Rango D El concierto [Sung Hae-In & Meok-Bo] Mission Accomplished

Gennai

Eclipse Dynasty Member
"El concierto"​

- NPC involucrado: Gabumon
- Sinopsis: Gabumon le ha prometido a Etemon que iría a ver su "concierto" en el Bosque Inquebrantable. El problema es que Etemon canta horrible. Debido a esto, Gabumon ha decidido enviar a una pobre alma dedicado Tamer a ver el concierto de Etemon en su lugar.
- Escenario: Bosque Inquebrantable. Cerca de un gigantesco árbol
- Objetivos:
  • Ir al concierto de Etemon y escucharlo hasta el final
- Notas:
  • Etemon realmente cree que tiene una voz celestial y se molesta mucho cuando no disfrutan sus canciones. No te conviene que un Digimon nivel Perfect se enoje contigo
  • El concierto durará 20 canciones y aproximadamente unas 2 horas. Tanto el Tamer como el Digimon deben estar presente
Tamer: Sung Hae-In
 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

El Bosque Inquebrantable tenía una fama bastante clara entre los Tamers que solían recorrer File Island: era un lugar tranquilo, de árboles enormes, raíces antiguas y senderos que parecían cambiar ligeramente dependiendo de quién los caminara. Era uno de esos sitios donde cualquier cosa extraña podía ocurrir sin previo aviso.

Ese día, Sung Hae-In caminaba por uno de los senderos principales acompañada por Meok Bo, su Arkadimon, quien avanzaba a su lado con la mirada curiosa y la boca ligeramente abierta, como si esperara que en cualquier momento del suelo brotara algo comestible. El Digimon artificial olfateaba el aire de vez en cuando, atento a cualquier aroma extraño.

—Hambre… —murmuró Meok Bo, con su forma habitual de hablar— Bosque huele raro. ¿Comida? — dijo con un tono de voz mas fuerte.

—No todo lo que huele raro se come —respondió Sung con calma, aunque ya estaba acostumbrada a ese tipo de comentarios.

El ambiente parecía pacífico. Los rayos de luz caían entre las copas de los árboles, algunos Digimon pequeños cruzaban entre los arbustos y el sonido del viento moviendo las hojas acompañaba el camino. Sin embargo, aquella tranquilidad se rompió cuando un Gabumon apareció corriendo desde detrás de unos matorrales.

El pequeño Digimon venía agitado, mirando hacia atrás como si escapara de algo terrible. Al ver a Sung, se detuvo en seco, recuperó el aliento y alzó ambas patas con desesperación.

—¡Un Tamer! ¡Justo lo que necesitaba! —exclamó.

Sung arqueó una ceja. No era buena señal cuando un Digimon desconocido aparecía pidiendo ayuda con tanta urgencia.

—Depende de qué necesites — dijo la joven en tono serio.

Gabumon tragó saliva. Parecía nervioso, incluso culpable.

—Verás… hice una promesa. Una promesa muy importante. Le prometí a Etemon que asistiría a su concierto de hoy en el Bosque Inquebrantable—.

Sung parpadeó lentamente.

—¿Y el problema es…? —Gabumon bajó la mirada, apretando sus pequeñas garras.

—El problema es que Etemon canta horrible— Hubo un breve silencio.

Meok Bo inclinó la cabeza.

—¿Horrible se come?—.

—No —dijo Sung.

—Peor que no comer, mucho peor —añadió Gabumon con dramatismo.

Gabumon explicó la situación con evidente vergüenza. Etemon había organizado un gran concierto cerca del árbol gigante del bosque. Se trataba, según él, de un "evento musical celestial" donde interpretaría veinte canciones de su repertorio personal. El concierto duraría aproximadamente dos horas y, por desgracia, Gabumon había aceptado asistir para no herir sus sentimientos.

El problema era que, según el propio Gabumon, Etemon no solo cantaba mal: cantaba con una confianza absoluta. Cada nota era lanzada con fuerza, cada verso era interpretado como si estuviera frente a miles de fanáticos, y cualquier muestra de desagrado podía ser tomada como un insulto directo.

—Y Etemon es un Digimon nivel Perfect —recordó Gabumon, hablando más bajo — no conviene hacerlo enojar. De verdad no conviene—.

—Entonces quieres que vaya yo en tu lugar— Sung cruzó los brazos.

—No lo diría así exactamente…— Gabumon sonrió con torpeza.


—Eso es exactamente lo que estás diciendo— Sung lo miró fijamente.

—Sí —admitió Gabumon de inmediato— pero lo hago con mucho respeto —.

Meok Bo observó a Gabumon durante unos segundos. Luego miró a Sung.

—¿Ir a ruido? ¿Después comer?—.

—Probablemente —dijo ella.

Eso pareció ser suficiente para Arkadimon, quien asintió con seriedad.

Gabumon aprovechó la oportunidad y entregó una pequeña hoja doblada. Era una especie de invitación improvisada, decorada con estrellas dibujadas a mano y una frase escrita con letras exageradas:

"Etemon Live: La Voz Dorada del Bosque Inquebrantable."

Debajo, en letras más pequeñas, se leía:

"Entrada obligatoria para fans verdaderos."

—Esto suena a tortura—Sung suspiró.

—No, no, no —dijo Gabumon rápidamente—. Es una misión sencilla. Solo tienen que ir, sentarse, escuchar hasta el final y no hacer nada que pueda molestar a Etemon — añadió con leve nerviosismo.

—Eso no suena sencillo si canta tan mal —.

Gabumon no respondió. Su silencio fue respuesta suficiente.

Finalmente, Sung aceptó la quest. No era una misión peligrosa, al menos no si se cumplía correctamente. Solo había que resistir dos horas de música insoportable sin ofender al cantante. En teoría, aquello era mucho más fácil que una batalla. En teoría.

Gabumon señaló el camino hacia el árbol gigante.

—El concierto será allí. Ya deben estar llegando algunos Digimon. Solo recuerden: sonrían, aplaudan y bajo ninguna circunstancia digan que canta mal —.

—Vamos, Meok Bo— Sung guardó la invitación y comenzó a caminar.

—Meok Bo escucha ruido —dijo Arkadimon, avanzando junto a ella— si ruido ataca, Meok Bo protege — añadió.

—El ruido no va a atacarnos—.

Desde la distancia, un sonido agudo, desafinado y terriblemente prolongado atravesó el bosque.

—¡MIIIIIIII VOZ ES LA LUZ DEL MUNDOOOOOOOO!—.

Varios Hawkmons salieron volando de los árboles y Meok Bo se detuvo.

—Ruido ataca— .

Sung cerró los ojos por un instante, y eso que la quest apenas comenzaba.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

El claro del concierto se encontraba junto a un gigantesco árbol que se alzaba por encima de todos los demás. Sus raíces sobresalían del suelo como enormes caminos naturales y sus ramas formaban una especie de techo verde sobre el lugar. Alrededor del tronco, varios Digimon habían colocado troncos pequeños a modo de asientos, mientras unas lianas decoradas con hojas brillantes funcionaban como adornos improvisados.

En medio del claro había un escenario de madera. No era muy grande, pero estaba decorado de manera exagerada: estrellas doradas hechas con corteza pintada, telas rojas colgadas entre ramas, luces digitales parpadeantes y un enorme cartel que decía:

"ETEMON: EL REY DEL ESCENARIO."

Sung observó el lugar con expresión neutra.

—Al menos se esforzó—.

—Mucho brillo. ¿Brillo comida? —dijo Meok Bo, mirando las decoraciones.

—No—.

—Todo no comida…—.

Cerca del escenario ya se habían reunido algunos Digimon. Había un par de Palmon, un Agumon, varios Tanemon y algunos Digimon pequeños que parecían estar allí más por curiosidad que por gusto. La mayoría tenía una sonrisa nerviosa. Otros miraban hacia los lados, como si calcularan rutas de escape.

Uno de los Tanemon bostezó, pero otro le dio un empujón para que se comportara.

Sung y Meok Bo tomaron asiento en uno de los troncos. Gabumon no estaba por ninguna parte, lo cual confirmaba que realmente había usado a la Tamer como reemplazo. Sung hizo una nota mental para recordárselo después.

Unos minutos más tarde, una ráfaga de humo apareció sobre el escenario. La música de fondo comenzó a sonar desde unas bocinas colocadas entre los árboles, aunque el ritmo era extraño y algo torpe. Entonces, con una entrada dramática, Etemon saltó al escenario con un micrófono en la mano.

—¡Damas, caballeros y fans inevitables! —gritó con entusiasmo—¡bienvenidos al concierto más grande que este bosque haya presenciado jamás!—.

Los Digimon presentes aplaudieron de inmediato. Algunos lo hicieron con verdadera energía. Otros, por simple instinto de supervivencia.

Sung aplaudió con calma. Meok Bo la imitó, golpeando sus garras de forma algo torpe.

—Hoy —continuó Etemon, llevando una mano al pecho— les regalaré mi alma musical. Veinte canciones. Veinte joyas. Veinte pruebas de que mi voz es un tesoro digital—.

Sung sintió que su paciencia sería puesta a prueba. Etemon levantó el micrófono y señaló al público.

—¡Quiero ver sonrisas! ¡Quiero ver emoción! ¡Quiero ver lágrimas de felicidad!—exclamó eufórico.

Uno de los Palmon soltó una lágrima, aunque no parecía de felicidad.

—¡Comencemos con mi primer éxito! —anunció Etemon—. "Soy una estrella aunque nadie lo entienda."—.

La música comenzó y luego Etemon cantó.

El primer sonido fue tan inesperado que varios Digimon se sobresaltaron. No era exactamente un grito, tampoco era una nota musical. Era algo intermedio, una especie de ataque sonoro cargado de confianza. Etemon cantaba con pasión absoluta, moviéndose por el escenario con energía, señalando al público y girando sobre sí mismo.

—¡SOOOOY UNA ESTREEEELLA, BRILLO MÁS QUE EL SOL!
¡SI NO ME APLAUDES, TE FALTA CORAZÓN!—

Sung mantuvo el rostro serio con una habilidad impresionante. Había enfrentado problemas más peligrosos, pero pocos tan difíciles de soportar en silencio. Meok Bo, en cambio, frunció ligeramente el rostro.

—Voz duele —.

—Aguanta— Sung le habló en voz baja.


—Meok Bo aguanta por Sung—.

La primera canción terminó con una nota larga, temblorosa y fuera de tono. El bosque entero pareció quedar en silencio durante un segundo, como si necesitara recuperarse.

Etemon abrió los brazos.

—¡Gracias, gracias! ¡Lo sé, fue hermoso! — agradeció y el público aplaudió, Sung también, Meok Bo aplaudió tarde, después de verla hacerlo.

—¡Ahora la segunda canción! —gritó Etemon—. "Mi talento no cabe en este bosque."—.

Agumon dejó caer la cabeza hacia adelante, pero rápidamente la levantó cuando Etemon miró en su dirección.

La segunda canción fue incluso más intensa. Etemon caminaba de un lado al otro, interpretando cada frase con una seriedad casi heroica. A ratos se arrodillaba, a ratos apuntaba al cielo, y en una parte intentó hacer una nota alta que provocó que algunas hojas cayeran del árbol gigante.

—Árbol también sufre— dijo Meok Bo, mirando las hojas caer.

Sung se cubrió la boca para no reír.

Cada canción parecía más larga que la anterior. La tercera hablaba de cómo Etemon había nacido para ser amado por las masas. La cuarta era una balada sobre su propio reflejo. La quinta incluía un solo de micrófono en el que Etemon simplemente gritaba "yeah" durante demasiado tiempo.

Cuando terminó la quinta canción, Etemon señaló al público.

—¡Ustedes sí saben apreciar el arte!—.

Los Digimon aplaudieron otra vez.

Sung notó que algunos estaban empezando a verse cansados. Dos Tanemon parecían dormir con los ojos abiertos. Agumon se balanceaba lentamente, luchando contra el sueño. Una Palmon se tapaba los oídos con sus hojas, fingiendo que se estaba acomodando el rostro.

Etemon no notaba nada. O tal vez no quería notarlo.

—¡Vamos con la sexta!— el Perfect alentó al público.

Sung respiró hondo. Faltaban quince canciones, pero la misión era simple... terriblemente simple.
 
Última edición:
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Para la canción número siete, Sung ya había entendido que la verdadera dificultad de la quest no era escuchar a Etemon. Era no reaccionar.
Etemon tenía una presencia escénica enorme. Se movía con confianza, hablaba entre canción y canción como si el público estuviera completamente fascinado, y cada vez que alguien parecía distraerse, lo señalaba directamente.

—¡Tú, pequeño Tanemon! —dijo en una pausa—. ¿Te emocionó mi última nota?

El Tanemon se puso rígido.

—¡S-sí! ¡Mucho!—.

—¡Lo sabía! Mi música toca corazones— respondió Etemon con orgullo.

Sung miró a Meok Bo de reojo.

—No digas nada— le advirtió.

—Meok Bo no decir verdad—.

—Exacto—.

La octava canción fue una supuesta pieza romántica titulada "Mi micrófono y yo." La letra era extraña, repetitiva y demasiado larga. Etemon la cantó abrazando el micrófono como si fuera su compañero más fiel. Algunos Digimon no sabían si aplaudir, llorar o escapar.

Meok Bo empezó a inquietarse. No por miedo, sino por hambre.

—Sung… Meok Bo hambre—.

—Lo sé—.

—Canción no llena—.

—Ninguna canción llena—.

—Entonces canción mala—.


Sung le dio un leve toque con el codo para que bajara la voz. Etemon terminó la canción con una pose dramática. Luego se quedó quieto esperando una reacción. El público tardó medio segundo de más en aplaudir, y esa mínima demora bastó para que Etemon frunciera el ceño.
El ambiente se tensó.

Sung aplaudió con más fuerza.

—Muy… energética —
dijo con tono neutral.

Etemon giró hacia ella de inmediato.

—¡Tú sí entiendes! ¡Una Tamer con oído refinado!—.

—Claro—Sung mantuvo la expresión.

—Sung fuerte. Miente bien— Meok Bo la miró con admiración.

—Silencio— le regañó.

Etemon sonrió, satisfecho, y continuó con la novena canción. Esta vez se trataba de una pieza rápida donde intentaba bailar al mismo tiempo que cantaba. El resultado fue una mezcla de pasos torpes, gritos desafinados y vueltas innecesarias. En un momento perdió el equilibrio, pero lo convirtió en parte de la coreografía.

El público aplaudió por reflejo.

Cuando llegó la décima canción, Etemon anunció un descanso "emocional" de dos minutos. No era un descanso real, porque durante esos dos minutos habló sobre su propio talento, sus inspiraciones y cómo algún día todo el Digital World reconocería su grandeza musical.

—Mi voz no es solo sonido. Es destino — declaró con emoción.

Agumon murmuró algo que sonó como "es castigo", pero lo dijo tan bajo que nadie más lo escuchó. Sung aprovechó el momento para revisar a Meok Bo. Su Digimon se veía molesto, pero estaba aguantando.

—Vas bien —le dijo.

—Meok Bo protege oídos—.

—También cuenta como protegerme a mí. No causes problemas—.


—Si mono canta más fuerte, Meok Bo gruñe—.


—No gruñas—.

—Gruñido pequeño—.

—Tampoco—.le dijo dándole cero opciones. Y Meok Bo bajó la cabeza, aceptando la orden aunque no parecía convencido.

El concierto continuó. La canción once hablaba de una chaqueta brillante. La doce era una supuesta canción de batalla, pero Etemon se detenía cada pocos versos para decirle al público que no se emocionara demasiado. La trece fue una repetición accidental de la canción dos, aunque Etemon insistió en que era una "versión más madura".

Para la canción catorce, varios Digimon habían desarrollado estrategias de supervivencia. Un Tanemon contaba las hojas del árbol. Palmon fingía concentrarse profundamente en la letra. Agumon abría y cerraba los ojos lentamente, luchando contra el sueño.

Sung, por su parte, se mantuvo firme. Su rostro apenas cambiaba. Había decidido tratar aquello como un entrenamiento de resistencia mental.
Meok Bo, sin embargo, miraba cada vez más hacia el escenario.

—Etemon feliz con ruido—.

—Sí — Ella lanzó un breve y fugaz suspiro.

—¿Por qué otros no feliz?—.

—Porque el ruido duele—.

—Pero Etemon feliz—.

Sung guardó silencio unos segundos. La pregunta era simple, pero de algún modo tenía sentido. Etemon realmente creía estar dando algo valioso. Su confianza era absurda, sí, pero no parecía tener mala intención. Solo quería cantar y ser admirado.

—A veces alguien puede disfrutar mucho algo aunque los demás no lo entiendan —dijo Sung finalmente y Meok Bo pensó en eso.

—Como Meok Bo con carne— Arkadimon reflexionó mirando a su Tamer

—Más o menos—.

—Carne mejor que canción—.

—Definitivamente—.

La canción quince comenzó con un grito tan agudo que Meok Bo se estremeció. Sus garras se clavaron un poco en el tronco donde estaba sentado. Sung lo notó y le puso una mano sobre la cabeza para calmarlo.

—Aguanta. Faltan cinco después de esta—.

—Cinco mucho—.

—Menos que veinte—.

—Veinte crimen— le dijo fastidiado y Sung casi sonrió.

Etemon, ajeno al sufrimiento general, siguió cantando con toda su energía. La canción dieciséis fue presentada como una obra experimental. La diecisiete incluyó palmas obligatorias, por lo que todos los presentes tuvieron que seguir el ritmo. Etemon se molestó cuando algunos se atrasaron, así que Sung marcó el compás para que Meok Bo pudiera imitarla.

La dieciocho fue una balada lenta. Demasiado lenta. Tan lenta que parecía que el tiempo se había detenido. Etemon cerraba los ojos en cada frase y alargaba las palabras hasta lo imposible.

—No termina —susurró Meok Bo.

—Terminará— Sung le corrigió.

—¿Seguro?— cuestionó cero convencido.

—Tiene que terminar— dijo ella con seguridad.

La canción diecinueve llegó como una promesa de libertad. Etemon la presentó como su penúltimo gran éxito, llamado "Aplausos para mí." La letra, como era de esperarse, consistía casi por completo en pedir aplausos. Y el público obedeció.

Finalmente, Etemon respiró hondo y levantó el micrófono para anunciar la última canción.

—Y ahora… mi obra maestra— Un silencio pesado cayó sobre el claro —La canción número veinte: "Nunca olvidarán mi voz."—.


—Eso seguro— Sung miró hacia el cielo y Meok Bo asintió.

—Meok Bo nunca olvidar. Aunque quiera—
añadió.
 
OP
OP
Gennai

Gennai

Eclipse Dynasty Member

La última canción fue, sin duda, la más intensa de todas. Etemon puso todo su corazón en aquella interpretación. Cantó con los ojos cerrados, con una mano sobre el pecho y la otra sosteniendo el micrófono como si estuviera entregando su alma al bosque entero. Su voz subía, bajaba, se quebraba, se estiraba y volvía a subir sin advertencia. Algunas notas parecían pelear entre sí. Otras simplemente no tenían explicación.

Sin embargo, a pesar de lo terrible que era el sonido, había algo casi admirable en su entrega. Etemon no dudaba. No se contenía. Cantaba con una pasión tan grande que por momentos resultaba imposible no reconocerle el esfuerzo.

Sung observó el escenario con una expresión más tranquila. La misión seguía siendo absurda, pero al menos estaba por terminar.
Meok Bo permanecía sentado a su lado, inmóvil. Sus ojos estaban fijos en Etemon. No parecía disfrutarlo, pero tampoco intentaba escapar. Para alguien como él, que actuaba muchas veces por impulso, aquello era una enorme muestra de obediencia.

La última nota llegó de forma larga, exagerada y completamente desafinada.

—¡Voooooooz!— El eco recorrió el bosque, Las hojas temblaron, un grupo de Piyomons volvió a salir volando. Luego, hubo silencio.

Etemon quedó en pose final, respirando con fuerza. El público tardó un segundo en reaccionar, pero Sung comenzó a aplaudir antes de que la pausa se volviera peligrosa.

Los demás Digimon la siguieron de inmediato. El claro se llenó de aplausos. Algunos sinceros, otros desesperados, otros simplemente agradecidos porque el concierto había terminado.

Etemon abrió los ojos y sonrió con enorme satisfacción.

—Lo sé, lo sé. Fue inolvidable—.

—Eso no se puede negar —dijo Sung.

Etemon bajó del escenario y se acercó a ella con paso orgulloso.

—Tamer, vi cómo resististe la emoción de mi arte. No cualquiera puede soportar tanta belleza musical sin llorar—.

Sung mantuvo la calma.

—Fue una experiencia… fuerte— dijo tratando de no decir nada que suene ofensivo.

—¡Exacto! ¡Mi música es poderosa!

Meok Bo levantó una garra.

—Muy poderosa. Ataca oído—.

Sung giró la cabeza de inmediato.

—Meok Bo—.

Etemon parpadeó. Por un instante, el ambiente volvió a tensarse. Meok Bo miró a Etemon con completa seriedad.

—Oído siente fuerza. Mucha fuerza. Meok Bo casi no aguanta. Pero Meok Bo fuerte. Sung fuerte —.

Etemon se quedó en silencio unos segundos. Luego sonrió ampliamente.

—¡Ja! ¡Eso significa que mi voz los llevó al límite! ¡Excelente crítica!—.

Sung soltó el aire con discreción.

—Sí. Eso quiso decir— dijo ella. Y Meok Bo asintió, convencido de que había ayudado.

Etemon llevó una mano al pecho, claramente conmovido por su propia interpretación.

—Me alegra saber que aún hay público capaz de apreciar el verdadero talento. Gabumon se perdió un evento histórico—.

—Seguro se arrepentirá —
dijo Sung.

Muy lejos de allí, probablemente Gabumon no se arrepentía de nada.

Etemon agradeció nuevamente al público y anunció que pronto prepararía otro concierto, quizá de treinta canciones. Aquella declaración provocó un pánico silencioso entre los Digimon presentes, aunque todos aplaudieron con cuidado para no despertar sospechas.

Cuando Etemon finalmente se retiró a revisar sus "notas artísticas", los asistentes comenzaron a dispersarse con rapidez. Algunos Digimon se marcharon casi corriendo. Otros caminaban en silencio, con la mirada perdida, como sobrevivientes de una experiencia imposible de explicar.

Sung y Meok Bo abandonaron el claro por el mismo sendero por el que habían llegado. El bosque parecía más tranquilo ahora, aunque tal vez solo era el contraste después de dos horas de canto.

Gabumon apareció poco después entre unos arbustos, con expresión nerviosa.

—¿Y bien? ¿Terminó?—.

Sung lo miró fijamente.

—Sí— dijo con mucha seriedad. Gabumon tragó saliva.

—¿Escucharon las veinte canciones?—.

—Todas— ella mantuvo su seriedad.

—¿Hasta el final?—.

—Hasta el final—.

Gabumon bajó la cabeza con alivio absoluto.

—Gracias. De verdad, gracias. No sé cómo pagarles este sacrificio— el Child mamífero agradeció, y Meok Bo se acercó un poco.

—Comida— dijo hambriento.

—¿Qué?— Gabumon parpadeó.

—Meok Bo sufrió. Meok Bo quiere carne—.


Sung no lo corrigió. Después de dos horas de concierto, incluso ella consideraba justo algún tipo de compensación. Gabumon asintió rápidamente.

—¡Sí! Claro. Tengo algo guardado. No es mucho, pero puedo compartirlo—..

El pequeño Digimon sacó una bolsa con provisiones sencillas. Había algunas frutas del bosque, panecillos y un trozo de carne seca que Meok Bo aceptó como si se tratara del mayor tesoro del mundo.

—Carne —dijo con satisfacción.

Sung recibió también su parte, más los bits y se sentó un momento sobre una raíz cercana. Aunque la misión había sido ridícula, se había cumplido sin incidentes. Etemon no se había enojado, el concierto había terminado y Gabumon estaba libre de su promesa sin haber tenido que enfrentar la tortura musical.

—Para ser una quest de rango D, fue más difícil de lo esperado —comentó Sung.

Gabumon rió con incomodidad.

—Lo importante es que nadie salió herido—.

Desde la distancia, se escuchó la voz de Etemon practicando una nueva canción.

—¡TREINTA CANCIONES NO SON SUFICIENTES PARA MI CORAZÓOOOON!—. El bosque entero pareció estremecerse, Gabumon palideció.

—Nos vamos— Sung se puso de pie de inmediato.

—Sung sabia —dijo Meok Bo, masticando la carne seca.

Sin perder más tiempo, la Tamer y su Digimon abandonaron el Bosque Inquebrantable antes de que Etemon decidiera ofrecer un encore. Gabumon los siguió durante algunos metros, agradeciendo una y otra vez, hasta asegurarse de que el peligro musical había quedado atrás.

La quest había concluido con éxito, no hubo daños, ni nadie salió herido, ni hubo enemigos derrotados.
Solo una prueba de paciencia, resistencia y autocontrol frente a un Digimon nivel Perfect convencido de poseer la voz más hermosa del Digital World.
Y aunque Meok Bo no entendía del todo por qué alguien querría hacer ruido durante dos horas sin comer nada en medio, aprendió una importante lección: A veces proteger a Sung no significaba pelear. A veces significaba sentarse, escuchar veinte canciones horribles y no gruñir.
Sung Hae-In y Meok Bo asistieron al concierto de Etemon en lugar de Gabumon, permanecieron hasta el final de las veinte canciones y evitaron molestar al Digimon cantante. A pesar del sufrimiento auditivo, ambos cumplieron el objetivo sin causar problemas en el Bosque Inquebrantable.
 
Arriba