero no se acercaba al cristal como lo hacía en las primeras imágenes.

—Pude marcharme —continuó Selene mientras observaba aquella versión más joven de sí misma—. Pude denunciar el proyecto y permitir que otras personas se encargaran. Pero sabía que Morn trasladaría a Mewtwo a otra instalación y eliminaría cualquier supervisión que pudiera limitarlo. Así que convencí a los financiadores de que yo seguía siendo necesaria porque era la única persona con quien Mewtwo había aceptado comunicarse—.

—Se quedó para protegerlo —dijo Jacob mientras examinaba su expresión.

—Eso me repetí durante mucho tiempo —respondió Selene mientras bajaba los ojos hacia el panel y deslizaba un dedo sobre una antigua autorización firmada con su nombre—. Pero también me quedé porque quería comprenderlo. Porque la posibilidad de estudiar una mente como la suya era algo que ningún científico había tenido antes. Incluso cuando comencé a oponerme a Morn, seguí registrando los resultados—.

Jacob no respondió de inmediato. Aquella admisión no convertía a Selene en una víctima ni borraba su responsabilidad, pero al menos era la primera vez que hablaba sin protegerse detrás de términos administrativos.

—¿La corona podía controlar sus movimientos? —preguntó Jacob mientras observaba los diagramas neurológicos almacenados en el panel.

—No completamente —respondió Selene mientras ampliaba el esquema de la Corona Némesis y señalaba varias zonas conectadas al cerebro—. Podía bloquear la activación de ciertos movimientos, reducir la potencia de sus técnicas y generar dolor cuando detectaba resistencia. En etapas posteriores, Morn añadió comandos simples: detenerse, arrodillarse, atacar un objetivo marcado o regresar a la cápsula—.

Raichu cerró los ojos y se llevó las patas a la cabeza al recordar la imagen que Mewtwo le había mostrado. Jacob colocó inmediatamente una mano sobre su espalda.

—No tienes que seguir mirando —dijo Jacob mientras se agachaba un poco para quedar a la altura de la ratoncita y cubrir parcialmente las pantallas con su cuerpo.

Raichu abrió los ojos y negó con la cabeza. Aunque temblaba, señaló hacia las grabaciones y después hacia el corredor que continuaba más allá de la sala, indicando que quería comprender lo ocurrido y seguir avanzando. Luego Jacob acarició una de sus orejas antes de incorporarse.

—¿Cómo escapó? —preguntó Jacob mientras mantenía la mano sobre la cabeza de Raichu.

Selene activó el archivo final. La grabación mostraba a Mewtwo sujeto a la silla mientras Morn ordenaba otra prueba. La Corona Némesis emitía destellos rojos y las lecturas se elevaban por encima de los límites establecidos. Selene apareció entrando en la sala de control e intentó desactivar el sistema, pero dos guardias la detuvieron. Metagross golpeó una de las puertas desde el exterior, tratando de llegar hasta ella.

En el centro de la cámara, Mewtwo dejó de forcejear, luego su cuerpo quedó completamente inmóvil. Las luces de la corona comenzaron a apagarse una por una. Durante unos segundos, Morn pareció creer que el Pokémon finalmente había obedecido. Después todas las pantallas de la grabación se cubrieron de interferencia.

La cámara de contención explotó hacia fuera. Una onda psíquica atravesó el nivel completo, arrancó puertas, destrozó paneles y lanzó a los investigadores contra las paredes. Mewtwo se liberó de las correas, arrancó varios cables de la corona y elevó la silla metálica antes de lanzarla contra el cristal. Morn intentó escapar, pero quedó suspendido en el aire.

La grabación no mostraba sonido, pero su rostro expresaba un terror absoluto cuando Mewtwo lo acercó lentamente hacia sí con su telequinésis.
Selene consiguió liberarse de los guardias y se interpuso entre ambos. Extendió los brazos frente a Morn y gritó algo hacia Mewtwo. Durante un instante, el Pokémon legendario mantuvo al director suspendido. Después lo lanzó contra el suelo sin matarlo y se volvió hacia Selene. Ambos se observaron, luego Mewtwo levantó una mano y la grabación terminó.

—¿Qué le dijo? —preguntó Jacob mientras mantenía la vista sobre la pantalla apagada.

Selene permaneció inmóvil y su respiración se volvió más lenta.

—Le dije que Morn tenía la culpa, pero que matarlo no cambiaría lo que le habían hecho —respondió Selene mientras cerraba los dedos alrededor del borde de la consola.

—¿Y qué hizo Mewtwo con usted? —preguntó Jacob mientras observaba la tensión acumulada en sus hombros.

—Entró en mi mente —dijo Selene mientras levantaba los ojos hacia él.

Gengar inclinó la cabeza y Raichu se acercó más a Jacob.

—No solo leyó mis recuerdos —continuó Selene mientras su voz perdía parte de la firmeza habitual—. Tomó cada miedo que había sentido desde que lo encontramos, cada vez que imaginé lo que podía hacer si alcanzaba una ciudad, y me obligó a vivirlos como si estuvieran ocurriendo. Vi Pueblo Ara destruido, vi Ciudad Central convertida en ruinas. Vi a entrenadores atacando a sus propios Pokémon y a familias enteras perdiendo la voluntad dentro de sus casas—.

—Eran ilusiones —dijo Jacob mientras observaba cómo la científica mantenía los ojos fijos en un punto distante.

—Lo sé —respondió Selene mientras apretaba ambas manos y recuperaba gradualmente el control de su respiración—. Pero las sentí durante horas. Cuando desperté, habían pasado menos de tres minutos—.

La científica se alejó de la consola y caminó hacia la silla central. Pasó una mano por una de las correas rotas, observando los daños que aún permanecían en el metal.

—Mewtwo escapó del nivel de contención, pero no abandonó Némesis —explicó Selene mientras recorría con los dedos la superficie quemada de la silla—. Se refugió en las cámaras inferiores, cerca de la tecnología antigua. Las instituciones ordenaron evacuar el complejo y sellar los accesos. Morn desapareció poco después, llevándose parte de los registros y los derechos legales del proyecto—.

—¿Y usted regresó? —preguntó Jacob mientras se aproximaba lentamente a la plataforma.

—Muchas veces —respondió Selene mientras apartaba la mano de las correas—. Durante los primeros meses intenté comunicarme con Mewtwo. Algunas veces respondía. Otras destruía los equipos que enviábamos. Con el tiempo, las señales disminuyeron y creímos que había abandonado la instalación utilizando otra salida—.

—Pero dejó funcionando la corona —señaló Jacob mientras observaba el diagrama del sistema de contención.

Selene negó lentamente.

—La corona quedó dañada durante la fuga —respondió Selene mientras señalaba los registros de actividad recientes—. No sabía que Porygon-Z había conseguido repararla parcialmente utilizando la tecnología antigua y la energía de otros Pokémon—.

—Sin embargo, cuando las desapariciones comenzaron supo que Mewtwo seguía aquí —dijo Jacob mientras entrecerraba los ojos.

Selene no intentó negarlo.

—La primera expedición despertó los sistemas inferiores —admitió Selene mientras regresaba al panel y mostraba las fechas de reactivación—. Porygon-Z comenzó a capturar a cualquiera que entrara en las zonas restringidas. Cuando detecté la señal de la Corona Némesis, comprendí que Mewtwo había vuelto a quedar conectado a ella—.

—Y en lugar de cerrar las ruinas, contrató a alguien —replicó Jacob mientras su tono se volvía más frío.

—Si hubiera informado a las autoridades regionales, habrían enviado equipos militares, entrenadores de élite y especialistas en captura —respondió Selene mientras levantaba la mirada y mantenía el cuerpo completamente erguido—. Mewtwo los habría considerado una amenaza. El resultado podía convertirse en una batalla bajo Pueblo Ara—.

—Entonces me eligió porque parezco poco amenazante —comentó Jacob mientras dejaba caer los hombros y señalaba su propia apariencia cansada.

Por primera vez desde que habían entrado en la sala, Selene mostró una expresión cercana a la ironía.

—No exactamente —respondió Selene mientras estudiaba al entrenador desde el otro lado de la plataforma.

La científica tocó varios controles y proyectó el expediente de Jacob sobre una de las pantallas. Aparecieron registros de batallas, trabajos como tutor de movimientos, asistencias a Rangers principiantes y referencias relacionadas con la familia Balfourt. También había fotografías de Julius, Marise, Naomi, Kida, Kyle, Livya y Samantha, acompañadas por informes sobre sus respectivas carreras.

Jacob observó la pantalla sin cambiar de expresión, aunque Gengar giró hacia él con evidente curiosidad y Raichu ladeó la cabeza al ver tantos rostros relacionados.

—Investigó a toda mi familia —dijo Jacob mientras contemplaba los archivos y mantenía las manos dentro de los bolsillos.

—La familia Balfourt ha producido entrenadores, coordinadores, Rangers y especialistas reconocidos durante décadas —respondió Selene mientras desplazaba los informes hasta llegar al nombre de Jacob—. Usted era la anomalía—.

—Eso suele decir mi padre con más palabras y menos educación —comentó Jacob mientras observaba una fotografía antigua de sí mismo junto a varios integrantes de su familia.

—Sus registros muestran una capacidad estratégica excepcional —continuó Selene mientras proyectaba fragmentos de combates anteriores—. En varias ocasiones derrotó a entrenadores con equipos superiores sin utilizar fuerza directa. Permite que el adversario crea que controla el combate, cede espacio, oculta recursos y espera hasta que cada salida posible conduce al resultado que usted preparó—.

Gengar señaló la pantalla y levantó ambos pulgares hacia Jacob. Raichu también observó a su entrenador con evidente orgullo.

—También abandono torneos, llego tarde y duermo durante reuniones —respondió Jacob mientras desviaba la mirada hacia Selene.

—Precisamente —dijo Selene mientras cerraba el expediente familiar y dejaba visible únicamente el perfil de Jacob—. No busca reconocimiento, títulos ni aprobación institucional. No responde bien ante la autoridad y no tiene interés en demostrar que puede dominar a un Pokémon legendario—.

—Eso último todavía no lo sabía cuando me contrató —replicó Jacob mientras levantaba una ceja.

—Sabía que rescató a una Dratini abandonada y que rechazó entregarla incluso cuando su familia consideró que no tenía valor competitivo —respondió Selene mientras observaba la Pokébola de Dragonite en el cinturón vacío de Jacob y después recordaba que la dragona se había quedado protegiendo a los cautivos—. También sabía que permitió a sus Pokémon desarrollar personalidades que otros entrenadores considerarían difíciles. Tyranitar desobedece cuando considera cobarde una orden. Gengar abandona una estrategia si detecta que alguien corre peligro. Raichu apenas se integró a su equipo y aun así usted la trajo consigo a una misión de alto riesgo—.

Raichu se acercó más a Jacob y sujetó su abrigo con ambas patas.

—No sabía que la misión incluía un laboratorio psíquico subterráneo —dijo Jacob mientras colocaba una mano sobre la cabeza de la ratoncita.

—Pero ahora que lo sabe, continúa aquí —respondió Selene mientras sostenía su mirada.

Jacob permaneció callado.

—Lo elegí porque necesitaba a alguien capaz de llegar hasta Mewtwo sin intentar demostrar que era más fuerte que él —continuó Selene mientras apagaba el expediente—. Alguien que pudiera analizarlo, distraerlo y encontrar una oportunidad para desactivar la corona—.

—Eso no fue lo que dijo en la superficie —replicó Jacob mientras la observaba con creciente desconfianza—.

—Porque también necesitaba que Mewtwo lo aceptara dentro de la instalación —admitió Selene mientras entrelazaba las manos frente al cuerpo—. Si le hubiera explicado todo, habría entrado pensando en la corona, el laboratorio y las grabaciones. Él habría leído esas intenciones desde el primer momento—.

—Me utilizó como una llave —dijo Jacob mientras su expresión volvía a endurecerse.

—Como una posibilidad —corrigió Selene mientras daba un paso hacia él.

—¿Una posibilidad de qué? —preguntó Jacob mientras Gengar se colocaba a su lado y dejaba de observar las pantallas.

Selene mantuvo la vista sobre él.

—De llegar hasta Mewtwo antes de que la Corona Némesis terminara de reconstruirse —respondió Selene mientras el dispositivo de su muñeca mostraba una nueva alerta—. Y, si él ya había perdido por completo el control, de mantenerlo ocupado el tiempo suficiente para que yo pudiera activar el protocolo final—.

El silencio cayó sobre la sala. Metagross bajó ligeramente el cuerpo yGengar enseñó los dientes. Raichu soltó el abrigo de Jacob y observó a Selene con los ojos abiertos de par en par.

Jacob no levantó la voz ni cambió de postura. Solo retiró lentamente las manos de los bolsillos.

—¿Qué hace el protocolo final? —preguntó Jacob mientras mantenía la mirada fija en la científica.

Selene observó el dispositivo de su muñeca.

—Sobrecarga la Corona Némesis y destruye el núcleo psíquico que la alimenta —respondió Selene mientras mantenía el pulgar cerca de una zona protegida de la pantalla.

—Eso mataría a Mewtwo —dijo Jacob mientras comprendía la función real del sistema.

—Podría hacerlo —admitió Selene mientras su voz se volvía más baja.

Gengar avanzó hacia ella, pero Metagross se interpuso de inmediato. Raichu acumuló electricidad en las mejillas, aunque su cuerpo continuaba temblando.

Jacob extendió un brazo frente a ambos Pokémon.

—Todavía no —dijo Jacob mientras mantenía la palma abierta y evitaba que Gengar avanzara.

El Pokémon fantasma giró hacia él con una expresión furiosa.

—Dije todavía —repitió Jacob mientras bajaba lentamente la mano y volvía los ojos hacia Selene.

La científica no se movió.

—Me contrató para que Mewtwo concentrara su atención en mí —continuó Jacob mientras reconstruía cada una de las decisiones tomadas desde su llegada—. Quería que entrara, siguiera sus señales y llegara hasta la cámara central. Si él me atacaba, usted utilizaría el tiempo para activar la corona o destruirla con él conectado—.

—Quería evitar una batalla en la superficie —respondió Selene mientras su voz mostraba por primera vez una grieta evidente.

—Quería que yo recibiera la batalla aquí abajo —replicó Jacob mientras avanzaba un paso y Gengar lo seguía.

—Sabía que existía una posibilidad de que pudiera sobrevivir —dijo Selene mientras Metagross mantenía la posición entre ambos.

—Qué consideración —comentó Jacob mientras inclinaba ligeramente la cabeza.

Raichu levantó una pata y señaló el dispositivo de Selene. Después cruzó ambos brazos frente al cuerpo y negó con fuerza, indicando que no permitiría que activara el protocolo, luego Jacob observó sus gestos.

—Raichu opina que no debe tocar ese botón —interpretó Jacob mientras colocaba una mano sobre el lomo de la ratoncita—. Por una vez, creo que su explicación fue bastante clara—.

Selene cubrió la pantalla con la manga de su chaqueta.

—No lo activaré mientras exista otra opción —dijo Selene mientras sostenía la mirada del entrenador.

—Usted decide qué considera otra opción —respondió Jacob—. Ese es el problema—.

Antes de que Selene pudiera responder, las pantallas de la sala se apagaron. La iluminación blanca desapareció y fue sustituida por una luz roja que comenzó a girar sobre el techo. Porygon-Z apareció en el monitor principal, con el cuerpo deformándose de manera más violenta que antes.

—División Neural comprometida —anunció Porygon-Z mientras su voz se superponía con varias grabaciones antiguas—. Transferencia interrumpida. Sujetos liberados. Autoridad Veyr hostil—.

Metagross se volvió hacia las pantallas.

—Porygon-Z, restablece los accesos y suspende las defensas —ordenó Selene mientras levantaba el dispositivo de su muñeca y enviaba una secuencia de códigos—.

—Veyr hostil —repitió Porygon-Z mientras todas las puertas de la sala comenzaban a cerrarse—. Balfourt autorizado provisional. Veyr hostil. Metagross hostil—.

Metagross lanzó una de sus extremidades contra la puerta por la que habían entrado y consiguió detenerla antes de que se cerrara por completo. El metal crujió alrededor de su pata, pero el Pokémon sostuvo la estructura con firmeza.

Gengar miró hacia el corredor de salida y después hacia la puerta que conducía a los niveles inferiores.

Raichu cerró los ojos cuando la presencia de Mewtwo volvió a alcanzar su mente. Esta vez no recibió una imagen completa. Sintió el dolor de la corona, la urgencia de las defensas activándose y una instrucción dirigida únicamente a ella: alejar a Jacob de Selene.

La ratoncita abrió los ojos de golpe, tomó la manga del entrenador y comenzó a tirar de él hacia el corredor inferior.

—Mewtwo quiere que nos separemos de ella —interpretó Jacob mientras observaba la insistencia de Raichu y después dirigía la mirada hacia Selene.

—Eso es exactamente lo que necesita para controlar la situación —respondió Selene mientras Metagross continuaba sosteniendo la puerta—. Separarlo de cualquier persona que conozca los sistemas—.

—También acaba de descubrir que planeaba utilizarme como distracción antes de matarlo —replicó Jacob mientras Raichu seguía tirando de su manga—. Su argumento perdió bastante fuerza—.

Un golpe sacudió la instalación. Varias pantallas se desprendieron de las paredes y cayeron sobre la plataforma central. Gengar se lanzó hacia Raichu y la apartó antes de que uno de los monitores la golpeara. Jacob cubrió a ambos con el cuerpo mientras fragmentos de cristal se dispersaban alrededor.

Metagross soltó la puerta y avanzó hacia Selene cuando parte del techo comenzó a desprenderse. El Pokémon metálico se situó sobre ella y resistió el impacto de varias placas.

Porygon-Z apareció en la única pantalla que continuaba intacta.

—Guardianes activados —anunció mientras la imagen de su rostro se dividía en cuatro—. Condicionamiento en curso. Intrusos serán corregidos—.

Desde el corredor inferior comenzó a escucharse un sonido lento y repetitivo. Algo se arrastraba por el metal, después surgió otro sonido y otro.

Gengar se colocó delante de Jacob y enseñó los dientes hacia la oscuridad. Raichu permaneció detrás del entrenador, con las mejillas cargadas de electricidad.

Selene salió de debajo de Metagross y tomó una Pokébola de su cinturón, aunque la interferencia continuaba impidiendo que pudiera abrirla.

—Las defensas de condicionamiento fueron diseñadas para contener Pokémon psíquicos y neutralizar intrusos —advirtió Selene mientras retrocedía hasta colocarse junto a Metagross—. Si queremos llegar al núcleo, tendremos que atravesarlas—.

Jacob observó el corredor y después dirigió una última mirada hacia la científica.

—Cuando salgamos de aquí, vamos a terminar esta conversación —dijo Jacob mientras se quitaba lentamente el abrigo y lo colocaba alrededor de Raichu para protegerla de los fragmentos de cristal.

—Si salimos de aquí, aceptaré las consecuencias —respondió Selene mientras apoyaba una mano sobre Metagross y observaba las sombras que avanzaban por el corredor.

—No lo decía como una negociación —replicó Jacob mientras Gengar se colocaba a su derecha y Raichu flotaba a su izquierda.

Las luces del corredor inferior comenzaron a encenderse una por una. Bajo la iluminación roja aparecieron varias siluetas de Pokémon con dispositivos metálicos sujetos alrededor de la cabeza. Sus movimientos eran rígidos, sus ojos permanecían cubiertos por un brillo violeta y gruesos cables se arrastraban detrás de sus cuerpos.

Un Malamar encabezaba el grupo. A su lado avanzaban un Magnezone y dos Reuniclus conectados a estructuras de amplificación. Detrás de ellos, varios Pokémon sometidos al sistema de condicionamiento caminaban sin mostrar voluntad propia.

Jacob observó la formación y comprendió que no se encontraban ante criaturas que hubieran decidido proteger Némesis. Eran prisioneros convertidos en guardianes.

Gengar dejó escapar un gruñido y extendió las garras. Raichu elevó la cola, aunque permaneció cerca de Jacob. Después Metagross descendió el cuerpo y Selene activó los sistemas defensivos de su chaqueta.

La voz de Mewtwo surgió dentro de la mente de Jacob, debilitada por el dolor de la corona.

—No los destruyas—.

Jacob mantuvo los ojos sobre los guardianes mientras analizaba sus posiciones, los cables que los conectaban y las luces que recorrían las paredes.

—No pensaba hacerlo —respondió Jacob en voz baja mientras una expresión calculadora reemplazaba su cansancio habitual.

El primer Reuniclus levantó ambos brazos y una barrera psíquica comenzó a cubrir el corredor.

Balfourt observó cada salida, cada conexión y cada movimiento de sus adversarios. Selene creyó reconocer el instante en que su mente comenzó a construir una estrategia. Hasta ese momento, Jacob había seguido el camino elegido por Mewtwo. Ahora Némesis acababa de entregarle un tablero. Y él ya estaba buscando la forma de convertirlo en una trampa.
 
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