El claro del concierto se encontraba junto a un gigantesco árbol que se alzaba por encima de todos los demás. Sus raíces sobresalían del suelo como enormes caminos naturales y sus ramas formaban una especie de techo verde sobre el lugar. Alrededor del tronco, varios Digimon habían colocado troncos pequeños a modo de asientos, mientras unas lianas decoradas con hojas brillantes funcionaban como adornos improvisados.
En medio del claro había un escenario de madera. No era muy grande, pero estaba decorado de manera exagerada: estrellas doradas hechas con corteza pintada, telas rojas colgadas entre ramas, luces digitales parpadeantes y un enorme cartel que decía:
"ETEMON: EL REY DEL ESCENARIO."
Sung observó el lugar con expresión neutra.
—Al menos se esforzó—.
—Mucho brillo. ¿Brillo comida? —dijo Meok Bo, mirando las decoraciones.
—No—.
—Todo no comida…—.
Cerca del escenario ya se habían reunido algunos Digimon. Había un par de Palmon, un Agumon, varios Tanemon y algunos Digimon pequeños que parecían estar allí más por curiosidad que por gusto. La mayoría tenía una sonrisa nerviosa. Otros miraban hacia los lados, como si calcularan rutas de escape.
Uno de los Tanemon bostezó, pero otro le dio un empujón para que se comportara.
Sung y Meok Bo tomaron asiento en uno de los troncos. Gabumon no estaba por ninguna parte, lo cual confirmaba que realmente había usado a la Tamer como reemplazo. Sung hizo una nota mental para recordárselo después.
Unos minutos más tarde, una ráfaga de humo apareció sobre el escenario. La música de fondo comenzó a sonar desde unas bocinas colocadas entre los árboles, aunque el ritmo era extraño y algo torpe. Entonces, con una entrada dramática, Etemon saltó al escenario con un micrófono en la mano.
—¡Damas, caballeros y fans inevitables! —gritó con entusiasmo—¡bienvenidos al concierto más grande que este bosque haya presenciado jamás!—.
Los Digimon presentes aplaudieron de inmediato. Algunos lo hicieron con verdadera energía. Otros, por simple instinto de supervivencia.
Sung aplaudió con calma. Meok Bo la imitó, golpeando sus garras de forma algo torpe.
—Hoy —continuó Etemon, llevando una mano al pecho— les regalaré mi alma musical. Veinte canciones. Veinte joyas. Veinte pruebas de que mi voz es un tesoro digital—.
Sung sintió que su paciencia sería puesta a prueba. Etemon levantó el micrófono y señaló al público.
—¡Quiero ver sonrisas! ¡Quiero ver emoción! ¡Quiero ver lágrimas de felicidad!—exclamó eufórico.
Uno de los Palmon soltó una lágrima, aunque no parecía de felicidad.
—¡Comencemos con mi primer éxito! —anunció Etemon—. "Soy una estrella aunque nadie lo entienda."—.
La música comenzó y luego Etemon cantó.
El primer sonido fue tan inesperado que varios Digimon se sobresaltaron. No era exactamente un grito, tampoco era una nota musical. Era algo intermedio, una especie de ataque sonoro cargado de confianza. Etemon cantaba con pasión absoluta, moviéndose por el escenario con energía, señalando al público y girando sobre sí mismo.
—¡SOOOOY UNA ESTREEEELLA, BRILLO MÁS QUE EL SOL!
¡SI NO ME APLAUDES, TE FALTA CORAZÓN!—
Sung mantuvo el rostro serio con una habilidad impresionante. Había enfrentado problemas más peligrosos, pero pocos tan difíciles de soportar en silencio. Meok Bo, en cambio, frunció ligeramente el rostro.
—Voz duele —.
—Aguanta— Sung le habló en voz baja.
—Meok Bo aguanta por Sung—.
La primera canción terminó con una nota larga, temblorosa y fuera de tono. El bosque entero pareció quedar en silencio durante un segundo, como si necesitara recuperarse.
Etemon abrió los brazos.
—¡Gracias, gracias! ¡Lo sé, fue hermoso! — agradeció y el público aplaudió, Sung también, Meok Bo aplaudió tarde, después de verla hacerlo.
—¡Ahora la segunda canción! —gritó Etemon—. "Mi talento no cabe en este bosque."—.
Agumon dejó caer la cabeza hacia adelante, pero rápidamente la levantó cuando Etemon miró en su dirección.
La segunda canción fue incluso más intensa. Etemon caminaba de un lado al otro, interpretando cada frase con una seriedad casi heroica. A ratos se arrodillaba, a ratos apuntaba al cielo, y en una parte intentó hacer una nota alta que provocó que algunas hojas cayeran del árbol gigante.
—Árbol también sufre— dijo Meok Bo, mirando las hojas caer.
Sung se cubrió la boca para no reír.
Cada canción parecía más larga que la anterior. La tercera hablaba de cómo Etemon había nacido para ser amado por las masas. La cuarta era una balada sobre su propio reflejo. La quinta incluía un solo de micrófono en el que Etemon simplemente gritaba "yeah" durante demasiado tiempo.
Cuando terminó la quinta canción, Etemon señaló al público.
—¡Ustedes sí saben apreciar el arte!—.
Los Digimon aplaudieron otra vez.
Sung notó que algunos estaban empezando a verse cansados. Dos Tanemon parecían dormir con los ojos abiertos. Agumon se balanceaba lentamente, luchando contra el sueño. Una Palmon se tapaba los oídos con sus hojas, fingiendo que se estaba acomodando el rostro.
Etemon no notaba nada. O tal vez no quería notarlo.
—¡Vamos con la sexta!— el Perfect alentó al público.
Sung respiró hondo. Faltaban quince canciones, pero la misión era simple... terriblemente simple.