Gennai
Eclipse Dynasty Member
Proyecto Némesis: La voluntad de Mewtwo
Un trabajo demasiado bien pagado
La tarde avanzaba lentamente sobre Pueblo Oakwood. El viento recorría el antiguo bosque de robles que rodeaba por completo el asentamiento, sacudiendo las ramas más altas y dejando caer algunas hojas sobre los caminos de tierra. La temperatura era agradable, el Centro Pokémon estaba casi vacío y, para Jacob Balfourt, aquello significaba que había encontrado el lugar perfecto para no hacer absolutamente nada.
El entrenador permanecía recostado sobre una de las bancas exteriores del edificio, utilizando una mochila como almohada improvisada. Una de sus piernas colgaba por el borde, mientras la otra permanecía doblada. Sobre su pecho descansaba una consola portátil que se había apagado varios minutos atrás.
Dragonite estaba sentada a pocos metros de él. La Pokémon dragón observaba atentamente los alrededores, aunque cada cierto tiempo dirigía la mirada hacia Jacob para comprobar que seguía dormido. Sus alas se movían ligeramente con cada corriente de aire y su cola descansaba sobre la hierba.
Un par de Pidgey descendieron cerca de la banca buscando migajas.
Dragonite los miró con curiosidad, pero no hizo ningún intento por ahuyentarlos. En cambio, llevó una de sus garras hacia la mochila de Jacob y sacó con cuidado una pequeña bolsa de comida Pokémon.
—No les des todo —murmuró Jacob sin abrir los ojos.
Dragonite se quedó inmóvil Y Jacob levantó apenas uno de sus párpados y la observó desde la banca.
—La última vez terminamos comprando otra bolsa antes de llegar al siguiente pueblo —añadió con tono monótono, dejando caer nuevamente la cabeza sobre la mochila.
Dragonite emitió un sonido suave y abrazó la bolsa contra su cuerpo, como si no tuviera ninguna intención de compartirla.
—Eso también es demasiado —señaló Jacob cerrando los ojos otra vez—. Vas a comértela completa—.
La Pokémon infló ligeramente las mejillas y apartó la mirada. El entrenador no necesitaba observarla para saber que estaba fingiendo no haberlo escuchado. Después de tantos años juntos, conocía cada uno de sus gestos, incluso aquellos que Dragonite creía que podía ocultar.
La tranquilidad fue interrumpida por el sonido repetitivo del teléfono de Jacob. El dispositivo vibró dentro del bolsillo de su abrigo, pero Jacob no reaccionó.
El teléfono vibró por segunda vez y Dragonite inclinó la cabeza. La tercera vibración fue más larga.
—No existe ningún mensaje lo suficientemente importante como para justificar esto —murmuró Jacob, cubriéndose el rostro con uno de sus brazos.
Dragonite se acercó a la banca y le dio un pequeño empujón con una garra.
—Tú tampoco deberías estar del lado del teléfono —refunfuñó Jacob sin apartarse el brazo del rostro.
Dragonite volvió a empujarlo y Jacob soltó un suspiro prolongado antes de incorporarse con evidente desgana. Buscó el dispositivo dentro de su bolsillo y observó la pantalla con los ojos entrecerrados. Había recibido un correo marcado como urgente.
El remitente era el Centro de Investigaciones Arqueológicas de Pueblo Ara. Jacob estuvo a punto de guardar nuevamente el teléfono.
La palabra urgente solía significar problemas, responsabilidades o personas esperando resultados en un periodo de tiempo ridículamente corto. Ninguna de esas cosas era particularmente atractiva.
Sin embargo, una segunda línea llamó su atención.
Recompensa inicial: 80 000 Pks. Gastos de traslado y alojamiento cubiertos. Bonificación adicional sujeta a resultados.
Jacob abrió ambos ojos y Dragonite acercó el rostro para mirar la pantalla por encima de su hombro.
—Eso es sospechoso —comentó Jacob manteniendo su expresión impasible y Dragonite asintió lentamente. —Pero también es mucho dinero —añadió Jacob bajando un poco el teléfono para revisar mejor la cifra.
La Pokémon volvió a asentir, esta vez con menor convicción y Jacob abrió el mensaje completo.
El informe mencionaba que, durante las últimas semanas, varios trabajadores y exploradores habían desaparecido en las proximidades de las ruinas de Pueblo Ara. Algunos habían regresado horas o días después, desorientados y con lagunas en la memoria. Otros seguían sin ser localizados.
Las expediciones de rescate tampoco habían conseguido avanzar demasiado.
Los dispositivos electrónicos comenzaban a fallar al aproximarse a una sección recién descubierta de las ruinas. Las brújulas dejaban de funcionar, las comunicaciones se interrumpían y algunos Pokémon se negaban a continuar y al parecer los tipos Psíquico parecían ser los más afectados.
Uno de los documentos adjuntos describía a un Alakazam que había comenzado a temblar antes de entrar en la zona. Otro reporte señalaba que un Gothitelle había perdido el conocimiento después de asegurar que alguien estaba observándola desde debajo de la tierra.
El centro de investigaciones solicitaba un entrenador experimentado, con capacidad para operar en lugares peligrosos y enfrentarse a Pokémon salvajes si fuera necesario.
La persona que firmaba la solicitud era la doctora Selene Veyr. Jacob leyó el nombre una segunda vez y no le resultaba familiar.
—Desapariciones, ruinas antiguas, Pokémon psíquicos aterrados y una científica ofreciendo demasiado dinero —resumió Jacob deslizando el dedo por la pantalla—. Definitivamente es una trampa—.
Dragonite emitió un gruñido bajo y se acercó todavía más a él, su expresión alegre había desaparecido pues la preocupación era evidente en sus ojos. Jacob la miró durante unos segundos.
—No he dicho que vayamos —aclaró mientras sostenía su mirada.
Dragonite pareció relajarse, luego el teléfono vibró nuevamente. Un nuevo mensaje había llegado desde el mismo remitente.
La recompensa puede incrementarse hasta 150 000 Pks si se recupera información relacionada con el origen de las anomalías.
Jacob permaneció en silencio y Dragonite lo observó fijamente.
—Tampoco he dicho que no vayamos —agregó Jacob sin apartar la vista de la nueva cifra.
La Pokémon dejó caer las alas y soltó un sonido de desaprobación.
—Podríamos ignorarlo —continuó Jacob mientras revisaba los detalles del traslado—. También podríamos comer comida instantánea durante los próximos dos meses—. Dragonite frunció el ceño. —O podríamos trabajar unos días, cobrar y después no hacer nada durante bastante tiempo —explicó Jacob inclinando ligeramente el teléfono hacia ella.
La idea parecía convencerlo mucho más que cualquier responsabilidad moral relacionada con los desaparecidos.
Dragonite, sin embargo, seguía inquieta. La Pokémon se inclinó hasta colocar el rostro frente al de su entrenador, sus ojos recorrieron cada una de sus facciones, intentando determinar si realmente estaba tomando el asunto en serio. Jacob sostuvo su mirada.
—Sé que algo está mal —admitió finalmente, dejando de revisar el mensaje y Dragonite parpadeó.
—Por eso no iré solo —añadió Jacob mientras levantaba una mano hacia ella.
La expresión de la Pokémon se suavizó ligeramente. Jacob colocó la mano sobre la cabeza de Dragonite y la acarició con movimientos lentos.
—Además, si alguien intenta matarme, puedes lanzarlo desde una montaña —comentó sin modificar su tono monótono. Dragonite sonrió de inmediato y movió la cola con entusiasmo.
—Eso era una broma —aclaró Jacob retirando lentamente la mano. Aún así, la Pokémon continuó sonriendo. Jacob la observó durante unos segundos.
—Espero que haya sido una broma —murmuró mientras entornaba los ojos.
Desde la puerta del Centro Pokémon, una enfermera los observaba con una mezcla de curiosidad y preocupación. Jacob fingió no notarlo y presionó el botón de respuesta y escribió un mensaje breve.
Acepto. Envíe los detalles.
No agregó un saludo ni preguntó por el estado de los desaparecidos. Tampoco explicó sus capacidades como entrenador. Consideraba que todo aquello implicaba escribir demasiado. La respuesta de Selene Veyr llegó casi de inmediato.
Señor Balfourt, su participación será de gran ayuda. Lo esperamos en Pueblo Ara mañana por la tarde. Encontrará un pase ferroviario y la documentación necesaria adjuntos. Le sugiero viajar con sus Pokémon más experimentados. La situación podría ser considerablemente más peligrosa de lo que indican los reportes oficiales.
Jacob leyó la última oración dos veces. Dragonite también lo hizo. El viento sopló con más fuerza a través del bosque, provocando que las hojas de los robles se agitaran al mismo tiempo. Durante unos segundos, el sonido pareció extenderse por todo Oakwood como un murmullo lejano. Al final Jacob guardó el teléfono.
—Cuando alguien admite que sus propios reportes están incompletos, normalmente significa que sabe exactamente qué está ocurriendo —comentó mientras dirigía la mirada hacia los árboles.
Dragonite cruzó los brazos.
—Sí, ya sé que eso debería ser razón suficiente para no ir —respondió Jacob al percibir su gesto y la Pokémon asintió.
Jacob volvió a recostarse en la banca.
—Nos iremos mañana —decidió mientras acomodaba nuevamente la mochila bajo su cabeza.
Dragonite abrió los ojos con sorpresa.
—Hoy estoy ocupado —añadió Jacob cerrando los ojos.
La Pokémon observó la consola apagada que todavía descansaba junto a él.
—Dormir también cuenta como estar ocupado —aseguró Jacob sin molestarse en mirar lo que Dragonite estaba observando.
Dragonite soltó un resoplido, pero se sentó junto a la banca. Jacob cerró nuevamente los ojos. Sin embargo, esta vez no consiguió dormirse de inmediato pues su mente repasaba las pocas palabras que la doctora había utilizado.
Más peligrosa de lo que indican los reportes oficiales.
Aquello significaba que Selene Veyr estaba ocultando información. La pregunta no era si la científica mentía, sino que la pregunta era por qué había elegido precisamente a Jacob Balfourt. Él no era un Ranger, no pertenecía a ningún cuerpo de rescate y nunca había solicitado reconocimiento como entrenador. Existían muchas personas con mejores credenciales en Aleria, incluidos varios miembros de su propia familia. Aun así, la solicitud había llegado directamente a su nombre.
Dragonite percibió el cambio en su estado de ánimo. La Pokémon se aproximó y apoyó la cabeza sobre el pecho de Jacob. Él abrió los ojos y observó el cielo entre las ramas de los robles.
—No estoy preocupado —dijo con su tono habitual, aunque sus dedos comenzaron a acariciar lentamente una de las antenas de Dragonite—. Solo estoy pensando—.
Dragonite lo miró con evidente preocupación, luego Jacob suspiró.
—Sí. Eso es peor —reconoció mientras volvía a cerrar los ojos.
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A varios kilómetros de distancia, en algún lugar. Una alarma comenzó a parpadear dentro de un corredor abandonado. Las luces rojas iluminaron paredes metálicas cubiertas de grietas. En el centro de una cámara subterránea, una cápsula de cristal permanecía abierta. Los cables que alguna vez estuvieron conectados a ella colgaban del techo como raíces arrancadas. Algunos todavía liberaban pequeñas descargas de electricidad.
Frente a la cápsula, una figura humanoide permanecía suspendida en el aire y su larga cola se movió lentamente detrás de su cuerpo.
Mewtwo abrió los ojos.
Una voz femenina surgió desde los altavoces del laboratorio.
—El entrenador aceptó —informó Selene Veyr desde algún punto desconocido de la instalación.
Mewtwo no respondió. Una pantalla se encendió frente a él y mostró una fotografía de Jacob junto a Dragonite. Los ojos del Pokémon psíquico se estrecharon.
—Jacob Balfourt llegará mañana —continuó Selene Veyr desde algún punto desconocido de la instalación—. Tal vez él consiga llegar hasta donde los demás fracasaron—.
Mewtwo levantó una mano y la pantalla se deformó bajo una presión invisible hasta romperse en cientos de fragmentos.
—No necesito otro humano —declaró Mewtwo mediante telepatía, haciendo temblar los cristales de la cámara.
Durante unos segundos, Selene guardó silencio.
—No —respondió finalmente con absoluta serenidad—. Pero yo sí necesito que él llegue hasta ti—.
Las luces del laboratorio se apagaron. En medio de la oscuridad, los ojos de Mewtwo continuaron brillando.
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