Lazy
Nuevo usuario
El aire se volvió pesado, cargado de una estática que no provenía de las mejillas de Dedenne, sino de la pura intención asesina del caballero espectral. Vlad no necesitó más advertencias; había pasado suficiente tiempo entre fantasmas para saber cuándo una amenaza era retórica y cuándo era una sentencia.
— ¡Dedenne, atrás! —gritó Vlad, empujando levemente a la chica y al Victini para ponerlos fuera de la línea de fuego.
— ¡Oye! No tienes que tratar a la gente así —escucharon todos a una distancia alejada. Se trataba de una rubia, cuya expresión denotaba el cansancio de haber estado corriendo por un buen rato.
Entre sus brazos se encontraba un Espurr que se encontraba totalmente vestido con mucha parafernalia.
— ¿Qué?
—Lo que oíste, no tienes que empujar a la gente —Vlad iba a rebatirle a la extraña, pero su mirada se posó un ligero segundo en la del pokémon y por un segundo, sintió que no sería buena idea hacerlo. Algo en ese tipo psíquico le hizo ver que debía ser prudente.
De todas maneras, la situación inusual se vio interrumpida gracias al choque que hubo entre los pokémon.
Ceruledge se desdibujó. No corrió, simplemente desapareció en una estela de fuego púrpura y reapareció a escasos centímetros del rostro de Vlad, con sus espadas de energía listas para un corte transversal. La velocidad era inhumana, superior a cualquier cosa que hubiera visto el hasta el momento.
— ¡Lucario, Velocidad Extrema y Hueso Palo!
El destello azul fue instantáneo. Antes de que las hojas espectrales pudieran tocar al entrenador, una barrera de hueso y aura colisionó contra ellas. El sonido fue ensordecedor, como metal chirriando contra cristal. Lucario había emergido de su Pokéball interceptando el ataque, sus patas derrapando sobre el adoquín de la plaza debido a la fuerza del impacto, pero manteniendo su posición firme entre su entrenador y el agresor.
Ceruledge retrocedió un salto, sus ojos brillando con una mezcla de molestia y curiosidad.
—Un usuario del aura... —La voz resonó directamente en la cabeza de Vlad, no en sus oídos. Era una sensación fría, intrusiva—. Molesto. Pero insuficiente.
— ¿Hablar telepáticamente es un requisito para los fantasmas hoy en día o solo te gusta presumir? —replicó Vlad, tratando de ocultar el temblor en sus manos mientras adoptaba una postura de combate—. Escucha, no sé qué tienes contra ellos, pero no dejaré que lastimes a nadie más.
—Sí, eso está mal —levantó el puño Fleur y Francis Van der Horst I le imitó.
—No busco lastimar, busco terminar —siseó la armadura viviente—. Y ustedes estorban.
— ¡Oye! —Vociferó Fleur.
Las cuchillas de Ceruledge se encendieron con una llama más intensa, tornándose de un violeta profundo a un rojo sangre. Espada Lamento. Vlad reconoció la técnica; ese movimiento no solo cortaba, sino que drenaba la energía vital del oponente.
— ¡Lucario, mantén la distancia! ¡Pulso umbrío!
El chacal generó una bola de energía pura entre sus palmas y la lanzó en forma de aros ennegrecidos. Ceruledge ni siquiera se molestó en esquivar; cortó el aire, rebanando la energía en dos como si fuera mantequilla, provocando que la explosión detonara a sus espaldas sin hacerle un rasguño.
—Es rápido... y tiene técnica —murmuró Vlad, analizando la situación. Dedenne, desde el hombro de la chica de cabello negro, chillaba dando instrucciones que nadie entendía, pero que denotaban pánico—. Oye —le dijo a la chica sin apartar la vista del combate—, espero que esa "razón" para no dejarlo escapar sea buena. Porque no soy muy bueno en los combates.
Mientras Lucario aumentaba su poder ofensivo con Danza Espada rodeado de ilusiones de espadas giratorias, Ceruledge se lanzó de nuevo, esta vez ignorando al Pokémon y apuntando hacia los humanos. Era una táctica sucia, pero efectiva.
Fleur no entendía muy bien la situación, lo que pensaba que se convertiría en una paseo tranquilo terminó convirtiéndose en una campaña de colores y destellos que, si bien le fascinaron por ser su primera vez observando una contienda en persona; no iban acorde a lo que esperaba. Su corazón retumbó por la tensión del momento y como si Francis Van der Horst I pudiera sentir las emociones de su entrenadora, saltó de sus brazos y ejecutó una serie de bolas sombra que chocaron de lleno contra la figura del espadachín espectral.
— ¡Sassy! —Exclamó con cierto grado de orgullo y preocupación—. Eres todo un chico valiente, como el campeón.
Por si fuera poco Lucario interceptó nuevamente, esta vez chocando su Puño Meteoro contra la cuchilla izquierda de Ceruledge. El impacto generó una onda expansiva que rompió los cristales de las farolas cercanas.
—Su lealtad es admirable, pero mal colocada —dijo el Ceruledge, ejerciendo presión. Las llamas de sus brazos empezaron a lamer el pelaje de Lucario—. Esa humana... esconde cosas. La ignorancia es tu perdición.
— A ver, pero que oculte cosas no quiere decir que tenga que dejar que le hagas daño. Además, no me debe nada —Vlad sacó una segunda Pokéball. Sabía que Lucario estaba en desventaja de tipos y si recibía un golpe directo de ese fuego fantasmal, el combate terminaría mal—. ¡Snorlax, necesitamos un muro! ¡Usa Cuerpo Pesado!
La enorme figura de Snorlax se materializó justo encima de la acción. Ceruledge, viéndose a punto de ser aplastado por media tonelada de Pokémon, se vio obligado a romper el bloqueo con Lucario y retroceder a una velocidad vertiginosa hacia un tejado bajo.
Snorlax aterrizó, haciendo temblar toda la plazoleta y bostezando inmediatamente después.
—Dedenne, quédate con ellas y con Victini. Gardevoir está en reserva por si las cosas se ponen feas —ordenó Vlad, secándose el sudor de la frente. Ahora tenía a Lucario flanqueando por la izquierda y a Snorlax sirviendo de barrera frontal—. Muy bien, caballero parlanchín. Ahora estamos en igualdad de condiciones. ¿Quieres seguir bailando o vas a explicarnos qué demonios está pasando aquí?
Ceruledge observó a los dos Pokémon y luego a Vlad. Su postura se relajó levemente, no por rendición, sino por cambio de estrategia.
—Igualdad... —repitió la voz en la mente de Vlad con un tono de burla amarga—. Humanos y sus ilusiones. Bien. Si desean caer junto a ella, que así sea.
El fuego de sus armaduras creció, convirtiendo la neblina de la noche en vapor hirviendo.
Everyday
RocíoJ
— ¡Dedenne, atrás! —gritó Vlad, empujando levemente a la chica y al Victini para ponerlos fuera de la línea de fuego.
— ¡Oye! No tienes que tratar a la gente así —escucharon todos a una distancia alejada. Se trataba de una rubia, cuya expresión denotaba el cansancio de haber estado corriendo por un buen rato.
Entre sus brazos se encontraba un Espurr que se encontraba totalmente vestido con mucha parafernalia.
— ¿Qué?
—Lo que oíste, no tienes que empujar a la gente —Vlad iba a rebatirle a la extraña, pero su mirada se posó un ligero segundo en la del pokémon y por un segundo, sintió que no sería buena idea hacerlo. Algo en ese tipo psíquico le hizo ver que debía ser prudente.
De todas maneras, la situación inusual se vio interrumpida gracias al choque que hubo entre los pokémon.
Ceruledge se desdibujó. No corrió, simplemente desapareció en una estela de fuego púrpura y reapareció a escasos centímetros del rostro de Vlad, con sus espadas de energía listas para un corte transversal. La velocidad era inhumana, superior a cualquier cosa que hubiera visto el hasta el momento.
— ¡Lucario, Velocidad Extrema y Hueso Palo!
El destello azul fue instantáneo. Antes de que las hojas espectrales pudieran tocar al entrenador, una barrera de hueso y aura colisionó contra ellas. El sonido fue ensordecedor, como metal chirriando contra cristal. Lucario había emergido de su Pokéball interceptando el ataque, sus patas derrapando sobre el adoquín de la plaza debido a la fuerza del impacto, pero manteniendo su posición firme entre su entrenador y el agresor.
Ceruledge retrocedió un salto, sus ojos brillando con una mezcla de molestia y curiosidad.
—Un usuario del aura... —La voz resonó directamente en la cabeza de Vlad, no en sus oídos. Era una sensación fría, intrusiva—. Molesto. Pero insuficiente.
— ¿Hablar telepáticamente es un requisito para los fantasmas hoy en día o solo te gusta presumir? —replicó Vlad, tratando de ocultar el temblor en sus manos mientras adoptaba una postura de combate—. Escucha, no sé qué tienes contra ellos, pero no dejaré que lastimes a nadie más.
—Sí, eso está mal —levantó el puño Fleur y Francis Van der Horst I le imitó.
—No busco lastimar, busco terminar —siseó la armadura viviente—. Y ustedes estorban.
— ¡Oye! —Vociferó Fleur.
Las cuchillas de Ceruledge se encendieron con una llama más intensa, tornándose de un violeta profundo a un rojo sangre. Espada Lamento. Vlad reconoció la técnica; ese movimiento no solo cortaba, sino que drenaba la energía vital del oponente.
— ¡Lucario, mantén la distancia! ¡Pulso umbrío!
El chacal generó una bola de energía pura entre sus palmas y la lanzó en forma de aros ennegrecidos. Ceruledge ni siquiera se molestó en esquivar; cortó el aire, rebanando la energía en dos como si fuera mantequilla, provocando que la explosión detonara a sus espaldas sin hacerle un rasguño.
—Es rápido... y tiene técnica —murmuró Vlad, analizando la situación. Dedenne, desde el hombro de la chica de cabello negro, chillaba dando instrucciones que nadie entendía, pero que denotaban pánico—. Oye —le dijo a la chica sin apartar la vista del combate—, espero que esa "razón" para no dejarlo escapar sea buena. Porque no soy muy bueno en los combates.
Mientras Lucario aumentaba su poder ofensivo con Danza Espada rodeado de ilusiones de espadas giratorias, Ceruledge se lanzó de nuevo, esta vez ignorando al Pokémon y apuntando hacia los humanos. Era una táctica sucia, pero efectiva.
Fleur no entendía muy bien la situación, lo que pensaba que se convertiría en una paseo tranquilo terminó convirtiéndose en una campaña de colores y destellos que, si bien le fascinaron por ser su primera vez observando una contienda en persona; no iban acorde a lo que esperaba. Su corazón retumbó por la tensión del momento y como si Francis Van der Horst I pudiera sentir las emociones de su entrenadora, saltó de sus brazos y ejecutó una serie de bolas sombra que chocaron de lleno contra la figura del espadachín espectral.
— ¡Sassy! —Exclamó con cierto grado de orgullo y preocupación—. Eres todo un chico valiente, como el campeón.
Por si fuera poco Lucario interceptó nuevamente, esta vez chocando su Puño Meteoro contra la cuchilla izquierda de Ceruledge. El impacto generó una onda expansiva que rompió los cristales de las farolas cercanas.
—Su lealtad es admirable, pero mal colocada —dijo el Ceruledge, ejerciendo presión. Las llamas de sus brazos empezaron a lamer el pelaje de Lucario—. Esa humana... esconde cosas. La ignorancia es tu perdición.
— A ver, pero que oculte cosas no quiere decir que tenga que dejar que le hagas daño. Además, no me debe nada —Vlad sacó una segunda Pokéball. Sabía que Lucario estaba en desventaja de tipos y si recibía un golpe directo de ese fuego fantasmal, el combate terminaría mal—. ¡Snorlax, necesitamos un muro! ¡Usa Cuerpo Pesado!
La enorme figura de Snorlax se materializó justo encima de la acción. Ceruledge, viéndose a punto de ser aplastado por media tonelada de Pokémon, se vio obligado a romper el bloqueo con Lucario y retroceder a una velocidad vertiginosa hacia un tejado bajo.
Snorlax aterrizó, haciendo temblar toda la plazoleta y bostezando inmediatamente después.
—Dedenne, quédate con ellas y con Victini. Gardevoir está en reserva por si las cosas se ponen feas —ordenó Vlad, secándose el sudor de la frente. Ahora tenía a Lucario flanqueando por la izquierda y a Snorlax sirviendo de barrera frontal—. Muy bien, caballero parlanchín. Ahora estamos en igualdad de condiciones. ¿Quieres seguir bailando o vas a explicarnos qué demonios está pasando aquí?
Ceruledge observó a los dos Pokémon y luego a Vlad. Su postura se relajó levemente, no por rendición, sino por cambio de estrategia.
—Igualdad... —repitió la voz en la mente de Vlad con un tono de burla amarga—. Humanos y sus ilusiones. Bien. Si desean caer junto a ella, que así sea.
El fuego de sus armaduras creció, convirtiendo la neblina de la noche en vapor hirviendo.