Evento Emergencia en Tokyo: Terremoto [Evento de Apertura]

Shulman

Moderador
Una campanada.
Segunda campanada.
Tercer campanada.

La multitud habitual de un día laboral por la noche pareció detenerse por completo, la atención de todos atraída por una esfera brillante en el cielo; los celulares no tardaron en hacer acto de presencia y la incertidumbre se esparció en segundos. ¿Qué era eso? Tokio estaba en sintonía.

− ¿Qué es eso? −Los murmullos compartieron la duda, desconocidos intercambiaron miradas y acto seguido, la atención volvió al cielo.


Cuarta campanada.
El suelo comenzó a moverse bajo sus pies, más de uno sintió las piernas volverse gelatina y se desplomaron, apoyándose como pudieron con sus manos o siendo sostenidos por otros, por mero reflejo, evitando que se dieran bruscamente con el piso. ¿Un temblor? Los más curtidos atinaron a flexionar las piernas, preparándose para lo peor. Silencio colectivo.


Quinta campanada.
Los gritos y las alarmas de los teléfonos inundaron el ambiente cuando un nuevo temblor los sacudió, tan intenso que alarmas de autos estacionados sonaron, pudieron incluso ver edificios meciéndose de un lado a otro, evidenciando el excelente trabajo de construcción al no desplomarse. Más personas cayeron, no pudiendo mantenerse erguidos ante la fuerza del movimiento; una única persona apuntó con su dedo índice hacia la esfera y dijo algo, muchos no pudieron entender qué, pero por inercia llevaron su atención de vuelta hacia aquello que estaba siendo señalado. La esfera parecía estar girando, pudieron notar distintas capas lumínicas conformando aquella cosa extraña y de pronto, una se "quebró". El rayo de luz que emergió del interior era de color anaranjado, rojizo, amarillo… Nadie estaba seguro, pero no tuvieron tiempo de observar o analizar con más calma, pues cuando un segundo rayo de luz se liberó un nuevo temblor lo acompañó, esta vez tan intenso que muchos fueron lanzados en distintas direcciones. Podían escuchar un ruido extraño, como si el metal de los edificios estuviera apenas siendo capaz de mantenerlos erguidos, y esa suposición no estaba muy lejos de la realidad.

Para la mayoría, eso era un temblor intenso acompañado de una esfera alienígena, para algunos pocos la pesadilla tenía aún menos sentido, pues podían ver tentáculos emergiendo del suelo. Con cada movimiento de éstos, el temblor empeoraba y lo peor de todo es que los tentáculos parecían esforzarse por llegar a la esfera, lo que prolongaba la agonía de los pobres mortales que comenzaban a ver cómo los edificios amenazaban con caerse.

−Esto no es ideal y claramente no me gusta apoyarme en hechiceros sin entrenamiento… Muy a duras penas pueden ser considerados hechiceros. Para aquellos que están escuchando mi voz y que pueden ver lo que realmente sucede, les tengo una misión. −Hubo una pausa y al mismo tiempo, un hombre apareció a las alturas, aunque nadie pudo percatarse de ello en ese momento.−Ayúdenme a evacuar a toda la gente que no puede ver la maldición; asuman su responsabilidad como los pocos que pueden observar el verdadero peligro. −Otra pausa, el varón extendió sus brazos y un montón de cadenas emergieron de la nada, rodeando los tentáculos y restringiendo sus movimientos, deteniendo el temblor de manera abrupta. −Salgan con vida y me aseguraré de recompensarlos. −Aquello último se "escuchó" con un tono amenazante, como si realmente no tuvieran otra opción que vivir.​


Instrucciones:
  • Todos los personajes se encuentran actualmente en alguna parte de Tokio, siendo afectados por la situación.
  • Pueden estar juntos, separados, como gusten, pero hay que cumplir la petición. Evacuar y sobrevivir.
  • Pueden redactar la reacción inicial al evento y las acciones posteriores a la voz que escucharon en su cabeza.
 
OP
OP
Shulman

Shulman

Moderador
¿Y esa voz…? ¿Por qué escuchaba a un extraño en su cabeza? Más importante: ¡¿Qué era lo que estaba sucediendo?! Unos tentáculos emergieron del suelo frente a él e intentaron capturarlo de inmediato, pero fue un poco más rápido. La voz sugería, o más bien, ordenaba la evacuación inmediata; ¿una maldición? Hacía tanto tiempo que no enfrentaba el mundo de los hechiceros que, al verse involucrado de aquella manera, sintió temor. No era un miedo irracional, no era tampoco por pensar en sí mismo y que podría morir si no actuaba con rapidez. En su mente podía ver con claridad a sus tutores, aquellas personas que consideraba como su familia, sus padres; sentía una gran impotencia al pensar que no estaba a su lado y que las cosas… las cosas podían no ir tan bien.

Se movió con rapidez por el lugar, ignorando a la gran mayoría de las cosas que intentaban apresarlo. Pudo visualizar a más de una criatura extraña, ¿maldiciones? Era muy pronto para saber si eran propiamente eso, pero no iba a enfrentarlas, no era su pelea, y tampoco podía hacer gran cosa al haber abandonado de manera casi total la hechicería. Miró de lado a lado, como si estuviera buscando a alguien en particular, pero lo que estaba haciendo realmente era poner a trabajar su mente de manera frenética, analizando el territorio por el cual corría y evitando la mayor cantidad de "tráfico"; muchas de las personas no podían ver la gravedad del asunto, incluso, les era imposible ver el problema central. Sin embargo, muchos de los que sí podían hacerlo no encontraban fuerza para moverse, el miedo los había convertido en presas.

— ¡Ah!


Una pequeña edificación comenzó a derrumbarse. Se trataba de un restaurante local que recientemente había comenzado a surgir y hacerse popular. Koi no se permitió dudar al ver a una chiquilla en peligro, atrayendo la atención de varios al ver cómo arriesgaba su vida para evitar que sufriera algún daño. La niña también se impresionó al saberse a salvo. Tan pronto pudo ubicar a la pequeña con su madre, les ordenó evacuar la zona cuanto antes, ya que parecía que los temblores no iban a cesar pronto.

— ¡Muchas gracias, de verdad!


Corrió nuevamente por la zona, esperando llegar al lugar donde trabajaba aquel que llamaba "padre". Era de las personas que pensaban con la cabeza, por lo que posiblemente ya hubiese tomado acción al ver que los temblores no se detenían. Tenía que atravesar un pequeño centro comercial, sin embargo, su carrera se detuvo en el momento que chocó contra una… ¿Pared? No. Al recomponerse, su rostro demostraba su vergüenza. ¿Cómo podía haberse tropezado así en ese estado de emergencia? Peor aún: chocar contra un chico que… ¡Dios! ¡Qué alto era!

— ¡L-Lo siento mu-mucho! —Claro que estaba nervioso—. ¡D-Deberías retirarte! No puedo explicarlo ahora, p-pero es muy peligroso.


Aun así, el chico no parecía escucharlo. Se quedó viéndolo por un momento, como si lo estuviera evaluando. ¿Qué era lo que estaba pasando por su cabeza? ¿Qué diría a continuación? Ahora se sentía comprometido de ayudarlo a evacuar, pero también tenía sus prioridades. ¡Tenía que resolver eso rápido e irse!

Hathaway Hathaway
 
Última edición:

Blair

So tired.
Administrador


Tosió en más de una ocasión al mismo tiempo que luchaba y se esforzaba por volver a llenar sus pulmones de oxígeno. Ni todo su entrenamiento lo había preparado para una sacudida como esa, la espalda y los brazos le dolían, estaba seguro de que para dentro de unas horas estaría lleno de marcas que evidenciarían los golpes recibidos. Se obligó a sí mismo a mantener la calma, respirando de manera más lenta a la vez que comenzaba a analizar su entorno.
Genial. − El sarcasmo podría haber sido evidente, pero no estaba acompañado. Frunció el ceño mientras intentaba ajustar su vista a la poca luz que lo rodeaba - estaba debajo de algunos escombros, pero a juzgar por lo que podía ver, no eran demasiados. Tenía suerte de que el sitio donde estaba era únicamente de un piso, adicional a que era una estructura pequeña. − Vamos Jomei, concéntrate. − Soltó el poco aire que tenía en sus pulmones y se concientizó de cada partícula de oxígeno que volvía a ingresar, relajando su cuerpo lo más posible. Su mente trabajaba tan rápido como el dolor le permitía acomodar las ideas y antes de que otro temblor ocurriese, el bombero activó una de sus técnicas malditas, ayudándose de la gravedad disminuida del entorno para mover los escombros, poniéndose de pie y liberándose a sí mismo de aquella "prisión".

Se estiró con cuidado, haciendo notas mentales de las cosas que, estaba seguro, estaban lastimadas. Como rescatista y personal de emergencias, esa información era relevante para saber si podría participar (o no) en las labores que estaban por venir. Se recargó en un muro para permitirse a sí mismo tomar aire sin la presión que había amenazado con aplastar sus pulmones hacía apenas unos minutos, tras lo que parpadeó un par de veces al escuchar una voz intrusiva en su cerebro.
¿Y ese quién demonios era? − Gruñó entre dientes, estaba adolorido y malhumorado, mala combinación con la cual ahora tendría que lidiar. Escupió en el suelo, chistó con la lengua y acto seguido se golpeó las mejillas con ambas manos, dejando la zona con una tonalidad rojiza bastante evidente. − A trabajar. − Sin más, comenzó a moverse hacia la zona de desastre. Estaba seguro de que encontraría a más de uno de sus compañeros de trabajo, a pesar de no haber recibido esa consigna, él habría actuado de la misma manera; los civiles necesitaban ayuda y ese era su trabajo.

Poco a poco conforme pasaban los minutos podía sentir que recuperaba por completo la movilidad en sus brazos, adjudicando la dificultad previa al golpe en sí y a estar bajo algo de concreto. Sabía que estaba lejos de excelentes condiciones físicas, pero con la disminución del dolor y poder hacerse una idea relativamente más clara de sus dolencias le daba la seguridad de que genuinamente podría ayudar con las labores de evacuación.

Salió de lo que quedaba de aquel pequeño local y comenzó a movilizarse en rumbo a las calles principales, donde escuchaba el bullicio, el caos. Todos temían que el suelo en cualquier momento volviera a agitarse, traicionando cualquier mínima pizca de tranquilidad que les quedaba en medio del desastre. Su mente comenzó a avanzar más rápido, recordando de memoria los procedimientos nacionales que existían para situaciones de desastre, eso definitivamente calificaba como una, para los políticos simplemente sería un terremoto y nada más - pocos eran aquellos que podían ver la verdadera causa. Sus ojos se enfocaron en la figura que a duras penas podía ver a las alturas, ¿aliado o enemigo? Otro pensamiento invadió su cerebro, ¿habría llegado ya a Tokio? Apretó la mandíbula pensando en lo mala que sería su suerte si efectivamente había llegado justo al momento en el que aquello ocurría. Agitó la cabeza de nuevo y se enfocó en su tarea, tenía que sacar a la mayor cantidad posible de gente antes de que todo empeorara, no le servía de nada pensar en otras cosas en ese momento, de todos modos no tendría manera de confirmar nada hasta que estuviese fuera de peligro.

[...]

Escuchar el crujir del suelo antes de que los tentáculos hicieran aparición básicamente había salvado su vida, nunca había agradecido tanto el tener esa técnica maldita que era tan mal vista por su familia. Se sacudió las rodillas con sus manos, limpiándose la ropa de la tierra que le había manchado, tras lo que se estiró tanto como le fue posible.
La suerte de verdad no está de mi lado. − Se burló de sí misma, llevaba menos de 12 horas en Tokio para cuando eso había ocurrido, no solo eso, sino que regresaba de su hogar natal tras el entierro de sus abuelos, aquellos que se habían hecho cargo de ella. En su mente, muy en el fondo, agradecía que ninguno de los dos estaba vivo para presenciar lo que ocurría en ese momento, prefería que tuvieran la muerte tranquila que habían tenido y no una traumática acompañada de derrumbes de edificios. Respiró hondo tras escuchar el mensaje mental, no tenía idea de quién era, pero no tenía tiempo para descubrir aquello, mucho menos para detenerse a analizar a fondo la situación: dadas las circunstancias, no tenía de otra que obedecer.

Se concedió respirar profundo, cerrando los ojos un momento para permitirse a sí misma escuchar su entorno. Apretó los párpados como queriendo que eso le ayudara a tener mejor noción del origen de cada sonido que entraba a su sistema y luego de unos segundos, pudo escuchar una voz a la distancia. Respiró hondo de nuevo y se concentró tanto como le fue posible, ¿dónde se ubicaba la persona? ¿Cómo se escuchaba su voz? Apretó los ojos, inhaló, exhaló. No estaba bien.

Comenzó a correr siguiendo su sentido del oído, su trayecto la llevó a una calle aledaña, donde de reojo pudo ver a un gigantón corriendo de largo, la espalda ancha se le hizo conocida y no dudó en alzar la voz, llamando a quien creía que estaba viendo.
¡Jomei! − El bombero se detuvo en seco, reconociendo la voz y girando rápidamente, viendo la ropa sucia de su amiga y regresando sobre sus pasos, acercándose a ella para abrazarla por acto reflejo.
Me alegra que estés bien, pero qué mala suerte tienes… − Soltó aquello con alivio y risa al mismo tiempo.
No tienes que recordármelo. − Mofó ella, abrazándolo de vuelta antes de recordar lo que estaba siguiendo en primer lugar. − ¿A dónde ibas?
Ayudar a evacuar.
Entonces ayúdame, hay alguien atrapado. − Replicó rápidamente, tras lo que apuntó a su oído para que Tanaka entendiera a lo que se refería. Él no lo pensó dos veces y asintió, recordó los protocolos nuevamente, nadie buscaría a las personas atrapadas en escombros por el momento, lo primordial sería sacar a las personas que podían moverse; pero eso podría significar la vida de los que estaban atrapados. Quería creer que más personas habían escuchado la voz, que otros se encargarían de sacar a aquellos que estaban a pie. La combinación entre Kimi y él era buena para sacar personas de debajo de algún lado.

El dúo se movilizó con la fémina dirigiendo la marcha, atravesaron un callejón y lo que parecía ser un pequeño vecindario, tras lo que se detuvieron cerca de un par de casas pequeñas. Ambas estaban derrumbadas, pero una mostraba daños más notorios que la otra.
¿Dónde…? − La chica se llevó un dedo encima de los labios, pidiéndole a su amigo que guardara silencio, trataba de concentrarse para poder ubicar a la persona atrapada, ¿qué tan mal estaría la situación? Los segundos se le hicieron largos y finalmente hizo una mueca de disgusto, apretando los puños ligeramente.
Ya no escucho su voz… O su respiración. − Confirmó, evadiendo mirar hacia la derrumbada edificación.
Andando. − La voz de Jomei fue suave, obviamente no le gustaba que hubiera muertos, pero sería irreal pensar que no habría ni uno solo en una situación de ese nivel. − Debe haber otras personas que sí podamos ayudar. − Prefirió concentrarse en lo que seguía, no tenía otra opción de todos modos.



 

Hathaway

· · ─ ·✶· ─ · ·
Moderador



Un, dos, tres. Un, dos, tres.

El ritmo favorito de Kafka para encestar un gancho al saco. Cortale el ritmo y el saco serás tú. ¿Pero cómo usar de saco a una voz secundaria en su mente?

Empecemos por el inicio: el día iba tenso, había regresado de las islas tras unas cortas vacaciones con su madre, la temporada de Rizing había finalizado y su podio entre los mejores de la liga era un hecho; el dojo de Kyushu lo recibió con festejos y obsequios por su arduo trabajo y por el resto de los días descansó con diferentes actividades.

Su viaje de regreso tuvo algunos retrasos, se había tomado la modestia de no querer usar los jet privados de la compañía al pensar que sería más engorrosa su llegada a la capital. O al menos esa era la excusa que le había dado a su representante, ya que lo que en verdad quería era evitar la reunión de la ZST: un organismo de luchas amateur el cual como parte de un contrato con publicistas debía atender ciertas fechas del año. Nadie duda de que él ame su trabajo, pero eso no significa que algunas veces guste de desatenderse y disociarse de la realidad.

Sin embargo, el vuelo con inconvenientes no fue suficiente para evitar las reuniones a primera hora del día, y por si fuera poco no hicieron más que fastidiarlo y llenarlo de información basura que no haría más que estorbar para lo sí importante. El desayuno que le ofrecieron no le había gustado y uno de los luchadores amateur que iba de paso esa mañana chivó a los paparazzis de su estancia por la zona, en general, un día inconforme si se trataba de imaginar lo que él buscaba al regresar a Tokyo.

Percibiendo que los paparazzi lo estarían esperando por los alrededores de su residencia prefirió ir al dojo del centro comercial de la zona. Una maldición y bendición, dos caras de la misma moneda: reconocimiento y fama a cambio del hostigamiento de los medios deportivos. Kafka disfrutaba del reconocimiento disciplinario mas no del social, no le interesaba la farándula y sólo acudía a eventos sociales de la índole cuando le convenía para acuerdos de la MMA. El tema de los paparazzis había sido algo sencillo de resolver el primer año de carrera pero este segundo año había empeorado.

En fin, un día que con el correr del tiempo podía ponerlo molesto. El ejercicio iba bien para desestresarse esa noche y no fue hasta la primera hora de entrenamiento que empezó el extraño evento:

Primera campanada. No le tomó importancia, creyó que era algo de sus headphones o algún sonido innecesario del exterior. Segunda campanada. Frunció el ceño. Tercera campanada. Cuarta campanada. Un leve temblor, otro temblor. Y finalmente esa voz. No lo pudo ignorar más y agarró el saco de boxeo entre sus guantes para detenerlo, giró su cuerpo hacia el gigante ventanal al que le estaba dando la espalda y lo que vio no pudo dejarlo más extrañado que en cualquier otro momento de su vida. Se sacó los cascos y escuchó la bulla social que estaba en pánico dentro del gimnasio.


"Salgan con vida y me aseguraré de recompensarlos."

. . .


Nada más salir del edificio sintió el choque de alguien contra él. Viró sus ojos a la persona y de inmediato pudo sentir el aura de algo similar a un conejo temblando frente a un lobo. Piel clara, cabello castaño, ojitos de inocencia y…


«Es lindo.»

¡L-Lo siento mu-mucho! —Los nervios se lo carcomían. Kafka quería burlarse pero la situación actual lo mantenía absorto en miles de cosas—. ¡D-Deberías retirarte! No puedo explicarlo ahora, p-pero es muy peligroso.

«Peligroso» Hmmm.

Ah, ¿si? No me digas. —Finalmente reaccionó, qué mordaz— ¿Tú también escuchaste la voz?

Koji abrió los ojos de más por una pequeña fracción de tiempo y Kafka interceptó eso.

S-sí… ¿tú también?
Sí.

Como si de una pelicula de terror se tratase, unos tentáculos emergieron en diferentes direcciones del pavimento de las calles. Golpeaban aleatoriamente en distintas direcciones, la multitud no paraba de correr y evitar ser atrapada. Uno de tantos emergió justo detrás del enano y el gigante por autoreflejo lo tomó del brazo para sacarlo del peligro. Koji soltó un pequeño chillido de miedo y en automático la imagen de sus tutores en peligro lo volvió a golpear. Necesitaba. Quería. Deseaba irse y encontrarlos.

¿¿Qué putas mierdas es eso?! —El mal humor era notorio por encima del miedo o la angustia, la ira siempre prevalecía en Hyrue. Koi se sorprendió de que el gigante pareciera más molesto que asustado ante una situación así. —¿Y de todas formas, a dónde carajo te dirigías? ¿Dónde putas ves un lugar seguro entre todo esto?
¡¡SUÉLTAME!! —Por un momento su desesperación le ganó y cobró en forma de valentía, necesitaba encontrar urgentemente a sus cuidadores y Kafka ahora mismo lo retenía. El primer instinto del introvertido fue zarandarse para apaciguar el dolor del agarre, hasta que se dio cuenta de su tono y como el ceño del desconocido fue mucho más fruncido ante tal acción; el terror lo invadió, era como si un depredador salvaje lo estuviera acechando —M-me estás h-haciendo daño... ¡S-s-suéltame, por favor! ¡Necesito irme!

Por naturaleza, a Hyrue le nació llevarle la contraria a Ishikawa; su rostro de incomodidad y preocupación generó en el oriendo de las islas una sensación de querer hacer travesuras. El luchador tenía fama de miserable, tenía fama de arrogante, de detestable, de hijo de mil putas. Habían muchas formas negativas de referirse a Kafka pero nunca nadie, ningún ser racional en sus peores pesadillas, imaginó que ante una situación así él pudiera seguir siendo tan maquiavélico:

¿A dónde, niñita? —Lo apretó con más fuerza y Koi se quejó con un corto alarido. El musculoso sonrió, ¿estaba loco? ¿A qué jugaba en medio de una distópica como esa?—¿Quieres irte? Logra soltarte o te pudrirás aquí conmigo en este infierno.

 
Última edición:
OP
OP
Shulman

Shulman

Moderador
El ceño fruncido del pequeño Ishikawa desconcertó por un momento al más alto. “¿Quién diablos se cree?”, eso fue lo que pasó por la mente del músico antes de reunir una pequeña cantidad de energía maldita en su mano izquierda, solo para luego dispararla a Kafka. Él, por reacción, no dudó en soltar a su presa y cubrirse con ambos brazos. ¿Es que acaso estaba loco? ¿Qué había sido eso?

Hyrue visualizó por un momento más al chico quien, ahora, estaba corriendo en dirección a un centro comercial cercano. En principio no lo seguiría, pero la idea de capturarlo tras amenazarlo de alguna manera le fascinaba. Por un momento pensó que quería hacerle daño, pero aquella cosa, fuera lo que fuera que hubiera hecho, al final había sido más un… ¿Destello? No lo notó de inmediato, pero, cuando intentó correr detrás del cantante, su cuerpo se sintió pesado.

Una sonrisa maniática adornó de inmediato el rostro de Kafka. ¡Ese niño era todo un misterio y ahora quería hallarlo para darle un buen castigo! Pues estaba seguro de que ese efecto era producto de aquella cosa que le había lanzado. ¡Y cómo se iba a divertir cuando pudiera alcanzarlo!

El mago astral parecía ser más rápido que aquel que había dejado atrás. En otra situación habría tenido la decencia de hablar con ese hijo de puta, dialogar para llegar a un acuerdo, pero era una situación crítica y sus familiares estaban más cerca de lo que pensaba. De igual manera, mientras atravesaba el centro comercial, se preguntó: ¿Qué mierda le pasaba a ese sujeto? Un completo desconocido tomándolo del brazo, y obligándolo a hacer algo para escapar como si fuera… ¿Propiedad suya? Era un imbécil total. Agradecía que lo hubiese salvado de aquella cosa que intentó apresarlo, pero, tras esa acción tan absurda, no merecía su preocupación.

— ¡Kashu!

La luz del sol era lo suficientemente fuerte como para llamar de inmediato a su compañera lumínica. La criatura no entendió por qué su amo estaba corriendo, pero lo imitó mientras observaba el rededor, notando el desastre que había en la ciudad. ¡¿Cuándo se había ido todo al caño?! Y aunque sabía que los tutores de su invocador no la conocían, también se preocupaba por ellos; mucho tiempo le brindó apoyo a Arthur con sus pacientes, y apoyó a Dahlia limpiando el hogar, como para no tenerles algún tipo de cariño.

— ¡Nh!

La criatura, con sus únicos conocimientos de “defensa”, repelió un tentáculo con una de sus extremidades. A Koji le extrañó que aquello fuera posible: ¿Quizás, al estar tan dividida, la maldición perdía parte de su poder? ¿O cómo era que funcionaba el asunto? De cualquiera manera, ya se encontraba cerca de su meta.

— ¡Eh, mariquita!

Reconoció la voz del sujeto que se había topado antes. Miró hacia atrás y allí estaba él, corriendo detrás suyo con una mirada de sed de sangre. Arrugó el entrecejo en consecuencia: ¿Por qué mierda insistía en seguirlo? ¡Qué hombre tan raro! Y tan sádico. Quiso disparar otra bala lunar hacia él, después de todo, no hacían daño. Sin embargo, su atención se desvió hacia un tentáculo extra que amenazó con capturar a Kafka. Rápidamente, la bala recorrió una trayectoria perfecta, consiguiendo impactar en su objetivo, dándole el tiempo suficiente al luchador de voltear a ver hacia dónde había ido a parar el proyectil, y esquivar la emboscada.

—Ahora estamos a mano —el tartamudeo le abandonó. Kafka enarcó una ceja—. Piérdete o muérete, no tengo tiempo para lidiar contigo.

Por un momento, el aura del “pequeño conejo” había abandonado a Koji. Se notaba su decisión en sus ojos. Sus tutores eran lo más importante para él, y tenía que encontrarlos antes de que fuera demasiado tarde.

Hathaway Hathaway
 

Hathaway

· · ─ ·✶· ─ · ·
Moderador


Muy poco se podría decir sobre la vena paciente de Kafka. Probablemente hasta la mecha más corta existente de una dinamita duraría más que su paciencia; fue por eso que, cuando volvió a sentir su ritmo cinético ordinario regresando a su cuerpo, el impulso energético que tomó acompañado de la sonrisa retorcida en sus labios espantó a algunas personas que iban también buscando todo tipo de vías de escape, pero el gigante solo tenía algo revoloteando por su cabeza: encontrar al enano.

Al insecto, al pequeño conejo que se quiso vestir de lobo, al zoquete que le había ganado ventaja y veía a lo lejos correr por la avenida principal. Y tenía que admitirlo, ante una situación así parecía de locos querer enfocarse en un individuo específico, pero Kafka tenía tantas preguntas en su cabeza sin resolver, empezado por entender qué había sido eso que había disparado de su dedo y que pudo ver varias veces hacer, el que también pudiera observar los tentáculos que no muchos civiles lograban ver como ellos, y si por alguna casualidad todo eso podría estar relacionado con la carta que le había dejado su padre como herencia.

¡Mami! —la voz aguda de una infante desgarrándose con esa palabra lo sacó de sus cabales. Giró hacia donde pensó que fue proveniente y encontró a una mujer siendo jalada de los talones por uno de los tentáculos que emergió del suelo, una niña pequeña intentaba ayudarla a no ser llevada por el fenómeno.

Tsk…

No hizo la vista gorda, dado que ya había suficiente gente en pánico por todos lados y nadie ayudándose mutuamente. La mujer gritaba despavorida y su propia situación espantaba más a la niña que seguía gritando en llanto. Kafka se acercó y haciendo gala de su fuerza y técnicas marciales, agarró con un brazo el tentáculo y con el otro ejerció una técnica de golpe seco que repitió hasta que la extremidad soltó a la adulta. El fenómeno ante el dolor pareció descontrolarse y volver a esconderse en el subsuelo.

¿Esa cosa tenía nervios sensoriales?

Gracias, no sé co-

Lo qué sea. —Interrumpió ipso facto, hastiado del evento y percatándose que había perdido de vista al castaño.

La mujer intentó seguir hablándole pero Hyrue solo emprendió de nuevo su camino y ahora más veloz que antes, intentando dar con la suerte de encontrar a Ishikawa. Tenía rabia, ira, fastidio, muchas emociones mezcladas con una rara de vivir para él: curiosidad. Curiosidad por todo lo que implicaba ese tipejo -y la facilidad con la que se había deshecho de él tras humillarlo-. Encontrar a otra persona como él que supiera emplear… todo esto que su padre había dejado escrito como energía maldita… despertaba la necesidad de querer saber más para entender lo extraño que él mismo era.

Siguió corriendo y mirando entre calles, por todos lados empezaba a aparecer fuego, el sonido de los gritos y alarmas de automóviles destrozados contra pavimentos, paredes, otros carros, contaminaba aún más todo el ambiente auditivo. Pero nada de eso fue suficiente para evitar que Kafka centrara toda su atención en la figura trasera del enano castaño que había avistado en una de las entre calles. Una media sonrisa volvió a su rostro mientras una ceja se alzaba ante la situación que presenciaban sus ojos desde lo lejos:

Un hombre rubio y con una apariencia más adulta que el músico le daba indicaciones con una expresión preocupada, llevaba un conjunto médico de blanco puesto, manchado de negro por dispersas areas al igual de una de las mejillas de su rostro, Kafka a esa distancia no podía escuchar absolutamente nada de lo que modulaban los labios del hombre, pero vio como señaló el edificio en llamas que tenía en frente (eso explicaba el estado de su ropa) mientras Koji parecía buscar detenerlo de volver a entrar.

De repente ya no estaban, él señor convenció al muchacho de entrar y se perdieron por las doble puertas que daban al interior. Kafka saltó algunos capó que habían en el medio de su destino, junto al empuje sin lástima que le dio a la gente que tropezaba contra él. No le interesaban a este punto los demás ni los tentáculos agresivos. No era famoso por su velocidad pero sí por su resistencia, por lo que ningún obstáculo lo detendría ahora mismo de querer mirar la expresión que haría el enano al verlo de nuevo.

En un instante, varias cosas sucedieron. Unas personas salieron del edificio en llamas, vestidas igual de conjunto blanco como el tipejo anterior que acompañaba al conejo. Koji y el tipo volvieron a aparecer, él sostenía por un lado al hombre mientras cojeaba de un pie y el incendio detrás de ellos se volvía más intenso. Una corneta extensiva resaltó entre todo, en un instante el golpe abrupto de un auto contra algo inundó la calle y Kafka solo pudo sentir como unos pedazos de vidrio junto a más escombros metálicos golpeaban áreas distintas de su cuerpo.

Distinto a lo que haría alguien normal al verse herido (detenerse, revisar sus heridas, asustarse y/o buscar el origen de los escombros voladores), el luchador no detuvo su carrera, menos aún cuando sintió la sangre nublando su vista izquierda -la ceja cortada-, ni el sabor del hierro por su boca -labio superior cortado-, ni las otras zonas del cuerpo húmedas -rodillas, brazos y pectorales cortados-, Kafka lo ignoró y agarró impulso para escalar y saltar dos autos más sobremontadas entre ellos que le nublaban la visión de la ubicación del enano ahora por la cercanía, encontrándose con la imagen del chico intentando escoltar al hombre que cojeaba.

Cuatro tentáculos gigantes terminaron de romper la fachada de la cual salía el castaño junto al rubio, y el hombre mayor por instinto empujó fuertemente a su hijo del medio para evitar que fuera aplastado junto a él por las extremidades que buscaban cerrarse en forma de X sobre ellos. Ishikawa intentó mantener el equilibrio tras el fuerte empujón pero cayó de rodillas al suelo a unos dos metros de distancia mientras volteaba a ver la causa del accionar del mayor.

¡PAPÁ! —El horror lo consumió, disparó tres balas al instante, más sabía que no alcanzaría a llegar a su lado para evitar que el cuarto lo aplastara.

¡AHG! —El hombre intentó volver a equilibrarse con su propio tobillo herido pero ni con sus mayores intentos de seguir vivo lograría ignorar una fractura de esa índole.

Todo pasó en segundos. Koi se levantó, no le importaba si perdía también la vida en el proceso. Por su cabeza pasó el odio de cuestionarse el no actuar más rápido para cantar y sanar la herida de Arthur pero no habían terminado de desalojar el edificio cuando aparecieron los tentáculos y su padre buscó sacrificarse. Estaba a punto de entrar en una fase de locura, la idea de perder a su tutor hizo que sintiera el aire más pesado y frío de lo que debería ser ante el ambiente abrasivo. Iba a darlo todo por perdido cuando el rostro de sufrimiento de su padre cambió a uno sorpresivo.

Sintió como una sombra lo cubría y en un parpadeo tres hojas filosas y de un metro pasaron por ambos lados de su cuerpo, directo a su padre y los tentáculos. En un momento creyó a su ser querido muerto, y al siguiente estaba a salvo tras las inmensas hojas que rebanaron limpiamente los cuatro tentáculos antes de regresar en dirección a él y rodearlo de nuevo sin tocarlo ni un pelo. Giró rumbo a las hoces y sus ojos no pudieron creer a quien veía.

El maldito sádico que lo había anteriormente atrasado, llegaba lleno de sangre y cortaduras por todos lados hasta él. Su maldito rostro tenía una expresión más que llena de satisfacción y soberbia, casi que esta había sido creada para que él la adornara en sus facciones. Las hojas filosas orbitaban como en una danza alrededor de él… ¿Era un hechicero también?

Iba a hablar, pero Kafka no iba a perderse el lujo de tomar la palabra primero:

Tú y yo tenemos algo pendiente, insecto.



Shulman Shulman
 
OP
OP
Shulman

Shulman

Moderador
La mirada de Koi era de sorpresa absoluta. Por un lado, estaba agradecido de que el muchacho apareciera, y por otro: ¿Qué carajos hacía allí? ¿Realmente su obsesión había llegado al punto en que lo iba a seguir hasta la muerte? Lo más sorprendente fue ver cómo el hombre utilizaba una técnica derivada para deshacerse del tentáculo, pero estaba seguro de que había sido un golpe de suerte: una persona que nunca había tenido contacto con la hechicería antes no podría volver a repetir algo así, al menos pronto, sin práctica; quizás su rabia o la excitación del momento lo habían motivado, porque no creía que tuviera ganas de involucrarse realmente con él y su padre.

— ¿Es uno de tus amigos, Koi? —Preguntó finalmente el hombre. Ishikawa volvió su atención hacia su padre, corriendo inmediatamente a ayudarlo a levantarse; estaba agradecido, pero tenía sus prioridades claras—. ¿Qué fue lo que hiciste para…?

—Eso no importa —se atrevió a decir su hijo, no quería involucrar al hombre en ese mundo. Ya era suficiente con ver que el fenómeno había llegado a tal punto que los civiles estaban pudiendo ver parte de lo que ocurría. Sabía que Arthur no tenía ningún tipo de afinidad a la hechicería, pues él mismo se había encargado de evaluarlo antes de vivir con él (por precauciones propias)—. Tenemos que irnos de aquí. Lo mejor sería dirigirnos hacia la estación de trenes más cercana.
—Es una idea excelente —aseguró el mayor—. Pero no puedo moverme casi —Koji dirigió su atención hacia el tobillo roto de su padre. Entonces, miró al gigante que tenía detrás, notando que éste tenía una sonrisa descarada adornando su rostro; sí, sabía que iba a querer algo a cambio de hacerle un favor.
—Habla —ordenó el más pequeño, acercándose peligrosamente al mayor—. ¿Qué vas a querer a cambio de cargar a mi padre hasta el metro?

Kafka sabía que Koji estaba en una situación en la que no se podría negar a nada, pues, ya había dejado en claro que su padre era muy importante para él. Por alguna razón, recordar cuando le había dicho que "se perdiera o se muriera" le generaba una extraña sensación en la espalda, algo así como un escalofrío, pero era algo orientado a lo sensual que se había visto. Sin embargo, sí había una cosa que quería hablar con ese chico, algo de lo que él era más experto: esa extraña energía que había manifestado. Ahora sabía que podía hacer algo parecido al conejo, pero no entendía cómo lo manifestó.

—Quiero saber qué es esta cosa tan extraña —expresó, refiriéndose claramente a la energía maldita. Koi lo entendió de inmediato—. Se nota que tú sabes algo de ello, insecto.

—A ver, primero, deja de llamarme "insecto" —no iba a dejarse pisotear por ese cabrón. Ya de por sí estaba enojado por lo que había ocurrido con anterioridad, y aunque ahora él hubiese manifestado su poder, él seguía teniendo las de ganar en todo sentido—. Agradezco que hayas salvado a mi padre, pero no soportaré tus insultos.
—Tienes agallas para hablarme así —y eso le parecía bastante contradictorio, ya que, por un lado, le gustaba la idea de que lo encarara sin miedo; por otro, le molestaba que le replicara.
—Haremos una cosa: tú cargarás con mi padre hasta el metro, que creo que será el lugar más seguro para reagruparnos, y yo te hablaré acerca de la energía maldita —era un trato justo, después de todo, ambas partes salían ganando—. ¿Está bien?


El boxeador evaluó la situación por un momento. Por primera vez, lo que decía el muchacho le agradaba; en su mente él podía buscar conseguir más de ese trato, pero sabía que si no aprovechaba la oportunidad, ese chico sería capaz de encontrar la manera de no necesitarlo. Tenía que ser más astuto, y por eso fue que se acercó al padre del cantante para ayudarlo a levantarse. Las armas improvisadas que orbitaban a su alrededor se alejaron para no lastimar al hombre, como si reconocieran qué era lo que buscaba hacer Kafka; Hyrule quedó algo impresionado por la "inteligencia" de su propia técnica.

— ¿Al metro? —Preguntó el boxeador. Koi asintió.

—Así es —entonces, Ishikawa miró a su alrededor, notando que todavía quedaban personas cerca. Todos con una mirada de confusión y no sabiendo qué hacer—. ¡Todos vayamos al metro! ¡Será el lugar más seguro para reunirnos y esperar que nos ayuden!
—Por cierto, mi nombre es Arthur —el fisioterapeuta se presentó con el muchacho, sonriéndole. Kafka se sorprendió ante ese gesto—. No sé de dónde conoces a mi hijo, pero me alegra que nos ayudes.

La sinceridad del hombre solo descolocó un poco más a Hyrue, aunque ahora sabía de dónde venía esa capacidad de su recién conocido para hablar sin tapujos.

Ishikawa lideró la carrera, siendo ayudado por su shikigami lumínico a interceptar los intentos de ataques de varios tentáculos. Kafka, por su lado, utilizaba instintivamente las cuchillas que permanecían a su alrededor para cortar todo aquello que intentara aproximarse a él y a su protegido momentáneo, consiguiendo que aquellas… cosas, lo "pensaran" dos veces antes de atacar.

El recorrido hacia la estación de metro no fue muy largo. Los miembros del equipo de Arthur fueron los primeros en bajar, junto con Kafka; sus "armas" habían desaparecido, casi como si el hombre hubiese desactivado la técnica inconscientemente. El cantante se quedó atrás solo por si las dudas, supervisando que nadie se quedara atrás o fuera víctima de una de esas extremidades. Tan pronto bajó el último miembro del personal, él lo siguió de cerca y, una vez en el subterráneo, notó que no fue el único en pensar que sería uno de los lugares más seguros. Para su sorpresa, no parecía haber tentáculos en ese sitio.

Se acercó a su padre, el cual ahora se encontraba sentado en una banca y con su espalda apoyada en una pared; era vigilado por Kafka. La criatura lumínica estaba revisando la fractura del hombre, y no tardó en comenzar a cantar por lo bajo, consiguiendo que Arthur, para su extraña sorpresa, sintiera aquella parte más relajada… ¿Como si estuviera sanando?

—No sé por qué… pero —se interrumpió a sí mismo, pues sonaba como un loco—... nada.


Koi sonrió. Su padre no podía ver al shikigami, así que entendía a la perfección su reacción. Kashu, sin embargo, entendió la mirada que su invocador le regaló: su acción era perfecta, pero tendría que detenerse en algún punto; debería sanarlo hasta que solo sintiera una molestia al caminar. De esa manera no sería tan extraño todo.

Arthur, por su lado, observó a su alrededor, queriendo concentrarse en algo más "normal". Sin embargo, el ambiente era extremadamente tenso. Pudo notar cómo había mujeres, acompañados de sus hijos, con una mirada de desesperación en sus rostros. Algunos de los civiles estaban llorando; los adolescentes intentaban comunicarse con sus familias, sin saber realmente qué era lo que ocurría, o, más importante: por qué estaba ocurriendo.

—Koi —llamó el hombre con un tono suave. El músico, que tenía su mirada puesta sobre Kafka (quien estaba intentando comunicarse con parte de su equipo de trabajo), dirigió su atención hacia su tutor—. ¿Podrías cantar algo para aliviar el ambiente? —Esa pregunta lo descolocó un poco. ¿Ahí? ¿En ese momento? Sintió sus mejillas arder debido a la pena.

—Papá… hay muchas personas alrededor y…
—Tú eres muy profesional, Koi —replicó rápidamente el de más edad, sonriéndole al muchacho.

Ishikawa menor miró de un lado a otro, sintiendo los nervios recorrer su cuerpo. Tras meditarlo un poco, finalmente suspiró y aclaró su garganta, cerrando los ojos y pensando en una canción. Tardó unos pocos minutos, pero logró entonar la melodía:

—Here, where the sky is falling, i'm covered in blue… I'm running and i'm crawling, fighting for you —Kafka quedó completamente helado, impresionado, al escuchar la voz del muchacho. Realmente había pensado que el asunto de que cantara era toda una ridiculez, pero, todo su cuerpo se relajó al instante—... When the rain stops, then darling, what will I do…? And I know I go all in, but why… Do i…?


Era una canción relativamente triste. El nombre de la canción era "Homesick", una balada interpretada por Dua Lipa y Chris Martin, la cual expresaba vulnerabilidad y la añoranza por conectar con un ser querido; esa persona que, a pesar de los desafíos, siempre supondría un motivo para seguir adelante. Aunque claro, no todo vendría siendo color de rosas.


—When I'm walking on water, all my dreams have come true. Still, nothing means nothing without you… you… —el cantante respiró hondo para el estribillo. Intentaba no concentrarse en la gente que sabía que lo estaba mirando, incluido ese hombre que parecía más un depredador que persona— You give me a meaning, something i can breathe in… I know, i know, i know. It's a bittersweet feeling, longing, and I'm leaving… I go, I go, I go. Tell my heart to lie, but I know deep inside it's true… That I wish I was there with you. That I wish I was there with you… Oh, that I wish I was there with you…


El estribillo de la canción reflejaba esos sentimientos agridulces que se manifestaban en una relación. Sentimientos que, a decir verdad, Koi no había experimentado demasiado; no era un experto en el amor, pero sabía cómo transmitirlos, pues, algo había sacado de siempre ser el consejero de sus amigos. Al finalizar su interpretación, muchas personas aplaudieron calmadamente; había cumplido con alivianar el ambiente, tal como se lo había pedido su padre.

—Insecto —el tono de Kafka era más relajado, y eso logró que el "apodo" incluso sonara bonito. Koi lo miró—. Hablemos.


Arthur no entendía la relación que tenían aquellos dos, pero, si su hijo no tomaba a mal aquel apodo, entonces estaba bien. Ishikawa menor y Hyrue se alejaron por un momento del grupo, incluso, subiendo por las escaleras para salir del subterráneo. El cantante miró desde su posición, notando que algunos tentáculos ya habían desaparecido.

— ¿De qué se trata todo esto? —Preguntó el boxeador.

—No lo sé —contestó. Kafka mostró su frustración frunciendo su ceño, pero la mirada seria del menor le demostró que le decía la verdad—. Puedes notar que lo único que quise hacer fue buscar a mi padre —agregó—. Realmente no tengo ni una puta idea de lo que está sucediendo ni por qué todo se volvió un infierno de repente. —La respuesta del más pequeño no dejaba feliz, de ninguna manera, al boxeador. Lo demostró con un resoplido bastante audible, pero, de mala gana, aceptó que esa era la verdad.
—Entonces, háblame de otra cosa —Koji enarcó una ceja—. ¿Qué es eso de la energía maldita y por qué tú y yo sí podemos ver esos tentáculos, y parece que otros no? —Eso era algo que quizás podría responder.
—Puedo hablarte sobre eso, pero... no aquí —Kafka entendió aquello, especialmente cuando los ojos del más pequeños dieron un rápido vistazo hacia el lado donde se encontraba su padre—. Papá —el aludido lo observó—, iré a caminar un poco con Kafka —señaló al más alto—. No te muevas de aquí.

Un trato era un trato, y debía poder contar con ese sujeto como su aliado en una situación tan extraña como aquella.

Hathaway Hathaway
 
Arriba