Rango D "Engranes" [Sung Hae-In & Meok-Bo] Mission Accomplished

Gennai

Eclipse Dynasty Member
"Engranes"


- NPC involucrado: -
- Sinopsis: A medida que continúan las investigaciones sobre el misterioso engrane negro que apareció en el Mt. Infinito, los encargados han llegado a una teoría de que el objeto podría estar relacionado de alguna forma con la "Darkness Gear" de los Hagurumon. Solicitan voluntarios que recolecten muestras de la técnica de los Childs máquinas, y las entregue al Andromon del Pueblo Industrial
- Escenario: Pueblo Industrial
- Objetivos:
  • Encontrar a al menos tres Hagurumon y obtener una muestra de su técnica "Darkness Gear"
  • Entregar los engranes a Andromon en su laboratorio
- Notas
  • Algunos Hagurumon pueden mostrarse renuentes a dar una "muestra" de su técnica.
  • Las Darkness Gear no son nocivas al tacto para los humanos o los Digimon una vez fallan su objetivo
  • Deben apresurarse, normalmente los engranes se desintegran entre una y tres horas después de ser creados
Tamer: Sung Hae-In

 
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Gennai

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El tablero de Quests de File City tenía el mismo movimiento constante de todos los días.

Tamers recién llegados se reunían frente a las solicitudes de rango bajo, algunos revisando recompensas, otros preguntando por la distancia del trayecto y unos cuantos eligiendo misiones solo porque sonaban menos peligrosas que internarse demasiado en el Bosque Inquebrantable. Había grupos pequeños discutiendo si era mejor ayudar en la Academia, entregar objetos o aceptar algún encargo de exploración; otros simplemente tomaban la primera Quest disponible, todavía con esa mezcla de entusiasmo e inseguridad propia de quienes apenas empezaban a entender las reglas del Digital World.

Sung Hae-In no miraba el tablero como ellos. Para ella, cada Quest era una herramienta. No importaba si el encargo parecía menor, incómodo o poco llamativo. Cada misión cumplida significaba avance de rango, cada avance de rango significaba acceso a nuevas rutas, cada ruta nueva podía convertirse en una fuente de información. Y cualquier información, por mínima que fuera, podía acercarla a Ryuuma.

Meok Bo permanecía a su lado, mirando el tablero con una concentración exagerada. Sus ojos seguían los textos digitales como si intentara descifrar un misterio demasiado grande para su paciencia.

—Meok Bo lee —dijo Arkadimon, acercando el rostro peligrosamente a una de las solicitudes.

Sung bajó la mirada hacia él y colocó una mano sobre su cabeza antes de que se acercara más.

—No estás leyendo —respondió, apartándolo con calma.

—Meok Bo intentar leer —insistió él, abriendo un poco la boca como si el tablero pudiera explicarse mejor de otra manera.

Sung lo sujetó de la parte superior de la cabeza y lo giró suavemente hacia ella.

—Leer no se hace mordiendo el tablero —dijo, con una firmeza tranquila.

Meok Bo cerró la boca de inmediato. Sus hombros bajaron un poco, como si aquella regla le pareciera injustamente específica.

—Entonces leer difícil —murmuró, rascándose la mejilla con una garra.

Sung volvió la vista al tablero sin responder. Sus ojos recorrieron varias solicitudes, descartando las que no aportaban movimiento útil, contactos relevantes o posibilidades de información. Una Quest dentro de File City podía ser segura, pero demasiado limitada. Una misión de simple cuidado no le daría acceso a rutas nuevas. Un encargo de entrega podía servir, pero solo si la llevaba a alguien con datos útiles.

Entonces sus ojos se detuvieron en una solicitud concreta.

Engranes.

El título no era llamativo, pero la descripción sí. La Quest hablaba de investigaciones sobre un misterioso engrane negro que había aparecido en el Mt. Infinito. Los encargados habían desarrollado la teoría de que aquel objeto podía estar relacionado con la técnica Darkness Gear de los Hagurumon, por lo que solicitaban voluntarios capaces de viajar al Pueblo Industrial, obtener al menos tres muestras de dicha técnica y entregarlas a Andromon en su laboratorio antes de que se desintegraran.

Sung leyó la solicitud una vez, luego una segunda y después una tercera, más despacio.

—Pueblo Industrial, Hagurumon, Darkness Gear, Andromon —murmuró Sung, tomando la Quest del tablero—. Esto puede servir—.

Meok Bo levantó la cabeza con esperanza inmediata.

—¿Servir para comer? —preguntó, moviendo las garras con entusiasmo.

Sung guardó la información en su Digivice y lo miró de reojo.

—No —respondió, cerrando la ventana de la Quest—. Servir para obtener información—.

Meok Bo bajó la mirada hacia su vientre.

—Información no llena estómago —dijo, apretándose el abdomen con ambas garras.

—Pero puede acercarnos a Ryuuma —respondió Sung, endureciendo apenas la voz.

El nombre bastó para que Meok Bo dejara de quejarse.

Aunque Arkadimon no comprendía por completo quién era Ryuuma ni todo lo que significaba para Sung, sí había aprendido que ese nombre tenía un peso especial. Cada vez que ella lo mencionaba, su expresión cambiaba. Su mirada se volvía más afilada, su voz más baja y sus pasos más decididos. Ryuuma no era una simple persona perdida. Era el centro de la búsqueda que la había llevado a moverse por aquel mundo extraño.

Meok Bo se golpeó suavemente el pecho.

—Meok Bo ayudar a buscar Ryuuma —dijo, intentando sonar firme.

Sung lo observó unos segundos. Su expresión siguió siendo seria, aunque su mano permaneció sobre la cabeza de Meok Bo un instante más de lo necesario.

—Entonces escucha bien —dijo, inclinándose ligeramente hacia él—. Esta Quest involucra data oscura. Si ves una Darkness Gear, no la tocas. Si huele extraño, no la comes. Si un Hagurumon se altera, no atacas a menos que yo lo ordene. Y si yo digo que te detengas, te detienes—.

Meok Bo abrió los ojos con atención. Sin embargo, su rostro dejó claro que una parte específica de las instrucciones le preocupaba más que las demás.

—¿Aunque huela rico? —preguntó, apretando las garras contra su pecho.

Sung sostuvo su mirada.

—Especialmente si huele rico —respondió, sin suavizar el tono.

Meok Bo pareció procesar aquella orden como si fuera una carga pesada. Miró el tablero, luego a Sung, luego el camino hacia la salida de File City.

—Meok Bo intentará —dijo, levantando una garra con cautela.

Sung entrecerró los ojos.

—No —corrigió, con voz firme—. Meok Bo obedecerá—.

Arkadimon se enderezó de inmediato, como si aquella diferencia fuera parte de un entrenamiento importante.

—Meok Bo obedecerá —repitió, golpeándose el pecho con más decisión.

Sung asintió una sola vez y comenzó a caminar hacia la salida de File City.

—Bien. Entonces vamos —dijo, revisando la ruta hacia el Pueblo Industrial en su Digivice.

Meok Bo la siguió de cerca, repitiendo las reglas en voz baja mientras avanzaban entre los Tamers de la plaza.

—No comer engranes, no tocar cosas raras, ecuchar a Sung, no comer engranes aunque huelan rico —murmuró, contando con las garras.

Sung lo escuchó sin girarse, pero sus labios se relajaron apenas.

—Empieza por eso —dijo, manteniendo el paso firme.

A cierta distancia, entre el movimiento de Tamers y Digimon, Lunia Arden observó cómo Sung aceptaba la Quest y abandonaba la plaza. Kotemon estaba a su lado, con la espada de bambú apoyada sobre el hombro, atento pero sin hacer ningún intento de acercarse.

—Engranes —dijo Kotemon, siguiendo con la mirada a Sung y Meok Bo—. Darkness Gear, Pueblo Industrial. Una elección curiosa para alguien con un Arkadimon hambriento—.

Lunia no respondió de inmediato. Su mirada permaneció fija en Sung, no en Meok Bo.

—No la eligió al azar —dijo, acomodándose los guantes con lentitud.

Kotemon ladeó la cabeza.

—No parece de las que eligen algo al azar —respondió, apoyando mejor la espada sobre su hombro.

Lunia dio el primer paso sin apartar la vista de Sung y Meok Bo.

—La seguiremos desde lejos —indicó, mezclándose entre el flujo de la plaza.

Kotemon la miró de reojo.

—Desde lejos significa no intervenir, no interrogar, no intimidar y no aparecer dramáticamente con cara de juicio final, ¿correcto? —preguntó, caminando a su lado.

Lunia le lanzó una mirada fría.

—Significa desde lejos —respondió, sin reducir el paso.

Kotemon suspiró.

—Tomaré eso como un "sí" optimista —murmuró, golpeando suavemente la espada contra su hombro.

Sung y Meok Bo cruzaron la salida de File City poco después. Frente a ellos, el camino hacia el Pueblo Industrial se extendía entre rutas transitadas, zonas de trabajo y el rumor lejano de maquinaria. Para muchos, aquella era una Quest sencilla de recolección.

Para Sung, era una oportunidad, para Meok Bo, una prueba de obediencia. Y para quienes observaban desde lejos, una primera respuesta a la pregunta que todavía nadie se atrevía a formular en voz alta: si Arkadimon podía aprender a detenerse antes de convertirse en una amenaza.
 
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Gennai

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El camino hacia el Pueblo Industrial no tardó en cambiar el ambiente alrededor de Sung y Meok Bo.

File City quedó atrás con su ruido amable de Tamers, puestos de comida y encargos recién aceptados. A medida que avanzaban, el sonido de voces fue sustituido por vibraciones mecánicas, golpes de metal, silbidos de vapor y el rumor constante de maquinaria trabajando a lo lejos. El suelo se volvió más firme, con placas metálicas incrustadas en algunos tramos del camino, y las estructuras del Pueblo Industrial comenzaron a levantarse frente a ellos como una masa de tuberías, chimeneas, plataformas y luces intermitentes.

Meok Bo caminaba cerca de Sung, aunque cada cierto tiempo giraba la cabeza hacia algún ruido nuevo.

—Pueblo hacer mucho ruido —dijo Arkadimon, cubriéndose un poco la cabeza con ambas garras.

Sung revisó la ruta en su Digivice sin disminuir el paso.

—No están haciendo ruido, están trabajando —
respondió, guardando el dispositivo después de confirmar la ubicación del laboratorio de Andromon.

Meok Bo miró una columna de vapor que salió de una tubería cercana y retrocedió medio paso.

—Trabajo grita —murmuró, pegándose un poco más a ella.

Sung lo observó de reojo. No parecía asustada por el entorno, pero sí atenta a cada movimiento de su compañero.

—Entonces escucha mi voz por encima de todo —
ordenó, avanzando hacia la entrada principal del Pueblo Industrial—. Si te llamo, vienes. Si te digo que te detengas, te detienes. Si encuentras algo extraño, me lo dices antes de tocarlo—.

Meok Bo asintió con fuerza, aunque sus ojos seguían moviéndose entre las máquinas.

—Meok Bo escucha Sung —dijo, golpeándose el pecho con una garra.

—Bien —
respondió ella, cruzando bajo una estructura elevada por donde varios Digimon máquina transportaban piezas.

El Pueblo Industrial era más grande de lo que parecía desde la distancia. Había zonas de reparación, patios de prueba, depósitos de piezas, líneas de ensamblaje y caminos internos por donde Digimon metálicos se movían con precisión. Algunos miraban a Sung con curiosidad al verla pasar con Arkadimon a su lado; otros simplemente continuaban trabajando, demasiado ocupados como para detenerse.

Meok Bo, sin embargo, llamaba la atención.

Su figura oscura, su expresión torpe y sus movimientos hambrientos contrastaban demasiado con el orden mecánico del lugar. Cada vez que alguno de los Digimon máquina lo miraba más de la cuenta, Sung se colocaba ligeramente delante de él, no como si quisiera esconderlo, sino como si dejara claro que Meok Bo estaba bajo su responsabilidad.

El primer Hagurumon lo encontraron cerca de una banda transportadora detenida. El Digimon máquina estaba revisando el engranaje principal del mecanismo, haciendo girar sus piezas internas con movimientos cortos y exactos. Sus ojos digitales se iluminaron cuando Sung se acercó.

—Solicitud de interacción detectada —dijo Hagurumon, girando lentamente hacia ella.

Sung se detuvo a una distancia prudente y levantó la autorización de la Quest.

—Estoy recolectando muestras de Darkness Gear para Andromon —explicó, mostrando el registro digital frente al Digimon máquina—. Necesito una muestra fallida de tu técnica. No debe impactar contra nadie. Solo debo almacenarla antes de que se desintegre—.

Hagurumon enfocó sus sensores sobre la autorización. Sus engranes internos giraron con un ritmo lento mientras procesaba la información.

—Quest verificada —respondió, inclinando apenas su cuerpo metálico.

Meok Bo levantó una garra con curiosidad.

—¿Hagurumon hace engrane oscuro? —preguntó, asomándose desde detrás de Sung.

Hagurumon giró uno de sus ojos hacia él.

—Acompañante desconocido identificado como observador no registrado —dijo, haciendo una pausa mecánica.

Sung colocó una mano frente a Meok Bo para impedir que avanzara más.

—Mi compañero no intervendrá —dijo, mirando directamente a Hagurumon—. Permanecerá a mi lado mientras yo recojo la muestra—.

Meok Bo se enderezó al escucharla.

—Meok Bo no interviene —repitió, intentando sonar formal.

Hagurumon pareció aceptar la respuesta y giró hacia un muro de prueba cubierto de marcas.

—Cooperación aceptada —dijo, colocándose en posición—. Ejecutando Darkness Gear con trayectoria desviada—.

Los engranes del Digimon máquina comenzaron a girar con mayor velocidad. Una vibración oscura se concentró en su cuerpo y después tomó forma en una rueda dentada de energía negra, compacta y giratoria. La Darkness Gear salió disparada hacia el muro, pero Hagurumon ajustó la trayectoria en el último segundo, haciéndola fallar por poco. Luego el engrane cayó al suelo y siguió girando débilmente, soltando un zumbido irregular.

Meok Bo dio un paso hacia ella.

—Quieto —ordenó Sung, extendiendo una mano sin apartar los ojos del engrane.

Arkadimon se detuvo de golpe. Sus garras quedaron suspendidas frente a su pecho.

—Meok Bo quieto —murmuró, aunque su mirada permaneció fija en la Darkness Gear.

Sung sacó el primer contenedor especial que le fue entregado por la Central y se acercó con cuidado. Esperó a que el engrane perdiera velocidad, activó el dispositivo y lo encerró antes de que comenzara a desintegrarse por completo. La muestra vibró dentro del recipiente con un pulso oscuro y débil.

Muestra uno.

—Muestra obtenida con éxito —dijo Hagurumon, volviendo hacia la banda transportadora—. Tiempo estimado de estabilidad: inferior a tres horas—.

Sung guardó el contenedor en su bolsa con cuidado.

—Gracias por tu cooperación —respondió, inclinando apenas la cabeza.

Meok Bo se acercó a ella, todavía mirando el recipiente.

—Meok Bo no comió —dijo, levantando la mirada hacia Sung con expectativa.

Sung lo observó un segundo.

—Bien hecho —respondió, colocando brevemente una mano sobre su cabeza antes de seguir caminando.

Meok Bo sonrió con orgullo.

—Meok Bo buen compañero —dijo, apretando las garras con entusiasmo.

—Todavía falta —
respondió Sung, avanzando hacia la siguiente zona de trabajo.

El segundo Hagurumon fue más difícil de convencer. Se encontraba en un patio de almacenamiento, moviendo piezas metálicas junto a otros Digimon máquina. A diferencia del primero, apenas escuchó la solicitud, sus engranes comenzaron a girar con un sonido más brusco. No miró la autorización por más de dos segundos antes de apartarse.

—Negativa —dijo Hagurumon, girando el cuerpo hacia un conjunto de cajas metálicas.

Sung mantuvo la autorización levantada.

—La Quest está aprobada por los encargados de investigación —
respondió, sin perder la calma.

—Aprobación externa no obliga a una cooperación individual —contestó Hagurumon, sin volver a mirarla.

Meok Bo se inclinó hacia Sung y bajó la voz, aunque no lo suficiente.

—Hagurumon difícil —
susurró, escondiendo la mitad del rostro detrás de ella.

El Hagurumon giró uno de sus ojos.

—Sistema auditivo funcional. Comentario registrado —dijo, con tono plano.

Meok Bo se encogió un poco.

—Meok Bo susurra mal —
murmuró, mirando al suelo.

Sung no permitió que la distracción rompiera la conversación.

—No buscamos evaluar tu técnica ni registrar tus capacidades individuales —dijo, dando un paso medido hacia el Hagurumon—. La investigación intenta comparar muestras de Darkness Gear con un engrane negro hallado en el Mt. Infinito. Si existe una relación, también podría afectar a Digimon máquina como tú—.

Hagurumon permaneció inmóvil. Sus engranes internos redujeron ligeramente la velocidad.

—Andromon analiza demasiado —respondió, girando apenas hacia ella—. Luego clasifica..., luego registra..., luego otros hacen preguntas—.

Sung sostuvo su mirada sin retroceder.

—Negarte no impedirá que exista una amenaza desconocida —
dijo, bajando un poco la autorización—. Solo reducirá las posibilidades de entenderla a tiempo—.

El Hagurumon guardó silencio. En el patio, otros Digimon máquina continuaron moviendo piezas, aunque algunos miraban de reojo la conversación.

Meok Bo olfateó el aire y frunció ligeramente el rostro.

—Meok Bo huele engranes viejos —
dijo, bajando la voz mientras se pegaba a Sung.

Sung no lo miró, pero levantó dos dedos para indicarle que se mantuviera quieto y Hagurumon enfocó sus sensores en Arkadimon.

—Acompañante permanecerá lejos durante la prueba —dijo, señalándolo.

Sung asintió.

—Cinco metros detrás de mí —ordenó, mirando a Meok Bo por encima del hombro.

Meok Bo comenzó a contar pasos grandes y torpes hacia atrás.

—Uno,... dos,... tres,... cuatro,... cinco —dijo, plantándose en el lugar con excesiva solemnidad.

Hagurumon los condujo hasta un patio de prueba más despejado. Allí, frente a un objetivo metálico, generó una Darkness Gear más pequeña que la anterior. La técnica salió disparada, falló contra la placa de impacto y cayó al suelo con un chisporroteo irregular.

Meok Bo movió una garra.

—Meok Bo —dijo Sung, sin siquiera girarse.

Arkadimon se congeló de inmediato.

—Quieto —se dijo a sí mismo, apretando las garras contra su pecho—. Meok Bo quieto—.

Sung recogió la muestra con rapidez. Esta se degradaba más rápido que la primera; sus bordes parecían romperse en fragmentos de data antes de que el contenedor se cerrara. El dispositivo emitió una señal de advertencia, pero logró estabilizarla a tiempo.

Muestra dos.

Hagurumon se acercó un poco, observando el recipiente con evidente interés técnico.

—Tiempo de degradación acelerado —dijo, enfocando sus sensores en el contenedor—. Comportamiento no completamente estándar—.

Sung miró la muestra.

—¿Puede ocurrir con una Darkness Gear fallida? —
preguntó, guardando el recipiente con más cuidado.

—Posiblemente —respondió Hagurumon, haciendo girar lentamente sus engranes—. Improbable en este margen de tiempo—.

Meok Bo regresó al lado de Sung cuando ella le hizo una señal con la mano.

—Ese olía más fuerte —admitió Arkadimon, mirando el contenedor con culpa.

Sung se detuvo y lo enfrentó.

—Pero no lo tocaste —dijo, colocando una mano sobre su cabeza.

Meok Bo levantó la mirada hacia ella.

—Sung dijo no —respondió, como si esa fuera toda la explicación.

—Y tú obedeciste —dijo Sung, retirando la mano con calma—. Recuerda eso—.

Meok Bo parpadeó.

—¿Recordar hambre? —preguntó, inclinando la cabeza.

—Recordar control —corrigió Sung, reanudando el paso hacia la zona más interna del Pueblo Industrial.

Arkadimon guardó silencio unos segundos mientras caminaba detrás de ella.

—Control difícil —
dijo al final, tocándose el pecho con una garra.

—Por eso se entrena —respondió Sung, sin mirar atrás.

La tercera muestra los llevó a una zona apartada, donde las estructuras del Pueblo Industrial se veían más viejas y las tuberías tenían marcas de desgaste. Allí encontraron a un Hagurumon separado de los demás trabajadores, cerca de un montón de piezas descartadas. Su cuerpo tenía abolladuras pequeñas, y uno de sus engranes externos giraba con una irregularidad visible.

Cuando Sung se acercó, el Digimon máquina retrocedió antes de que ella hablara.

—No —dijo Hagurumon, girando con torpeza hacia las piezas.

Sung se detuvo a varios pasos de distancia.

—Aún no he hecho la solicitud —respondió, bajando lentamente la autorización.

—No usaré Darkness Gear —dijo Hagurumon, ocultándose parcialmente tras una estructura metálica—. No otra vez—.

Meok Bo olfateó el aire. Su expresión cambió.

—Este oler triste —murmuró, acercándose un poco a Sung.

Sung levantó una mano para pedirle silencio.

—¿Qué ocurrió? —preguntó, observando el engrane irregular del Hagurumon.

El Digimon máquina tardó en responder. Sus piezas internas emitieron un sonido áspero, como si hablar también le costara.

—Hace dos días practiqué Darkness Gear —explicó, sin salir del todo de su escondite—. Falló, pero no desapareció. Siguió girando, atrajo a otros Digimon y algunos se alteraron. Yo no entendí por qué—.

Sung entrecerró los ojos.

—¿Dónde está esa muestra? —preguntó, dando un paso lento hacia él.

—Desapareció después de varias horas —respondió Hagurumon, girando apenas su cuerpo—. Pero desde entonces mi técnica no se siente igual—.

Meok Bo abrió y cerró las garras lentamente. Esta vez no parecía solo hambriento. Había una tensión diferente en su cuerpo, como si algo dentro del Hagurumon produjera un llamado que él no sabía explicar.

—Algo hacer ruido dentro —
dijo Arkadimon, mirando fijamente al Digimon máquina.

Hagurumon retrocedió con alarma.

—Acompañante desconocido detecta anomalía interna —dijo, agitando sus engranes.

Sung se colocó entre ambos de inmediato.

—No vas a tocarlo —ordenó, mirando a Meok Bo directamente.

Arkadimon asintió viendole.

—Meok Bo no toca —respondió, aunque su voz sonó tensa.

Sung volvió hacia Hagurumon.

—Necesito una muestra pequeña —dijo, bajando el tono sin perder firmeza—. Si tu técnica está alterada, Andromon debe analizarla antes de que empeore—.

Hagurumon hizo girar sus engranes con ansiedad.

—Riesgo elevado —respondió, manteniéndose detrás de las piezas.

—Mayor riesgo es ignorarlo —
replicó Sung, extendiendo el tercer contenedor—. Yo recogeré la muestra y mi compañero se quedará atrás—.

Hagurumon dudó. Durante varios segundos, solo se escucharon las máquinas lejanas y el pulso irregular de sus engranes. Finalmente, salió de su escondite y se colocó frente a una pared de metal viejo.

—Cooperación aceptada bajo temor considerable —dijo, preparando la técnica.

Sung miró a Meok Bo.

—Atrás —ordenó, señalando el suelo detrás de ella.

Meok Bo retrocedió varios pasos y clavó las garras en el piso metálico.

—Meok Bo atrás —repitió, cerrando los ojos con fuerza durante un instante.

La Darkness Gear que apareció no se parecía del todo a las anteriores. Era pequeña, pero su borde no giraba con regularidad. Vibraba como si varias capas de data estuvieran superpuestas unas sobre otras. Cuando Hagurumon la lanzó, el engrane falló contra el muro y cayó al suelo, pero no perdió fuerza. Siguió girando con violencia, dejando pequeñas grietas oscuras en el metal bajo él.

Meok Bo dio un paso adelante, pero Sung se movió antes de que avanzara más.

—Mírame —ordenó, colocándose frente a Arkadimon.

Meok Bo respiró con dificultad y sus ojos intentaron desviarse hacia el engrane.

—Oler muy fuerte —dijo, apretando las garras.

Sung lo sujetó de los hombros.

—Meok Bo, mírame —repitió, acercando su rostro al de él.

Arkadimon tembló, luego sus ojos pasaron del engrane a Sung y luego volvieron a ella con esfuerzo.

—Meok Bo quiere comer —admitió, con voz baja.

—No —respondió Sung, firme y directa—. Tú no eres esa hambre. Tú eres mi compañero—.

Meok Bo cerró las garras con fuerza.

—Meok Bo… compañero de Sung —
murmuró, bajando la cabeza.

—Entonces obedece —dijo Sung, sin soltarlo.

Arkadimon retrocedió un paso.

—Meok Bo obedece —
respondió, cerrando los ojos.

Sung lo soltó solo cuando estuvo segura de que no avanzaría. Después giró con rapidez, activó el tercer contenedor y se acercó a la Darkness Gear. La muestra golpeó el dispositivo como si se resistiera a ser almacenada. Por un instante, Sung sintió un tirón en el brazo, pero mantuvo la presión hasta que el recipiente se cerró con un golpe seco.

Muestra tres.

Hagurumon permaneció inmóvil.

—Anomalía confirmada —dijo, con la voz más baja.

Sung observó el contenedor. La Darkness Gear chocaba contra las paredes internas como si aún quisiera escapar.

—Vamos con Andromon —dijo, guardándolo con extrema precaución.

Meok Bo se acercó despacio, manteniendo distancia del recipiente.

—¿Meok Bo lo hizo bien? —preguntó, todavía inquieto.

Sung lo miró unos segundos.

—Sí —respondió, colocando una mano sobre su cabeza—. Lo hiciste bien—.

Meok Bo dejó salir un suspiro largo.

—Meok Bo no comió engrane raro —dijo, como si acabara de sobrevivir a una prueba imposible.

—Y seguirá sin comerlo —respondió Sung, retomando el camino—. Nos queda poco tiempo—.

Meok Bo asintió con fuerza y la siguió. La segunda muestra ya había mostrado degradación acelerada, la tercera parecía inestable incluso dentro del contenedor. Y mientras Sung avanzaba con paso firme hacia el laboratorio de Andromon, la Quest dejó de sentirse como una simple recolección de técnicas fallidas. Ahora era una carrera contra el tiempo y una prueba mucho más peligrosa para el control de Meok Bo.
 
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El trayecto hacia el laboratorio de Andromon se convirtió en una carrera controlada.

Sung no corrió sin pensar. Eligió rutas internas, evitó las zonas más congestionadas del Pueblo Industrial y mantuvo una mano cerca de los contenedores de muestra que la Central le había liberado al aceptar la Quest. Cada cápsula vibraba con una intensidad distinta, pero la tercera era la que más le preocupaba. La Darkness Gear anómala golpeaba el interior del recipiente como si aún estuviera girando, como si no aceptara del todo haber sido contenida.

Meok Bo caminaba a su lado, más callado que antes. Eso, por sí solo, fue suficiente para que Sung lo notara.

—Habla —dijo Sung, sin reducir el paso.

Meok Bo levantó la mirada con sorpresa.

—¿Hablar? —preguntó, apretando las garras contra su pecho.

—Cuando estás demasiado callado, estás pensando demasiado o intentando no hacer algo —respondió Sung, girando por un corredor metálico entre dos líneas de ensamblaje—. Así que habla—.

Meok Bo bajó los ojos hacia las cápsulas.

—Meok Bo todavía huele engrane —admitió, caminando un poco más cerca de ella—. Aunque está guardado—.

Sung no lo reprendió. Tampoco mostró miedo. Solo siguió avanzando, midiendo el tiempo y el estado de las muestras al mismo tiempo.

—¿Quieres comerlo? —preguntó, directa.

Meok Bo tardó unos segundos en responder. Sus dedos se cerraron y abrieron una vez, como si la pregunta lo obligara a mirar algo que prefería esconder.

—Sí —dijo al fin, bajando la cabeza con culpa.

Sung se detuvo frente a una compuerta lateral y lo miró.

—Pero no lo harás —dijo, sosteniéndole la mirada.

Meok Bo levantó los ojos hacia ella.

—Porque Sung decir no —respondió, intentando sonar seguro.

—Porque tú decides obedecer —corrigió Sung, inclinándose apenas hacia él—. No solo porque yo lo ordeno—.

Meok Bo parpadeó, confundido por la diferencia. Durante un instante pareció que iba a preguntar algo, pero cerró la boca y miró sus propias garras.

—Meok Bo decide… obedecer —repitió despacio, como si memorizara una regla nueva.

Sung asintió.

—Exacto —dijo, incorporándose otra vez—. Eso también te hace mi compañero—.

Meok Bo se quedó quieto un segundo. Luego se golpeó suavemente el pecho.

—Meok Bo compañero de Sung —
dijo, con una seriedad torpe.

—Entonces camina —ordenó Sung, reanudando el paso hacia el laboratorio—. La tercera muestra no va a esperarnos—.

Arkadimon asintió y la siguió de inmediato.

El laboratorio de Andromon se encontraba en una sección elevada del Pueblo Industrial, protegido por puertas metálicas, sensores de identificación y paneles de lectura que verificaban las autorizaciones antes de permitir el acceso. Sung colocó su Digivice frente al lector. La autorización de la Quest apareció en el panel junto con el registro de las tres cápsulas activas.

Una luz azul recorrió la compuerta. Después, las puertas se abrieron con un sonido pesado.

El interior era completamente distinto al exterior. Afuera, el Pueblo Industrial estaba lleno de ruido, vapor y movimiento. Dentro del laboratorio, todo parecía frío, ordenado y calculado. Pantallas flotantes mostraban cadenas de datos, brazos mecánicos se movían sobre mesas de análisis y varias cámaras transparentes esperaban muestras bajo una luz blanca demasiado limpia.

Meok Bo entró detrás de Sung y miró alrededor con cautela.

—Lugar oler a metal limpio —
dijo, arrugando un poco el rostro.

—No toques nada —dijo Sung, sin girarse.

Meok Bo escondió las garras detrás de su espalda.

—Meok Bo no toca —
respondió, dando un paso exageradamente cuidadoso.

Andromon estaba junto a una consola principal. Su cuerpo metálico permanecía inmóvil, pero sus ojos se iluminaron cuando los sensores registraron la entrada de Sung.

—Quest registrada: Engranes —dijo Andromon, girando hacia ellos con movimientos mecánicos—. ¿Muestras obtenidas?—.

Sung avanzó hasta la mesa de análisis y colocó las tres cápsulas una por una.

—Tres muestras de Darkness Gear —
respondió, señalando la última con dos dedos—. La tercera presenta comportamiento anómalo: mayor estabilidad, vibración irregular y posible interferencia externa—.

Andromon se acercó de inmediato. Sus sensores examinaron las cápsulas, primero de forma general y luego concentrándose en la tercera.

—Observación preliminar correcta —dijo, tomando la primera cápsula con una pinza mecánica—. Iniciando comparación de patrones—.

Meok Bo dio un pequeño paso hacia la mesa. Sung levantó una mano sin mirarlo.

—Ahí —ordenó, marcando un punto detrás de ella.

Meok Bo se detuvo de golpe y plantó los pies en el suelo.

—Meok Bo queda ahí —dijo, cerrando las garras con fuerza.

Andromon colocó la primera Darkness Gear en una cámara de análisis. La cápsula se abrió dentro del compartimiento sellado y el engrane oscuro apareció proyectado en una pantalla, girando junto a líneas de datos que Sung observó con atención. La muestra mostraba un patrón estable, una estructura reconocible y una degradación predecible.

—Muestra uno: patrón estándar —dijo Andromon, ampliando la proyección—. Darkness Gear fallida dentro de parámetros esperados—.

Sung cruzó los brazos.

—Continúa —dijo, sin apartar la mirada de la pantalla.

Andromon retiró la primera muestra y colocó la segunda. Esta se deshizo más rápido al entrar en la cámara. Sus bordes se fragmentaron en pequeños restos de data oscura, y varios indicadores cambiaron de tono.

—Muestra dos: degradación acelerada —dijo Andromon, ajustando el análisis—. Variación anómala leve. No concluyente de forma aislada—.

Meok Bo frunció el rostro desde su lugar.

—Ese olía más fuerte —dijo, levantando apenas una garra.

Andromon giró hacia él.

—Registro sensorial del acompañante podría ser relevante —dijo, enfocando sus sensores en Arkadimon.

Meok Bo se puso rígido.

—¿Meok Bo hizo algo malo? —
preguntó, bajando las orejas.

Sung dio medio paso hacia él, sin abandonar la mesa.

—No —
respondió, con firmeza—. Solo estás diciendo lo que percibiste—.

Meok Bo relajó un poco los hombros.

—Meok Bo percibió hambre —
murmuró, tocándose el estómago.

—Eso no lo hace menos relevante —dijo Andromon, regresando al análisis.

Sung miró a Andromon con mayor atención.

—¿Puedes usar esa observación? —preguntó, apoyando una mano sobre la mesa.

—Posiblemente —respondió Andromon—. Si el acompañante detecta diferencias no visibles en etapas iniciales, podría estar reaccionando a variaciones en la densidad de data—.

Sung no respondió de inmediato. Miró a Meok Bo y luego a la tercera cápsula. Aquello no era tranquilizador. Era útil, pero no tranquilizador.

—Analiza la tercera —ordenó, bajando la voz.

Andromon tomó la última cápsula con mayor cuidado. Antes de abrirla, la colocó dentro de una cámara reforzada y activó dos campos de contención adicionales. La Darkness Gear anómala golpeó el interior del recipiente apenas fue trasladada, como si hubiese sentido el cambio de entorno.

Meok Bo dio un paso involuntario.

—Meok Bo —dijo Sung, sin girarse.

Arkadimon se detuvo de inmediato, pero su respiración se volvió más pesada.

—Quieto —se dijo a sí mismo, apretando las garras contra su pecho—. Meok Bo quieto—.

La cápsula se abrió dentro de la cámara, pero ka Darkness Gear no cayó. Al contrario; giró.

Durante unos segundos se mantuvo suspendida en el aire del compartimiento, vibrando de forma irregular. Sus bordes no eran uniformes; parecían dividirse y reconstruirse al mismo tiempo, como si varias capas de data intentaran ocupar una sola forma. Las pantallas del laboratorio emitieron tres alarmas breves.

Andromon aumentó la potencia del campo de análisis.

—Muestra tres: comportamiento no estándar confirmado —dijo, ampliando la estructura en la proyección—. La base corresponde a Darkness Gear de Hagurumon. Sin embargo, hay interferencia externa adherida al patrón de la técnica—.

Sung dio un paso hacia la pantalla.

—¿Interferencia de qué tipo? —
preguntó, endureciendo la mirada.

Andromon separó la proyección en varias capas. Una de ellas, la más oscura, no seguía el ritmo del engrane. Parecía moverse por debajo del patrón principal, como una sombra enredada entre dientes metálicos.

—Antigua,... precisa, pero no compatible con desgaste natural ni con una variación espontánea de técnica —respondió Andromon, señalando la capa extraña—. La data muestra una alteración parasitaria residual—.

Sung se tensó.

—¿Parásitaria? —preguntó, acercándose otro paso.

Meok Bo bajó la cabeza, inquieto.

—Engrane enfermo —murmuró, mirando la proyección.

Andromon giró apenas hacia él.

—Descripción rudimentaria, pero no incorrecta —respondió, regresando a la pantalla—. En términos simples: algo se adhirió al patrón de la Darkness Gear y modificó su comportamiento—.

Sung apretó los dedos contra el borde de la mesa.

—¿Puede afectar a los Hagurumon? —
preguntó, recordando al tercer Digimon máquina.

—Sí —respondió Andromon—. Si la alteración permanece en el emisor de la técnica, podría modificar futuros usos, acelerar degradación, provocar atracción en Digimon sensibles a data oscura o generar inestabilidad interna—.

Meok Bo miró sus propias garras.

—Meok Bo sensible —
dijo, con voz más pequeña.

Sung giró hacia él.

—Meok Bo obedeció —respondió, sin suavizar del todo el tono, pero sin dureza.

Arkadimon levantó la mirada.

—Meok Bo obedeció —repitió, como si necesitara escucharlo otra vez.

Sung volvió hacia Andromon.

—¿Esa firma aparece en otros registros? —
preguntó, señalando la capa anómala en la pantalla.

Andromon permaneció inmóvil unos segundos. Sus ojos emitieron un brillo tenue mientras consultaba archivos internos. Varias ventanas de datos aparecieron y desaparecieron alrededor de la proyección principal.

—Búsqueda en progreso —dijo, con voz plana.

Sung no se movió, Meok Bo tampoco. Las alarmas cesaron, pero la tercera muestra seguía girando dentro de la cámara reforzada. Poco a poco, sus bordes empezaron a desintegrarse. La Darkness Gear estaba desapareciendo, pero la firma adherida permanecía visible unos segundos más, como si se resistiera a borrarse junto con el resto.

—Coincidencia parcial encontrada —dijo Andromon finalmente.

Sung levantó la mirada.

—Muéstrala —ordenó, acercándose más a la consola.

Andromon proyectó un registro incompleto. Gran parte del archivo estaba fragmentado. Varias líneas aparecían cubiertas por bloques ilegibles y otras habían sido removidas por completo. No era un archivo dañado por accidente. Sung lo entendió antes de que Andromon lo confirmara.

—Hace tiempo se solicitó un análisis relacionado con alteraciones en engranes oscuros y patrones de corrupción artificial —explicó Andromon, separando una sección del registro—. El archivo fue parcialmente eliminado—.

Sung clavó la mirada en la proyección.

—¿Eliminado por error? —preguntó, aunque su tono indicaba que ya conocía la respuesta.

—Negativo —respondió Andromon—. Eliminación intencional—.

Meok Bo miró a Sung con inquietud.

—¿Eso ayudar a buscar Ryuuma? —
preguntó, dando un pequeño paso hacia ella.

Sung no respondió de inmediato. Sus ojos permanecieron sobre el registro incompleto. No había un nombre, no había una ruta clara, no había una respuesta directa que pudiera seguir. Pero había algo más importante que un rumor: una prueba de que cierta información había sido manipulada y ocultada de forma deliberada. Y si alguien había borrado información, entonces había algo que no quería que otros encontraran.

—Ayuda —
dijo Sung al fin, con voz controlada—. No como respuesta. Mas bien como dirección—.

Andromon descargó un archivo en el Digivice de Sung.

—Informe preliminar transferido —dijo, cerrando varias ventanas de análisis—. Quest cumplida. Muestras recolectadas y entregadas dentro del tiempo límite—.

El Digivice de Sung emitió una señal breve confirmando el cierre oficial del encargo.

Meok Bo levantó las garras con esperanza inmediata.

—¿Quest terminada? —preguntó, acercándose un poco más.

Sung guardó el informe sin apartar del todo la mirada de la pantalla.

—Así es, Quest terminada —
respondió, cerrando el archivo dentro de una carpeta cifrada.

—¿Ahora comer? —preguntó Meok Bo, recuperando algo de energía.

Sung lo miró.

—Ahora comer algo que no sea evidencia —respondió, caminando hacia la salida.

Meok Bo sonrió ampliamente y la siguió de inmediato.

—Meok Bo buen compañero. Meok Bo merecer comida —dijo, golpeándose el pecho con orgullo.

Sung avanzó hacia la puerta, pero antes de salir miró una última vez a Andromon.

—Si encuentras otra coincidencia con esa firma, quiero saberlo —dijo, colocando una mano sobre su Digivice.

Andromon inclinó ligeramente la cabeza.

—Solicitud registrada —respondió, volviendo hacia la consola—. Notificación condicionada a nivel de autorización disponible—.

Sung entrecerró los ojos.

—Entonces conseguiré más autorización —
dijo, girándose hacia la salida.

Meok Bo la siguió, todavía orgulloso de no haber comido ninguna muestra.

Detrás de ellos, la tercera Darkness Gear terminó de desintegrarse dentro de la cámara reforzada. El engrane desapareció por completo, pero la firma anómala permaneció suspendida en la pantalla unos segundos más. Una sombra de data, un rastro incompleto y una dirección.

Sung salió del laboratorio con el informe guardado y la certeza de que aquella Quest de rango bajo no había sido una pérdida de tiempo. Había conseguido avance, había conseguido contacto, había conseguido una pista y aunque Ryuuma seguía lejos, por primera vez desde su llegada a File Island, el camino hacia él parecía tener una marca concreta que seguir.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Sung Hae-In salió del laboratorio de Andromon con el informe guardado en su Digivice y Meok Bo caminando a su lado.

El ruido del Pueblo Industrial volvió a envolverlos apenas cruzaron las puertas metálicas. Las bandas transportadoras seguían moviéndose, los Digimon máquina continuaban transportando piezas entre plataformas y las tuberías soltaban vapor digital con silbidos breves, como si nada importante hubiese ocurrido dentro del laboratorio. Para el resto del lugar, aquella había sido solo otra Quest de rango bajo cumplida por una Tamer más.

Para Sung, no lo era. El informe preliminar de Andromon no le daba una respuesta directa sobre Ryuuma, pero sí una dirección. Una firma desconocida. Una alteración parasitaria residual. Un registro antiguo parcialmente eliminado. Y, sobre todo, la confirmación de que alguien había borrado información de forma intencional. No era una pista limpia ni suficiente, pero era más que lo que tenía antes de aceptar la Quest.

Meok Bo caminaba a su lado con un orgullo torpe, levantando un poco la cabeza cada vez que pasaban cerca de algún Digimon máquina.

—Meok Bo no comió engranes —
dijo Arkadimon, golpeándose suavemente el pecho.

Sung lo miró de reojo sin detenerse.

—Lo sé —respondió, guardando el Digivice en una carpeta segura—. Ya lo dijiste tres veces—.

—Meok Bo quiere que todos sepan —añadió él, mirando hacia un Hagurumon que pasaba cerca.

El Hagurumon aceleró discretamente el paso.

Sung tomó a Meok Bo de la parte superior de la cabeza y lo orientó otra vez hacia el camino.

—No necesitas anunciarlo —dijo, guiándolo lejos de una zona de carga.

—Pero Meok Bo hizo bien —insistió, dejándose mover sin resistencia.

—Sí —admitió Sung, soltándolo cuando volvió a caminar derecho—. Hiciste bien—.

Meok Bo sonrió de inmediato.

—Entonces comida —dijo, levantando ambas garras con esperanza.

Sung guardó silencio unos segundos, revisando mentalmente la ruta de regreso. La misión había terminado dentro del tiempo límite, las muestras habían sido entregadas y Andromon había transferido el informe. No había razón para permanecer más tiempo en el Pueblo Industrial, al menos no sin levantar preguntas innecesarias.

—Comida —aceptó, empezando a caminar hacia la salida del Pueblo Industrial—. Pero algo normal—.

Meok Bo abrió los ojos con preocupación.

—¿Normal no es engrane? —preguntó, siguiendo sus pasos.

—Correcto —respondió Sung, sin girarse.

—¿Normal puede ser mucho? —
preguntó él, acercándose más.

Sung lo miró de reojo.

—Depende de cuánto obedezcas en el camino de regreso —
dijo, manteniendo el tono firme.

Meok Bo enderezó la espalda.

—Meok Bo obedecerá mucho —respondió, caminando con una seriedad casi exagerada.

Sung no sonrió, pero su expresión se suavizó apenas.

Ambos dejaron atrás las plataformas internas del Pueblo Industrial y tomaron el camino de regreso hacia File City. Meok Bo continuó repitiendo en voz baja su logro de no haber comido las muestras, mientras Sung revisaba una última vez el informe cifrado. Cada línea incompleta, cada fragmento eliminado y cada restricción de acceso reforzaban una misma conclusión: no podía quedarse en File Island para siempre. Si quería encontrar a Ryuuma, necesitaba subir de rango. Y si quería subir de rango, cada Quest contaba.

A una distancia prudente, sin haber intervenido una sola vez durante el desarrollo de la misión, Lunia Arden observó cómo Sung y Meok Bo se alejaban del Pueblo Industrial.

Kotemon permanecía junto a ella, con la espada de bambú apoyada sobre el hombro. Durante toda la Quest habían mantenido la distancia. No hablaron con los Hagurumon, no se acercaron a Andromon, no ayudaron a Sung a recolectar las muestras ni interrumpieron cuando Meok Bo reaccionó ante la Darkness Gear anómala. Habían observado desde puntos seguros, cambiando de posición solo cuando era necesario y sin permitir que Sung notara su presencia.

Lunia no apartó la mirada de Arkadimon.

—No perdió el control —dijo Kotemon, bajando ligeramente la espada.

Lunia permaneció inmóvil unos segundos más.

—No —respondió, con voz baja—. Pero quiso hacerlo—.

Kotemon inclinó la cabeza, siguiendo también a Meok Bo con la mirada.

—Y Sung lo detuvo —añadió, apoyando la punta de su espada contra el suelo.

Lunia apretó apenas la mandíbula.

Eso era precisamente lo que hacía la situación más difícil.

Si Arkadimon hubiese atacado, si hubiera absorbido una muestra de Darkness Gear, si Sung hubiera demostrado negligencia o si Meok Bo hubiese ignorado sus órdenes, la respuesta habría sido clara. Digital Security habría tenido una amenaza activa, una justificación inmediata y una línea de intervención mucho más sencilla.

Pero no había pasado eso.

Meok Bo había sentido hambre, había reaccionado a la data oscura, había querido acercarse a las muestras, sobre todo a la tercera. Su impulso de absorber no era una suposición ni una exageración teórica: Lunia lo había visto con sus propios ojos. Pero también había visto otra cosa.

Sung lo había detenido. No con violencia, ni con miedo, ni tratándolo como una cosa que debía ser reprimida. Lo había detenido hablándole como a su compañero.

—Sung no lo está usando como arma —dijo Kotemon, bajando un poco la voz—. Lo está educando—.

Lunia cerró los dedos con lentitud.

—Educar a Arkadimon no elimina lo que es —respondió, sin apartar los ojos del camino.

—No —admitió Kotemon, golpeando suavemente el suelo con la espada de bambú—. Pero demuestra algo sobre ella—.

Lunia guardó silencio.

A lo lejos, Sung detuvo a Meok Bo antes de que se acercara demasiado a una zona donde algunos trabajadores descargaban piezas metálicas. No hubo gritos ni movimientos bruscos. Sung solo colocó una mano sobre la cabeza de Arkadimon, le dio una orden breve y lo redirigió hacia la ruta principal. Meok Bo obedeció con una torpeza casi infantil, pero obedeció.

—Es disciplinada —dijo Lunia, cruzando los brazos.

Kotemon la miró de reojo.

—Y paciente con él —añadió, ajustando la espada sobre su hombro.

Lunia no respondió de inmediato.

Las palabras de Lynette y de Tatsuya regresaron a su mente con una incomodidad persistente. Sung no estaba tomando Quests de rango bajo por perder el tiempo, ni estaba actuando como una novata sin rumbo. Estaba usando el sistema de File Island como una escalera. Rango, acceso, contactos, información. Cada misión era un paso hacia Ryuuma. Y ahora ese camino incluía a Arkadimon.

—La Quest le dio información —dijo Lunia, mirando hacia el laboratorio de Andromon a lo lejos.

—Y también nos dio información a nosotros —respondió Kotemon, observando cómo Sung y Meok Bo se alejaban.

Lunia giró apenas el rostro hacia él.

—Tu conclusión —pidió, con tono de agente.

Kotemon tardó unos segundos en responder. Esta vez no hubo sarcasmo inmediato. Sus ojos siguieron a Meok Bo hasta que Arkadimon quedó parcialmente oculto entre las estructuras del camino.

—Meok Bo es peligroso, pero no está fuera del alcance de Sung —dijo Kotemon, con una seriedad poco habitual—. Sung no entiende todo lo que tiene entre manos, pero tampoco está actuando como una irresponsable. Si Digital Security intenta separarlos por la fuerza, probablemente convertirá un problema controlable en uno mucho peor—.

Lunia cerró los ojos un instante. No le gustaba admitirlo, pero Kotemon tenía razón.

—Mi conclusión es similar —dijo finalmente, abriendo los ojos—. Sung puede contenerlo por ahora. Pero cada contacto con data alterada intensifica el impulso de Arkadimon por absorber. Si sigue buscando a Ryuuma, tarde o temprano encontrará algo más peligroso que una Darkness Gear anómala—.

Kotemon levantó la espada y la apoyó otra vez sobre el hombro.

—Entonces no la detenemos todavía —dijo, estudiando su reacción.

—No —respondió Lunia, girando lentamente hacia el camino de regreso—. La observaremos, reunimos información y evitamos que alguien más intervenga de forma torpe—.

Kotemon soltó una risa breve.

—Eso último suena a mucho trabajo —dijo, caminando a su lado—. Hay demasiada gente torpe en el mundo—.

—Entonces empezaremos por Digital Security —respondió Lunia, sin mirar atrás.

Kotemon alzó ligeramente la cabeza.

—Mira eso —dijo, con tono seco—. Una misión imposible justo después de una Quest de rango D—.

Lunia no sonrió, pero su mirada perdió apenas un poco de dureza. El seguimiento había terminado y la Quest también. Pero ninguna de las dos cosas había tranquilizado realmente a Lunia.

Sung había demostrado disciplina, control y capacidad para manejar a Meok Bo bajo presión. Eso era positivo. También había conseguido una pista sobre datos alterados, registros borrados y posibles conexiones que alguien había intentado ocultar. Eso era útil.
Pero Arkadimon había reaccionado, había sentido la Darkness Gear anómala, había querido absorberla y aunque había obedecido, la obediencia no borraba el riesgo. Solo demostraba que, por ahora, Sung era el freno entre Meok Bo y algo que ni siquiera ella terminaba de comprender.

A lo lejos, Sung y Meok Bo continuaron su camino hacia File City. Arkadimon hablaba animadamente, probablemente insistiendo en su recompensa de comida, mientras Sung avanzaba con el informe guardado y la mirada fija en el futuro.

Para ella, la Quest había sido un escalón más. Para Lunia, una advertencia. Y para Meok Bo, quizá la primera prueba real de que ser compañero de Sung no significaba solo protegerla. También significaba aprender a detenerse.

Kotemon caminó junto a Lunia durante varios segundos antes de hablar otra vez.

—¿Vas a reportarlo como amenaza activa? —preguntó, girando apenas el rostro hacia ella.

Lunia mantuvo la vista al frente.

—No —respondió, ajustándose los guantes—. Reportaré vigilancia prioritaria, riesgo latente y control parcial por vínculo de Tamer—.

Kotemon ladeó la cabeza.

—Eso suena elegante para decir "todavía no sabemos qué hacer" —comentó, golpeando suavemente la espada contra su hombro.

—También suena mejor en un informe —respondió Lunia, avanzando hacia la salida del Pueblo Industrial.

Kotemon soltó una pequeña risa.

—La burocracia salva vidas —dijo, con ironía.

—A veces las retrasa —respondió Lunia, sin mirarlo.

El espadachín guardó silencio un momento.

—¿Y Sung? —preguntó después—. ¿Qué pondrás sobre ella?—.

Lunia tardó en contestar.

La imagen de Sung frente a Meok Bo, sujetándolo de los hombros mientras le ordenaba mirarla y no ceder al hambre, volvió a cruzar por su mente. No era una escena de negligencia. Tampoco de dominio brutal. Era control, vínculo y responsabilidad.

—Que no debe ser tratada como una Tamer común —dijo al fin, con voz baja—. Ni como una criminal—.

Kotemon la observó con atención.

—Eso es bastante justo viniendo de ti —dijo, suavizando apenas el tono.

Lunia no respondió.

El nombre de Tatsuya también volvió a su mente, irritante como una herida mal cerrada. Él había tenido razón en algo: presionar a Sung de frente podía empeorarlo todo. Lunia odiaba que aquella advertencia viniera de él, pero no podía permitirse ignorarla solo por orgullo.

—Tatsuya tenía razón en una cosa —dijo Kotemon, como si hubiese leído parte de sus pensamientos.

Lunia se detuvo.

—No digas eso —respondió, mirándolo con frialdad.

Kotemon levantó ambas manos, aunque su espada seguía apoyada en el hombro.

—No dije que me gustara —contestó, inclinando la cabeza—. Solo dije que tenía razón en una cosa—.

Lunia exhaló lentamente por la nariz.

—Lo sé —admitió, casi con molestia.

Kotemon guardó silencio. Eso era suficiente y Lunia volvió a caminar.

El caso ya no podía resolverse con una orden simple. No bastaba con vigilar a Arkadimon como si fuera una bestia a punto de romper sus cadenas. Tampoco bastaba con confiar en Sung y esperar que su vínculo fuera suficiente para contener cualquier impulso. La verdad estaba en un punto intermedio, incómodo y peligroso: Meok Bo podía obedecer, pero seguía siendo Arkadimon. Sung podía contenerlo, pero seguía buscando a Ryuuma. Y cada paso de esa búsqueda podía acercarlos a una clase de data que despertara algo peor.

Cuando File City apareció a la distancia, Lunia ya había tomado una decisión.

No intervendría todavía, ni separaría a Sung de Meok Bo. No convertiría una sospecha en una sentencia, pero tampoco apartaría la mirada.

—Seguiremos observando —dijo Lunia, sin detenerse.

Kotemon asintió a su lado.

—Y si alguien intenta actuar antes de tiempo —añadió, ajustando la espada de bambú—. Le romperemos la estupidez con diplomacia—.

Lunia lo miró de reojo.

—Eso no existe —dijo, seca.

—Entonces con la espada de bambú —respondió Kotemon, satisfecho.

Lunia no contestó, pero esta vez no lo reprendió.

A lo lejos, Sung y Meok Bo entraban de nuevo en la ruta hacia File City. La Quest "Engranes" había terminado. Pero las piezas que dejó sobre la mesa apenas empezaban a moverse.
 
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