Rango C [Jonah y Jorge]

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"¡Protege el Fuerte!" [C]
NPC involucrado: Ludomon,
Sinopsis: Hay información del avistamiento de un Ludomon, un Digimon perteneciente a una especie recién descubierta, transitando la Montaña de Basura. Al parecer Ludomon está trabajando en un pequeño proyecto de construcción: Un fuerte hecho a base de la chatarra que se puede encontrar por todo el vertedero. ¿Para qué construye un fuerte? No sabemos. ¿Que hará cuando lo termine? ¡Protegerlo, claro! ¿De qué o quién lo va a proteger? Tampoco sabemos. ¿Importa? ¡Claro que no, los fuertes son divertidos! Ludomon busca ayudantes que le permitan terminar el fuerte y luego lo protejan de... lo que sea que va a atacarlo, Escenario: Montaña de Basura, Objetivos:, Ayudar a Ludomon a construir el fuerte Proteger el Fuerte de los atacantes y a Ludomon
Notas:,
Construir el fuerte requerirá de mover chatarra pesada y apilarla, una labor árdua que requiere cautela. Tengan cuidado de no causar derrumbes o ser sepultados entre la basura Ludomon no ha dado información sobre qué o quién planea atacar el fuerte que está construyendo, solo que es algo que él (un Child) no podría enfrentar solo. Se cree que se trate de rufianes o de un Digimon habitante de la basura, aunque tampoco podemos descartar que se trate de un juego que están tomando muy en serio. Aunque el fuerte no sea importante, la especie de Ludomon si lo es. Existe la posibilidad que alguien más lo haya visto y aproveche que está distraído con la construcción para capturarlo

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El cuartel de Caliburn de la Isla File estaba en silencio cuando Jorge empujó la puerta y entró.

No era un silencio absoluto —los sistemas básicos seguían activos, algún monitor parpadeaba con luz tenue y el zumbido constante de la infraestructura digital seguía ahí—, pero sí era un silencio distinto. Más amplio. Más evidente. El tipo de silencio que solo se hacía presente cuando faltaban voces conocidas.

Jorge cerró tras de sí con cuidado, casi por costumbre, y dejó escapar un suspiro que no supo muy bien en qué punto del camino se le había formado en el pecho. Aflojó el nudo de su abrigo y avanzó unos pasos, mirando alrededor con una mezcla de familiaridad y ligera incomodidad. Aquella noche, el cuartel parecía más grande de lo normal.

No estaban los otros miembros de Caliburn.
No había risas lejanas, ni discusiones técnicas elevando el tono, ni Digimon moviéndose de un lado a otro ocupando demasiado espacio. Solo quedaban ellos tres.

—Volviste —dijo una voz desde el interior.

Jorge alzó la vista.

Lara estaba cerca de una de las mesas de trabajo, fingiendo revisar un montón de piezas que claramente ya había ordenado al menos dos veces. Sus alas se agitaban de forma irregular, demasiado rápido para alguien que pretendía parecer tranquila. Tenía la cabeza ligeramente ladeada, como si llevara rato esperando el sonido de la puerta.

Más atrás, cerca de una pared, Cassy observaba la escena en silencio. Tailmon estaba sentada con las piernas recogidas, con su cola balanceándose despacio, rítmica, como un metrónomo. No había sorpresa en su expresión. Ni reproche. Solo una atención serena, calculada.

Jorge tardó apenas un segundo en entenderlo.

No era casualidad que estuvieran allí.
Y tampoco era casualidad que no estuvieran haciendo nada realmente importante.

—Sí —respondió él, con un tono neutro—. Se me hizo un poco tarde.

Dejó el abrigo sobre una silla y caminó hacia el centro de la estancia. El eco suave de sus pasos parecía amplificarse por la falta de actividad. Notó entonces que Lara había dejado de fingir concentración y lo miraba de reojo, como si evaluara el momento exacto para hablar… o como si ya lo hubiera ensayado varias veces en su cabeza.

Cassy, por su parte, no se movió. Sus ojos azules seguían cada gesto de Jorge con calma, atentos pero sin invadir. Si Lara era un nervio a punto de saltar, Cassy era el ancla que mantenía la escena estable.

—Pensamos que… —empezó Lara, deteniéndose a mitad de frase—. Bueno, como no estabas y los demás tampoco…

No terminó la idea. No hizo falta. El narrador dejaba claro lo que ninguno decía en voz alta: el cuartel estaba vacío porque el resto de Caliburn no estaba. Y ellas dos habían decidido quedarse.

Jorge asintió despacio, como si aceptara una explicación que en realidad no había sido formulada del todo.

—Ha sido un día largo —comentó, más para sí mismo que para ellas.

Lara batió las alas una vez, breve, y retomó su falsa tarea con los restos de chatarra sobre la mesa. El sonido metálico fue innecesariamente fuerte en aquel ambiente callado. Cassy ladeó ligeramente la cabeza, observando a la halcón con una paciencia que rozaba la resignación.

El periodista caminó hasta apoyarse cerca de la consola central. Desde allí, la disposición del cuartel resultaba clara: demasiado espacio libre, demasiadas sombras suaves proyectadas por luces de bajo consumo. Aquello no era solo la ausencia de personas; era la ausencia de movimiento, de propósito inmediato.

Y, sin embargo, sentía las miradas.

Lara había estado esperando. Eso era evidente. No solo por cómo se había quedado despierta, sino por cómo sus alas se tensaban cada vez que Jorge se movía, como si temiera perder el momento adecuado. Cassy también lo sabía. Y había decidido no intervenir… al menos no todavía.

El silencio se estiró unos segundos más. No era incómodo aún, pero iba camino de serlo.

Jorge se pasó una mano por la nuca, consciente de que aquella calma no iba a durar demasiado. El cuartel de Caliburn rara vez se quedaba callado por mucho tiempo cuando Lara tenía algo en la cabeza. Y Cassy, aunque no lo demostrara, ya estaba evaluando cuánto iba a permitir que aquello avanzara sin poner un límite.

El silencio no duró mucho.

Lara fue la primera en romperlo, como casi siempre ocurría cuando algo le rondaba demasiado tiempo la cabeza. Se giró hacia Jorge con un movimiento que intentaba parecer natural, pero que delataba una energía contenida difícil de disimular.

—Y… —empezó, alargando la vocal mientras se acomodaba una pluma del ala— ¿cómo fue la cena?

El tono era ligero. Demasiado ligero. De esos que pretenden sonar casuales, como si la pregunta hubiese surgido de la nada, sin importancia alguna. Pero Lara no sabía fingir desinterés cuando algo realmente le importaba, y Jorge, aunque no siempre captara todas las señales, reconoció esa cadencia nerviosa en su voz.

—Bien —respondió él tras una breve pausa—. Tranquila. Nada fuera de lo normal.

No añadió más. No mencionó risas, ni conversaciones largas, ni detalles que pudieran alimentar una curiosidad que ya de por sí parecía ir un paso por delante. Se limitó a encogerse de hombros y a apoyar el peso del cuerpo de forma más cómoda, como si el asunto quedara ahí.

Lara parpadeó una vez. Solo una.

Pero fue suficiente para que Cassy lo notara.

Tailmon, que hasta ese momento había permanecido en silencio, observaba la escena con atención desde su lugar. Sus ojos se estrecharon apenas un grado cuando Lara dio un pequeño paso más cerca, como si estuviera a punto de preguntar algo adicional y se contuviera en el último segundo.

Cassy entendía perfectamente lo que estaba pasando. No era curiosidad inocente. No era solo interés amistoso. Era insistencia. Y, aunque no le gustaba, decidió no intervenir.

Su cola se detuvo un instante antes de retomar su balanceo lento. Cassy cruzó los brazos con suavidad, sin tensión visible, pero en su expresión había una sombra de desaprobación contenida. No hacia Jorge, sino hacia la halcón. Lara llevaba rato orbitando alrededor de una idea que no terminaba de verbalizar, y Cassy podía sentir cómo ese ir y venir comenzaba a rozar el límite de lo incómodo.

Aun así, permaneció al margen.

No porque no le importara. Sino porque sabía que intervenir en ese momento solo añadiría fricción innecesaria. Ya había aprendido que batallas luchar contra Lara.

Jorge, por su parte, no parecía incómodo. O, al menos, no lo suficiente como para reaccionar. Contestó con la naturalidad de quien no cree estar diciendo nada comprometedor, ajeno —como tantas otras veces— a las capas de lectura que otros podían encontrar en sus palabras.

—Me alegro —dijo Lara al fin, con una sonrisa que se armó un segundo tarde—. Digo… que haya sido tranquila.

Sus alas se plegaron un poco más de lo habitual, y dio medio giro, fingiendo interés por otro punto del cuartel. El gesto era revelador: había preguntado lo que necesitaba, pero no había obtenido la respuesta que buscaba.

Cassy la observó de reojo.

Sabía que Lara estaba forzando el ritmo. Sabía también que Jorge no siempre era bueno poniendo límites claros, no por falta de carácter, sino porque tendía a asumir que todo se decía con la misma intención con la que él hablaba: directa, simple, sin dobles fondos.

Aun así, Cassy confió. Confió en que, llegado el momento, Jorge sabría marcar la distancia necesaria. O, al menos, en que aprendería a hacerlo. Era algo que ella misma se lamentaba mucho de no hacer, con su antiguo tamer. Agradecía no tener que hacerlo con Jorge, pero ello no quitaba para que la dinámica entre los tres fuera complicada.

Por ahora, se limitó a seguir observando, en silencio, dejando que la conversación avanzara sola, consciente de que aquella pregunta aparentemente inocente era solo el inicio de algo más.

Lara no tardó en volver a la carga.

—Quiero decir… —añadió, como quien recuerda algo de pronto—, no es que salgas a cenar todos los días con Jonah, ¿no?

El comentario cayó con una ligereza ensayada, pero la intención era clara. Lara se apoyó en una mesa cercana, cruzando una pierna sobre la otra, fingiendo una postura relajada que no terminaba de encajar con el brillo atento de sus ojos.

—Supongo que no fue solo una cena cualquiera —remató, encogiéndose de alas—. Con él nunca lo es. Ya viste como terminó el café que nunca llegó.

Jorge levantó ligeramente la cabeza, sorprendido más por el énfasis que por el contenido.

—Bueno… —dijo tras pensarlo un segundo—, fue una cena para celebrar que la misión salió bien. Nada más.

Su respuesta fue honesta. Y, como tantas veces, insuficiente para desactivar lo que realmente flotaba en el ambiente.

Cassy alzó la mirada entonces. No habló. No hizo falta.

Sus ojos se clavaron en Lara con una claridad casi incómoda, una advertencia silenciosa que no dejaba lugar a interpretaciones: basta. La molestia no era explosiva ni abierta, sino medida, contenida… precisamente por eso más evidente. Cassy no protegía a Jorge de Lara; protegía al grupo de una tensión innecesaria que empezaba a filtrarse por una grieta mal cerrada.

Lara captó la mirada al instante.

Se tensó apenas un segundo, lo justo para delatar que había entendido el mensaje. Pero no se disculpó. Nunca lo hacía cuando sentía que no había cruzado una línea explícita. En su lugar, soltó el aire despacio y dejó caer las alas con un gesto más comedido.

—En fin —dijo, cambiando el peso de un pie al otro—. Me alegra que haya salido bien. Jonah puede ser… intenso.

Una sonrisa ladeada acompañó el comentario, esta vez menos punzante, más cercana a la broma compartida que a la insinuación. El tema había girado, no por rendición, sino por estrategia.

Jorge, ajeno a la mayor parte de ese intercambio silencioso, asintió.

—Sí —respondió—. Pero es buen chico. Tiene iniciativa.

No había notado la advertencia de Cassy ni la retirada calculada de Lara. Para él, la conversación seguía siendo una charla normal, sin subtextos ni pulsos ocultos. Su mente estaba aún en otro lugar, en el cansancio acumulado del día y en la tranquilidad momentánea de estar de vuelta en un espacio seguro.

Cassy relajó apenas la postura cuando Lara dio por cerrado el comentario. No sonrió, pero la tensión en sus hombros disminuyó un grado. Había cumplido su función sin decir una sola palabra.

Lara, por su parte, mantuvo el nuevo rumbo de la charla sin volver atrás. Había empujado un poco más de lo prudente, lo sabía, pero también había medido hasta dónde podía hacerlo sin romper nada.

Y Jorge… Jorge seguía sin entender del todo qué acababa de esquivar.

Lara fue quien rompió el pequeño silencio que se había instalado después del cambio de tema.

—Oye, Jorge… —dijo, estirando las alas con aparente despreocupación—. Estaba pensando que quizá no sería mala idea tomar otra misión pronto, aunque sea una D o una C tontorrona.

El periodista alzó la vista hacia ella, sorprendido. No tanto por la propuesta en sí —las misiones formaban parte de su rutina—, sino por el momento en que llegaba. Acababan de cerrar una quest particularmente enrevesada, y el cansancio todavía se notaba en el ambiente.

—¿Otra ya? —preguntó, sin reproche—. Pensé que querrías algo más… intenso, después de todo lo que pasó.

Lara negó con la cabeza casi de inmediato.

—No necesariamente —respondió—. Algo sencillo estaría bien. Nada que requiera a todo Caliburn movilizado, ni que nos meta en un lío innecesario.

Mientras hablaba, caminó unos pasos por el cuartel, observando la ausencia evidente del resto del equipo: puestos vacíos, herramientas sin usar, el eco de un lugar que solía estar mucho más vivo. Su tono era razonable, incluso prudente.

—Además —añadió, como quien recuerda un detalle secundario—, podríamos invitar otra vez a Jonah y a Reed. Funcionaron bien con nosotros la última vez, ¿no?

La forma en que lo dijo fue ligera, casi casual. Como si el nombre de Jonah no tuviera más peso que cualquier otro aliado ocasional. Como si no hubiera insistido tanto en la conversación previa.

Jorge se quedó pensativo.

—No te apetece algo más grande, entonces —dijo—. Algo que nos saque un poco de la rutina.

—Ahora mismo, no —contestó Lara sin dudar—. Con medio equipo fuera, no sería lo más inteligente. Ya habrá tiempo para lo espectacular cuando estemos todos.

Cassy, que había permanecido en silencio hasta entonces, observó a Lara con atención. No intervino. La explicación era sólida, lógica, difícil de refutar. Incluso sensata viniendo de alguien que solía buscar el riesgo con entusiasmo.

Y sin embargo, Lara dejaba claro lo que Cassy sí alcanzaba a intuir.

La excusa era válida… pero incompleta.

Lara no mentía, pero tampoco decía toda la verdad. Había algo más empujando esa propuesta: una necesidad menos práctica y más personal, un deseo de mantener cierto equilibrio antes de que algo —o alguien— volviera a descolocarlo.

Jorge asintió despacio, aceptando la lógica de sus palabras sin cuestionarlas.

—Está bien —dijo al fin—. Buscaremos algo tranquilo.

Lara sonrió, satisfecha, aunque no del todo por las razones que acababa de exponer.

[...]

Pasaron un par de días.

No ocurrió nada extraordinario durante ese tiempo, y quizá por eso mismo el cuartel de Caliburn se sintió distinto. Las jornadas transcurrieron entre pequeñas rutinas: informes a medio redactar, mantenimiento básico del equipo, conversaciones breves que no terminaban de cuajar en algo más profundo. Sin el resto de miembros, el lugar parecía vivir en un estado de pausa controlada, como si estuviera conteniendo el aliento. Eran los únicos que no habían ascendido a élite aún. Les quedaba poco, pero ello les había impedido ir a la misión.

Jorge retomó su ritmo habitual con la disciplina que lo caracterizaba. Revisó tablones de encargos, ordenó archivos, cruzó un par de mensajes con la Central. Pero, de forma inevitable, su mente regresaba una y otra vez a la conversación con Lara.

No era la propuesta en sí lo que le daba vueltas —tomar una misión sencilla era perfectamente razonable—, sino el momento y la forma. Lara rara vez pedía bajar el ritmo sin una razón clara. Que lo hiciera ahora, y además sugiriendo aliados concretos, era… inusual. Hawkmon era quién más ansiaba el ascenso. Velázquez no quería ir con prisas: no quería forzar a Cassy a tomar misiones demasiado arriesgadas. Apenas habían hecho una B como trío y, pese a terminar bien, le hizo sentir que ninguno de los tres estaba preparado aún para el ascenso.

Sin embargo, había algo en la propuesta de su compañera que le mosqueaba. No llegó a ponerle nombre a esa sensación. Simplemente la dejó reposar, como hacía con muchas otras cosas que prefería no analizar demasiado.

Cassy, por su parte, parecía más relajada que la noche anterior. Observaba a Jorge desde la distancia, sin la tensión contenida que había marcado su actitud durante la conversación con Lara. No había intervenido entonces, y no lo lamentaba ahora. Confiaba en que el tiempo, como casi siempre, se encargaría de suavizar los bordes.

Cuando Lara cruzaba el cuartel con su energía habitual, Cassy la seguía con la mirada un instante más de lo necesario, evaluando sin juzgar. No detectaba urgencia, ni conflicto inminente. Solo un movimiento lento, casi imperceptible, en la dinámica del grupo.

Y eso, para ella, era suficiente por ahora.

La puerta del cuartel se abrió con un sonido seco, reconocible incluso antes de que la figura que la empujaba terminara de cruzar el umbral.

—¡Hey! —la voz llegó primero, cargada de esa energía despreocupada que parecía desafiar cualquier intento de solemnidad—. ¿Se puede o el cuartel está en modo "solo Experts serios"?

Jorge alzó la vista desde el terminal que estaba revisando y, durante un segundo, su expresión fue la de quien necesita ajustar el contexto antes de aceptar la escena. Luego relajó los hombros.

Jonah estaba allí, apoyado con demasiada confianza en el marco de la puerta, como si nunca hubiera pasado un solo día desde la última vez que apareció sin previo aviso. Vestía igual que siempre, con esa mezcla de descuido y comodidad que parecía ser parte de su identidad como Tamer. A su lado, un paso más atrás, Reed observaba el interior del cuartel con atención silenciosa, registrando cada detalle como si se tratara de un entorno que debía evaluar antes de darlo por seguro.

—Supongo que sí —respondió Jorge al final—. Mientras no vengas a traer problemas.

—Prometo que hoy solo traigo… —Jonah hizo un gesto vago con la mano— buenas intenciones. Y quizá algo de curiosidad.

Reed inclinó levemente la cabeza a modo de saludo.

—Buenas tardes, Jorge. Cassy. Lara.

Su tono era el mismo de siempre: correcto, medido, sin una sola sílaba de más. A diferencia de su Tamer, no parecía alguien que llegara a un lugar sin saber exactamente por qué estaba allí.

Lara fue la primera en reaccionar. Sus alas se agitaron apenas un poco, gesto mínimo pero revelador, y una sonrisa ladeada se dibujó en su rostro.

—Vaya —comentó—. Pensé que tardarían más en aburrirse de la tranquilidad.

—Nos duró lo justo —replicó Jonah sin perder la sonrisa—. Dos días sin meternos en nada raro es mi límite personal.

Cassy los observó desde su lugar, sin levantarse. No había hostilidad en su postura, pero tampoco la familiaridad inmediata que Lara mostraba. Sus ojos dorados se detuvieron primero en Jonah y luego en Reed, evaluando. Al final, asintió con un gesto breve.

—Llegan sin aviso —dijo, más como constatación que como reproche.

—Es parte del encanto —respondió Jonah, encogiéndose de hombros—. Además, Reed insistió en que era mejor no interrumpir… demasiado.

—Consideré apropiado no llegar sin un propósito claro —aclaró Reed—. Entendemos que el cuartel no siempre está abierto a visitas improvisadas.

Jorge cerró el terminal y se levantó, adoptando esa postura suya que equilibraba cortesía y autoridad sin esfuerzo consciente.

—Entonces supongo que no vienen solo a saludar.

Jonah intercambió una mirada rápida con su compañero. No era una conspiración, pero sí una confirmación silenciosa.

—Digamos que… —empezó— nos preguntábamos si había algo en lo que pudiéramos echar una mano.

Lara no dijo nada, pero la satisfacción era evidente en la forma en que se acomodó, como si aquella llegada confirmara algo que ya había previsto. Cassy, en cambio, permaneció atenta, sin intervenir todavía. No los rechazaba, pero tampoco se apresuraba a dar por sentado el reencuentro.

Jorge los miró a ambos durante un segundo más, calibrando la escena.

No era una visita casual. Y todos, de una forma u otra, parecían saberlo.

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