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Las alas incandescentes de **Garudamon X** cortaron el cielo del Mundo Digital con un destello rojizo. Descendió con una elegancia letal, y el impacto de sus garras al aterrizar hizo temblar el suelo como si el mismísimo sol se hubiera incrustado en la tierra.
Frente a ellos se extendía un terreno amplio y despejado. El paisaje estaba compuesto por una planicie de datos comprimidos, donde la vegetación era mínima y las texturas oscilaban entre un verde mate y un beige arenoso. El viento levantaba ligeras ráfagas de código polvoriento, y la única estructura visible era una **caseta de color azul cielo**, rectangular, con ventanales de cristal digital rotos por uno de sus lados. El cartel encima, apenas legible, decía:
**"Dojo Vocal-Mental del Maestro Delfín"**
Tailmon descendió del lomo de Lara con la suavidad de una hoja de papel.
—Este es el sitio —dijo con voz baja, mirando alrededor con ojos entrecerrados—. Aquí entrenaba Angel… Aquí es donde aprendió a modular su voz con las emociones, a controlar la resonancia de su digivice. Esta caseta era donde descansaba, comía, y escuchaba grabaciones de las Angewomon del pasado.
Jorge descendió también, ayudando a Hawkmon a bajar con cuidado.
—¿Está vacía? —preguntó Hawkmon, curioso.
—No hay señales de datos activos en la estructura —murmuró Tailmon—. Pero... algo no cuadra.
Como si el destino respondiera a su sospecha, una **explosión** retumbó en la distancia. Desde la ladera norte del solar, emergieron dos figuras con un estruendo furioso. **Los BioHybrid** habían llegado.
El primero en avanzar fue un ser de **cuatro brazos musculosos**, envuelto en una niebla ardiente que se disipaba con cada paso. Su rostro parecía tallado con ira pura, los ojos inyectados en un rojo fulminante. Cada uno de sus puños estaba envuelto en **llamas vivas**, y su pecho irradiaba una energía caótica.
—**BioAsuramon**, sin duda —gruñó Tailmon, tensando el cuerpo.
El segundo emergió como una montaña ambulante. Un Digimon biomecánico con el cuerpo blindado de un dinosaurio, cubierto por una armadura de tonos verdosos y metálicos. La espalda estaba adornada con **docenas de púas** que parecían lanzamisiles prehistóricos, girando con sonidos mecánicos.
—Y ese es… —murmuró Jorge, retrocediendo—. BioStegomon.
El primero en atacar fue el más iracundo.
—¡¡RAAAAH!! —gritó **BioAsuramon**, lanzándose en una embestida directa hacia **Garudamon X**. Su cuerpo ardía, y cada puñetazo prendía el aire con su furia. Lara reaccionó al instante, alzando el vuelo de nuevo para evitar el impacto directo, pero una de las llamaradas rozó su ala izquierda, forzándola a girar bruscamente.
—¡Lara, cuidado! —gritó Jorge desde el suelo.
—¡Estoy bien! ¡Este cretino me recuerda a un horno descontrolado! —respondió ella, con tono desafiante.
Desde la retaguardia, **BioStegomon** se ancló a la tierra con sus enormes patas. Un chirrido metálico retumbó por todo el campo. Las púas de su espalda comenzaron a brillar, y antes de que nadie pudiera reaccionar, disparó una ráfaga de **espinas afiladas** como balas a presión.
—¡Jorge! —gritó Tailmon, empujándolo hacia un lateral mientras las púas impactaban contra la caseta, reventando parte del tejado.
El periodista cayó de bruces, cubriéndose la cabeza. Su digivice cayó a un lado, vibrando con luz naranja.
—¡Tenemos que separarlos! —jadeó Tailmon, girando sobre sí misma—. ¡Tú te ocupas de BioStegomon! ¡Con tu escáner y mi agilidad podemos vencerle!
Jorge asintió, recuperando el aliento. Agarró su digivice con fuerza, y lo deslizó por la interfaz de su **D-Scanner**. Un holograma se proyectó ante él, mostrando las **fibras estructurales** del enemigo: zona blindada, zona flexible… y un pequeño núcleo debajo de la placa dorsal.
—¡Ahí está! ¡Tiene un punto ciego entre la armadura del cuello y la del lomo! —gritó Jorge.
—¡Perfecto! Distráelo, yo entraré en acción.
BioStegomon rugió, sus ojos brillando de furia. Se giró hacia ellos, cargando otra ráfaga de púas. Pero antes de disparar, Jorge levantó su digivice como si portara un espejo.
—¡Scan Breaker, vamos!
Una luz densa surgió del digivice, proyectando una onda de distorsión directa a los ojos del BioHybrid. El Digimon rugió, cegado, retrocediendo.
—¡Ahora, Tailmon!
La felina se lanzó como un destello blanco. Saltó entre las púas del lomo, esquivándolas con elegancia felina. Corrió por la espalda del Digimon, canalizando su energía en las zarpas.
—**¡CAT’S EYE STRIKE!**
El impacto fue certero, justo en el punto señalado por Jorge. Una explosión de datos saltó del cuello de BioStegomon, y el coloso cayó de lado, retorciéndose, con las espinas soltando chispazos inestables.
Mientras tanto, el enfrentamiento entre **Garudamon X** y **BioAsuramon** alcanzaba su clímax.
Las llamas del rival se extendían en círculos, pero Lara no cedía. Elevándose varios metros por encima del campo, se dejó caer con todo su peso, trazando una espiral descendente con sus alas extendidas. Asuramon levantó sus cuatro brazos, intentando detenerla… pero fue inútil.
—**¡FÉNIX DESTRUCTIVE DIVE!**
El impacto fue brutal. La figura colosal de Garudamon X cayó como un cometa ardiente, aplastando a BioAsuramon contra el suelo. Una explosión ensordecedora resonó en todo el campo, seguida de un silencio ominoso.
Cuando el polvo se disipó, Lara se erguía en el centro del cráter, jadeando, el plumaje chamuscado en algunas partes. Bajo ella, los brazos de BioAsuramon sobresalían del suelo, sin moverse.
—Demasiado calor para ti, ¿eh? —murmuró, satisfecha.
Jorge corrió hacia ella, con Tailmon y Hawkmon detrás.
—¡¿Estás bien?! —gritó.
—Sí… sólo necesito… un baño helado… y tres litros de zumo de cactus —jadeó Lara.
—¡Dos BioHybrid menos! —dijo Hawkmon—. ¡Y lo hicimos sin refuerzos!
Pero justo cuando creían haber ganado algo de respiro, **Tailmon se detuvo en seco**. Sus orejas temblaban.
—¿Qué pasa? —preguntó Jorge.
Tailmon alzó la vista hacia la caseta, ahora parcialmente destruida.
—No estamos solos aún. Hay alguien… **dentro**.
Silencio.
Un quejido.
Una voz, suave y apenas audible, se filtró a través del cristal roto.
—...Jorge… ¿Tailmon? ¿Sois… vosotros?
Era **Angel**.
Frente a ellos se extendía un terreno amplio y despejado. El paisaje estaba compuesto por una planicie de datos comprimidos, donde la vegetación era mínima y las texturas oscilaban entre un verde mate y un beige arenoso. El viento levantaba ligeras ráfagas de código polvoriento, y la única estructura visible era una **caseta de color azul cielo**, rectangular, con ventanales de cristal digital rotos por uno de sus lados. El cartel encima, apenas legible, decía:
**"Dojo Vocal-Mental del Maestro Delfín"**
Tailmon descendió del lomo de Lara con la suavidad de una hoja de papel.
—Este es el sitio —dijo con voz baja, mirando alrededor con ojos entrecerrados—. Aquí entrenaba Angel… Aquí es donde aprendió a modular su voz con las emociones, a controlar la resonancia de su digivice. Esta caseta era donde descansaba, comía, y escuchaba grabaciones de las Angewomon del pasado.
Jorge descendió también, ayudando a Hawkmon a bajar con cuidado.
—¿Está vacía? —preguntó Hawkmon, curioso.
—No hay señales de datos activos en la estructura —murmuró Tailmon—. Pero... algo no cuadra.
Como si el destino respondiera a su sospecha, una **explosión** retumbó en la distancia. Desde la ladera norte del solar, emergieron dos figuras con un estruendo furioso. **Los BioHybrid** habían llegado.
El primero en avanzar fue un ser de **cuatro brazos musculosos**, envuelto en una niebla ardiente que se disipaba con cada paso. Su rostro parecía tallado con ira pura, los ojos inyectados en un rojo fulminante. Cada uno de sus puños estaba envuelto en **llamas vivas**, y su pecho irradiaba una energía caótica.
—**BioAsuramon**, sin duda —gruñó Tailmon, tensando el cuerpo.
El segundo emergió como una montaña ambulante. Un Digimon biomecánico con el cuerpo blindado de un dinosaurio, cubierto por una armadura de tonos verdosos y metálicos. La espalda estaba adornada con **docenas de púas** que parecían lanzamisiles prehistóricos, girando con sonidos mecánicos.
—Y ese es… —murmuró Jorge, retrocediendo—. BioStegomon.
El primero en atacar fue el más iracundo.
—¡¡RAAAAH!! —gritó **BioAsuramon**, lanzándose en una embestida directa hacia **Garudamon X**. Su cuerpo ardía, y cada puñetazo prendía el aire con su furia. Lara reaccionó al instante, alzando el vuelo de nuevo para evitar el impacto directo, pero una de las llamaradas rozó su ala izquierda, forzándola a girar bruscamente.
—¡Lara, cuidado! —gritó Jorge desde el suelo.
—¡Estoy bien! ¡Este cretino me recuerda a un horno descontrolado! —respondió ella, con tono desafiante.
Desde la retaguardia, **BioStegomon** se ancló a la tierra con sus enormes patas. Un chirrido metálico retumbó por todo el campo. Las púas de su espalda comenzaron a brillar, y antes de que nadie pudiera reaccionar, disparó una ráfaga de **espinas afiladas** como balas a presión.
—¡Jorge! —gritó Tailmon, empujándolo hacia un lateral mientras las púas impactaban contra la caseta, reventando parte del tejado.
El periodista cayó de bruces, cubriéndose la cabeza. Su digivice cayó a un lado, vibrando con luz naranja.
—¡Tenemos que separarlos! —jadeó Tailmon, girando sobre sí misma—. ¡Tú te ocupas de BioStegomon! ¡Con tu escáner y mi agilidad podemos vencerle!
Jorge asintió, recuperando el aliento. Agarró su digivice con fuerza, y lo deslizó por la interfaz de su **D-Scanner**. Un holograma se proyectó ante él, mostrando las **fibras estructurales** del enemigo: zona blindada, zona flexible… y un pequeño núcleo debajo de la placa dorsal.
—¡Ahí está! ¡Tiene un punto ciego entre la armadura del cuello y la del lomo! —gritó Jorge.
—¡Perfecto! Distráelo, yo entraré en acción.
BioStegomon rugió, sus ojos brillando de furia. Se giró hacia ellos, cargando otra ráfaga de púas. Pero antes de disparar, Jorge levantó su digivice como si portara un espejo.
—¡Scan Breaker, vamos!
Una luz densa surgió del digivice, proyectando una onda de distorsión directa a los ojos del BioHybrid. El Digimon rugió, cegado, retrocediendo.
—¡Ahora, Tailmon!
La felina se lanzó como un destello blanco. Saltó entre las púas del lomo, esquivándolas con elegancia felina. Corrió por la espalda del Digimon, canalizando su energía en las zarpas.
—**¡CAT’S EYE STRIKE!**
El impacto fue certero, justo en el punto señalado por Jorge. Una explosión de datos saltó del cuello de BioStegomon, y el coloso cayó de lado, retorciéndose, con las espinas soltando chispazos inestables.
Mientras tanto, el enfrentamiento entre **Garudamon X** y **BioAsuramon** alcanzaba su clímax.
Las llamas del rival se extendían en círculos, pero Lara no cedía. Elevándose varios metros por encima del campo, se dejó caer con todo su peso, trazando una espiral descendente con sus alas extendidas. Asuramon levantó sus cuatro brazos, intentando detenerla… pero fue inútil.
—**¡FÉNIX DESTRUCTIVE DIVE!**
El impacto fue brutal. La figura colosal de Garudamon X cayó como un cometa ardiente, aplastando a BioAsuramon contra el suelo. Una explosión ensordecedora resonó en todo el campo, seguida de un silencio ominoso.
Cuando el polvo se disipó, Lara se erguía en el centro del cráter, jadeando, el plumaje chamuscado en algunas partes. Bajo ella, los brazos de BioAsuramon sobresalían del suelo, sin moverse.
—Demasiado calor para ti, ¿eh? —murmuró, satisfecha.
Jorge corrió hacia ella, con Tailmon y Hawkmon detrás.
—¡¿Estás bien?! —gritó.
—Sí… sólo necesito… un baño helado… y tres litros de zumo de cactus —jadeó Lara.
—¡Dos BioHybrid menos! —dijo Hawkmon—. ¡Y lo hicimos sin refuerzos!
Pero justo cuando creían haber ganado algo de respiro, **Tailmon se detuvo en seco**. Sus orejas temblaban.
—¿Qué pasa? —preguntó Jorge.
Tailmon alzó la vista hacia la caseta, ahora parcialmente destruida.
—No estamos solos aún. Hay alguien… **dentro**.
Silencio.
Un quejido.
Una voz, suave y apenas audible, se filtró a través del cristal roto.
—...Jorge… ¿Tailmon? ¿Sois… vosotros?
Era **Angel**.