+18 Danmachi: Thunder Era [Empezamos, aún hay cupos!]

Gennai

Eclipse Dynasty Member
-Oye antes de que te vayas Vince, yo creo que debes checar tus estadísticas, ¿no lo crees? – Llamó la elfa a su agremiado antes de que esta media vuelta para irse. Al parecer notó que el espíritu tiene prisa en alcanzar a sus hermanos en la mazmorra, pero este dato es importante que ambos lo verifiquen o al menos por mero protocolo pues ella sabe de primera mano que tan fuerte es Vince. En cuanto al espíritu eso le parecía una pérdida de tiempo, sin embargo, debido a que todavía están en el foco del ojo público dada la reputación de Aurora, decidió cooperar con ella con la finalidad de evitar que tuviera problemas con sus jefes.

-Tienes razón, me disculpo – Luego de pedir perdón nuevamente se acercó a ella. A continuación, ella realizó los ajustes y ambos revisaron que tal están.

-Vaya, tus niveles de magia son muy altos, pero tus niveles de fuerza son un poco bajos. Creo que estas un poco desbalanceado – Le dijo sintiendo un poco de preocupación ya que al parecer su agremiado decidió incrementar sus capacidades mágicas y no las físicas.

-Lo sé – El ojiazul rodó los ojos – mira, pertenecer a la Familia Zeus no es solo es con el motivo de causar revuelo que la gente al escucharlo se sorprenda wow, eso no importa. Tengo que sustentar con hechos porque él me reclutó – Pausó sus comentarios viendo a los alrededores solo con mover sus ojos – Si bien los magos tienen la fama de ser deleznables en el combate cuerpo a cuerpo, como miembro de la Familia Zeus que soy no debo tener debilidades tan obvias, es por eso que he estado entrenando esos rubros, quizás mis estadísticas no han subido mucho, pero eso cambiará cuando frecuente la Dungeon y vaya bajando pisos – Le aclaró.

-Bueno, como tienes nivel 2 lo recomendable es que del piso 3 en adelante es ir un grupo- Le indicó ella.

-¿No habrá problema si hecho un vistazo a los primeros dos? – Le preguntó de repente llamando su atención.

-Claro y te daré un consejo – Le llamó con el dedo índice para que de nuevo este cerca de ella, el obedeció y se le acercó. Aurora enseguida le susurró a su oído, los demás que vieron eso no daban crédito ya que los que conocen a la elfa saben que detesta que le invadan su espacio – La mazmorra parece tener vida propia, crea monstruos cuando se le antoja volviéndola un sitio muy engañoso, así que si vez que la cosa puede complicarse lo mejor es que te retires – Le indicó ella.



-Bien, ahora si me retiro –

-Okii, entonces espero verte pronto para ir al pub donde trabaja mi chica – Le guiñó el ojo antes de que el espíritu se retire. - Ve tras ellos tigre rawww-

-Eh, claro – Sin más el salió del gremio rumbo a Babel.


------------

Una vez en la torre, nuevamente miró su majestuosidad antes de adentrarse en su interior, así que no perdió más el tiempo y atravesó la entrada. ​



La entrada a la Mazmorra se encuentra en el primer piso subterráneo de Babel. En el centro de la sala hay un agujero de diez metros de largo que conduce directamente a ella. Dentro de la sala circular hay múltiples columnas a intervalos regulares, y encima se encuentra una hermosa pintura azul celeste del cielo que se asemeja al cielo real. A lo largo del círculo hay unas escaleras suaves que descienden en espiral hacia la más abajo. El espíritu hizo el recorrido hasta llegar al primer nivel de la mazmorra.

Según pudo recordar Vince estos son los pisos superiores aptos para aventureros novatos. Aquí en el primer nivel las paredes son de color azul claro. También pudo notar un amplio pasillo con cavernas en sus costados. De pronto en una de las cavernas apareció uno de los monstruos.

-Ese es… un Kolbolt – Miró a la criatura Los Kolbolts son bestias humanoides con cabeza de perro, así como filosas garras y colmillos. La bestia se percató enseguida del intruso y le gruñó con furia – Me muestras los colmillos, ¿eh? – El azabache desenfundó su daga – No voy a desperdiciar mi magia con basuras como tú – Se puso en guardia – Sino vienes a mi lo haré yo – Corrió hacia la criatura y dio un tajo limpio en el cuello de la misma, esta aulló de dolor antes de caer muerta – Hmp – Sacudió la sangre impregnada en el cuchillo, luego vio que el aullido fue para pedir ayuda pues salieron dos más – Ustedes me servirán de calentamiento para los pisos inferiores – Volvió a ponerse en guardia – vengan- Los dos se abalanzaron al mismo tiempo sobre Vince quien esquivó dando un salto sobre ellos quedando a sus espaldas – El de la derecha primero – El espíritu cortó en la espalda a uno hiriéndolo, su compañero al percatarse atacó a Vince con sus garras, el chico a continuación bloqueó los zarpazos con su daga y retrocedió esquivando una estocada más fuerte.

-Hmp – Se abalanzó rápidamente hacia el Kolbolt y como hizo con el primero le cortó en el área del cuello, la muerte fue instantánea. Luego vio al otro herido de la espalda intentando huir arrastrándose, pero Vince le clavó su daga en la espalda y finalmente cayó. – Hm necesito mejorar, con estas habilidades cuerpo a cuerpo no duraré en los pisos inferiores – Sacudió su daga quitándole la sangre nuevamente -Será mejor que continúe, si me quedo aquí vendrán más – Siguió su camino y con suerte encontrará a alguno de sus hermanos más adelante.​
 

Shulman

Moderador
Ren's P.O.V.

—Iba a la mazmorra —respondió, sincero. Ahora que estaba de pie, su cola se movía de manera lenta de un lado a otro, reflejando su particular interés hacia Alix. Era una persona con la que no había interactuado mucho durante sus años recluidos entrenando y demás—. ¿Acompañarme…?

¿Realmente sería bueno dejar que aquel hombre lo acompañara o debía buscar a Suga? Pensaba especialmente en el último debido a que era su compañero de aventuras casi siempre, o bien Kenmaru (aunque él seguía en su registro). Quizás podría ser una buena oportunidad para saber más sobre Alix, para conocer más a aquel chico con ropajes que le hacían ver como un pirata. Uno muy teatral.

—Pues… sí —asintió. Sus orejas, antes retraídas hacia abajo, ahora se hallaban elevadas, apuntando hacia arriba con emoción. Una sonrisa inocente se reflejó en su rostro, una muestra muy sincera de la alegría que estaba sintiendo—. Pero, antes de eso, ¿podríamos explorar un poco la ciudad, juntos? —Al escuchar el tono interesado de aquella pregunta, Alix pareció pensar en algo que lo favorecería.
—Oh, ¿como si estuviéramos en una cita? —Preguntó el más alto, claramente tendiéndole una pequeña e inocente trampa al joven gato. Ren ladeó la cabeza, apuntando con sus orejas, también, hacia un lado.
— ¿Como una cita? —Repitió, frunciendo el ceño un poco, reflejando su extrañeza. No entendía a lo que se refería Alix.
—Acepto~.

Con el atrevimiento coqueto que lo caracterizaba, Alix entrelazó uno de sus brazos con uno de Ren. El más pequeño no entendió aquel gesto, pero no le dio mayor importancia cuando Moreau lo guió por el desconocido lugar.

Orario era conocida, también, como la “Ciudad Laberinto”. Y bien merecido que tenía aquel título, pues, podías perderte fácilmente en un lugar tan grande si no tenías cuidado. Alguien como Ren, en particular, podría no ser encontrado nuevamente si iba por allí completamente solo, más que nada por lo despistado y particularmente bobito que era. No es que no tuviera sentido de la orientación… sino que su curiosidad era muy grande para dejarlo solo.

Junto a Alix, Ren paseó por las grandes calles de Orario mientras se dirigían hacia la mazmorra. Ambos pudieron dar con lugares de interés, aunque ninguno era particularmente llamativo. Herrerías, farmacias, posadas, bares… Muchos sitios que se perdieron en la mente de Ren, y los cuales seguramente no volvería a recordar porque no le interesaban en lo más mínimo.


— ¿Oh? —La detención de Ren sorprendió a Alix. El muchacho había divisado una escuela. Sin embargo, la mirada del joven gato parecía estar dirigida hacia otro lado.

El de ropa pirata utilizó dos de sus dedos derechos, apuntando primero hacia los ojos de Ren, para luego trazar una línea invisible hacia el sitio donde estaba viendo: una biblioteca. Alix sonrió con diversión, recordando que siempre que había cruzado algún tipo de algo (caminos, palabra, o simplemente estar en la misma sala por alguna razón) con Ren, éste tenía un libro entre sus manos.


— ¿Quieres venir después, Ren? —Preguntó, aún sin soltarlo. Se tomó el atrevimiento de acariciar su cabello nuevamente, rozando apenas un poco sus orejas gatunas, consiguiendo que un leve sonrojo asomara en sus mejillas.
—Mhm —primero asintió, emitiendo un pequeño sonido de confirmación—. Me pregunto qué clase de cosas podría hallar allí…

Sabía que el gremio también tenía mucha información guardada, quizás enciclopedias relacionadas con los monstruos que se podían encontrar en la mazmorra y sus pisos, pero él quería embriagarse con cualquier cantidad de información que pudiera encontrar. ¿Podría decirse que era una especie de “ratón de laboratorio”? Sí, siendo un gato, pero se entiende, ¿no?

—Pero, ahora —entonces, la mirada de Ren apuntó al lugar al que pronto llegarían—. La mazmorra. —Alix soltó una risa leve, fascinado por la sinceridad que expresaba Ren en cada gesto y palabra.
—Pronto volveremos, entonces, para tener una cita en la biblioteca —afirmó, sorprendiendo de nuevo a Ren, extrañandolo con aquella declaración—. Ahora, una aventura nos aguarda —entonces, lo haló con él, comenzando a caminar de nuevo hacia el lugar que debían explorar.​

Maka Maka JAJAJAJA me estoy riendo con esto.
Blair Blair leve mención a Suga jaja
 
Última edición:

Wan

Nuevo usuario
Cofcof, buenas (?) Por invitación de una persona, y con permiso de Blair, me uno (?)


  • Nombre completo: Himba Kanegawa.
    Apodo: Rams.
    Raza: Oveja.
    Edad: 24.
    Descripción física y vestimenta:
    Varón de metro con sesenta y uno [1,61 cm] de estatura. Joven albino, de tez blanca con tendencia a volverse pálida, cabellera naturalmente albina (pero gusta pintarse las raíces o incluso las puntas de azabache, fingiendo demencia de su tono natural de cabello) lo suficientemente larga como para cubrir parte de sus ojos, normalmente despeinada arraigando una imagen descuidada o perezosa; sus cuernos algunas veces se ocultan entre su melena, son de un café opaco y grisáceo. Su cola es albina al igual que su cabello. De orbes de un gris opaco con resplandores blanquecinos, con un brillo disociado o desinteresado.

    Posee una complexión tonificada y una musculatura más marcada de la que aparenta; suele portar vestimenta fresca y holgada, ocultando el marcaje de complexión, aunado a su estatura, da la impresión de tener una complexión esbelta y flacucha.

    Personalidad:
    Calmado, sereno e inmutable. Una personalidad bastante pasiva y neutral, distante de la bulla, los conflictos o la discordia. Se limita a hablar lo necesario y de forma prudente, en especial si se siente en un círculo con muchas voces de mando y liderazgo.

    Disfrazado de la fachada de disociado o desinteresado, se cree que se encuentra divagando en su mundo y que es ajeno a la realidad, no obstante, se considera más bien observador y meticuloso. Considera el mundo en sí un experimento, un bellísimo especimen que es mejor observar, volviéndose un amante de lo rutinario y de los pequeños detalles, desde la gesticulación humana, la apreciación de los sonidos de la naturaleza y la interacción de la vida misma con los seres vivientes, incluyéndolo a él. Consciente de que posee una naturaleza más leal y protectora, prefiere seguir que liderar, teniendo un buen ojo para saber a quién obedecer y a quién cuestionar. No es amante de la discordia o el conflicto, le resulta fastidioso elevar la voz o solucionar las cosas mediante gritos, si habrá una discusión, que sea frontal y física, no verbal… De lo contrario se jactará por la diplomacia y el correcto debate, o simplemente se irá. Se considera racional y equilibrado, alguien que sabe apaciguar los incendios o los momentos tensos, no obstante, en su interés por mantenerse en su zona de comodidad, analiza las habilidades blandas y duras de las personas a su alrededor, si considera que alguien puede manejar la situación “mejor que él”, no intervendrá más de lo necesario.

    Podría decirse que posee una naturaleza un tanto egoísta, pues suele preferir sus intereses individuales por el colectivo, buscando su beneficio de cualquier situación, así esta sea la más mísera. No obstante, no es ambicioso o codicioso, tal vez caprichoso sería un mejor término.

    Pese a no considerarse una persona sin pelos en la lengua o con una honestidad abismal, sí se considera franco. No teme en mostrar sus sentimientos, sea mediante una demostración física o verbal, no es ingenuo ni mucho menos lerdo, sin embargo, esto no significa que sea un bobo desbocado e imprudente. Sus acciones en su mayoría son planeadas y buscando una reacción, sea cual sea, no da un paso en falso ni habla al aire, siempre busca una consecuencia inmediata a sus actos.
    Familia: Zeus
    Ocupación: Aventurero.
    Nivel: 2
    Estado:
    •Fuerza: A850
    •Resistencia: C690
    •Destreza: C600
    •Agilidad: B760
    •Magia: D590
    Habilidad:
    Punisher

    Aumenta la fuerza del usuario con cada golpe consecutivo en el oponente
    Magia:
    Cinder Ella (シンダー・エラ)​
    Magia de transformación que permite al usuario transformarse en cualquier cosa de su tamaño. | Canto — Tu herida es mía. Mi herida es mía. El eco es la señal de la medianoche​
    Hell Finegas (ヘル・フィネガス)​
    Fortalece masivamente todas las habilidades del usuario a costa de un juicio adecuado debido a un fuerte aumento en el deseo de luchar. | Canto — Lanza mágica, ofrezco mi sangre. Penetra en esta frente.​
    Arma:
    Un par de Tonfas.
    Historia:
    Proveniente de un linaje que destacó por su destreza física, capaz de desempeñarse en cualquier área de batalla o deporte, reconocidos como genios natos e instruidos como armas valerosas en las batallas por sus habilidades físicas. Tras una serie de sucesos y altercados, el apellido que alguna vez fue glorioso, hoy se esconde con vergüenza de continuar demostrando tales hazañas.

    Pese a esto, no proviene de una familia pequeña ni mucho menos paupérrima, pero sí oculta. Debido a esto la estabilidad interna se desbalanceó; fue separado de sus progenitores y principalmente criado por 3 figuras adultas: su tío Harusuke, su tía Kushina y Shunsen Daruich. Fue motivado a merodear con un perfil bajo, incluso huraño y hasta ermitaño. Tras la desaparición de Harusuke, la situación en su morada se volvió un poco tensa, escuchando las cómicas, rutinarias, pero a veces molestas, discusiones entre Kushina y Daruich, pues su tía insistía en ir cautelosos, mientras el varón promovía la libertad.

    Tras una situación que hasta hoy es confusa para Himba, se vio obligado a separarse de su linaje, terminando por merodear en su búsqueda sin éxito alguno. Fue en esa travesía que encontró a diversos aventureros buscando el reconocimiento y la bendición de los diferentes dioses que regían, siendo esta actitud atractiva para Kanegawa, y a pesar de intentar ignorar esa curiosidad, terminó por encontrar al exiliado Zeus. Sintiéndose identificado por la historia que se cantaba acerca del poderoso Rey de los Cielos, terminó buscando su bendición, dispuesto a seguirlo hasta donde pudiera ser útil. No significando que dejó en el olvido a su familia, por el contrario, busca encontrarlos, pero esta vez, sin la máscara de vergüenza que se le impuso a su apellido.
    Gustos y disgustos:
    Gustos. Dormir bajo un árbol o en las ramas de estos. Los postres, de cualquier tipo, tiene una fascinación por el pudín. Cocinar, especialmente postres. Los brotes de las flores, le encanta presenciar cuando recién están floreciendo, esto desembocó un gusto por la jardinería. Pese a la imagen perezosa que transmite, le gusta entrenar a primera hora, suele ser de los primeros que despierta, y después estar con un ojo cerrado todo el día. Las personas con convicciones definidas y objetivos claros, los sigue sin dudar. Los insectos.​
    Disgustos. Las discusiones a gritos, no las entiende. Los sabores insípidos, amargos o ácidos. La suciedad, el desorden, la peste, sentir que está en un basurero (es alguien considerablemente pulcro y ordenado pese a la imagen de vago que transmite).​
    Extras:
    — Su apodo significa oveja con cuernos grandes, y lo asocian a que embisten cada que pueden.
    — Pese a su personalidad, no se queda corto en ser hormonal, pero suele ignorarlo si es que no hay alguien de su atención para realizar un esfuerzo de coqueteo.
    — Manda cartas a los puntos que pertenecieron a su familia, esperando respuesta.
    — No escucha muy bien, especialmente de su oído derecho.
    — Busca encontrar primero a su hermano mayor, Kanegawa Otagi.​

  • Nombre: Chanida Yingyong.
    Apodo: Na-Na, utilizado por familia o personas cercanas. | Nida, lo nombra cuando las personas prefieren acortar su nombre. | Moon.
    Raza: Conejo Hume.
    Edad: 29.
    Descripción física y vestimenta:
    Fémina de metro con cincuenta y nueve (1,59 cm). De complexión tonificada, con piernas moldeadas y una musculatura resaltante pese a su baja estatura. Se trata de una jovencita albina, cabellera lacia, recogida en un par de molotes que dejan caer algunos cabellos de forma rebelde; de tonalidad albina, al igual que sus mullidas orejas que resaltan por su longitud. De rostro claro y redondo, con unos enormes ojos color celeste que brillan con curiosidad e intensidad.

    Suele vestir con ropas tradicionales asiáticas, normalmente busca que se acentúen a su cuerpo y que le den libertad a sus piernas. Consta de colores vivos, predominando la paleta de los azules en sus vestidos. De igual forma, utiliza un par de listones en las mismas tonalidades, con los que ata su cabello o, por el contrario, los lleva en sus muñecas.

    Personalidad:
    Cuídate del lobo que se viste con piel de cordero…

    Consciente de la primera impresión que da, que más de una mirada se paseará por su humanidad y, claramente, más de un individuo la verá como una presa en potencia. Mantiene orejas alertas y su mirada siempre va más allá de las acciones tribales, le gusta ser la titiritera de la situación, alguien que sabe mover las piezas a su favor. De naturaleza mordaz y ponzoñosa, una actriz entrenada para ser la damisela en peligro hasta haber extraído lo necesario. No significa que va por la vida fingiendo y beneficiándose a diestras y siniestra, pero simplemente, se cansó de ser la presa que… claramente no es.

    Posee una naturaleza más oscura de la que se creería, tomándose las situaciones con una tranquilidad abismal, siendo una odisea el que la coneja se tome en serio las situaciones, no temiendo el abrir su boca y meter las narices donde no le llaman. Bocona y hostigadora, posee una personalidad confrontativa e, inclusive, agresiva. No se doblega ante nadie, incluso cuando la contraparte demostró con hechos ser superior a ella. No busca ganar ni salir airosa, pero someterse o vulnerarse es algo que no está dentro de su comprensión. Sigue fielmente a su instinto y olisquea las oportunidades, no necesitando razones o justificaciones para hacer equis o ye cosa.

    Se considera segura de sus habilidades físicas y, claro está, de su atractivo. No es boba ni mucho menos ingenua, sabe jugar las cartas a su favor y escabullirse cuando las cosas salen de sus manos. No teme el recurrir a coqueteos o estrategias lascivas para conseguir algo que necesite, requiera o, simplemente, quiera. Dicen que donde pone el ojo, coloca la bala: y no podría estar más acertado. Obstinada y decidida, alguien dispuesta a terminar lo que inició y cumplir al 100% con su responsabilidad.

    Puede llegar a ser burlona e incluso sarcástica, se mide por hechos y no por palabrerías, no temiendo no tomar con seriedad a las personas hasta que no hayan demostrado ser merecedores de cualquier nombramiento o respeto. Suele llevar al máximo a sus asesorados, siendo estricta sin intención, le cuesta un poco empatizar con el cansancio o con sentimientos que no son declarados verbalmente frente a ella. Si bien es observadora, no con las emociones o con las actitudes de las personas, puede olisquear que hay algo diferente, pero ella lo tomará como un día cualquiera sino se le expresa que hay algo diferente.
    Afiliación: Gremio.
    Ocupación: Asesora.
    Historia:
    Proveniente de un clan desconocido, lugareña de un pequeño pueblo en el Lejano Oriente. Se reserva el hablar de sus orígenes o responder si hay más de su linaje sueltos, incluso llegando a contar mil historias sin dejar en claro cuál de tantas es verídica. Importándole poco si estas parecen irreales o hasta absurdas, dejando en claro su falta de interés por responder. Llegó hasta Orario siendo perseguida por más de un tratante que quiso privarla de su libertad y venderla por favores sexuales. Su misma personalidad la hizo meterse en más de un problema, confrontando a malhechores, altercados, e incluso siendo señalada de traer mal augurio.

    Al llegar a la mazmorra su vida de nómada comenzó a desvanecerse, decidiendo a asentarse y explorar, encontrando ahí una persona que hizo parar sus orejas y que su curiosidad permaneciera. Decidió utilizar su energía de forma más productiva hasta poder ostentar el título de asesora, si bien en un principio no era algo de su gusto, terminó agarrando un cierto encanto por ver quiénes de esas personas que se aventuraban en la torre saldrían victoriosos. Incluso instando a sus mismos compañeros a apostar por las pobres almas en desgracia.
    Gustos y disgustos:
    Gustos. Las apuestas, o ver a las personas apostar. Las saunas o aguas termales, o simplemente que en un cuartito se haga vapor con el agua caliente. El alcohol y el limón. Cultivar o cuidar de los huertos. Las voces ásperas o graves. Tejer o bordar, incluso confeccionar ropa, algunos de sus vestidos los hizo ella, por ende, puede pasarse horas buscando telas. Tomar té con galletas.​
    Disgustos. Los truenos la erizan y termina escondiéndose. Sentir que está sudada o sucia sin razón aparente. No poder dormir o descansar. Tiene cierta tolerancia a que la subestimen o la reten, pero cuando las personas insisten por fiarse de su apariencia, llega un punto que la irrita.​
    Extras:
    — Tiene un interés al que está cazando.
    — No tiene mucha sensibilidad en sus orejas, contrario a lo que las personas creerían.
    — Le cuesta recordar nombres, termina cambiándolos o asignando apodos.
    — Tiene un amuleto de mala suerte con el que juega cuando está nerviosa o con un mal presentimiento.​
 

Belgium

Live your dream
La joven de cabellera azabache no pudo evitar ladear la cabeza al hallarse frente a diferentes edificaciones desordenadas, removiéndose con cierta incomodidad al percatarse que la nostalgia de Orario había logrado calar lo suficiente en ella, para que su anatomía se movilizara por instinto hacia su lugar de nacimiento en vez del nuevo hogar. Los orbes zafiros de la fémina recorrieron la entrada de Calle Daidalos, hasta el momento que su atención se desvió a uno de los tantos carteles con flechas que indicaban qué dirección seguir, posando su mano sobre uno de ellos, dejando que una expresión de conflicto adornaran sus facciones al reconocer entre tantos garabatos, un torpe dibujo de una casita azul con una flecha a la derecha a su costado; un recuerdo difuso se instauró en la mente de Melle, uno de ella misma siendo una infante que se colocaba de puntillas con crayón en mano y la voz distante de sus padres diciéndole cómo regresar a casa si se extraviaba, un reto bastante mayor para el hecho que ese sitio era conocido como el otro dungeon.

—Así que mi casa era azul —murmuró la fémina para sí misma, deslizando su índice sobre su propio dibujo al mismo tiempo que giraba su rostro en dirección que señalaba la flecha—, ¿seguirá siendo del mismo color? ¿Alguien más vivirá ahí? No, me perderé si intento seguir ese rastro, no es una buena idea basarme en mis recuerdos lejanos —agregó, sacudiendo la cabeza de lado a lado, aunque en el fondo, habría querido lograr guardar algo de su antiguo hogar, pero, toda su identidad como Melle Arkwright había sido arrebatada en el momento que fue adoptada por Élie Dubost. Aquel nombre provocó que Bouclier apretara las yemas de sus dedos contra el cartel y sentimientos como el enojo lograran invadirla, aunque aquella tensión se disipó al sentir cómo un objeto redondo golpeaba con suavidad su pierna derecha.
—D-Disculpe, estábamos jugando —una voz infantil logró que la aventurera suavizara sus facciones y tomara el balón entre sus manos, girando hacia dos pequeños niños que se mostraban erizados, aunque la sonrisa de la fémina los relajó en un instante.
—Es de ustedes, tómenlo —pronunció la violinista que se había colocado de cuclillas, extendiendo la esfera.
—No es de acá, ¿verdad? —Comentó el otro pequeño, recibiendo un codazo de parte de su amigo—, l-¡lo digo porque está bien vestida!
—Pues, nací aquí —
decidió responder la mujer con honestidad, soltando una pequeña risita al apreciar los rostros sorprendidos de los infantes—, solo que hace muchos años me fui, y decidí visitar, un momento. Pero debo admitir que no recuerdo mucho.
—¡Entonces debe tener cuidado! —
Exclamó el primero—, ya sabe que esta zona no es la más segura... Debe volver a casa, con su familia —agregó, inflando el pecho como si hubiera dado el mejor consejo.
—Eso haré —
respondió la mayor, curveando sus labios, extendiendo sus manos para posarlas sobre las cabezas de los niños—, y ustedes también no deben quedarse hasta muy tarde, ¿de acuerdo?
—Somos fuertes —aseguró el niño—, aunque es cierto que si no volvemos ahora, nos resondrarán —admitió, recibiendo un asentimiento de su compañero de juegos.
—Por cierto, ¿hacia a la derecha hay alguna casa azul? Aunque... Tal vez haya muchas casas azules —se auto respondió Melle con cierta decepción, sin percatarse que ambos menores se miraron entre sí—, olvídenlo, perdonen por preguntar algo muy gene-...
—Debe estar hablando de la casa abandonada, ¿no?
—Solo sabemos que le pertenece a alguien, pero nunca regresó, ¡pero los mayores deben saber! —
exclamó con ánimo, pero la charla fue interrumpida por una voz femenina fuerte que llamaba a la distancia, para sobresalto de los niños al saber que el castigo se avecinaba, precipitándose a correr hacia una de las calles, aunque ambos voltearon para alzar sus brazos como despedida, recibiendo el mismo gesto de parte de Arkwright que al perderlos de vista, apretó sus manos entre sí.
—No debería ilusionarme...
—Quién diría que la que asesoro se metería en un terreno complicado como este sitio —
la voz de Snake logró que la fémina diera un leve respingo al no esperar la presencia del trabajador del Gremio—, solo te buscaba para informarte que puedes ingresar hasta el nivel 2. Por lo general apenas se inscriben como aventureros, se lanzan hacia el Dungeon, pero tu carácter no da la impresión de ingresar sin ninguna indicación de por medio.
—P-Puedo ir sola si quiero —
balbuceó la azabache en un tono nada convincente para Aiguo que se encogió de hombros—, además, ¿cómo me encontraste?
—Tengo varios ases bajo la manga, no fue difícil. Pero solo cumplo con mi trabajo en comunicarte que puedes recorrer la mazmorra, sobre todo si nunca has lidiado con ese tipo de acción —
señaló para asentimiento dubitativo de la música—. Eso es todo —agregó, girando sobre su propio eje para retirarse, siendo seguido unos pasos atrás por la aventurera—, no sabes dónde está tu familia, ¿no es así? —el silencio de la azabache fue suficiente para Sol.


[. . .]​


Tras una leve reverencia de parte de Melle como agradecimiento al asesor del Gremio que terminó guiándola hacia el nuevo hogar adoptado por Zeus, la fémina ingresó sin más, moviendo su diestra más de una vez para saludar al resto de miembros que así como algunos se quedaban en el comedor, otros partían hacia el Dungeon; la mirada zafiro recorrió el sitio sin divisar a alguien en particular, aunque tampoco era de extrañar, no sería del tipo que estaría descansando, seguro habría partido como otros más que conocía por lo menos un poco más dentro de la familia.

—¡Melle, regálanos una pieza! —Exclamó una voz masculina, elevando una jarra de licor con júbilo, siendo secundado por otros más que se encontraban alrededor.
—Sí, claro —contestó la aventurera con gusto, tomando entre sus manos a su preciado violín mientras se posicionaba al centro del comedor como si se tratara de algo innato, y es que ciertamente era de quienes más tocaba instrumentos musicales como parte de la distracción de la familia, hecho que le agradaba al compartir su música.
—¿No irás al Dungeon? —Cuestionó una mujer rubia tras unos minutos para atención de Arkwright que había terminado de tocar—, lo digo porque la mayoría que quiere recorrer la mazmorra hoy, ya ha partido. A menos que quieras ir sola, claro que, no tendrías ningún problema si lo decides así.
—Oh... Bueno, no quisiera molestar —
admitió la música, cerrando el estuche de su violín—, además no sé si alguien quisiera acompañarme, mi asesor dijo que no sería malo investigar un poco.
—Entonces yo te ayudo —
anunció la fémina para confusión de Melle—, ¡Melle quiere anunciar algo! —Exclamó para vergüenza de Bouclier que miró en pánico alrededor al obtener un silencio absoluto del ambiente.
—Eh... S-Solo quiero investigar la mazmorra, y si alguien, ¿quisiera acompañarme? Aunque puedo sola si nadie quiere —balbuceó, agitando sus manos, provocando algunas cuantas risitas de parte de miembros de la familia.
—Si lo dices así, nadie te va a creer —la voz de Arsh se alzó entre las leves carcajadas, el mismo que se acercó hacia Arkwright que parpadeó confundida—, y no quiero anuncios de muertes el primer día —agregó.
—¿Eso quiere decir qué me acompañarás? —Cuestionó la azabache.
—Me aseguro que sobrevivas, eso es todo —contestó el pelirrojo que prefirió mirar al frente al divisar de reojo cómo la violinista curveaba sus labios.


Everyday Everyday ahí ta u/ me avisas cualquier cosita​
 
OP
OP
Blair

Blair

So tired.
Administrador
🗲Master Post 🗲
​
— ¿No sería muy duro eso en el primer viaje? — El capitán de la familia miró al Dios, el cual estaba sentado viendo las estrellas, Zeus respiró hondo y volteó a ver a Raikhan.
— Eres el capitán, será tu deber dirigir a la Familia. Deja que se mojen los pies un poco, después llévatelos más al fondo de la mazmorra… Si crees que la situación puede estar fuera de sus manos, ordenas la retirada… Pero están hambrientos, igual que tú. — Sonrió ligeramente, tras lo que cerró uno de sus puños, alzándolo a la vista del otro. — Piso 12. Dominen todos los pisos superiores, hagan que Orario nos escuche.
— Como gustes, padre.

[...]​

Raikhan repasaba aquella conversación en su mente mientras veía a varios miembros de la Familia dirigirse a la mazmorra. Él saldría dentro de poco, dispuesto a tener su primera aventura en el laberinto; al igual que muchos de sus hermanos estaba emocionado por finalmente poder poner su entrenamiento a prueba realmente, quería utilizar su fuerza como era debido. La mayoría de la familia hubo recibido la indicación de únicamente aventurarse en los primeros dos pisos por ser “novatos”, pero Zeus tenía otros planes.
— Asegúrate que regresen vivos eh, necesitaré más manos para que mi taller esté terminado pronto. — La voz de la elfa lo sacó de sus pensamientos, el hombre tigre sonrió al cruzar miradas con su compañera.
— Lily, ese comentario me ofende muchísimo. — Raikhan bufó por lo bajo, tras lo que rodeó los hombros de la chica con su brazo. — Los traeré enteros y te los mandaré directo a trabajar. — El par intercambió unas risillas, tras lo que el varón se irguió. — ¿Mi arma?
— Lista — la chica le extendió la espada, la cual Taiga tomó con gusto.
— Un excelente trabajo, como siempre. Espero que estés lista para ir a la mazmorra, porque pronto será necesario que nos acompañes.
— Claro.

[...]​

Su paso por los primeros dos pisos fue sencillo, con ataques brutales que habían desvanecido a enemigos en grupo. Raikhan esperó frente a la entrada del tercer piso, escuchando atentamente en un intento de localizar a su Familia. El hombre tigre tomó aire profundamente, inflando su pecho considerablemente antes de soltar una única frase.
— Familia Zeus, encuéntrense conmigo en la entrada del tercer piso. — El grito resonó por los pasillos del laberinto, haciendo un eco casi infinito que planeaba alcanzar a todos sus hermanos.



===============================================

Shulman Shulman Maka Maka Belgium Belgium Everyday Everyday Hathaway Hathaway Gennai Gennai Lian Lian Aslan Aslan Wan Wan listo... Básicamente, mientras están explorando 1er/2do piso van a escuchar el llamado de Raikhan y se dirigirán con él hacia el 3er piso, aquí nos empezaremos a mover en grupo hasta llegar al piso 12 (traten de que no sea en 2 post el llegar hasta allá)

Pueden ver información de cada piso aquí e información de los monstruos aquí ​
 

Wan

Nuevo usuario
​

​
| 𐓏 |​

​
​
Bostezó amplio y profundo, frotándose el ojo con pereza.​
​
El despampanante día había llegado, y ciertamente, el anuncio junto a la indicación de que partirían hacía Orario le había causado un frenesí que extrañamente se albergaba en él, tan extraño que, terminó por consumir su energía.​
​
El transcurso no fue menos de lo que esperó. Y que el colectivo familiar se disipara a penas identificaron su nuevo hogar tampoco fue menos de lo esperado. Una sonrisa enternecida se pinceló con pereza en su rostro, hasta le dieron celos, tal vez él debería tener la misma energía que poseían sus familiares… ​
​
— … No, suficiente con ellos. — murmuró para sí mismo.​
​
Desempacó rápido, acomodándose en la nueva habitación que esta vez se le asignaría. Se sentía tranquila y apacible, probablemente porque los ánimos y la energía en estos momentos se encontraban en otro lugar. Sacó unos cuantos pergaminos en blanco, dejándolos sobre una mesita de noche, ah… Debería buscar donde está el punto de correos de Orario, ¿no sería molesto que después de tanto hayan recibido sus cartas? ¿Y si lo buscan en el punto anterior? Oh, bueno, eso será un problema para después. ​
​
​
Brillen como un relámpago, golpeen como un rayo y retumben como un trueno.​

​
​
Un escalofrío recorrió su espalda, jadeó un poco emocionado, raro en él, no se consideraba un ser apático y ajeno al mundo, pero ciertamente, le resultaba peculiar reconocerse con tal inspiración y éxtasis. Sería interesante presenciar en qué desembocaría esta nueva travesía...​
​
​
「 G r e m i o 」​

​
​
— Kanegawa Himba, pertenezco a la familia Zeus. — recitó con aparente pesar, con palabras atropelladas y lentas, con una mirada que parecía perderse en el abismo y estar somnolienta. Chistosa mueca para alguien que las personas cuentan una y otra vez hasta conciliar el sueño.​
— Fuu ~ ​
​
Un resoplo desganado salió airoso de los labios de la coneja, casi como un cosquilleo que la despertaba de su aburrimiento. Ladeó la cabeza curiosa, probablemente se le notificó que llegaría tal familia, y que entre ellos, uno sería enlistado a sus asesorados… Pero lo olvidó.​
​
Paseó su mirada turquesa por la humanidad del varón, era apenas unos centimetros más alto que ella, lucía descuidado, flacucho, desgarbado, ¿no eran los mitos de Zeus algo más impresionantes que esto? Arrugó la nariz, encontrándose juzgona de las apariencias, soltó una risa fuerte para ahuyentar sus propios pensamientos. Himba sólo parpadeó con curiosidad. La fémina airó la mano, irguió su espalda e infló el pecho, acercándose de un brinco hasta quedar ambas narices rozando.​
​
— De Zeus, ¿no? ​
— Correcto.​
— So, so, ¿no estaban extintos? — retó con burla.​
— Creo que extintos no es la palabra correcta. — inquirió Himba enarcando la ceja. Nida sonrió divertida, olisqueó un poco al albino, quizá podría ser un tema de conversación y una prometedora apuesta con cierta persona. — ¿Señorita? — Habló el varón para devolver a Chanida a la realidad Carraspeó.​
— So, so, papeleo, registro, Falna y mi nombre es Chanida, será un placer acompañarte mientras permanezcas con vida. — bromeó perspicaz, atreviéndose a acariciar la cabeza del aventurero, dando pequeñas palmadas de aliento o, tal vez, provocando el infundir miedo en el nuevo inquilino. Himba sonrió, pese a ser una sonrisa sutil y discreta, cargada de seguridad.​
— Cuide bien de mí.​
​
​
「 D u n g e o n 」​

​
​
Otra vez, estaba muy inspirado.​
​
Cuando menos lo pensó se encontraba caminando hacía la mazmorra, sintió que no pudo apreciar el camino hacía ella, ignorando esos pequeños momentos monótonos de los que tanto le gustaba ser testigo. Acababa de percatarse de la brisa que hacía que la tierra se metiera en sus ojos, que su piel se crispará al contacto de las temperaturas bajando. Otra vez sonrió acompañado de una risita que se sabía inquieta.​
​
Se sentía nervioso y entusiasmado, ¿dónde guardaría esa energía? Sino la controlaba terminaría por tomar una siesta donde no debe.​
​
Tomó una bocanada de aire antes de entrar a la mazmorra, al primer piso de Babel. Miró detenidamente, intentando contar el número de personas que subían, bajaban; cansados, airosos, asustados, extasiados, un millar de emociones que le producían una fascinación, tal vez hubiera sido bueno traer un diario y documentarlo, ¿no? ​
​
— ¡Maldito insecto! — bramó una voz masculina, asqueada. Himba volteó en su dirección, observando las marcadas heridas, las muestras de cansancio y las ojeras marcadas en su rostro, pero sobre todo, lo que mencionó…​
​
Dijo insectos. ​
​
Los orbes grisáceos brillaron con peculiar interés, tal cual niño que está a punto de recibir una sorpresa. Se viró en dirección a las escaleras, esperando encontrar alguno de esos insectos que mencionó el forastero. Además, tal vez se encontraría con alguno de sus familiares ahí dentro… ​
​
​
Seguro pronto serían invocados…​

​
​
​
​
​
➤ Fin del post ~

Vale, con esto hago aparición formal pa´no quedarme atrás (?)
Gracias por el permiso /u/
 

Shulman

Moderador
POV Kenmaru & Alleria.

—Eres terrible, novato —comentó Ryuji, riendo por la actitud de Kenmaru—. Sumamente perspicaz.
—No es la primera vez que me dicen algo así —
él se encogió de hombros—. ¿Ya revisaste todo lo que querías?
—Sí —
tras la afirmación, Kenmaru se acomodó la ropa—. Ustedes dos tienen mucho talento. Y no son solo ustedes, ¿no es así? —Takamine sonrió.
— ¿Quién sabe? Es algo que descubrirán conforme nosotros hagamos presencia aquí. —Kenmaru era el tipo de persona que disfrutaba de decir mucho y nada al mismo tiempo.— De todas formas, ya puedo irme, ¿no? Ren debe estar a punto de meterse en un problema, así que debo ir a cuidar de él.

Antes de que Kenmaru se acercara a la salida, de que siquiera pudiera levantarse de su sitio, una nueva persona entró en aquella habitación. Una persona que lo sorprendió muchísimo. Su mirada carmesí, con esas conjuntivas oscuras como la noche, podría perturbar a cualquier individuo. Pero no a él. En cambio, Takamine cruzó una pierna sobre la otra, pues, le agradaba saberse que Alleria, Ren y él tendrían el mismo guía de gremio.

—No esperaba que vinieras tan pronto —las palabras de Kenmaru estaban impregnadas de auténtica impresión y diversión—. Pero me alegra muchísimo saber que mi aventura empezará al lado de alguien que es extremadamente hábil con las armas.
—Ken —Alleria dejó ver una sonrisa de medio lado, igual de impresionada y divertida. Al igual que él, le agradaba la idea de pensar en tener un compañero realmente útil a su lado—. ¿Fabricarás armas para mí, con tal de que proteja tu adorable trasero?
—Si lo dices así, suena muy tentador.

Ryuji no sabía si aquello era una especie de coqueteo, pero, la breve tensión que se pudo haber formado, desapareció en un instante. Ambos rieron después de sostenerse la mirada un poco más. A pesar de que habían sido breves sus intercambios de palabras en el pasado, Alleria y Kenmaru se llevaban realmente bien. Se comprendían y se aceptaban el uno al otro. Además, habían entrenado varias veces en el pasado; podría decirse que eran extremadamente buenos cuando peleaban lado a lado, ya que habían aprendido a sincronizarse bien.

— ¿Cuál es el trámite por el que debo pasar? —Preguntó la elfa—. Tú eres al que le debo algo, ¿no es así? —Se refería a Ryuji.
—Solo necesito revisar tus estadísticas y pocos datos más —respondió—. ¿También eres de la familia Zeus?
— ¿No había quedado claro? —
Fue Kenmaru quien respondió.

El proceso, a diferencia de con Kenmaru y Ren, fue rápido. Y una vez que ambos miembros de la familia dieron por terminado su registro, salieron de aquella habitación con rapidez, dejando a un impresionado Ryuji evaluando la situación actual. Los tres miembros que se le habían asignado eran individuos con un potencial enorme.

.
.
.

En su caminata hacia la salida, Alleria prestó más atención a los alrededores. Se sentía observada. Era una sensación que, durante su estadía en aquel lugar donde Zeus los mantuvo entrenando, a menudo recorría su cuerpo. Y, en aquella ocasión, logró ubicar a la responsable: Sylvana. Sabía que aquella mujer tenía una curiosidad clara por ella, a fin de cuentas, Duskthorn era de su misma raza. Podía imaginarse qué clase de cosas quería preguntarle, pero… ella no tenía las respuestas que buscaba.
De hecho, no tenía ninguna respuesta referente a los elfos.

— ¿Quieres unírtenos? —Kenmaru también había sentido a la elfa que los observaba. Sylvana le dirigió otro tipo de mirada a Takamine, una filosa, que lo hizo reír levemente. Sabía qué tipos de pensamientos tenía ella sobre él—. Puedes venir, no muerdo… tan fuerte.
—En cualquier caso, yo evitaré que eso suceda —aseguró Alleria, divertida por el comentario de Kenmaru—. Sería una buena oportunidad para hablar bien, ¿no crees?

Pues, Alleria también sentía curiosidad por conocerla.
​



Hathaway Hathaway esto fue lo que se me ocurrió. Llévanos con el pj de Gennai[?
 

Everyday

Administrador
Incluso en aquél momento, mientras bajaban por las escaleras que poco a poco les conducirían a las entrañas de la misma Dungeon, Arsh se preguntaba si había sido una buena idea ofrecerse acompañar a aquella chica. No había mentido en sus intenciones, era cierto que la familia Zeus acababa de hacer su debut en Orario y resultaría vergonzoso que durante las primeras expediciones uno de sus miembros fuese derrotado en los primeros pisos; conocía la capacidad de combate de la mayoría de sus hermanos y hermanas, pero eso solo era allá afuera, en un mundo donde alguien con una bendición divina carecía de límites. Y aunque confiaba en el criterio del capitán, ese hombre bien podría estar siendo cegado por el orgullo y al mismo tiempo, inflando demasiado las capacidades de todos ellos.

Aunque puede que la verdadera razón fuera más simple y sencilla de entender. Si Suga y el capitán muriesen, Arsh no se largaría a un bar esa noche a llorarles, iría a festejar por ya no tener que soportar sus "escandalosos encuentros", entre otras cosas. Sin embargo, la ausencia de esa persona bien podría hacer menos llevaderos sus días dentro de la familia Zeus.

—¿Y cómo te fue con tu asesor? —la pregunta de su acompañante le hizo salir de sus pensamientos.

El descenso por las escaleras de caracol era lento, sobre todo porque aquel día había un flujo constante de aventureros subiendo y bajando al interior de aquel abismo.

—Es una chica, habla mucho, se nota que nunca ha bajado al Dungeon —se encogió de hombros—. Tal vez pida un cambio.

—Tengo entendido que no todos los asesores han tenido esa experiencia, es más, creo que son raros los que sí
—Arsh se sorprendió.

—¿En serio?, yo creía que los asesores debían ser ex aventureros —suspiró con cierta resignación—, ¿qué hay del tuyo, es por lo menos alguien interesante?

Melle se quedó pensativa un instante.

—
Él… es un tanto peculiar, demasiado extravagante, pero tiene una linda serpiente y además —parpadeó, como si hubiese recordado algo—. ¿Te parezco tener pinta de un support?

—¿Support?, ¿cómo el chico gato de la familia?
—Arsh la miró de reojo, confundido—. Bueno, en verdad no tienes la apariencia de un atacante, pero te he visto en el campo de pelea, así que llamarte así es algo absurdo —negó con la cabeza—. Pero eso lo veo más como una ventaja que una desventaja, puedes llegar a usarlo a tu favor.

—¿Cómo podría…?

—Si un enemigo no conoce tu rol a la hora de combatir, se dejará llevar por las apariencias y podrás tomarlo por sorpresa, puede llegar a servirte algún día.


—Trataré de recordarlo —ella asintió ante el consejo—. Ah todo esto, creí que serías de los que vendrían a la Dungeon tras la inscripción, pero volviste a la sede, ¿por qué lo hiciste?

Arsh abrió la boca para responderle, tal vez en automático y siendo del todo sincero, pero en su lugar terminó por cerrarla al instante. Obviamente no iba a decirle que regresó con la esperanza de escucharla tocar.

—Tenía hambre —dijo por fin— y además, olvidé cerrar con llave mi habitación y prefiero no darles oportunidad al capitán y Suga para que la terminen usando como un punto para sus encuentros —se talló la frente, como si un mal recuerdo hubiese aflorado—. Y tú, tardaste demasiado, ¿no? —volvió a mirarla de reojo—. ¿Ese asesor tuyo te hizo demasiadas preguntas?

—No, la verdad...
—Arkwright paró en seco en ese instante, Arsh descendió un par de escalones más antes de darse cuenta, se detuvo y se giró, ella reanudó al instante—. Solo me desvié un poco, para visitar… la que una vez fue mi casa.

—Tú, ¿eres originaria de Orario?


La chica se limitó a asentir, sin embargo, Arsh notó en su mirada una mescolanza extraña de emociones. Tal vez lo mejor sería no presionarla, sabía que Melle hablaría de cualquier cosa que desease compartir, no era ese tipo de personas que se guarda todo para sí misma. Además, probablemente estaba malinterpretando las cosas y la chica solo estaba experimentando nostalgia por una época pasada.

Los escalones terminaron, pronto la entrada a la Dungeon les dio la bienvenida. A simple vista solo era un mero arco de piedra como cualquier otro, pero daba la impresión de tratarse de un par de fauces que solo esperan el movimiento en falso de su presa para lanzar la mordida. Zeus y el capitán les habían entrenado para esto y además, no estaba yendo solo. Era imposible que algo ahí, en los primeros niveles de ese abismo, pudiera representar un desafío para ellos, pero aún así, sentía cierto temor. No porque saliese herido, o incluso muerto. Sino por el temor de que algo adentro pasase y ya no pudiese escuchar la melodía de ese violín.

[. . .]​

Creía recordar que el nombre de aquella criatura era «Goblín», seres pequeños y de piel verdusca, con odiosos ojos rojizos brillantes. Sus extremidades regordetas y cortas se sacudían cuando empezaron a correr hacía ellos, le resultaron repulsivos.

El primero de lo enemigos fue rechazado por una patada de Arsh, los ojos del goblín se quedaron en blanco cuando su cabeza fue obligada a mirar en una dirección, solo que a una velocidad que su columna vertebral no pudo soportar. El resto del grupo ni siquiera pudo alcanzarlos, el pelirrojo extrajo con rapidez varias de sus dagas y las lanzó en una veloz sucesión, de modo que cuando uno de los goblín caía al suelo el siguiente lo hacía un instante después.

Los cadáveres inmóviles pronto estallaron convirtiéndose en una mera pila de polvo, en cuyo centro se hallaba una diminuta piedra.

—¿Estas son las cosas que el gremio compra? —Arsh se acuclilló y tomó aquella piedra, acercándola a sus ojos y girándola para analizarla desde todo ángulo posible—. No parece la gran cosa.

—Recuerda lo que nos dijo el capitán
—Melle había recogido el resto de piedras, así como las dagas que el pelirrojo había lanzado, las cuales devolvió a su dueño—. Entre más peligroso y retador sea el monstruo, mejor la calidad de estas piedras y el precio que pagará el gremio por ellas.

—Imagino entonces que ya podemos olvidarnos de hacernos ricos derrotando a estas cosas
—chasqueó la lengua y lanzó la piedra a su espalda, descartándola; Melle se apresuró y la atrapó en el aire.

—Por cierto, Arsh, yo también puedo pelear, no hay necesidad de… —paró en seco cuando el varón movió su mano en gesto desinteresado.

—Estos monstruos son tan débiles que ni siquiera necesito magia para derrotarlos, apuesto a que podría derrotar a uno solo con una bofetada —hizo el ademán, golpeando al aire—. Tal vez deberíamos bajar al siguiente piso.

Melle iba a responderle cuando se escuchó un estruendo: el de rocas cayendo con pesadez. Al principio tanto el pelirrojo como la fémina pasearon sus miradas a sus alrededores, temiendo un derrumbe, el capitán nunca les advirtió de la posibilidad de un colapso de los túneles, pero no por eso debían confiarse. Al cabo de unos segundos, descartaron que algo así estuviera ocurriendo, aún así, aquél sonido volvió a escucharse. Solo un intercambio de miradas bastó para que ambos aventureros decidiesen movilizarse en búsqueda de la fuente del sonido.

Siguieron avanzando hasta que el túnel se agrandó en un punto, ahí pudieron observar a un joven de cabellos blancos que estaba levantando rocas del tamaño de un buey, como si fueran cualquier cosa. Parecía estar buscando algo, porque apenas verificaba lo que había debajo de ellas las lanzaba a un lado y tras estrellarse, hacían aquel escándalo que les tomó por sorpresa.

—¿Rams?, ¿Rams eres tú? —preguntó Melle apenas cortaron distancias y pudo verlo mejor.

El aludido, que ya se encontraba inspeccionando debajo de otra roca dejó lo que estaba haciendo y se giró para encontrarse con la fémina y el pelirrojo.

—Hey —dijo con un tono desganado, levantando apenas su mano.

—¿Qu-qué… qué haces?

—Busco insectos
—lo dijo como si aquello fuese cualquier cosa, sin embargo, la respuesta le produjo un escalofrío a Melle.

—¿Y para qué buscas insectos? —Arsh ladeó la cabeza—. El capitán dijo que aquí solo podían haber goblins y otros monstruos con cabeza de perro.

—Escuche a unos aventureros decir que había insectos
—se quedó pensativo—, pero tal vez están en otro piso…

—Nosotros nos dirigimos al segundo piso, si gustas, puedes acompañarnos
—Melle parecía encantada con la idea.

—Hmm… tal vez ahí haya insectos… —Rams se llevó el dedo índice a la comisura de la boca en gesto pensativo, después asintió—. Iré con ustedes.

—Oye, yo solo dije que te acompañaría a ti para asegurarme de que no te mataran
—Arsh frunció el ceño—, yo nunca dije que estaba dispuesto a viajar en grupo —miró a Rams— y menos si debo ir con… —parpadeó.

Arsh miró más detenidamente al chico: poseía una mirada adormilada, sus cabellos estaba despeinados y tanto su rostro como ropa estaba cubiertos por un poco de polvo debido a su peculiar búsqueda de insectos, todo esto sumado a su baja estatura le hizo recordar la imagen de otra persona, más concretamente a la de un niño con poca suerte en la vida, tal vez orillado a vagar por las calles y…

—De acuerdo, de acuerdo, que la oveja venga con nosotros —lo señaló con el índice—, pero no nos retrasaremos para hacer búsquedas, si quieres encontrar un insecto más vale que lo hagas en el camino.

Antes de que Melle pudiera dar su opinión sobre ese último punto, una potente voz retumbó en las paredes, casi como si de un trueno se tratase. El trío la reconoció al instante, la voz inconfundible de su capitán. Y les estaba ordenando reunirse con él en la puerta al tercer piso.



Belgium Belgium Wan Wan
 

Aslan

Nuevo usuario
— ¿Así que aquí estás de nuevo? —dijo una semielfa con gafas, que rebuscó en sus archivos antes de mirarme —. ¿Conseguiste una Falna?

Asentí sin decir nada, mirando cómo volvía a rebuscar en sus archivos. Esa semielfa se llama Willow; es la que me atendió la primera vez, la que me dijo que me fuera porque no tenía una Falna. A pesar de eso, siempre me trató con amabilidad y diligencia, trabajadora y siempre con algún archivo o pergamino en las manos, como si Orario dependiera de sus pergaminos.

— Bien, me alegro por ti. ¿Qué familia te acogió? —me preguntó con amabilidad.

— Fue Zeus —respondí alegre.

Entonces, los ojos de Willow se abrieron tanto que parecían que se iban a salir. Por un momento, se paralizó antes de volver en sí, parpadeando. Raikhan ya me había avisado sobre esa reacción.

— Permíteme un momento —dijo Willow mientras se iba a hablar con otros asistentes. Entonces, miré por la ventana, recordando cómo llegué aquí.

Eso fue hace casi dos años, cuando mi tribu me desterró y llegué a Orario. Había oído cosas sobre las mazmorras y cómo algunos elegidos conseguían fama y fortuna. Lo que no sabía era que todos los que se adentraban en la mazmorra necesitaban una familia, una Falna, y, por supuesto, no me dejaron ni siquiera registrarme. Willow también fue quien me atendió entonces y, amablemente, me sacó del Gremio. Lo intenté con un par de familias, que me dieron la negativa, antes de irme de Orario y circular por los exteriores sin rumbo fijo.
Fue en esos momentos cuando me encontré a Zeus. A pesar de que sabía cazar y tenía un refugio, estaba bastante desnutrido y hambriento cuando nos encontramos. En un principio, no sabía que era un dios, pero su presencia me ponía los pelos de punta. Después de una buena comida, que no pude rechazar, me lo contó todo y me propuso una prueba, la cual superé y me llevó a conocer a su familia. Había todo tipo de personas: humanos, hombres bestia, elfos…

Durante todo un año, estuve entrenando y conociéndolos, y, aunque muchos me gustaban, no podía evitar sentir que con algunos no podía llevarme bien.
Cuando Zeus anunció que iríamos por fin a Orario, me emocioné tanto que tuve que salir antes de empacar lo poco que tenía. Y ahora, estaba de nuevo aquí.
Willow volvió, ahora más calmada, pero claramente aún consternada por la noticia. Sentándose de nuevo ante mí, sacó una hoja en blanco para registrarme.

— ¿Tu nombre era Noah Valthorn, cierto?

Durante un largo rato estuvimos hablando; le conté en privado sobre mi habilidad y mi magia, todo lo que aprendí en el entrenamiento de Zeus.

— ¿Experiencia en combate?

— ¿Cuentan las veces que fui de caza?

Ella simplemente ladeó la cabeza.

— Los monstruos de la mazmorra no tienen nada que ver con los animales de afuera.

— No te preocupes, me las apañaré —respondí.

— Está bien —suspiró Willow—. Viendo cómo eres, no dudo que querrás ir de inmediato a la mazmorra. No te detendré, pero no vayas más allá del nivel 2.

— No mas del nivel 2, entendido —dije, asintiendo con la cabeza.

Salí del Gremio feliz y, sin inmutarme, fui directamente a la entrada de la mazmorra. Esperaba encontrarme a Raikhan y decirle algo, informarle de que ya podía ir a la mazmorra, pero no lo vi. Así que entré solo en las mazmorras.
Nada más entrar, noté el cambio: el aire era denso y pesado, y el olor a sangre, hierro y óxido inundaba cada rincón. Aunque no era muy agradable, era precisamente lo que esperaba de un sitio así. No pasó mucho tiempo cuando escuché un murmullo; no era humano ni de hombres bestia, eran monstruos de la cueva. Y, antes de darme cuenta, unos pocos kobolds aparecieron delante de mí y atrás, tratando de emboscarme. El intento me pareció adorable y, antes de que ellos me atacaran, me lancé hacia uno de ellos, dándole una patada que lo elevó y golpeándolo con el codo para estamparlo en el suelo, y así salir de la emboscada, pero…

— ¡Por dios, qué dolor! —dije mientras me sacudía el brazo del dolor. Eso no me lo esperaba: que unos simples kobolds fueran tan duros. Estaba claro que había subestimado la mazmorra; eso no era como un entrenamiento. Un movimiento en falso y adiós.
Me alejé del grupo en un par de saltos, agarrando los cestus que tenía atados en mi cinturón para ponérmelos en las manos. Ahora podía pegarles sin problemas.
Después de ponerme los cestus, no duraron mucho; los dejé totalmente golpeados y magullados, no podían seguirme ni tampoco hacer daño a nadie.

Cuando me adentraba en el segundo piso, escuché el grito de Raikhan: "¡Familia Zeus, encuéntrense conmigo en la entrada del tercer piso!"
Un grito resonó por todo el piso, seguramente también por varios pisos alrededor, pero el mensaje era claro. Siguiendo los ecos, me acercaba a la entrada, emocionado por saber lo que me esperaba.
 

Gennai

Eclipse Dynasty Member

El silencio del laberinto se quebraba solo por el roce de las botas contra la roca y el goteo constante que resonaba en algún rincón invisible. Vince avanzaba sin prisa, pero con la seguridad de quien no teme lo que pueda salir de las sombras. La humedad impregnaba sus ropas, y en el aire flotaba ese olor terroso y metálico que mezclaba polvo, sangre seca y moho. A su paso, un Kolbolt surgió entre las grietas, encorvado, los colmillos amarillentos brillando con el reflejo de la piedra luminosa. Vince no dijo nada; su mirada se mantuvo fija, fría, como si ni siquiera valiera la pena evaluar a la criatura. Un giro de muñeca, un corte seco en la garganta, y el cuerpo cayó con un golpe sordo. No desaceleró, no miró atrás.


-Inútiles -murmuró, apenas audible, con un tono carente de emoción. Sabía que esos enemigos no le darían nada más que experiencia mínima, una fracción insignificante en el largo y tedioso ascenso hacia un nuevo nivel. Eran obstáculos mecánicos, piezas defectuosas en una máquina que apenas lo entretenía.


El pasillo se estrechó, y en la penumbra, un grupo de Goblins apareció, gruñendo y agitando improvisadas armas oxidadas. Vince caminó directo hacia ellos, sin cambiar su respiración, su mirada fija en un punto más allá de las criaturas. El primero intentó abalanzarse, pero un tajo limpio lo detuvo en seco. El segundo recibió un empujón con la empuñadura de la daga que lo dejó contra la pared antes de que la hoja lo atravesara. El tercero ni siquiera alcanzó a gritar antes de caer. Tres cuerpos más que se sumaban al silencio, y nada que justificara el gasto de energía.


Sus pasos siguieron resonando, el eco deformado por la irregularidad de las paredes. No buscaba estos combates, no le importaban. Su meta era otra, algo que hiciera latir su corazón con la anticipación de un verdadero reto. Un sonido diferente llegó a sus oídos, tenue pero claro para alguien con su experiencia: un repiqueteo rápido, ligero, como el golpeteo de garras finas contra piedra. Vince detuvo el paso, cerró los ojos por un instante, y filtró el resto de ruidos. Ahí estaba de nuevo, más cerca, moviéndose en intervalos cortos.


Al doblar el siguiente recodo, lo vio. Entre el parpadeo verdoso de las piedras incrustadas en la pared, un destello de plumas mullidas de un verde amarillento rompió la monotonía del entorno. Un Jack Bird. La criatura tenía la silueta de un gallo, pero sus movimientos eran diferentes: calculados, tensos, listos para reaccionar al mínimo cambio. Sus ojos negros y brillantes lo observaban, y Vince supo de inmediato que había sido detectado.


Un Jack Bird no atacaba. No necesitaba hacerlo. Su defensa era la velocidad, esa agilidad imposible que le permitía desaparecer antes de que cualquier espada, flecha o hechizo alcanzara su posición. Pero Vince también sabía otra cosa: si lograba atraparlo, el botín sería enorme. Un millón de valis por un solo golpe certero.


-Finalmente, algo que vale la pena… -susurró, la voz helada, sin alterar el ritmo de su respiración. La daga giró en su mano, el metal captando un breve reflejo de luz antes de que volviera a sumirse en la penumbra. El Jack Bird dio un paso hacia atrás, las plumas del cuello erizadas, como si entendiera que la cacería estaba a punto de comenzar.


El aire entre ambos se tensó. Vince desplazó el peso a la pierna trasera, listo para impulsarse. Cada músculo estaba preparado, pero su rostro seguía inexpresivo, sin la euforia que otros mostrarían ante semejante oportunidad. Para él, no era suerte: era trabajo, precisión, cálculo. Sabía que tendría una sola oportunidad. El más mínimo error, y lo vería desvanecerse en un parpadeo. El sonido de las garras del ave golpeando la roca volvió a escucharse, más rápido ahora. Vince dio un paso, y el Jack Bird giró, iniciando su huida.


La cacería había comenzado.
​

Shulman Shulman aqui algo mientras tu y Hathaway Hathaway vienen a mi (?)
 

Wan

Nuevo usuario
| 𐓏 |​

No sabe si es suerte, pero terminó acompañado de Arsh y Melle justo en el instante que la voz imponente del capitán anunció el nuevo punto de encuentro.​

​
Miró de reojo a sus familiares, sonrió a sus adentros al ver el ceño fruncido en el rostro de Arsh, y casi por inercia, pudo leer las intenciones de Melle de tal vez confortarlo y darle un poco de paz. No se consideraba precisamente cercano con alguno de los dos, pero ha tenido la oportunidad de observarlos, incluso algunas veces Melle se ha acercado con algunos dulces, también reconoce la melodía con las que suele arrullar de noche, mientras que el ímpetu y la agresividad del pelirrojo le resultan fascinantes. Recordando que se quedó observando más de un entrenamiento del pelirrojo…​
​
Aunque nunca convivió precisamente con ambos.​
​
En más de una ocasión se dejó vencer por la pereza, optando por dormitar en un árbol sobre convivir con sus familiares, tal vez por eso resultó tan ajeno a las noches indecorosas de su tribu. Se quedó divagando en sus pensamientos, la mayoría triviales, hasta que el chasquido de los dedos de Arsh y el leve toque en su hombro por parte de Melle lo devolvieron en sí.​
​
— ¿Acaso no escuchaste? — se quejó el más alto. Himba ladeó la cabeza confundido. — El ruidoso aquél nos llama. — ¿Ruidoso? La confusión en el albino continuó, sobre todo por tal adjetivo, había muchos ruidosos, entre ellos las personas que salían gritando de este lugar. Melle acentuó su tacto sobre su hombro, dedicando una sonrisa suave para atraer su atención.​
— Se refiere al capitán. — tradujo la violinista. Rams miró unos segundos a Melle antes de alternar hacía Arsh, notando el énfasis en su ceño fruncido y como roía los dientes ligeramente.​
— Como si no fuera mi intención ir más allá. — farfulló entre dientes. Comenzó a caminar sin mayor miramiento, importándole poco –o al menos según apariencias– si ambos se quedaban más atrás. — ¡Muévanse! — ordenó.​
​
Una sonrisa se pinceló suave y perezosa en el rostro pálido de la oveja. Comenzaba a entretenerse de la actitud de sus menores, y ciertamente, le resultaba extasiante el convivir con ambos. Le gustaba el espíritu confrontativo de Arsh, y podía olisquear la llama que Melle mantenía controlada. La piel comenzaba a erizarse y un sentimiento de adrenalina le asfixiaba.​
​
— ¿Vamos? — invitó con dulzura. Himba asintió, indicándole con apenas un gesto que se adelantara, él cubriría la retaguardia, y Arsh el frente.​
​
​
​
​


➤ Fin del post ~

Increíblemente llevo 3 días escribiendo esto (?) pensé que Blair me ganaría .3. Dizque yo iba a meterle más pero ni el tiempo ni la inspiración me favorecieron, so... pero que Everyday Everyday sólo le pegue a Belgium Belgium (?)

Mi pequeño aporte en lo que tengo tiempo y Blair postea 👀
 
OP
OP
Blair

Blair

So tired.
Administrador
— ¡Cuidado! — Aquella frase no llegó lo suficientemente rápido, e incluso si lo hubiera hecho, era altamente probable que el receptor de la voz no hubiese tenido tiempo de reaccionar de todos modos. La flor que había emergido del suelo no tuvo dificultad alguna en engullir el cuerpo del humano en su totalidad.

El grito consecuente fue ahogado por otra planta emergente; las lianas rompieron el suelo y los pétalos se volvieron visibles apenas momentos antes de que la “boca” de la Viola hiciera acto de aparición. El cuerpo del segundo desapareció tan rápido como el primero, ante los ojos horrorizados de su acompañante, quien había logrado alejarse apenas lo suficiente gracias a su técnica de escape. El varón apretó sus puños a la par que las lágrimas recorrían sus mejillas, sin pensarlo más comenzó a correr, dispuesto a abandonar la mazmorra tan pronto le fuera posible.

La llegada al gremio fue intensa, sus piernas apenas le contestaban y más de uno había intentado detenerlo para cuestionarlo, pero tenía una única misión: informar de lo sucedido al Gremio. Apenas obtuvo la atención de uno de los trabajadores comenzó casi a vomitar sus palabras, dando la impresión incluso de que lo que decía no tenía ni pies ni cabeza. Finalmente, frustrado por todo lo que lo rodeaba, el aventurero se golpeó a sí mismo en la cara para obligarse a decir algo coherente para los que lo escuchaban.
— ¡Hay Viscum y Violas en el piso 15!
— ¿Qué?

El caos se desató casi al instante, con los trabajadores del Gremio movilizándose tan rápido como les fuera posible. Ambos monstruos solían mantenerse en los pisos profundos, aquellos que requerían que los aventureros fueran como mínimo nivel 3, pero preferiblemente nivel 4; el hecho de que estuvieran en los pisos intermedios solamente significaba malas noticias, ¿cuántos aventureros habrían muerto ya? Ninguno que fuera inferior a nivel 3 podría hacerles frente, incluso podría considerarse un milagro que aquel que hacía el reporte siguiera con vida.
— ¿La familia Loki?
— En los pisos inferiores, no podremos enviarles un mensaje sin atravesar el piso 15.
— ¿Hestia? —Su interlocutor negó con la cabeza.
— ¿Quién está disponible?
— Zeus.
— Pero… la mayoría son nivel 2.
— Conquistaron todos los pisos superiores en su primer día en Orario, ni siquiera tenían un mapa consigo. Son nuestra mejor apuesta en este momento.
— La única… Contáctalos.

[...]​

— ¿Qué opinas, Padre? — Raikhan yacía de brazos cruzados recargado contra el muro del balcón, Zeus se notaba pensativo.
— ¿Los consideras listos?
— Será arriesgado, pero si trabajamos juntos debe ser posible. — Se irguió ligeramente y miró hacia arriba, analizando las estrellas que se extendían a lo largo y ancho del cielo. — A decir verdad, creo que la situación nos cae como anillo al dedo… Estoy seguro de que más de uno podrá usar esto para subir de nivel y quién sabe, quizá al menos uno de ellos puede despertar eso…
— Oh, ¿eso crees?
— Sí, este grupo… mis hermanos… Los veo capaces. Enfrentar enemigos de este calibre, en una situación crítica, es el momento ideal.
— Sabes mejor que nadie que esa habilidad no necesariamente se desbloquea en pelea.
— Lo sé, pero no está de más intentarlo. Es una buena oportunidad para hacerlo y de cualquier modo alguien tiene que lidiar con la amenaza; nuestra reputación será aún mejor si podemos detener lo que sea que esté pasando en la mazmorra.
— Está bien Taiga. Cuida a tus hermanos y llévate a Lily contigo… Tienen que mantener las armas listas para todo.

[...]​


Tres horas habían transcurrido desde la conversación entre el capitán de la Familia y Zeus, los aventureros se encontraban ahora descendiendo por la mazmorra de manera organizada y apresurada, a sabiendas de que aquel encargo era peligroso y urgente a partes iguales.
— No debemos perder tiempo, monstruo que vean, monstruo que debe morir. No nos detendremos por las gemas, solamente descansaremos cuando sea necesario. — La voz del hombre tigre era firme, a su lado la Elfa se aseguraba de tener lo que necesitaba para la expedición; el hecho de que ella estuviera en la mazmorra con el resto decía mucho de la dificultad del encargo, tenía que hacerse cargo de que el equipo de su familia estuviera en su mejor estado para la batalla.


==========================================================

  • Como pudieron ver, la Familia Zeus fue llamada por el Gremio para encargarse de una amenaza inminente. Monstruos que usualmente se encuentran en los pisos profundos aparecieron en los intermedios y están cobrando más vidas de las que se pueden contar. La misión es clara: viajar al piso 15 y derrotarlos. Hay al menos 3 Viscum, por cada Viscum hay al menos 10 Violas (y aumentando).
  • La información de la habilidad Divina Physis ha sido agregada al post principal.
  • Ningún miembro de la familia (personajes jugables) conoce la existencia de dicha habilidad, Raikhan y Lirael no compartirán la información a los demás sino hasta que la desbloqueen/habiliten individualmente, en dicho caso, se les pedirá discreción debido al tipo de habilidad (su rareza, efectos, etc.) y la creencia de que conocer la existencia de la habilidad podría provocar que el aventurero “pierda el camino” por querer enfocarse en desbloquearla/conseguirla. (Obviamente los demás personajes notarán el cambio en las habilidades/magias de los que ya la desbloquearon, pueden jugar con ello como gusten para sus relaciones interpersonales).
  • Todos los personajes jugables tienen permitido desbloquear Divina Physis a partir de este momento, favor de tomar en cuenta los requisitos de activación (los encontrarán en la información de la habilidad) para cuando lo realicen. Si desean NO desbloquearla por el momento, no hay ningún problema. [Dentro de lo posible, traten de que el desbloquearla sea genuinamente algo que desarrolle a su personaje, para que no sea simplemente un “ah, me desperté y se activó”]
  • Al momento de que Divina Physis se activa, TODAS las habilidades y magias del usuario pueden ser personalizadas (ya no tendrán que atenerse a las de la wiki); pueden borrar las magias existentes y agregar nuevas, o modificar las existentes para que sean más acordes a su personaje (usarlas como “base”).
  • Divina Physis siempre será una habilidad adicional que no entra dentro del conteo “límite” de sus habilidades por nivel (De preferencia ponerla al inicio -como en la ficha de los NPC-).
Shulman Shulman Hathaway Hathaway Maka Maka Belgium Belgium Everyday Everyday Gennai Gennai Lian Lian Aslan Aslan Wan Wan

​
 

Shulman

Moderador


Aunque se habían reunido en el piso 3, tal cual lo había ordenado Raikhan, el grupo se dividió rápidamente para descender por los pisos de la mazmorra con rapidez. Algunos trabajaban mejor junto a otros, y ponerse a… “experimentar”con una agrupación tan enorme, o distinta, no era algo que favoreciera a todos.

Ren fue casi halado por Asuga para descender juntos. Raikhan también fue junto a ellos, algo que no alegraba demasiado al joven gato. Las orejas de Ren se mantenían alerta más por estar al tanto de cada movimiento de Raikhan, que por los pasos de las criaturas que alcanzaban a encontrarse.
​

— ¡Cuidado!

Fulgur Bestia hizo gala de su velocidad, utilizando el filo de su gran espada para cortar a la mitad a un goblin que se había lanzado hacia el joven gato por detrás. Meikyō le dirigió una mirada afilada a Raikhan, sabiendo sus intenciones ocultas, sus ganas de lucirse ante él; nunca le daba buena espina cuando ese hombre hacía algo así, y en esta ocasión no sería distinto.

—Me debes una, gatito.
—Ni lo sueñes —
Ren se cruzó de brazos, volteando la mirada—. Podré ser distraído, pero mis sentidos nunca fallan; si crees que ese goblin me podría haber alcanzado, estás completamente equivocado.
—Oye, no tienes por qué-


Entonces, la queja de Rai fue cortada por el sonido de una espada chocando contra el suelo. Asuga había terminado de asesinar a un lobo negro, pero las intenciones de su acción eran claras: no iba a dejar que Raikhan intentara nada con el inocente Ren. ¿Celos? Para nada. Era extremadamente abierto con la sexualidad, asimismo con parejas sexuales; le daba igual que Raikhan se cogiera a quien quisiera.

Pero Ren era extremadamente ingenuo. Y siempre había sido el protector de esa inocencia. Hasta que Meikyō no dejara de ser un ignorante de aquellas situaciones y decidiera aceptarlas, seguiría protegiéndolo.

—Tenemos una misión que atender, capitán.

Entonces, el descenso continuó. Tal como Raikhan había dictado, no se detuvieron en ningún momento para recoger las gemas que los monstruos soltaban cuando morían. Pero, conforme se acercaban a los pisos centrales, el combate dejó de ser una opción a tener en cuenta; solo enfrentaban a los enemigos necesarios para avanzar por orden del mismísimo capitán. Necesitaban tener energía para la misión que debían cumplir.

Ren, en un momento de descanso en el piso nueve, miró hacia atrás, hacia las escaleras que conducían precisamente a la planta donde se encontraban.

— ¿Cómo estarán los demás?





​
Tras su llegada al piso 3 y la reunión rápida con Raikhan, Alleria entendió la urgencia. Sus ojos inevitablemente viajaron hacia la otra elfa, que se preparaba para descender por el resto de los pisos.
Y no dudó.

—Vamos juntas —casi sonó como una orden. Sylvana no pudo evitar sentir curiosidad por aquello, y sus labios amenazaron con abrirse para hablar antes de terminar de escuchar la oración completa:—, ¿quieres? —Entonces su expresión cambió ligeramente, de manera sutil—. Creo que nuestras habilidades nos hacen complementarnos.

La propuesta resonó en la mente de Viper. No era mentira. Noir contaba con habilidades de distracción y control de los objetivos. La había visto en algunas ocasiones combatir contra Raikhan, y en más de una ocasión había conseguido que el capitán estuviera en aprietos cuando éste se confiaba demasiado, algo que no muchos de su familia habían podido lograr por no tener un manejo natural del entorno.

—Está bien —Alleria dejó ver una leve sonrisa al escuchar su respuesta. Una expresión que cautivó ligeramente a Sylvana, por impresionante que pareciera (era más sorprendente ver a aquella mujer tan retraída sonreír).
—Si no te molesta, ¿puedes guiarnos? —Sylvana entendió de inmediato: quería tener control de aquello que los rodeara y estar atenta a las emboscadas. Asintió.

Ambas inspeccionaron sus equipos nuevamente antes de compartir una mirada y comenzar a descender por los pisos de la mazmorra con rapidez. Una dupla tan versátil y calculadora no tendría muchos problemas en alcanzar los pisos centrales rápidamente.
​


Blair Blair
Hathaway Hathaway

Algo cortito pa ambos pa empezar.
 

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Había pasado un tiempo desde que los miembros de la Familia Zeus se reunieron en el tercer piso. Aquella concentración había durado solamente lo necesario antes de que cada uno comenzara a moverse según las circunstancias y las pequeñas agrupaciones que habían surgido entre ellos. Algunos formaron grupos, por ejemplo; Ren y Asuga por un lado, por otro Alleria y Sylvana habían decidido continuar juntas, una elección bastante lógica teniendo en cuenta lo bien que podían complementarse sus estilos, mientras Vince había seguido avanzando por su cuenta. No existía ninguna disputa detrás de aquella separación; simplemente había ocurrido así. Vince estaba acostumbrado a moverse solo y no necesitaba compañía constante para sentirse seguro en los pisos superiores de la Dungeon.

Su recorrido, sin embargo, había resultado considerablemente menos directo de lo previsto.

El responsable tenía plumas.

Vince avanzaba ahora por el quinto piso después de haber abandonado definitivamente, o al menos eso intentaba convencerse pues la persecución de un Jack Bird que había conseguido hacerlo desviarse varias veces. Había evitado utilizar su magia contra él porque destruir un botín potencialmente valioso habría sido absurdo y, además, había aprovechado la ocasión para continuar entrenando con su daga. El resultado final era difícil de adornar: el monstruo había desaparecido y Vince había terminado en una ruta distinta a la que originalmente pretendía seguir.

—No se escapó. Simplemente dejó de ser económicamente razonable perseguirlo.— Pronunciarlo en voz alta no hizo que sonara mucho mejor.

Vince continuó caminando mientras revisaba mentalmente la ruta. No estaba perdido. Había recorrido suficientes estructuras antiguas, ruinas y lugares bastante más confusos que aquellos pisos como para perder la orientación con tanta facilidad. Simplemente tendría que continuar descendiendo hasta volver a encontrarse con alguno de sus hermanos. Raikhan había indicado el objetivo general y Vince no tenía intención de ignorarlo; que eligiera su propia manera de alcanzarlo era una cuestión completamente diferente.

Entonces escuchó algo.

El sonido llegó desde uno de los corredores laterales: primero un golpe contra piedra, después metal desplazándose rápidamente y finalmente el sonido característico de un monstruo desintegrándose. Vince redujo inmediatamente el paso. Permaneció inmóvil unos segundos, escuchando. Otro impacto. Esta vez pudo distinguir algo más.

No era solamente combate, reconocía aquel ritmo. Luego Vince cambió de dirección. No corrió, tampoco sacó inmediatamente su daga. Simplemente avanzó con mayor rapidez por el corredor hasta alcanzar una bifurcación. Antes de doblarla escuchó una voz conocida y terminó de confirmar sus sospechas.

Cuando apareció al otro lado, el combate prácticamente había terminado.

Sylvana permanecía algunos metros por delante, recuperando tranquilamente una de sus dagas mientras los restos del último monstruo comenzaban a convertirse en ceniza. Alleria se encontraba detrás de ella, todavía atenta a los otros accesos del corredor. La disposición de ambas era prácticamente la misma que habían acordado después de separarse del resto de sus hermanos: Sylvana aprovechaba su capacidad para moverse, observar y atacar desde posiciones favorables, mientras Alleria conservaba espacio suficiente para intervenir cuando fuera necesario.

Vince se detuvo a cierta distancia. Aquello sí era una coincidencia.

Sylvana giró lentamente la cabeza en su dirección. Su expresión permaneció tranquila, aunque sus ojos dorados dejaron claro que lo había reconocido inmediatamente.

—Vince. Empiezo a sospechar que tienes dificultades para mantenerte alejado de nosotras.—.

Vince levantó ligeramente una ceja.

—Curiosa interpretación viniendo de alguien que acaba de aparecer en mi camino.—.

—Nosotras llevamos siguiendo esta ruta desde hace bastante tiempo — Alleria terminó de guardar su arma antes de mirarlo.

Vince observó el corredor, después el camino por el que acababa de llegar y finalmente volvió a mirar a Alleria.

—Entonces la Dungeon tiene sentido del humor—.

Sylvana mostró apenas una pequeña sonrisa de burla.

—O tú tienes un sentido de orientación bastante peor de lo que pensábamos—.

—Sé perfectamente dónde estoy Sylvana—.

—¿Dónde? —Alleria respondió inmediatamente.

Vince guardó silencio durante un segundo.

—En el quinto piso—.

Sylvana mantuvo aquella mínima sonrisa.

—Impecable precisión cartográfica—.

Vince decidió no concederle satisfacción respondiendo a la provocación. En cambio, observó los restos de los monstruos que acababan de eliminar.

—Veo que siguieron juntas después de la reunión—.

—Eso acordamos — dijo Alleria asintintiendo.

—Lo recuerdo—.

Sylvana limpió con tranquilidad el filo de una de sus dagas antes de guardarla.

—También recuerdo que tú decidiste avanzar por tu cuenta. Y, sin embargo, aquí estás—.

—Los corredores convergen—.

—Naturalmente—. Vince entrecerró ligeramente los ojos al detectar el tono.

—¿Qué?— Preguntó, mientras Sylvana lo estudió durante unos instantes.

—Nada. Solamente intento determinar si los corredores realmente convergieron o si existe una historia más interesante detrás de tu aparición—.

Alleria observó a Vince con mayor detenimiento y reparó entonces en una pequeña pluma que había quedado atrapada en parte de su equipamiento.

—Tienes una pluma—.

Vince bajó la mirada y hubo un silencio, luego retiró la pluma. Sylvana siguió el movimiento con los ojos y la pequeña sonrisa regresó.

—Ahora sí existe una historia más interesante—.

Vince dejó caer la pluma.

—Encontré un Jack Bird—.

Alleria mostró inmediatamente interés.

—¿Lo mataste?—.

—No—.

Sylvana esperó unos segundos antes de preguntar con absoluta tranquilidad.

—¿Se te escapó?—.

—No—.

—Entonces supongo que lo dejaste marcharse por compasión—.

—Tampoco—.

Alleria miró el corredor por el que Vince había aparecido.

—¿Lo perseguiste?— preguntó finalmente.

Vince suspiró.

—Durante un tiempo—.

Sylvana ladeó apenas la cabeza.

—Y ahora estás varios corredores fuera de la ruta que estabas siguiendo cuando nos separamos.

—Eso no significa que me haya perdido—.

—Nadie ha dicho que te hayas perdido—.

—Lo estabas pensando—.

—Estaba considerando varias posibilidades—.

—Esa era una de ellas—.

Sylvana no respondió inmediatamente. La única señal de diversión fue aquella leve curva en sus labios que Vince conocía suficientemente bien.

—Tal vez—.

Alleria decidió llevar la conversación hacia algo más útil.

—¿Y los demás? ¿Encontraste a alguno después de separarnos?—-

Vince negó con la cabeza.

—No. Supongo que Raikhan ya debe estar bastante más abajo. Conociéndolo, difícilmente habrá reducido el ritmo si Ren y Asuga pueden seguirlo—.

Alleria asintió.

—Nosotras pensamos lo mismo. Por eso no hemos intentado alcanzarlos corriendo. Sería inútil gastar energía solamente para recuperar unos pisos de distancia—.

Vince estuvo de acuerdo. Precisamente aquello demostraba por qué ambas habían hecho bien en organizarse antes de comenzar el descenso. No estaban improvisando cada decisión conforme aparecía un problema. Habían encontrado un ritmo y lo mantenían.

—Tiene sentido. Entonces continuaré bajando. Probablemente terminemos encontrándonos otra vez más adelante—.

Vince hizo un pequeño gesto de despedida y comenzó a girarse. Alleria frunció ligeramente el ceño.

—Espera—.

—¿Qué ocurre Alleria?— Vince se detuvo.

Alleria señaló con la mirada el corredor que se extendía delante de ellas.

—Acabas de decir que también vas hacia abajo—.

—Sí—.

—Nosotras también—.

—Eso parece—.

Alleria mantuvo la mirada sobre él unos segundos, como si esperara que llegara solo a la conclusión evidente.

—Entonces, ¿por qué vas a tomar otro camino?—.

Vince miró primero a Alleria y después a Sylvana.

—Porque ustedes ya decidieron avanzar juntas—.

Sylvana levantó ligeramente una ceja.

—Eso no responde la pregunta—.

—Sí la responde. Ustedes se pusieron de acuerdo después de reunirnos con los demás en el tercer piso. Eligieron avanzar juntas, establecieron su ritmo y llevan varios pisos funcionando así. Yo elegí ir solo. Encontrarnos otra vez no significa automáticamente que tenga que meterme en su grupo—.


—Somos de la misma Familia— Alleria cruzó los brazos.

—Precisamente. Por eso respeto la decisión que tomaron—.

Sylvana permaneció en silencio, observándolo ahora con mayor atención.

Vince continuó antes de que cualquiera interpretara mal sus palabras.

—No estoy diciendo que no quiera ir con ustedes. Estoy diciendo que yo llegué después. Si quieren continuar las dos como acordaron, continúen. No voy a molestarme y tampoco voy a seguirlas fingiendo que casualmente elegí el mismo camino. Si consideran que puedo incorporarme sin alterar lo que ya están haciendo, entonces iré con ustedes. Pero no voy a decidirlo por las dos—.

Alleria pareció comprender inmediatamente la distinción.

—Entonces nos estás dejando elegir—.

—Exactamente—.

Sylvana mantuvo los ojos fijos sobre Vince.

—Curioso. Hace un rato, cuando estábamos todos juntos, parecías bastante convencido de que nadie necesitaba decidir por ti—.

—Sigo pensando lo mismo—.

—Incluido Raikhan.—

—Especialmente Raikhan cuando se trata de algo como esto—. Vince soltó un pequeño suspiro.

—Es el capitán— Alleria levantó ligeramente una ceja.

—Y lo respeto como capitán. Si Raikhan me dice que debemos llegar a cierto piso, reagruparnos porque existe una amenaza o retirarnos porque continuar es tácticamente estúpido, lo escucharé. Si divide al grupo porque necesita determinadas capacidades en lugares concretos, también puedo aceptar eso. Pero Raikhan no decide con quién tengo que caminar simplemente porque sea el capitán. Hay una diferencia entre dirigir una expedición y administrar cada paso que damos—.

Sylvana dejó aparecer aquella pequeña sonrisa de burla que rara vez llegaba a convertirse en algo más expresivo.

—Me gustaría escucharte explicárselo exactamente de esa manera—.

—Se lo explicaría exactamente de esa manera— Vince se encogió de hombros.

—No lo dudo.—.

—Además, Raikhan ya debería conocerme lo suficiente para saber que ordenarme compañía sin darme una razón solamente conseguiría que le preguntara por qué—.

—Y si tuviera una buena razón, aceptarías—.Alleria respondió con tranquilidad.

—Probablemente. No soy contrario a recibir órdenes. Soy contrario a obedecerlas sin entender para qué sirven—.

Sylvana sostuvo su mirada unos instantes antes de asentir apenas.

—Eso sí suena más a ti—.

Vince señaló entonces a las dos.

—Y precisamente por la misma razón no voy a hacerles a ustedes lo contrario. Ya decidieron trabajar juntas. No voy a llegar varios pisos después y anunciar que ahora somos tres. — hizo una pausa. —Ustedes eligen—.

Alleria miró a Sylvana. No necesitaban una conversación particularmente extensa para comprender las implicaciones tácticas. Vince podía cubrir a distancia aquello que ellas no pudieran controlar inmediatamente y, aunque su especialidad fuera la magia, seguía siendo perfectamente capaz de defenderse sin ella. Más importante aún, era alguien a quien ambas conocían. No estaban incorporando a un extraño cuyo comportamiento tendrían que aprender en medio de la Dungeon.

—Por mí, puede venir. No necesitamos cambiar demasiado. Sylvana conserva la vanguardia, yo continúo en la zona media y Vince puede comenzar cubriendo la retaguardia. Si encontramos algo que requiera otra formación, la cambiamos—.

Sylvana no respondió inmediatamente. Miró a Vince durante unos segundos y después observó el corredor por el que debían continuar. Finalmente regresó los ojos hacia él.

—Estoy de acuerdo. Hay pisos mucho más interesantes por delante y tener tu magia disponible aumenta nuestras opciones. Además, si vuelves a encontrar al Jack Bird, será fascinante comprobar si realmente eres capaz de atraparlo—.

Vince cerró los ojos durante un instante.

—Sabía que aceptar tendría un precio—.

—Todo tiene un precio—. La sonrisa de Sylvana apenas se hizo perceptible.

—Entonces está decidido. Seguimos los tres— Alleria retomó la marcha.

Vince se incorporó detrás de ellas sin alterar la formación que sus hermanas habían establecido previamente. Sylvana volvió a ocupar la vanguardia, Alleria mantuvo su posición y Vince tomó inicialmente la retaguardia. No necesitaban convertir aquello en una ceremonia ni hacer declaraciones sobre trabajar juntos. Eran hermanos de la misma Familia y ya se conocían lo suficiente como para que la transición resultara natural.

Después de varios metros, Sylvana habló sin mirar hacia atrás.

—Por cierto, Vince—.

—¿Qué?—.

—Raikhan no decide con quién caminas, nosotras decidimos dejarte caminar con nosotras y el Jack Bird decidió que no quería seguir contigo. Ha sido un día particularmente educativo sobre los límites de tu autoridad—.

Vince permaneció en silencio durante varios segundos. Alleria giró ligeramente el rostro hacia Sylvana.

—Eso último era innecesario—.

Sylvana mantuvo la vista al frente.

—Lo sé—.

—Extrañamente, eso lo hace peor—Vince finalmente suspiró.

La diminuta sonrisa de Sylvana volvió a aparecer mientras continuaba avanzando y los tres siguieron descendiendo.​


Shulman Shulman listo, una disculpa un año sin leer este rol y se me veló el rollo. Hathaway Hathaway mención a usted tambien señorita Blair Blair yo tambien continuo en el juego.
 
Última edición:
OP
OP
Blair

Blair

So tired.
Administrador

Pasar de simplemente entrar a la mazmorra por primera vez a ser llamados para una misión de emergencia en tan corto lapso le hizo sentir un nivel de orgullo inmenso, aunque al mismo tiempo se apercibía considerablemente nervioso por la responsabilidad que la situación conllevaba. A pesar de ello, el orgullo familiar lo impulsaba hacia adelante, dejando el nerviosismo y el miedo escondidos en alguna parte muy profunda de su ser.

— Nuestras hermanos y hermanas están bien — no había un rastro de duda en su ser, cosa que dio un ligero nivel de tranquilidad a Ren —, conoces desde hace años a muchos, ¿realmente dudas de sus capacidades?
— No hay que confiarse en la mazmorra. — Las palabras del capitán llegaron acompañadas de la sombra de éste, Raikhan se acercó al dueto de menor nivel con una de sus manos apoyada en la cadera, mientras que la otra sostenía su arma. — Y si es algo que debo recordarles, creo que la imagen que tenía de ustedes estaba equivocada. — El gato estaba por contestar, posiblemente molesto, mas una explosión interrumpió la conversación; una criatura con cabeza de cerdo se dejó ver de pronto, atravesando el hoyo que acababa de hacer en el muro de la mazmorra.
— Un ogro.
— Es feo.
— Ren, concéntrate — Suga empuñó su arma rápidamente, tomando una pose ofensiva que delataba que estaba por lanzarse de frente — Arga. Arvelia. — Respiró hondo y torció un poco su agarre, moviendo el ángulo en el que la espada estaba apuntado. — Arvana. — Sus piernas y manos se rodearon en llamas, extendiéndose hasta la punta del filo negro que pretendía herir a su enemigo. — No estorbes. — Zanjó, tras lo que se movió a una velocidad intensa; el polvo se elevó y solo un destello rojo anaranjado delató el trayecto del aventurero. Asuga miró hacia atrás, encontrando sus ojos con los del capitán.
— No me equivoqué. — Sonrió a la par que el cuerpo del enemigo se evaporaba en una nube negruzca de humo, producto del corte profundo y violento del de menor nivel. — Andando, este monstruo no debía estar aquí aún, están comenzando a salir de su "sitio natural", lo que me hace creer que la situación en el piso 15 está empeorando.

El grupo continuó rápidamente, con el hombre tigre liderando la marcha, seguido por Tsukikage y cerrando la formación con Aegisheart. Suga no pudo evitar pensar en su amiga de la infancia, la pregunta de Ren volvió a su mente de manera repentina, ¿estaría ella bien?

[…]​

El piso 12 resultó ser más complicado de transitar a causa de la densa niebla, si bien ya habían transitado dos pisos en ese estado, la de ese en particular era mucho más intensa, al punto que si se separaban más de dos metros no podían siquiera ver la espalda de la persona que tenían en frente. La meta estaba tan cerca, pero se percibía lejana por las condiciones de traslado actuales.

— ¿No pasamos por aquí ya?

— ¿En qué te basas? Todo es niebla. — Ren soltó un resoplido al comentar aquello. El suelo vibraba, producto de peleas tanto arriba como debajo de ellos, el resto de su familia se movilizaba a toda velocidad por los pisos del laberinto.


​

Shulman Shulman dele pues

Si alguien más se quiere unir, yo no tengo problemas (?
 

Hathaway

· · ─ ·✶· ─ · ·
Moderador
—Otra vez a la derecha.

Alleria lo dijo sin detenerse y Sylvana deslizó su cuerpo bajo el zarpazo de un goblin, las Kysis cortaron dos veces, limpias y rápidas, y el monstruo cayó convertido en ceniza antes de que su compañero entendiera lo que había pasado.

El quinto piso se abría ante ellos como un bosque petrificado. Las paredes, de un verde azulado apagado, dibujaban corredores amplios que se torcían sin lógica alguna, y de las bóvedas colgaban raíces gruesas como brazos, con un rocío frío que goteaba sobre los hombros. Era un lugar casi hermoso, si uno olvidaba que todo en él tenía hambre.

Vince cerraba la marcha con la daga en la mano y la magia guardada. Había decidido, media hora atrás, que Meteor Swarm y Thunder Ray eran demasiado valiosos para desperdiciarlos en criaturas que no merecían ni el primer verso de un canto. Un kobold saltó desde un hueco lateral y él lo atravesó con un movimiento breve y casi aburrido. Al morir, el monstruo dejó caer una piedra mágica del tamaño de una uña, que rodó hasta detenerse junto a su bota.

Vince la miró. Luego miró a las dos mujeres que seguían avanzando. Luego, otra vez, la piedra.

—
Son unos cinco valis —murmuró.
—
Raikhan dijo que no nos detendríamos por las gemas —respondió Alleria sin volverse.
—
Lo sé.
—
Entonces no te detengas.
—
No me estoy deteniendo. Estoy calculando lo que pierdo.

Suspiró, un suspiro largo, de los que en él anunciaban una queja formal, y pasó por encima de la piedra con la dignidad herida de quien firma un contrato injusto. Sylvana, delante, dejó escapar el aire por la nariz en algo muy parecido a una risa.

—
Cuando esto termine, presenta una factura. Al Gremio, a Raikhan, a Zeus. Yo me encargaré de que la lean con atención.
—
¿De verdad?
—
No. Pero será interesante verte redactarla.

Avanzaron. Sin la presión de un enemigo a la vista, el trayecto tenía algo de paseo extraño, una marcha rápida que dejaba espacio para observar. Alleria lo hacía con la mirada metódica de siempre, catalogando los ángulos, las salidas, los puntos donde una emboscada tendría sentido. Sylvana, en cambio, observaba a las dos personas que la acompañaban, sin que ninguna lo notara. Era un hábito viejo, casi una enfermedad: Vince caminaba con las manos sueltas y el paso relajado de quien no cree que la Dungeon tenga nada nuevo que enseñarle. Alleria, un poco más atrás, tenía los hombros rígidos, pero no por miedo. Era el gesto de quien no soporta perder el control de nada, ni siquiera de la temperatura del aire, que empezaba a espesarse.

Un chillido agudo cortó el silencio. Los tres se detuvieron.

Desde una bifurcación lateral, con las alas abiertas y el pico entreabierto, un jack bird cruzó el aire hacia ellos a una velocidad que parecía burlarse de la física. Sylvana ladeó apenas la cabeza. Alleria dio un paso atrás. Vince, detrás de ambas, dejó escapar un sonido corto, muy bajo, que no era exactamente una palabra.

El pájaro pasó a un palmo de sus cabezas, dio una vuelta insolente por el techo y desapareció por el corredor por el que habían llegado.

Nadie dijo nada durante varios segundos.

—
No —dijo Vince por fin.
—
No he dicho nada —respondió Sylvana.
—
Lo estabas a punto de decir.
—
Estaba considerando varias posibilidades.
—Esa era una de ellas.

Alleria se pasó la mano por la cara para ocultar una sonrisa que se le escapó igualmente.

—
Dejémoslo ir. Hoy no tenemos tiempo para historias más interesantes.
—
Gracias —dijo Vince, con una solemnidad exagerada.
—
No lo hago por ti —respondió ella—. Lo hago por mis nervios.

Descendieron al sexto piso por una rampa larga y empinada, de piedra pulida, donde el suelo tenía una humedad resbaladiza que obligaba a medir cada paso. La luz cambió apenas, más densa, y el aire se volvió de golpe tibio y pegajoso. A Alleria se le perló la frente de sudor bajo el chaleco negro, ceñido a sus hombros a pesar de todo. La contrariedad se le notaba en la línea tensa de la mandíbula. Odiaba el calor. La Dungeon parecía saberlo y se lo devolvía en cada curva.

—
Qué agradable —dijo, con un tono que no lo era en absoluto.
—
Es la humedad —comentó Vince con la mirada perdida en una gota que resbalaba por una raíz—. Debe de haber un río subterráneo cerca. Interesante. Si tuviéramos tiempo, podría valer la pena buscarlo.
—
No tenemos tiempo.
—Ya lo sé. Lo he dicho de forma abstracta.

Sylvana se detuvo ante una encrucijada de tres pasillos. Cerró los ojos un instante. No lo hizo por dramatismo, aunque sus compañeros seguramente lo interpretaron así, sino porque el viento de Ariel, ese hilo fino de magia que nunca soltaba del todo, le traía a los dedos algo parecido a un mapa. El aire fluía distinto por cada corredor. Por el izquierdo entraba más fresco, por el central estaba viciado, por el derecho arrastraba un olor a hierro y a sangre vieja.

—
Izquierda —dijo.

Nadie preguntó por qué.

El corredor izquierdo era más estrecho de lo que ella había imaginado. Al principio pudieron avanzar en fila, con la espalda de uno a un paso de la cara del otro. Luego el techo bajó. Los hombros de Vince rozaban ya la piedra a ambos lados, y Alleria, en el centro, comenzó a respirar por la boca, en tomas cortas y controladas.

Sylvana lo notó antes de que ocurriera nada. No se giró. No hizo falta. Había algo en el ritmo de los pasos de atrás, en un ligero tropiezo de la bota, en la cadena del kusarigama que tintineó contra el muslo por primera vez en todo el descenso. Alleria caminaba con la vista fija en un punto muy lejano del corredor, y sus dedos, sobre el mango del arma, estaban blancos.

Sylvana no dijo nada. Aceleró un poco el paso, lo justo para que los demás tuvieran que seguirla, y unos veinte metros después el pasadizo se abrió de golpe en una cámara amplia y alta, llena de luz verdosa y aire menos cargado.

Noir salió de ahí con la cabeza alta y la respiración de nuevo tranquila. Al pasar junto a Sylvana, sus ojos carmín se cruzaron un instante con los dorados.

—
Gracias —dijo, tan bajo que Vince, ocupado en quitarse el polvo de los hombros, no lo escuchó.
—
No he hecho nada —respondió Sylvana con la vista al frente.
—
Lo sé.

Ella no dijo más. Y Alleria tampoco.

La cámara resultó ser una sala natural de piedra clara, con un pequeño arroyo que bajaba por una pared y se perdía en una grieta. Vince lo miró con una alegría casi indecente.

—
Un río subterráneo. Lo dije.
—
Es un arroyo —corrigió Sylvana.
—
Es un río con poco carácter.

Se detuvieron cinco minutos. Los suficientes para beber, revisar el equipo y dejar que las piernas recuperaran su obediencia. El hombre del grupo se dejó caer con la espalda contra la piedra y sacó de su cinturón, entre cristales y artefactos, un paquete envuelto en tela. Del interior salieron unas tiras de carne curada y un trozo de pan denso. Comió con la calma metódica de quien sabe que no habrá otra oportunidad en un buen rato, y ese único gesto mundano lo volvía, en medio de aquella luz verdosa, casi entrañable.

Alleria lo miró comer y esbozó una sonrisa pequeña. Se sentó cerca del agua y comenzó a repasar los eslabones de la cadena con los dedos, uno por uno, buscando cualquier grieta. Al terminar, se mojó la nuca. El alivio le aflojó los hombros.

Sylvana permaneció de pie junto a la entrada de la sala, con las dagas ya limpias y la mirada fija en los corredores que se abrían al otro lado.

Los Viscum y las Violas. Lo repasaba con la misma frialdad con la que otros contaban sus armas. Ella conocía lo suficiente sobre las entrañas de aquel laberinto, lo que le habían contado y lo que había leído en lugares que no se molestaría en nombrar, como para saber que los monstruos de los pisos profundos se quedaban en ellos por algo más que la costumbre. Cada nivel de la Dungeon tenía su temperatura, su presión, su hambre. Una criatura no abandonaba su hogar sin un motivo. O algo la empujaba desde abajo, o algo la atraía desde arriba, y ninguna de las dos posibilidades le gustaba.

No tenía respuesta. Le molestaba no tenerla.

Y con esa incomodidad, muy leve pero real, apareció otra a su costado. La otra elfa se había levantado y había cruzado el nicho sin hacer ruido, con esa manera suya de reducir su presencia hasta casi desaparecer. Se detuvo a un paso de ella y le tendió algo envuelto en un pañuelo blanco.

—
Toma.

Sylvana miró el pañuelo con una ceja apenas alzada. Lo desdobló. Dentro había gajos de pomelo, pelados con cuidado, uno junto a otro. El olor cítrico, amargo y ácido a la vez, se abrió paso entre la humedad del aire.

—
¿De dónde has sacado esto?
—
Del mercado, antes de bajar.
—
¿Y por qué habría de interesarme el pomelo?

Alleria encogió un hombro y apartó la vista.

—
Lo comías en la casa. Casi todas las mañanas.

Sylvana se quedó quieta un instante. Era una observación mínima, la clase de dato que cualquiera podría haber recogido sin proponérselo. Pero ella no se dejaba sorprender con facilidad, y esa vez lo había hecho alguien que había estado mirando sin que ella lo notara. Viper metió un gajo en la boca. Amargo, ácido, honesto.

—
Interesante —fue todo lo que dijo.

Y la más alta, que detestaba los dulces ácidos y había arrugado la nariz al pelar cada gajo, asintió como si aquello fuera respuesta suficiente.

Desde el suelo, con la boca llena de pan, Vince alzó la vista.

—
¿Qué es ese olor?
—
Pomelo —dijeron las dos.
—
¿Hay más?
—
No —respondieron, casi a la vez.

Vince volvió a su comida con un gesto de desilusión, sin notar absolutamente nada más.

Retomaron la marcha con las piernas frescas. El séptimo piso los recibió con un aire distinto, más frío, más seco, con una luz que caía en columnas desde grietas altas y llenaba el suelo de charcos dorados. Las paredes se abrían en salas enormes, de techos que se perdían en la sombra, conectadas entre sí por pasadizos que se retorcían como venas. Una Killer Ant salió de una grieta con un chasquido de mandíbulas, y Sylvana la partió en dos antes de que terminara de mostrarse. Otra apareció desde el techo y Alleria la atrapó con la cadena, la arrancó de la roca y la lanzó contra el suelo, donde Vince la remató con la daga sin siquiera cambiar el paso.

Fue entonces cuando lo sintieron los tres a la vez.

Un temblor, apenas perceptible, subió por la piedra hasta las suelas de sus botas. No era un derrumbe, ni un monstruo cercano. Era más profundo, más lento, como el latido de algo enorme que respiraba muy por debajo del mundo. Duró apenas un instante y luego el silencio se cerró sobre ellos.

Los tres se miraron. Nadie dijo nada. No hacía falta.

Sylvana envainó una de sus dagas, alzó el mentón y volvió a mirar hacia el corredor.

—
Sigamos.

Bajaron hacia el octavo piso con el paso firme, cada uno con su propia inquietud guardada en el pecho y ninguno dispuesto a ser el primero en nombrarla.



Gennai Gennai Shulman Shulman me está haciendo reír muchísimo la dinámica de este equipo nuestro jajajajajaja.
 

Shulman

Moderador

A diferencia de sus compañeros, sus “hermanos”, Kenmaru no marchó de inmediato hacia el piso en el que tendrían su primera misión en la gran mazmorra de Orario.

Lo primero que hizo el hombre lobo fue sentarse a respirar. Un suspiro escapó suavemente de sus labios mientras su cabeza maquinaba posibilidades sin parar; situaciones en las que los miembros de su familia se podrían quedar sin opciones debido a la eficiencia limitada que tenían las increíbles armas que fabricaba Lirael.

Lirael era una herrera increíble. Incluso, sentía envidia de lo que sus manos podían lograr debido al manejo tan excelso de los materiales que tenía. Él, sin embargo, no tenía mucha habilidad debido a que muchas veces había tenido que poner el entrenamiento por encima de la práctica de sus obras.
Y eso siempre le había molestado.

Quería tener la capacidad de crear… No armas o armaduras, necesariamente. Quería darle forma a aquello que su imaginación le permitiese soñar. Quería ser… No. Quería sentirse útil para los compañeros con los que se había comprometido a participar y, también, verse a sí mismo como alguien que se diferenciara de su compañera herrera e, incluso, se volviera su igual; una parte que complementase aquello que Lirael no podía crear.

Entonces, observó su propio arco. Una creación mágica de su propia autoría que se destruiría en cuanto sus cargas mágicas se agotaran. Y pensó: ¿Por qué las creaciones imbuidas con magia eran tan imperfectas en sí mismas? ¿Por qué el material que se usaba para darles vida se veía consumido tan rápidamente? Y no eran solo las armas. Todo tipo de objeto mágico se volvía cenizas una vez que los agotaban.
Y él estaba cansado de eso.


“Transmútalo.”​

Kenmaru miró de izquierda a derecha, sorprendido, buscando la voz que sintió susurrando en su oído. ¿Transmutarlo? ¿A qué se refería?

“Deshazlo. Hazlo de nuevo. Rómpelo. Repáralo. Recréalo una y otra vez hasta que des con la respuesta que buscas.”​

¿Romperlo? ¿Deshacerlo? ¿Cambiarlo?

Cuando tomó el arco en sus manos, una luz blanquecina cubrió por completo el objeto; solo podía ver, ahora, un círculo de luz entre sus manos. Sus ojos, lejos de abrirse aún más por aquel acontecimiento, parecieron comprender de inmediato lo que ocurría.

Hacía muchísimo tiempo habían existido personas con la capacidad de alterar cualquier tipo de materia con el uso de su Falna, concediéndoles propiedades de todo tipo. Un líquido sanador de bajo nivel que pasaba por las manos de uno de aquellos individuos podía convertirse en un elixir de vida absoluta, restaurando incluso extremidades cortadas o nervios completamente destruidos.

Aquella habilidad la llamaban…


—Alquimia.

Kenmaru buscó entre sus pertenencias con rapidez, encontrando su martillo en cuestión de segundos. Algo en su interior le decía que no tenía que interceder directamente con el proceso de transmutación que estaba ocurriendo, solo direccionarlo. Él no necesitaba que su arco sufriera modificaciones extremas, pero sí que fuera mucho más cómodo de llevar y de manejar.
Se volvió más pequeño.

Cuando el arco volvió a tomar forma entre sus manos, la luz blanca rodeó el objeto como un aura.
Y lo entendió.

El primer martillazo le otorgó al arco lo que se convertiría en su marca personal: un circuito arcano que unificaría la materia con la magia, que permitiría a los objetos funcionar más allá de los efectos mágicos de los que se les imbuía y, una vez agotadas, pudieran ser abastecidas de magia nuevamente por sus usuarios para poder volver a usar la magia.

El segundo martillazo le otorgó al arco su segundo circuito arcano, encargado de redistribuir la magia del objeto para evitar que, incluso cuando la capacidad del arma se hubiera agotado, siempre tuviera una reserva que le sostuviera, asegurando la convergencia perfecta entre materiales de creación y lo mágico. Así impediría que el arma se destruyera una vez que su magia no pudiera usarse hasta volver a ser reabastecida.

El tercer martillazo mejoró los efectos de su arco. La magia venenosa impregnada en el arco no produciría parálisis ya. En cambio, una vez las flechas fueran disparadas, se cubrirían por completo de ácido, permitiendo a su portador causar daños muchísimo más letales.

Finalmente, la luz se disipó.

Kenmaru observó sus propias manos antes que el arma que sostenía en ellas. No podía creer lo que había hecho, pero sabía que era cierto: su herrería había evolucionado. Ya no podía llamarse a sí mismo solo un herrero común y corriente. Pero tampoco podía revelar aquella habilidad a cualquiera al saber que los alquimistas del pasado habían sido perseguidos y asesinados por poseer una habilidad tan poderosa.

Se levantó, entonces, sintiéndose ligeramente distinto. Una vez recogió sus cosas, comenzó su propio descenso por los pisos de la gran mazmorra. Ahora tenía un arma que le permitiría atravesar con mayor facilidad la mazmorra, y también el conocimiento para convertirla en cualquier otra cosa cuando lo necesitase.



​
El descenso a través del octavo piso se sintió, desde el primer momento, incorrecto. La Dungeon siempre estaba viva, respirando a través de sus paredes de roca, goteando humedad y engendrando amenazas con una cadencia rítmica que cualquier aventurero experimentado aprendía a leer. Pero tras aquel temblor sordo que los había paralizado momentáneamente un piso atrás, el inmenso laberinto subterráneo parecía haber perdido el compás.

—Esto es económicamente insultante y tácticamente absurdo —Vince rompió el silencio, su voz resonando con un eco seco en el pasillo verdoso.

Alleria, que caminaba unos pasos por delante, giró un poco la cabeza.


— ¿El qué? —Preguntó ella, manteniendo un ojo crítico en las profundas grietas y las gruesas estalactitas que colgaban del techo rocoso.
—El índice de aparición —Vince gesticuló con la mano libre, mientras la otra descansaba cerca de la empuñadura de su daga—. Llevamos veinte minutos recorriendo el octavo piso, cruzando intersecciones principales. Según los promedios del Gremio, deberíamos haber sido emboscados al menos tres veces por grupos mixtos de goblins o kobolds. En cambio, los corredores están sospechosamente vacíos. O la Dungeon se quedó sin presupuesto para regenerar este nivel, o algo está rompiendo el ciclo natural de reaparición. Un gasto de energía motriz sin retorno de inversión.

Sylvana, abriendo la marcha unos metros más adelante, ni siquiera volteó ante la queja. Sus dagas seguían envainadas, pero sus dedos rozaban las empuñaduras de mithril con una inquietud silenciosa. Los hilos imperceptibles de Ariel fluían a su alrededor, leyendo los mínimos cambios de presión en el lugar.

—No están vacíos, Vince —dijo la elfa oscura, con esa voz serena que rara vez se alteraba, pero que ahora arrastraba un filo distinto—. Simplemente no están aquí por nosotros. El aire huele distinto. Huele a miedo.

Vince frunció el ceño, deteniéndose apenas un segundo para ajustar el cinturón donde guardaba sus cristales, completamente escéptico ante la premisa.

—Los monstruos no sienten miedo. Sienten hambre, o instinto territorial. Es una regla básica de este pozo.
—Entonces díselo a ellos —
respondió Sylvana.

Se detuvo en seco al borde de una amplia caverna abovedada que conectaba directamente hacia la extensa rampa de descenso del noveno piso.

Entonces lo escucharon todos. No era el crujido característico de la piedra naciendo a un nuevo enemigo, ni el siseo agudo de una emboscada planificada. Era un estruendo sordo, constante, un repiqueteo caótico que hacía vibrar los guijarros sueltos bajo sus botas de cuero. Venía de abajo.

De las entrañas de la oscuridad que conducía a los pisos inferiores, surgió una marea negra y violenta.

Eran docenas. Goblins de piel cenicienta, Kobolds armados con huesos toscos, un puñado de Frog Shoots saltando erráticamente y un enjambre completamente desorganizado de Killer Ants. No mantenían ninguna formación. No buscaban flanquear, ni emboscar, ni alimentarse. Corrían tropezando unos con otros, pisoteando sin piedad a los más débiles de su propia especie, con los ojos inyectados en una desesperación ciega y patética. Huían. Huían del abismo hacia la superficie como si el fuego del infierno les quemara los talones.


—Posiciones —ordenó Alleria. Su voz resonó con la autoridad natural que la caracterizaba en combate.

Sylvana desenfundó sus dagas en un movimiento fluido, las hojas curvas de mithril destellando con un brillo venenoso en la penumbra. Vince soltó un bufido prolongado; se negó rotundamente a pronunciar los largos cánticos de su Meteor Swarm o a gastar un valioso Thunder Ray en una horda de criaturas de nivel tan bajo que apenas darían ganancias. Desenvainó su daga imbuida, calculando mentalmente el desgaste del metal.

La estampida los alcanzó como una ola contra un rompeolas.

Para sorpresa del trío, la gran mayoría de la horda ni siquiera intentó atacarlos. Los monstruos pasaban en masa por los bordes de la caverna, empujándose contra las ásperas paredes, raspando y desgarrando sus propios cuerpos con tal de seguir subiendo sin detenerse. Era una visión lamentable, pero increíblemente peligrosa por la pura presión física. Entre el pánico ciego, varios especímenes más robustos, viéndose acorralados por el embotellamiento repentino del corredor frente a los aventureros, arremetieron contra lo primero que tuvieron enfrente solo para abrirse paso.

Un grupo de cinco Kobolds frenéticos, armados con dagas oxidadas, saltó hacia la línea central con gritos guturales.

Alleria dio un paso firme al frente, calculando la distancia en una fracción de segundo, y su brazo se movió como un látigo oscuro. La cadena del kusarigama siseó en el aire, extendiéndose mágicamente mucho más allá de su longitud original. La pesada hoja cortó limpiamente la garganta del primero y la cadena se enredó como una serpiente de acero en el torso del segundo; con un tirón brutal, la elfa oscura lo estampó contra la sólida pared de piedra, reduciéndolo a cenizas al instante. Su danza letal era metódica, usando todo el espacio disponible para mantener la línea impenetrable.

A su derecha, Sylvana era un espectáculo de precisión gélida y letal. Bailaba entre los zarpazos y las mandíbulas chasqueantes, deslizando sus dagas venenosas en las minúsculas uniones de las armaduras naturales de las Killer Ants. No desperdiciaba un solo gramo de energía ni un centímetro de movimiento. Cada corte era letal, limpio, puramente quirúrgico.

Vince, cubriendo la retaguardia de la formación, esquivó con agilidad el ataque torpe de un goblin, apuñalando directamente la piedra mágica en el pecho de la criatura. Soltó un chasquido de molestia cuando el monstruo se desintegró y el botín cayó al suelo, solo para ser aplastado de inmediato bajo el peso de un Frog Shoot que pasaba a toda velocidad.


—Eran por lo menos diez valis… —se quejó el hombre, esquivando un lengüetazo errático con más indignación que esfuerzo—. Esta total falta de consideración económica es indignante. Tengan un poco de respeto por los recolectores, ¿no?

Alleria reprimió una sonrisa fugaz ante el reclamo burocrático de su compañero en medio del caos, pero en la Mazmorra, una distracción de un segundo costaba caro. Enfocada en mantener la larga distancia con la cadena extendida hacia el grupo frontal, la elfa pasó por alto una sombra proyectada desde arriba. Desprendiéndose silenciosamente desde una estalactita masiva justo detrás de un pilar ciego a su izquierda, un Imp inusualmente grande y con los ojos desorbitados por el terror cayó en picada. Iba directamente hacia su cuello, con las largas garras apuntando a la carne desprotegida.

Noir sintió el desplazamiento del aire tarde. Intentó replegar la cadena de su arma, pero su mente calculadora le dio el veredicto frío al instante: no llegaría a tiempo. Tensó los músculos, preparándose para absorber el impacto y minimizar el daño.

El golpe nunca llegó.

Un destello plateado y negro cruzó su visión periférica. Sylvana no había corrido hacia ella; más bien parecía haberse deslizado sobre la piedra húmeda sin fricción. Con una fluidez casi fantasmal, Viper interceptó a la criatura en pleno aire. La primera daga de mithril desvió la garra del Imp con un fuerte chirrido metálico, y la segunda se hundió profundamente bajo las costillas del monstruo, inyectando la mortífera magia de Velgus. El veneno hizo su trabajo en menos de un segundo. El Imp apenas alcanzó a soltar un chillido ahogado antes de disolverse en polvo negro brillante, cayendo como una lluvia de hollín inofensivo sobre los hombros de Alleria.

Sylvana aterrizó suavemente sobre la punta de sus botines, giró la daga en su mano izquierda con un floreo experto para sacudir el resto de la ceniza y miró a Alleria por encima del hombro. Sus ojos dorados, intensos y analíticos, se encontraron con los carmesí. No había burla ni superioridad en la mirada de Viper, solo una observación clínica afilada.


—Tu flanco izquierdo estaba demasiado expuesto. Te concentraste demasiado en el rango máximo —dijo Sylvana. Su tono era llano, como quien comenta la temperatura del ambiente.

Alleria soltó lentamente el aire que no sabía que estaba conteniendo. Relajó la tensión de los hombros y recogió los metros de cadena con un movimiento experto de muñeca.


—Me enfoqué demasiado en el control frontal. Fue un error de lectura. Gracias.
—Procura no morir en el piso nueve. Sería realmente molesto tener que cargar con tu equipo de vuelta a la superficie —
respondió Sylvana, dándole la espalda para volver a la guardia y observar cómo los últimos rezagados de la horda desaparecían despavoridos por la rampa ascendente.

Alleria se quedó mirándola la espalda por un instante. La brusquedad de las palabras contrastaba radicalmente con la eficacia absoluta y protectora del movimiento que le había salvado el cuello. Una diminuta calidez le cruzó el pecho, un sentimiento de resguardo al que no estaba nada acostumbrada, pero lo ocultó rápidamente ajustándose los bordes de su chaleco negro.


—La próxima vez les pondré una alfombra roja para que huyan de manera más ordenada —murmuró Vince, acercándose por detrás mientras limpiaba el filo de su daga con un paño de tela basta—. ¿Saben cuántas piedras mágicas hemos podido recuperar de esa estampida absurda? Dos. Dos piedras pequeñas. El resto se perdió en las grietas o fue aplastado. Este piso acaba de declararse en quiebra y ha sido una pérdida de tiempo monumental.
—Guarda el paño y deja de quejarte, Vince. Aún no terminamos —
indicó Alleria, recomponiendo su aura imperturbable de autoridad—. Sea lo que sea que haya espantado a esos monstruos desde el piso quince, sigue allí abajo. Y nosotros vamos exactamente en esa dirección.

El descenso continuó, ahora marcado por un silencio casi sepulcral. Si antes de la estampida había pocos monstruos, ahora las cavernas del noveno piso estaban literalmente desiertas, vaciadas de toda vida por la oleada de terror. La caminata por las amplias rampas finales fue rápida e ininterrumpida, hasta que el aire del entorno volvió a cambiar de forma drástica.

Alcanzaron finalmente las inmensas puertas naturales de piedra caliza que marcaban la entrada al décimo piso. La temperatura bajó abruptamente. Una densa capa de niebla pálida se arrastraba lánguidamente por el suelo como un animal cautivo, lamiendo las botas de los tres aventureros y enredándose en sus tobillos. El olor a humedad penetrante y a musgo rancio llenó el ambiente, sofocando un poco los pulmones. Era la marca registrada de la transición hacia los pisos intermedios reales, un terreno traicionero donde la visibilidad se volvía un lujo y el peligro no siempre hacía ruido antes de golpear.

Se detuvieron antes de cruzar el umbral brumoso para un breve, pero necesario, descanso estratégico. Vince, sin perder un solo segundo de inactividad, sacó de su cinturón un trozo de pan denso y lo que parecía ser una tira de carne curada. Se apoyó contra una roca húmeda, masticando metódicamente con la mirada perdida en la niebla gris, repasando mentalmente la decepcionante contabilidad de la jornada. Estaba completamente ajeno a las miradas y a la sutil dinámica que se tejía a pocos metros de él entre sus compañeras de Familia.

Alleria se alejó un par de metros de él, buscando el cobijo parcial de una alta pared de estalactitas. Se dejó caer con elegancia, sentándose sobre una saliente de piedra limpia de musgo. Sacó un pequeño pañuelo de su bolsillo y comenzó a limpiar las hojas curvas de su kusarigama con movimientos lentos, meticulosos, revisando el filo como excusa para pensar.

A unos pasos de ella, Sylvana permanecía de pie. Como siempre lo hacía. Con esa postura impecable, serena y absolutamente alerta. Observaba el mar de niebla del décimo piso como si, a través del vacío que dejaba a su alrededor, intentara descifrar secretos invisibles.

Alleria levantó la vista de su arma. La observó en silencio, analizando las líneas de su perfil. Notó el hermoso contraste del cabello plateado y trenzado de Sylvana contra su piel blanca y grisácea; la elegancia letal e intimidante que la envolvía de forma tan natural. Alleria sabía que era alta, de presencia imponente, y que lograba intimidar a cualquiera con facilidad. Pero al ver a Sylvana en momentos de quietud, experimentaba una curiosa sensación de inexperiencia.

Noir no sabía absolutamente nada de los elfos oscuros. No conocía sus antiguos cantos mágicos, no entendía sus tradiciones olvidadas, ni comprendía el verdadero peso de su propia sangre. Había sido arrancada de cualquier cultura, criada como una mascota exótica por humanos adinerados, obligada a aprender gimnasia, teatro y otras artes de espectáculo para sobrevivir complaciendo a otros. Todo lo que era ahora, lo había construido desde cero, sobre un profundo vacío existencial. Pero Sylvana... parecía cargar con toda una historia milenaria en la curva de su espalda, en la forma en que el oro adornaba su trenza y en la sabiduría oscura de sus ojos.

Alleria detuvo el pañuelo sobre la gruesa cadena de metal. Carraspeó suavemente, un sonido lo suficientemente bajo para que Vince, abstraído en su comida, no le prestara atención, pero garantizando que los agudos oídos de Viper la captaran de inmediato.

Sylvana ladeó apenas la cabeza, sin girarse por completo, indicando que estaba escuchando el llamado no pronunciado.

Alleria dudó por una mínima fracción de segundo. Ella nunca era de las que daban rodeos, disfrutaba guiar las conversaciones con naturalidad. Pero con Sylvana siempre sentía la necesidad irracional de medir sus palabras. No por miedo a equivocarse, sino por un respeto extraño y fascinante que la atraía irremediablemente.


—Sylvana... —La llamó por su nombre, utilizando un tono de voz mucho más bajo, casi tímido y extrañamente íntimo, alejándose por completo de la voz de mando que solía emplear con el grupo—. Durante el combate... tus movimientos. Tienen una estructura muy particular. Una precisión que yo jamás podría haber aprendido por mi cuenta en la superficie.

Viper giró el rostro lentamente hacia ella. Sus penetrantes ojos dorados se clavaron en los carmesí de Alleria, esperando, con esa infinita paciencia que la caracterizaba.

Alleria bajó la mirada hacia sus propias manos oscuras por un instante, acariciando suavemente el metal de su arma, antes de volver a mirarla a los ojos. La pesada coraza de misterio e imposición que siempre llevaba consigo cedió apenas un milímetro, dejando entrever, de una manera sutil, casi vulnerable, un interés genuino que iba mucho más allá de la simple técnica de batalla.


—Yo no conozco nada sobre nuestra gente —confesó Alleria, con una suavidad honesta e inusual en ella—. Nunca lo hice. Crecí completamente ajena a todo. Pero tú sí, ¿verdad? Esa manera en la que te mueves, la forma en la que tu magia fluye... ¿Qué tanto recuerdas... de lo que se supone que somos?

La fría niebla del décimo piso pareció espesarse a su alrededor, aislándolas por un momento de la Mazmorra y del propio Vince, llenando el tenso silencio mientras la pregunta flotaba en el aire húmedo, esperando la respuesta de la mujer que guardaba los secretos de un mundo que Alleria nunca llegó a conocer.

​
...

Entre cosas, Kenmaru despertó su Divina. Ya está disponible en su ficha de personaje, al igual que su primer hechizo personalizado, tengo que editar el arco.
Luego respondo la parte de Ren.

Hathaway Hathaway Gennai Gennai
 
Última edición:

Gennai

Eclipse Dynasty Member

Vince permaneció apoyado contra la roca húmeda mientras terminaba lentamente la última parte de su comida. A cierta distancia podía distinguir tenuemente las siluetas de Alleria y Sylvana entre la niebla, suficientemente cerca como para saber dónde estaban, pero demasiado lejos para escuchar con claridad lo que decían sin hacer un esfuerzo deliberado. No hizo ese esfuerzo. Había alcanzado a percibir que Alleria se había acercado a Sylvana y que ambas llevaban un rato hablando con una tranquilidad distinta a la que utilizaban cuando discutían rutas, monstruos o formaciones, pero aquello era suficiente información para él. Si sus hermanas tenían algún pequeño inconveniente, una conversación pendiente o simplemente algo que preferían discutir entre ellas, era asunto suyo. Vince nunca había sentido la necesidad de conocer cada detalle de las vidas de los miembros de su Familia.

Aquella actitud había contribuido durante años a que algunos lo consideraran indiferente, distante o simplemente solitario por naturaleza. No estaban completamente equivocados. Vince podía querer profundamente a su familia y, al mismo tiempo, pasar horas o días sin sentir ninguna necesidad de preguntar qué hacían. Si alguno tenía un problema y quería hablar con él, escucharía. Si percibía que alguien realmente estaba sufriendo, sabría cuándo acercarse. Si una disputa comenzaba a escalar hasta poner en peligro a los demás, intervendría sin demasiadas contemplaciones. Pero mientras los pequeños conflictos, intereses y asuntos personales de sus hermanos siguieran siendo exactamente eso, personales, prefería respetar la distancia. Para Vince, preocuparse por alguien no significaba vigilarlo constantemente.

Levantó la mirada una vez más. Las dos elfas oscuras continuaban apartadas y apenas podía distinguirlas entre la niebla. Vince las contempló durante unos segundos y después desvió tranquilamente la vista hacia su cinturón, comprobando que sus cristales y artefactos permanecieran correctamente sujetos.

"Definitivamente no es asunto mío" pensó.

Terminó el último pedazo de carne curada, guardó la tela vacía y se incorporó. Si aquellas dos necesitaban tiempo, podían tenerlo. Por ahora. Vince observó entonces el corredor que se extendía delante de ellos y su expresión perdió poco a poco aquel desinterés casi aburrido. Había algo mucho más importante que las conversaciones privadas de sus hermanas: seguían en el décimo piso.

Desde el séptimo había sentido aquel temblor inexplicable bajo sus pies. En el octavo, los monstruos habían comenzado a desaparecer de rutas donde normalmente deberían encontrarse con regularidad. Después habían presenciado aquella estampida absurda de criaturas huyendo desde abajo, monstruos que habían preferido atropellarse entre ellos y destrozarse contra las paredes antes que permanecer cerca de aquello que los había obligado a subir. Ahora estaban entrando en una región cubierta por una niebla suficientemente espesa como para reducir la visibilidad y ocultar cualquier cosa que quisiera acercarse sin ser detectada. Individualmente, ninguno de esos elementos le habría parecido suficiente para alarmarse. Juntos empezaban a formar un patrón bastante desagradable.

Y después estaba lo que Sylvana había dicho. El no compartía necesariamente todas sus interpretaciones. Seguía teniendo reservas respecto a atribuir miedo a criaturas cuyo comportamiento estaba gobernado principalmente por impulsos mucho más básicos, pero discutir la terminología era irrelevante cuando la evidencia estaba delante de ellos: algo había alterado el comportamiento normal de los monstruos. Si Sylvana tenía razón respecto a que aquello procedía de abajo, quedarse demasiado tiempo en el décimo piso solamente para satisfacer curiosidades secundarias era una mala decisión.

Vince levantó la voz lo suficiente para que las otras dos pudieran escucharlo desde donde se encontraban.

—No quiero interrumpir lo que sea que estén hablando y tampoco necesito saberlo, pero deberíamos movernos. Estamos apenas en el décimo y Raikhan probablemente ya nos lleva bastante ventaja. Después de lo que vimos arriba y de lo que dijiste antes, Sylvana, creo que por una vez estoy dispuesto a recomendar algo que no implique detenernos a investigar cada cosa extraña que encontramos. Lleguemos al undécimo lo antes posible y recuperemos distancia.—

No preguntó de qué estaban hablando ni intentó acercarse para averiguarlo. Simplemente recogió su daga y esperó mientras examinaba la niebla. Alleria fue la primera en regresar, recomponiendo con facilidad aquella presencia firme que habitualmente mostraba durante el descenso. Sylvana apareció poco después con la misma serenidad difícil de interpretar que parecía conservar independientemente de lo que acabara de ocurrir. Vince miró a ambas durante un instante. Quizá había algo ligeramente diferente en la manera en que se observaban. Quizá no. No dedicó suficiente tiempo a decidirlo.

Alleria terminó de acomodar el kusarigama antes de hablar.

—Estoy de acuerdo. Ya descansamos suficiente. Si mantenemos el ritmo y evitamos enfrentamientos innecesarios, no deberíamos tardar demasiado en atravesar el décimo—.

Sylvana dirigió los ojos hacia la niebla y durante algunos segundos pareció medir algo que solamente ella podía percibir en el movimiento del aire.

—Entonces dejemos de perder tiempo. Lo que hizo subir a aquella estampida no desapareció porque nosotros nos detuviéramos a descansar. Si acaso, cada minuto que permanecemos aquí le concede más tiempo para moverse—.

Vince tomó su posición y comenzó a caminar detrás de ellas.

—Esa es una manera innecesariamente inquietante de decirlo—.

Sylvana avanzó primero, dejando que Ariel explorara las corrientes de aire delante de ellos.

—No pretendía tranquilizarte—.

Vince no respondió. En realidad, tampoco estaba particularmente inquieto. Estaba atento, que era distinto. La Dungeon era peligrosa precisamente porque castigaba a quienes confundían confianza con invulnerabilidad, y aquella vez tenían suficiente evidencia para asumir que algo fuera de lo habitual estaba ocurriendo.

Los tres retomaron el descenso con un ritmo considerablemente más rápido que antes. Ya no se detenían para recoger cada piedra mágica ni examinaban corredores secundarios que no condujeran hacia abajo. Sylvana mantenía la vanguardia y utilizaba las corrientes de Ariel para compensar parcialmente la pérdida de visibilidad. Alleria avanzaba algunos pasos detrás, pendiente tanto de los laterales como de cualquier alteración en el terreno que pudiera convertirse en una emboscada. Vince cerraba nuevamente la formación, aunque su actitud era diferente a la que había mostrado durante los pisos superiores. Seguía pareciendo relajado, casi desinteresado, pero su mano permanecía mucho más cerca de la daga y sus ojos recorrían periódicamente la niebla detrás de ellos.

Durante varios minutos nadie habló. Vince no encontraba incómodo aquel silencio. Al contrario, lo prefería. Había algo reconfortante en viajar con personas que no necesitaban llenar cada tramo de quietud con palabras. El sonido de las botas contra la piedra, el ocasional goteo procedente del techo y el movimiento tenue de la niebla eran suficientes.


—Sylvana.— Finalmente fue Vince quien rompió el silencio.

—¿Qué?— La elfa no se volvió.

—Antes dijiste que el aire olía a miedo.— Sylvana redujo apenas el ritmo, pero continuó avanzando.

—Lo dije— recalcó.

—Sigo pensando que es una descripción demasiado emocional para el comportamiento de monstruos de estos pisos. Pero después de aquella estampida estoy dispuesto a concederte que, sea miedo o alguna respuesta instintiva equivalente, estaban huyendo de algo. La cuestión importante es otra. Si estaban subiendo desde pisos inferiores y nosotros seguimos descendiendo, eventualmente tendremos que cruzar el punto donde comenzó ese comportamiento — Explicó.

Sylvana guardó silencio durante unos segundos antes de responder.

—Por eso quiero llegar abajo antes de que cambien nuevamente las condiciones. Ahora sabemos que algo ocurre. Lo peligroso sería avanzar lentamente mientras asumimos que seguirá comportándose de la misma manera cuando lleguemos—.

Alleria intervino desde el centro de la formación.

—Entonces dejamos cualquier exploración secundaria para después. Nuestro objetivo inmediato es alcanzar el undécimo y continuar buscando al resto. Si encontramos señales nuevas, evaluamos sobre la marcha, pero no nos detenemos sin una razón suficiente —. Agregó y Vince asintió.

—Eso puedo aceptarlo. Incluso estoy dispuesto a renunciar temporalmente a las piedras mágicas—.

Alleria giró apenas la cabeza.

—¿Temporalmente?—.

—No exageremos. Sigo teniendo principios—.

Sylvana no volvió el rostro, pero una ligera sonrisa de burla apareció durante un instante.

—Qué sacrificio tan conmovedor—.

—Algún día apreciarán todo lo que hago por esta Familia—.

—Ese día todavía parece bastante lejano—.

Vince dejó pasar el comentario. El intercambio había durado apenas unos segundos y después regresó el silencio. Continuaron avanzando entre la niebla con mayor velocidad, dejando atrás intersecciones y cámaras secundarias sin detenerse. El undécimo piso se había convertido en el siguiente objetivo inmediato y, por primera vez desde que se había separado del resto de sus hermanos, Vince parecía genuinamente interesado en recuperar terreno.

No porque necesitara estar rodeado de ellos, ni porque la soledad le incomodara. Y mucho menos porque quisiera averiguar qué había estado ocurriendo entre Alleria y Sylvana.

Simplemente porque había llegado el momento en que los pequeños asuntos individuales dejaban de importar. Algo estaba alterando la Dungeon, Raikhan y los demás se encontraban en algún lugar delante de ellos y, si aquello terminaba escalando hasta convertirse en un problema para toda la Familia Zeus, entonces sí se convertiría en asunto de Vince.

Y cuando eso ocurriera, la indiferencia desaparecería por completo.
​

Shulman Shulman mi aporte, Hathaway Hathaway si hay algo mal hay me dicen porfa. Si Sylvana y Alleria tenian algo muy personal o intimo que decirse y la interrupcion en mi post fue inapropiado me dicen porfa y veo que hago ><
 
Última edición:

Shulman

Moderador

Ren todavía pensaba en la oración de Suga: “Ren, concéntrate”. Ciertamente no se podía concentrar. No solo por el hecho de que continuamente estaba vigilando a Raikhan, evitando todo lo que tenía que ver con él y sus absurdos intentos de lucirse; estaba pensando en una charla que había tenido con el mismísimo Zeus antes de que partiesen a Orario.

Pero no podía darse el lujo de estar pensando en algo más. Continuaban caminando en círculos debido a la espesura de la niebla. De hecho, podía sentir la mirada de Suga sobre su persona, como si él fuese la salvación a su desorientación en aquel momento. Y en parte, así era: Ren tenía un sentido auditivo mucho mejor que el de un humano promedio. Sus orejas gatunas no eran de adorno, y precisamente por eso es que el de cabello anaranjado estaba esperando que se pusiera a trabajar.


—Ah… ya voy…

Sus ojos se cerraron. Necesitaba enfocarse específicamente en el lugar en que se encontraban. Las pisadas superiores que podían escuchar, o el ruido y movimientos en bajo ellos, eran una distracción que tenía que eliminar de su mente para encontrar el camino que tenían que seguir. Se había dado cuenta que cada descenso sonaba de una manera particular, siempre acompañado por una brisa quieta que apenas dejaba vibraciones en el aire.

Sus orejas gatunas se movieron como un radar.


—Síganme.

Ren avanzó, guiándose enteramente del sonido que sus orejas habían captado. El sonido familiar del descenso, ignorando por completo cualquier otra cosa a su alrededor. Asuga y Raikhan, por otro lado, se encargaban de monitorear alrededor del gato, protegiéndolo de cualquier amenaza que pudiera acercarse. Sin embargo, por muy extraño que hubiera parecido, durante el transcurso de aquella guía hasta el descenso décimo tercer piso, no se encontraron con ninguna amenaza. ¿Era extraño? Sí, y tanto Raikhan como Asuga volvieron a mirar a Ren una vez que llegaron a su destino y él abrió los ojos.

— ¿Por qué me miran así? —Bostezó y estiró los brazos, sintiéndose ligeramente somnoliento por haber pasado tanto rato con los ojos cerrados.
—De mi parte, tengo una pregunta —Suga se expresó, apuntando su arma a distintos puntos a su alrededor—. ¿Por qué no hay monstruos?
—Uhm, es bastante simple —
contestó, observando a Raikhan, pues sabía que su capitán no estaba compartiendo toda la información que tenía—. Hay algo que los está ahuyentando de sus lugares de aparición —completó finalmente, comenzando a descender por, esta vez, unas escaleras en espiral—. Seguro que Raikhan sabe más de ello —se detuvo un instante, en un punto desde el cual, gracias a la oscuridad de aquel descenso, solo se podían observar sus ojos carmín—, ¿no es así, capitán?

Entonces, la figura de Ren desapareció en la oscuridad, claramente quería llegar a la siguiente planta cuanto antes; y quería tomar un momento a solas para poder pensar en aquella conversación que rondaba constantemente en su cabeza. ​



Blair Blair Ren detesta a Raikhan[?] Post cortito porque no me da la cabeza para algo más largo y quería algo calmado
 

Hathaway

· · ─ ·✶· ─ · ·
Moderador

Sylvana tardó en responder; era la costumbre de dejar que el silencio hiciera su trabajo antes que las palabras. La niebla se enroscó un poco más en sus botines mientras los dedos de su mano derecha subían, distraídos, hasta la trenza plateada y rozaban una de las piezas de oro que la adornaban.

La más alta lo vio. Siempre lo veía. Era el oficio que la había mantenido viva cuando nadie le enseñaba nada: leer lo pequeño, lo que el cuerpo hace cuando la cara se ha ocupado de mentir.

—
Siempre lo tocas —dijo, con la voz todavía baja—. El oro de la trenza… Cuando piensas, lo haces sin darte cuenta.

Los dedos de Viper se detuvieron. Pasó un segundo largo y luego bajó la mano con una lentitud deliberada. Cuando volvió el rostro, su expresión seguía intacta, pero en el dorado de sus ojos había algo quieto y atento, como cuando un animal cazador acaba de oír pasos en un bosque que creen vacío.

—
Eres observadora —concedió.
—
Es mi oficio.
—El mío también —Ladeó apenas la cabeza— y sin embargo no sabía que me mirabas tanto.

Alleria sostuvo la mirada. El calor que le subió por el cuello no tenía nada que ver con el clima, que allí, en el umbral del décimo piso, se había vuelto casi cruel de frío.

—
Es lo que hago con todos —respondió, y la frase salió un poco más rápida de lo que pretendía.
—
¿Con todos? —Sylvana dejó que la frase flotara un momento—. Qué raro. Con los demás no te veo tomarte tantas molestias. Vince come en paz sin que nadie le catalogue los gestos.
—Vale, digamos que… te observo pero no tanto.
—Lo suficiente como para saber qué mano uso para tocar el oro y cuál no. —La comisura de los labios de Duskthorn se curvaron y miró a la otra mujer con la calma de quien lanza una moneda al aire sabiendo de qué lado caerá— Pero tranquila, no te avergüences. Me han mirado con peores intenciones y con mucha peor puntería.

Fue Alleria quien apartó la vista primero, hacia el kusarigama, refugiándose en la tarea del arma. Escuchó, o creyó escuchar, una ligera risa de la otra elfa oscura.

Sylvana dio unos pasos hacia el borde donde la niebla se espesaba, lo bastante lejos del nicho de Vince para que su silueta, masticando contra una roca, quedara reducida a una mancha oscura entre la bruma para los que no tuvieran visión elfica. Alleria dejó el pañuelo sobre la saliente, dudó un momento pero luego la siguió. Se detuvo a dos pasos de ella, no a uno. Las dos quedaron de cara al blanco que se extendía hacia el décimo piso, con la cadena del arma tintineando apenas contra el muslo de Alleria.

—
Las cápsulas en la trenza —dijo Alec al fin—. Se dice que algunas portan veneno.
—Se dice…. hm, veo que no preguntas si es verdad... —Sylvana no la miró— Solo dejas caer el tema y esperas a ver qué hago con ello.
—No es asunto mío.
—Correcto. Y aun así lo has traído hasta aquí, hasta donde Vince no oye. Es una forma muy educada de no preguntar.

Alleria no respondió. No tenía nada que responder, y las dos lo sabían.

Sylvana levantó la trenza y dejó a la vista una de las piezas, una cápsula pequeña de oro labrado con un grabado minúsculo que Noctval no alcanzó a leer.

—
Hay veneno, sí. En algunas. Un regalo para mí misma, para las noches de pensamientos turbulentos en que uno prefiere tener a mano una salida honorable. —Soltó la trenza—. No te preocupes. Todavía no he decidido usarlas.

La frase debía sonar a broma, y lo hizo. Pero Alleria notó que los dedos de Viper habían tardado una fracción más de lo normal en soltar el oro.

—
Las otras no son veneno —dijo Noir, casi para sí.
—
No.

Esta vez el silencio se alargó. Alleria se quedó quieta, con toda la atención puesta en la mujer que tenía delante y Sylvana lo notó. Y al notarlo, por primera vez en toda la marcha, la miró de verdad: no como se mira a una compañera de la misma Familia. Más bien como se mira algo que uno había dado por desaparecido.

Alta, con los hombros rectos a pesar del cansancio, las orejas largas asomando entre el cabello, la piel de ese gris pálido que ya casi nadie en la superficie recordaba cómo nombrar. Y los ojos. Carmesí, de un rojo limpio, sin turbiedad, que en los linajes antiguos no se veía en cualquiera. Sylvana había pasado dos mil años sin cruzarse con otra de su sangre. Dos mil años de mirar rostros que no se parecían al suyo, de explicar sin explicar, de dejar que la gente creyera lo que quisiera. Y ahora tenía delante a una elfa oscura que ni siquiera sabía lo que era, a dos pasos de distancia, con la mirada de quien le habían robado un idioma antes de aprender a hablarlo.

Era incómodo. Más de lo que habría admitido bajo tortura.

Y mientras la parte fría de su mente, esa que nunca descansaba, hacía cálculos que nadie le había pedido: la estatura, el rojo de los ojos, la facilidad con que su cuerpo se había adaptado al combate, la forma en que su magia parecía responder sin que nadie se la enseñara—, llegaba a una conclusión que no le gustaba tener que formular. Una estirpe dotada. No una Familia de dioses, nada de eso: uno de los linajes de sangre noble élfica, de los de antes, de los que habrían tenido tierras propias, cantos propios y enemigos que les nombraban con respeto. De los que no se habrían dejado caer sin que alguien pagara por ello.

No dijo nada. Hizo lo que siempre hacía cuando algo le pesaba demasiado cerca del pecho: ocultarlo.

—
Se te da bien esperar. Es una virtud rara —murmuró Sylvana, sin dejar de mirarla—. Entonces… quieres saber que qué tanto recuerdo. — inclinó la cabeza, saboreando el tema—Tienes suerte de que hoy me siento generosa, pero no te acostumbres.

Hubo una pausa. Cuando Sylvana habló de nuevo, la voz había recobrado su tono habitual, ese que parecía hecho de piedra pulida.

—
Lo que se cuenta de los elfos oscuros en la superficie es poco y casi todo es falso. Que somos una raza maldita. Que nos arrancaron de la luz por orgullo. Que adoramos a dioses que nunca bajaron. Los elfos del bosque lo repiten porque les conviene, los humanos porque lo oyeron de ellos, y nosotros dejamos de corregirlo hace mucho. Es incómodo desmentir a quien necesita tenerte miedo.

A lo lejos, entre la bruma, algo goteó contra la piedra.

—
Pero no éramos un pueblo. Ese es el primer error. En los Tiempos Antiguos existían las Casas de linaje. Cada una con su ciénaga, sus territorios y su manera de cantar. Algunas se odiaban entre sí con más fervor del que le dedicaban al resto del mundo.
—
¿Casas? —Alleria frunció apenas el ceño—. ¿Como las Familias?
—No. —La respuesta llegó rápida, casi seca— Nada que ver. Una Familia necesita un dios que le ponga su sello en la espalda. Las Casas eran de sangre, y son más viejas que cualquier Falna. Nadie las bendecía. Se sostenían solas, o no se sostenían —Dejó que la diferencia se asentara—. Lo que hoy llaman «cultura de los elfos oscuros» es lo que quedó cuando las Casas dejaron de existir. Ruinas. Y ruinas con buena reputación, que es lo peor que le puede pasar a una ruina.

Alleria sintió el peso de la palabra «ciénaga» y su cuerpo, que odiaba los espacios cerrados, recordó sin permiso la oscuridad de las jaulas doradas donde había crecido. No dijo nada. Sylvana tampoco miró hacia ella, y justo por eso pudo permitirse seguir hablando.

—
Cuando una Casa caía, sus supervivientes no se quedaban con territorios, ni templo, ni tumbas a las que llevar flores. Se hundía todo con ella. Así que se inventó otra costumbre. Cada superviviente cargaba con un fragmento de oro por cada nombre que no debía olvidar. Los amigos, los hijos, los traidores. Sobre todo los traidores, porque el recuerdo de una deuda dura más que el de un amor.

Alec bajó la vista hacia el suelo, hacia la niebla que se movía en jirones lentos entre las piernas de Viper. Empezaba a comprender sus joyerías y en silencio tenía la certeza de que le estaban entregando una pieza que no se daba a cualquiera.

—
Entonces el oro que cargas—dijo, y levantó apenas la vista hacia la trenza de Sylvana—. Todo eso...
—Es mi linaje —Sylvana asintió, despacio—. Y no es solo la trenza. Hay oro en las muñecas, en la falda, en lugares que no se ven con la ropa puesta —Volvió la cabeza, y en el dorado de sus ojos brilló algo malicioso con picardía—. Considéralo un misterio con el que puedes entretenerte, ya que que te gusta tanto observarme.

Alleria apartó la vista a toda prisa. Se dijo que no había entendido el comentario como lo habría entendido otra persona, y se lo dijo con bastante convicción.

—
¿Y la magia? —preguntó, con un carraspeo que no engañó a nadie—. Los cantos me refiero. Los míos son cortos, casi mecánicos. Los tuyos...
—Los míos no vienen de ningún linaje élfico —Sylvana mintió, pero concediéndole el cambio de tema con una elegancia que era, en sí misma, otra forma de provocación—. Lo demás: el modo de mover las manos, de respirar, de no estorbarme a mí misma, fue cosa de años. Y de alguien que me afiló sin pedirme que lo quisiera.
—¿Zeus?
—Zeus no pide que lo quieran. Pide que seas útil. Eso es una diferencia muy cómoda.

Noctval sostuvo esa respuesta un momento, sin entenderla del todo, pero sabiendo que le habían entregado mucho. Pensó en la lira que tocaba cuando estaba sola y se preguntó, sin llegar a formularlo, si las Casas Élficas habrían tenido una canción para eso.

—
Te agradezco que me lo cuentes —dijo al fin con suavidad, mirando directo a los ojos de Duskthorn, con una sinceridad que le costó más de lo que dejó ver.

Sylvana no contestó de inmediato. No dijo «de nada», ni nada parecido. Dejó que la frase se quedara flotando entre las dos, y la dejó flotar un poco más de lo necesario, con esa paciencia suya que a Alleria también empezaba a resultarle peligrosa.

—
Guárdalo —dijo por fin—. Cuando sepas cuánto vale, quizá decida cobrártelo.
—¿Y cómo piensas cobrármelo?
—Todavía no lo he decidido —La comisura de sus labios, apenas, se curvó—. Me gusta tener cosas pendientes. Dan motivos para seguir cerca.

Alleria sonrió, una sonrisa inquietante y verdadera. Sylvana la vio. Y aunque apartó la vista, la mano volvió una vez más al oro de la trenza, esta vez sin saber por qué. Pensó que provocar a Alleria resultaba más entretenido de lo que debería, y que quizá lo era precisamente porque le impedía pensar en lo otro: en la sangre, en el rojo de aquellos ojos, en la Casa que tal vez había tenido un nombre, y en lo que significaría que ese nombre siguiera, de algún modo, caminando a su lado.

A veinte metros, entre la niebla, observaba la silueta de Vince con mucha facilidad en la oscuridad (propio de un elfo oscuro). Vince no miraba hacia ellas. Tampoco hacía el menor esfuerzo por oír.


· · ─────── ·𖥸· ─────── · · ​

El décimo piso se les quedó atrás sin ceremonia. La niebla se fue aclarando poco a poco, deshilachándose en jirones cada vez más finos hasta que el último le soltó los tobillos a Vince junto a una rampa de piedra oscura que descendía en una pendiente larga y suave. Nadie dijo nada al cruzarla. Había algo en el ambiente, frío y quieto, que hacía innecesario cualquier comentario.

Luego el undécimo piso los recibió. Era una caverna inmensa, de techo tan alto que se perdía en la penumbra, con columnas de roca que subían como raíces petrificadas y una luz mortecina que parecía filtrarse desde las propias paredes. La niebla seguía allí, pero ya no flotaba: se arrastraba a ras de suelo, espesa y lenta, como si le costara moverse. Y no había nada. Ni un chillido, ni un chasquido de garras, ni el goteo de algún Orc rondando entre las columnas. Un piso de ese tamaño, a esa profundidad, debería haberlos recibido con media docena de criaturas desde el primer corredor.

—
Esto me gusta todavía menos que el octavo —murmuró Vince.
—
A mí tampoco me gusta —dijo Alleria sin volverse, recorriendo con la vista las bocas de los túneles laterales—. Mantengan la formación. Sylvana, ¿qué lees?

Sylvana había cerrado los ojos un instante. El hilo de Ariel se deslizó por la caverna como una mano delgada tanteando una pared a oscuras.

—
Poco. —Abrió los ojos— Las corrientes llegan limpias hasta las columnas del fondo y luego se pierden. Hay algo que las absorbe, o las desvía. No sé cuál de las dos.
—Eso es nuevo —dijo Alleria.
—
Todo es nuevo hoy.

Vince, que había escuchado el intercambio con la mano ya metida en el cinturón, sacó un cristal pequeño de entre sus artefactos, del tamaño de una nuez, de un azul casi blanco. Lo sostuvo en la palma abierta y esperó. Durante unos segundos no ocurrió nada. Luego el cristal empezó a vibrar con un zumbido tan bajo que se sentía más en los dientes que en los oídos, y una luz tenue y temblorosa le recorrió el interior como si algo lo estuviera tirando de un hilo.

—
Interesante —dijo.
—
¿Eso es una queja o una conclusión? —preguntó Sylvana.
—
Una conclusión —Giró lentamente sobre sus talones con el cristal extendido, y la luz se hizo más intensa cuando apuntó hacia el fondo de la caverna, hacia la boca de un túnel ancho que se hundía en la oscuridad—. Eso es resonancia de maná. No de un monstruo, ni de un hechizo. Es residual, como el calor que queda en la piedra después de que apagas un fuego. Algo con muchísima energía pasó por ahí, o sigue ahí abajo, y está lo bastante cerca como para que esto lo sienta desde aquí.
—Tu viento lo pierde —dijo Alleria, mirando a Sylvana—. Su cristal lo encuentra.
—No lo pierde —Sylvana frunció apenas el ceño, con la rigidez de quien acepta algo a regañadientes—. Lo evita. Es distinto.
—
Es el mismo resultado con mejor orgullo —replicó Vince, y esta vez fue él quien dejó escapar el aire por la nariz en algo que se parecía a una risa corta.

Sylvana lo miró de reojo. Durante un segundo pareció a punto de contestar con algo cortante. En cambio, asintió una vez, brevemente, y señaló el cristal con el mentón.

—
Úsalo para guiarnos. Mis vientos pueden cubrir los flancos mientras tú nos orientas.

Vince parpadeó. No era la respuesta que esperaba, y por un instante no supo qué hacer con ella.

—
¿Eso es una petición formal? Porque si lo es, quiero dejar constancia de que me está pidiendo un servicio profesional.
—Es una instrucción —corrigió Alleria con serenidad—. Delante, Vince.
—¿Delante? Yo cierro la formación.
—Ya no —Alleria ya se había movido para ocupar el lugar de retaguardia—. Eres el único que sabe leer eso. Si vas atrás, vamos ciegos hacia el túnel.

Vince abrió la boca, la cerró, y miró a las dos mujeres con la dignidad herida de quien descubre que su queja ha sido concedida y ya no tiene gracia.

—
Esto es una violación sistemática de mis condiciones habituales de trabajo —murmuró, ocupando la punta con el cristal en alto.
—
Tómalo como un ascenso —fue un comentario mordaz de la peliplateada, a su derecha.
—
Los ascensos tienen aumento de sueldo.
—Los ascensos tienen más peligro. Es lo que cuesta ser valioso, cariño.

Avanzaron entre las columnas, con la niebla deslizándose a ras de suelo y el cristal vibrando en la mano de Vince como un corazón pequeño y nervioso. No hubo conversación durante varios minutos. Alleria cubría la retaguardia con la cadena recogida y los ojos en todas partes; Sylvana se movía en el flanco derecho con los vientos extendidos, asintiendo apenas cuando Vince cambiaba de dirección; el hombre del grupo, por primera vez en toda la jornada, caminaba delante con una concentración que no tenía nada de relajada.

Fue él quien vio primero la mancha oscura junto a la base de una columna.

—
Alto —dijo, levantando la mano libre.

Se acercaron en silencio. Sobre la piedra clara había un montón de ceniza ennegrecida, todavía tibia al tacto, con restos de piedras mágicas hechas trizas mezclados con el polvo. Más allá, a unos metros, otro. Y otro. Un rastro largo y desordenado de criaturas muertas con prisa, cortadas o aplastadas sin cuidado, que se perdía hacia el túnel del fondo.

Alleria se agachó junto a las cenizas y rozó una con los dedos.

—
Hace menos de una hora —dijo—. Es el grupo de Raikhan. No se detuvieron a recoger nada.
—Qué desperdicio —murmuró Vince, mirando una piedra mágica del tamaño de una moneda que sobresalía de una de las pilas, intacta y brillante—. Esa, por ejemplo. Entera. Con una calidad decente.
—Vince.
—No me estoy deteniendo. Estoy señalando un hecho.
—Vince —repitió Alleria, con un tono que prometía consecuencias.
—
Y señalándolo, me agacho a la altura del hecho —Se inclinó sin dejar de caminar, deslizó la piedra entre los dedos y la guardó en el cinturón antes de que Alleria terminara de girar la cabeza—. No cuenta. Fue un movimiento fluido. Una inversión en tránsito.

Sylvana, desde el flanco, no dijo nada. Pero Noir alcanzó a ver cómo sus labios se curvaban con la peor de las sonrisas, la que nunca llegaba a ser una risa, y cómo una de sus manos subía "distraídamente" hasta el oro de la trenza. Luego la volteó a ver a ella, regalándole la mirada de alguien que ya conoce a su presa, podía leer el mensaje claro en sus ojos dorados:

« Ahora sé que me miras »​

Alleria apartó la vista a toda prisa y recogió un par de eslabones de la cadena, como si necesitara asegurar algo que ya estaba perfectamente asegurado.

Vince, de espaldas a las dos, no vio nada de eso. Solo advirtió que el cristal había empezado a vibrar con más fuerza, con una luz casi cegadora, y que la boca del túnel al fondo ya no era un hueco oscuro, sino un tajo largo y bajo, con los bordes de la roca desprendidos hacia afuera, como si algo muy grande y muy rápido hubiera salido por ahí.

—
Eso no lo hicieron ellos —dijo en voz baja.
—
No —confirmó Sylvana, y su tono se había quedado seco y limpio—. Lo hizo lo que los asustó.

Los tres se quedaron mirándolo un largo momento, con el zumbido del cristal creciendo en la palma de Vince y la niebla enroscándose, muy despacio, alrededor de sus botas.

—
Sigamos —dijo Alleria tajante.

Vince apretó la mano sobre el cristal, que ya le dolía de tanta vibración, y echó a andar el primero hacia el túnel, calculando mentalmente, sin poder evitarlo, lo que le costaría reponerlo si esa cosa le estallaba en el bolsillo. El pasadizo olía a piedra caliente y a pelo quemado, un olor pesado, animal, que se adhería al fondo de la garganta.

—
Pelo quemado —dijo Vince en voz baja, sin volverse—. Y azufre. Algo con fuego, y mucho.
—Hellhounds —murmuró Alleria—. O algo peor.
—Con suerte, solo Hellhounds.
—Tu concepto de suerte es profundamente deprimente —dijo Sylvana.
—
Tengo experiencia.

El suelo empezó a tiritar poco antes del recodo. No el temblor profundo y lento del séptimo piso, sino algo más inmediato, más cercano, un repiqueteo de garras sobre roca que subía por las suelas de las botas y que cada segundo se acercaba más.

—
Atrás —dijo Vince, sin levantar la voz—. Ahora.

No hizo falta repetirlo. Retrocedieron cuatro pasos con la naturalidad de quien ha ensayado la maniobra mil veces, y en ese instante el túnel entero se encendió de rojo.

Salieron en estampida desde la curva. Tres Hellhounds de pelaje chamuscado, con las fauces abiertas y el vapor siseando entre los colmillos, y detrás, empujándolos, una masa compacta de Orcs de dos metros, con los ojos blancos de terror y las mazas sin soltar. Eran los que no habían alcanzado a huir con el resto, los rezagados encerrados en las cámaras laterales del piso, y ahora que el camino hacia arriba se abría, se lanzaban contra lo único que se interponía: tres aventureros en un pasadizo estrecho.

El primer Hellhound abrió la boca y la llamarada salió disparada por el túnel como una lengua anaranjada.

Sylvana se deslizó bajo el fuego con un movimiento casi perezoso, una rodilla rozando la piedra, y las dagas de mithril brillaron una vez en el resplandor. La primera se hundió bajo la mandíbula del animal, la segunda en el flanco, y la magia de Velgus hizo el resto en menos de un latido. El Hellhound se desplomó en medio de su propio aliento y se deshizo en polvo negro sobre las botas de la elfa.

—
Izquierda —dijo Alleria.

Sylvana ya se estaba girando cuando la segunda bestia saltó sobre ella desde ese lado. La cadena de Alleria silbó entre ambas, enroscándose en la pata trasera del Hellhound en pleno salto, y con un tirón corto lo estampó contra la pared. Sylvana lo remató sin mirarlo.

Hubo un instante en que sus ojos se cruzaron, el dorado y el carmesí. Ninguna dijo nada. Alleria recogió la cadena. Sylvana volvió al frente.

—
¡Las dos muy felices, pero tenemos Orcs! —gritó Vince desde atrás.

Tenía razón. La primera fila de la horda ya estaba encima, bloqueando el pasadizo de pared a pared. El primer Orc, enorme, con una maza improvisada con un fémur de algo que nadie quiso identificar, descargó el golpe contra Alleria con tanta fuerza que la piedra del techo se agrietó. Ella lo esquivó por un palmo, la hoja del kusarigama se abrió paso entre las costillas de la criatura, y con un giro de muñeca la cadena le sujetó el brazo contra el costado de otro que ya embestía. Los dos cayeron enredados.

Vince, por su parte, había soltado el cristal en el cinturón y tenía la daga en la mano. Atravesó a un Orc que se había colado por el costado de Sylvana, giró sobre sí mismo para esquivar la maza de otro, y apuñaló la piedra mágica en el pecho de un tercero. Los cuerpos se desintegraban en nubes de ceniza y piedras diminutas que rodaban entre los pies de todos.

—
Cinco valis —masculló, esquivando una zancada—. Seis. Otra de siete. Estoy pisando una fortuna.
—¡Pues no las pises! —dijo Sylvana, sin aliento.
—
¡Eso intento!

Pero la horda seguía llegando. Detrás de la primera línea, el túnel parecía vomitar monstruos sin fin, y el empuje de los cuerpos los obligaba a ceder terreno paso a paso. Alleria jadeaba. La cadena ya no giraba con la misma soltura. Sylvana sangraba por un corte superficial en el antebrazo, y los Orcs, con la locura del miedo, avanzaban sin importarles cuántos caían.

—
No podemos sostenerlo —dijo Alleria.
—
No —admitió Sylvana, retrocediendo un paso—. Vince.
—Lo sé.
—Vince.
—¡Ya sé lo que van a pedirme!
—¿Y entonces?

Vince dejó escapar un suspiro largo.

—
Esto va a ser muy caro —dijo—. Cúbranme.

Se plantó en mitad del túnel, con las piernas abiertas y la daga clavada en el suelo, y alzó la mano libre. El aire alrededor de su palma empezó a crepitar. Los pelos de los brazos se les erizaron a las dos. Un olor limpio, metálico, a tormenta, rompió el olor a quemado.

Alleria y Sylvana cerraron filas delante de él sin necesidad de hablar. La cadena se enroscó como un muro, las dagas se movieron en un abanico de acero y veneno, y durante diez segundos largos ninguna criatura pasó más allá de sus botas. Alleria contuvo a dos Orcs con el kusarigama mientras Sylvana, con una elegancia ya casi cruel, deslizaba la daga entre las uniones de la armadura improvisada de un tercero. Ninguna de las dos miró atrás. No hacía falta. Sabían que estaba allí.

—
Apártense —dijo Vince— Pierce, lanza de relámpago. Tu enviado te lo suplica, Tonitrus. Encarnado del trueno. Reina del rayo.

Se apartaron. Pegaron las espaldas a las paredes del túnel, una a cada lado, justo cuando el último verso se cerró en los labios de Vince y su mano se abrió hacia la horda.

Thunder Ray salió como una lanza precisa y poderosa.

El túnel entero se iluminó con un estallido seco, brutal, que borró las sombras y dejó a todos ciegos por un instante. El rayo atravesó la línea de Orcs de un extremo al otro, carbonizando todo lo que tocaba, y siguió hasta el fondo de la curva, donde estalló contra la roca con un trueno que sacudió el techo. Luego, el silencio. Un silencio humeante, lleno de ozono y de ceniza que caía como nieve oscura.

Cuando Alleria logró parpadear, el pasadizo estaba vacío. No quedaba un solo Orc en pie. Tampoco una sola piedra mágica: el rayo las había vaporizado junto con los cuerpos.

Vince se quedó mirando el suelo despejado con la mano todavía extendida.

—
No —dijo en voz baja—. No, no, no —Se pasó la mano por la cara—. Los he vaporizado. Los he vaporizado yo mismo.
—Nos has salvado la vida —observó Alleria, recogiendo la cadena con dedos todavía temblorosos.
—
Eso fue lo que dije yo antes de calcular cuánto costaba el hechizo —Se dejó caer contra la pared, con la respiración entrecortada—. Al menos cuatro mil de piedras mágicas hechas humo. No quiero que nadie me hable durante un minuto.

Sylvana, apoyada en la pared de enfrente, se limpiaba la sangre del antebrazo con un trapo. Espero el delicado minuto de Durin y luego lo miró; algo muy parecido a la aprobación pasó por el dorado de sus ojos.

—
Buen lanzamiento —dijo.

Vince levantó la vista. Parpadeó.

—
¿Eso fue un cumplido?
—No te acostumbres.
—Lo voy a poner por escrito.
—Hazlo —dijo Alleria, enderezándose—. Pero camina mientras escribes.
​

Gennai Gennai Shulman Shulman vamos mis amores!!!
 
Arriba