El tablero de Quests de File City estaba tan concurrido como de costumbre. Decenas de Tamers examinaban las solicitudes disponibles mientras sus compañeros Digimon discutían sobre recompensas, peligros y posibles aventuras. Algunos acababan de regresar de sus primeras misiones; otros, más experimentados, buscaban encargos que les permitieran aumentar su rango y conseguir acceso a nuevas zonas de File Island.
Entre ellos se encontraba Sung Hae-In.
La joven permanecía frente al tablero, revisando cuidadosamente las solicitudes disponibles mientras Meok Bo esperaba a su lado.
Bueno, esperar quizá no era la palabra más apropiada.
—Sung… Meok Bo hambre —murmuró Arkadimon, apoyando una garra sobre su estómago mientras observaba un puesto de comida situado al otro extremo de la plaza.
—Desayunaste hace menos de una hora —respondió Sung, deslizando los dedos sobre su D-Terminal para revisar las recompensas de varias misiones.
—Sí —admitió Meok Bo, bajando la cabeza durante un instante antes de levantarla nuevamente—. Pero Meok Bo hambre otra vez—.
Sung suspiró suavemente.
—Eso no es una novedad —comentó, guardando varias solicitudes que consideraba poco útiles.
Meok Bo inclinó la cabeza.
—¿Novedad se come? —preguntó, acercando el rostro a su compañera.
Sung detuvo el movimiento de sus dedos y lo miró.
—No —respondió, regresando su atención al tablero.
—Qué triste —murmuró Arkadimon, dejando caer los hombros.
Un pequeño Tokomon que pasaba cerca escuchó la conversación y soltó una risita. Meok Bo lo miró con curiosidad, pero Sung le colocó una mano sobre la cabeza antes de que intentara acercarse.
—Concéntrate —le indicó, señalando el tablero—. Todavía tenemos trabajo—.
Meok Bo enderezó la espalda.
—Meok Bo concentrado —aseguró, aunque sus ojos volvieron hacia el puesto de comida. Sung decidió ignorarlo. Desde su llegada al Digital World había aprendido que discutir con Meok Bo sobre comida era una batalla interminable.
En cambio, su búsqueda de Ryuuma no podía permitirse distracciones.
La Quest «Engranes» había resultado más provechosa de lo esperado. Gracias a Andromon, ahora poseía información sobre una alteración de data relacionada con registros eliminados intencionalmente. Sin embargo, acceder a los archivos completos requería un rango superior al suyo.
Eso significaba seguir trabajando, seguir ascendiendo, seguir reuniendo contactos. Y, tarde o temprano, abandonar File Island para ampliar su búsqueda.
Mientras revisaba una nueva tanda de solicitudes, una de ellas llamó su atención. QUEST DISPONIBLE: BUSCANDO AL COMPAÑERO
Sung abrió la descripción. Una chica llevaba una semana en el Digital World sin conseguir encontrarse con su compañero Digimon. Aunque ya había recibido su Digivice, seguía esperando el encuentro que normalmente acompañaba a los recién llegados.
Cansada de esperar, había decidido aventurarse al Bosque Inquebrantable. La Central solicitaba que un Tamer la acompañara y la ayudara a encontrar a su Digimon. Según la joven, una voz le había indicado que su compañero estaba en aquel bosque.
Sung leyó la solicitud dos veces.
—Una Tamer sin compañero… —murmuró, cruzándose de brazos mientras analizaba los detalles.
Meok Bo levantó la cabeza.
—¿Sin compañero? —preguntó, acercándose a la pantalla.
—Sí —respondió Sung, mostrándole parte de la solicitud—. Llegó hace una semana y todavía no encuentra a su Digimon—.
Arkadimon abrió mucho los ojos.
—¿Sola? —preguntó, mirando a Sung con una expresión extrañamente seria.
—Por ahora, sí —respondió ella, bajando ligeramente el D-Terminal.
Arkadimon permaneció callado unos segundos. Después se acercó más a su compañera y sujetó suavemente una parte de su ropa.
—Meok Bo no quiere Sung sola —dijo, bajando la cabeza.
Sung lo observó. Aquella respuesta no era la que esperaba.
—No estoy sola —respondió, colocando una mano sobre su cabeza.
Meok Bo levantó la mirada.
—Porque Meok Bo está con Sung —añadió, moviendo las garras con entusiasmo. Sung asintió.
—Exactamente —contestó, acariciándolo brevemente antes de retirar la mano.
Arkadimon sonrió.
—Entonces buscamos compañero de chica —propuso, señalando el tablero—. Así chica tampoco sola—.
Sung volvió a mirar la solicitud. No era una Quest relacionada directamente con Ryuuma ni con los registros de Andromon. Sin embargo, ofrecía la oportunidad de explorar otra región de File Island, conocer a una nueva Tamer y posiblemente obtener información adicional sobre los Llamados al Mundo Digital. Además, había un aspecto que no podía ignorar. La chica estaba buscando a alguien importante para ella.
Sung entendía demasiado bien aquella sensación.
—Aceptaremos esta Quest —decidió, seleccionando la solicitud en su Digivice.
El dispositivo emitió una breve señal de confirmación.
QUEST ACEPTADA.
Arkadimon levantó ambas garras.
—¡Meok Bo buscará compañero! —exclamó, dando un pequeño salto que llamó la atención de varios Tamers cercanos.
Sung lo sujetó de la cabeza antes de que volviera a saltar.
—Primero conoceremos a la solicitante —corrigió, girándolo hacia el edificio de la Central—. Después iremos al Bosque Inquebrantable—.
—¿Y después comida? —preguntó Meok Bo, mirándola con esperanza.
Sung cerró los ojos durante un segundo.
—Después comida —aceptó finalmente, comenzando a caminar.
—¡Meok Bo ama Quests! —declaró Arkadimon, siguiéndola alegremente.
El edificio de la Central estaba especialmente concurrido aquella mañana. Varios empleados atendían solicitudes de nuevos Tamers, actualizaban registros y orientaban a quienes todavía no comprendían completamente el funcionamiento del sistema de Quests.
Sung se dirigió al mostrador indicado en la autorización.
—Vengo por la Quest «Buscando al compañero» —explicó, mostrando su Digivice a la encargada.
La recepcionista revisó la información y asintió.
—La solicitante ya está aquí —respondió, señalando una pequeña sala de espera — Está bastante impaciente. Intentamos convencerla de que no saliera sola, pero insiste en que su compañero la está llamando—.
Sung miró hacia la sala.
—¿La voz comenzó recientemente? —preguntó, acercándose ligeramente al mostrador.
—Según su declaración, lleva varios días escuchándola —explicó la recepcionista, abriendo el registro de atención —. Al principio pensó que era parte de un sueño. Después comenzó a reconocer palabras que parecían indicarle una dirección—.
—¿Alguien más la escuchó? —preguntó Sung, observando la pantalla desde su lado del mostrador.
—Nadie, hasta donde sabemos —respondió la empleada, negando con la cabeza—. Pero los Llamados al Mundo Digital no son idénticos para todos. No podemos descartar que realmente esté percibiendo a su compañero—.
Sung asintió lentamente. Aquello coincidía con la descripción de la Quest.
—Entiendo —dijo, guardando su Digivice—. Hablaré con ella antes de salir—.
La recepcionista señaló nuevamente la sala.
—Se llama Mika —añadió, bajando ligeramente la voz—. Y agradeceríamos que consiguieras hacerla entrar en razón. Ya intentó marcharse sola esta mañana—.
Sung levantó una ceja.
—Entonces llegamos a tiempo —respondió, encaminándose hacia la sala.
Meok Bo la siguió, aunque se detuvo brevemente junto al mostrador al descubrir un recipiente lleno de pequeños dulces destinados a los visitantes.
—Meok Bo… —murmuró, estirando lentamente una garra.
—No —dijo Sung, sin siquiera girarse.
Arkadimon retiró la garra de inmediato.
—Meok Bo solo miraba —respondió, apresurándose a seguirla. La recepcionista soltó una risa discreta.
Mika estaba sentada cerca de una ventana. Era una joven de aproximadamente dieciocho años, de cabello castaño oscuro hasta los hombros y ojos color miel. Llevaba una chaqueta ligera, pantalones cómodos y una pequeña mochila que parecía haber preparado con demasiada prisa.
Su Digivice descansaba entre sus manos. Lo examinaba una y otra vez, como si esperara que el dispositivo finalmente le mostrara la respuesta que llevaba una semana buscando.
Cuando Sung entró en la sala, Mika levantó la cabeza.
—¿Eres la persona que enviaron para acompañarme? —preguntó, levantándose inmediatamente de su asiento.
Sung se detuvo frente a ella.
—Sung Hae-In —se presentó, extendiendo una mano—. Acepté tu Quest. Él es Meok Bo, mi compañero Digimon—.
Mika estrechó su mano. Después bajó la mirada hacia Arkadimon.
—¿Él es tu compañero? —preguntó, agachándose ligeramente para observarlo mejor.
Meok Bo levantó una garra.
—Meok Bo cuida Sung —declaró, inflando orgullosamente el pecho.
Mika sonrió.
—Qué lindo —comentó, extendiendo una mano como si quisiera acariciarlo.
Meok Bo inclinó la cabeza y olfateó sus dedos.
—Mika no huele a comida —observó, mostrando una ligera decepción.
La joven parpadeó. Sung se llevó una mano a la frente.
—No tienes que oler a todas las personas que conocemos —lo reprendió, sujetándolo suavemente de la cabeza.
—Meok Bo revisa —respondió Arkadimon, mirándola con absoluta inocencia.
Mika soltó una carcajada. Era la primera vez en varios días que se reía de aquella manera.
—Definitivamente quiero encontrar al mío —comentó, mirando nuevamente su Digivice—. Debe ser maravilloso tener a alguien así contigo—.
Sung advirtió inmediatamente el cambio en su expresión. La sonrisa había desaparecido casi por completo.
—Cuéntame qué ocurrió desde tu llegada —pidió, tomando asiento frente a ella.
Mika volvió a sentarse, acomodando la mochila sobre sus piernas.
—Llegué hace una semana —comenzó, observando el Digivice entre sus manos—. Me explicaron que había sido llamada al Digital World y que conocería a un Digimon destinado a ser mi compañero—. Sung escuchó sin interrumpirla. —Al principio estaba emocionada —continuó Mika, acariciando distraídamente el borde del dispositivo—. Veía a otros recién llegados encontrarse con sus compañeros. Algunos aparecían casi inmediatamente, otros después de unas horas… incluso conocí a un chico que encontró al suyo al día siguiente—. La joven respiró profundamente.
—Pero conmigo no pasó nada —añadió, apretando el Digivice entre las manos.
Meok Bo la observó con atención.
—¿Mika buscó? —preguntó, acercándose ligeramente.
—Todos los días —respondió la joven, mirándolo con tristeza—. Pregunté en la Central, caminé por File City, revisé las zonas de llegada… nada—.
Sung apoyó los antebrazos sobre sus rodillas.
—¿Y entonces escuchaste la voz? —preguntó, observando cuidadosamente su reacción. Mika asintió.
—La primera vez fue hace cuatro días —respondió, bajando la mirada—. Estaba dormida y escuché a alguien llamarme—.
—¿Qué decía? —preguntó Sung, inclinándose ligeramente hacia ella.
—Mi nombre —respondió Mika, apretando el Digivice—. Solo mi nombre. Pero la voz sonaba… triste—. Sung permaneció callada y Mika continuó.
—Al día siguiente volví a escucharla. Esta vez estaba despierta, cerca de la salida norte de la ciudad —explicó, levantando la cabeza—. Me pidió que fuera al bosque—.
—¿Mencionó el Bosque Inquebrantable? —preguntó Sung, revisando mentalmente los datos de la Quest.
—No al principio —respondió Mika, negando suavemente con la cabeza—. Pero ayer escuché claramente que debía buscarlo allí—.
Meok Bo inclinó la cabeza.
—¿Compañero llama Mika? —preguntó, señalando el Digivice.
—Eso creo —respondió ella, acariciando el dispositivo con el pulgar—. No sé explicarlo, pero cuando escucho esa voz siento que debo ir a buscarlo—.
Sung la observó durante varios segundos. No tenía pruebas de que la voz perteneciera realmente a su compañero, pero tampoco tenía razones suficientes para descartarla y aquella incertidumbre era precisamente lo que hacía necesaria la escolta.
—¿Por qué intentaste salir sola esta mañana? —preguntó Sung, adoptando un tono más firme. Mika bajó la cabeza.
—Porque estoy cansada de esperar —respondió, cerrando los dedos alrededor del Digivice—. Todos tienen a alguien. Todos empiezan sus aventuras. Yo llevo una semana aquí y todavía no sé siquiera cómo se llama mi compañero—. Su voz tembló ligeramente.
—¿Y si está herido? ¿Y si me está esperando? ¿Y si necesita ayuda y yo sigo aquí sentada? —añadió, levantando la mirada con evidente angustia.
Sung sintió una punzada de reconocimiento. No era la misma situación, pero comprendía demasiado bien esa desesperación. Cada día que pasaba sin noticias de Ryuuma era otro día de incertidumbre. Otro día preguntándose dónde estaba y si todavía podía encontrarlo.
Meok Bo se acercó a Mika.
—Mika no triste —dijo Arkadimon, colocando una pequeña garra sobre su rodilla.
La joven lo miró sorprendida.
—¿Qué? —preguntó, secándose discretamente una lágrima.
—Meok Bo ayuda —respondió Arkadimon, levantando la cabeza—. Sung busca Ryuuma, Mika busca compañero. Buscamos juntos—.
Mika abrió ligeramente los ojos. Después miró a Sung.
—¿Tú también estás buscando a alguien? —preguntó, observándola con renovada curiosidad.
Sung guardó silencio un instante.
—Sí —respondió, enderezándose en su asiento—. Alguien muy importante para mí—.
—Entonces entiendes cómo me siento —murmuró Mika, bajando nuevamente la mirada.
—Entiendo que esperar sin hacer nada puede resultar insoportable —admitió Sung, cruzando los brazos—. Pero también entiendo que salir sin preparación puede impedirte encontrar a la persona que buscas—. Mika apretó los labios. Sung continuó. —Por eso acepté tu Quest —explicó, señalando la mochila de la joven—. Vamos a buscar a tu compañero. Pero lo haremos con cuidado, siguiendo una ruta y respetando mis indicaciones—.
Mika levantó la cabeza inmediatamente.
—¿De verdad? —preguntó, incorporándose con tanta rapidez que casi dejó caer su mochila. Sung asintió.
—De verdad —respondió, poniéndose de pie—. Pero antes necesito comprobar qué llevas contigo—.
Mika abrió la mochila de inmediato. Sacó una botella de agua, unas cuantas provisiones, un pequeño botiquín y una libreta llena de anotaciones sobre sus experiencias en File City.
Sung revisó los objetos sin apresurarse.
—Bien. Tienes lo básico —comentó, comprobando también que el Digivice estuviera funcionando—. Pero durante el recorrido no te separarás de nosotros, aunque vuelvas a escuchar esa voz—.
Mika asintió rápidamente.
—Entendido —respondió, guardando sus pertenencias.
—Si la escuchas, me lo dices inmediatamente —añadió Sung, levantando un dedo para remarcar la instrucción—. No correrás hacia ella, no cambiarás de dirección por tu cuenta y no abandonarás el sendero sin avisarme—.
—Lo prometo —respondió Mika, colocándose la mochila sobre los hombros.
Sung giró hacia Meok Bo.
—Y tú tampoco te separarás de nosotras —ordenó, mirándolo directamente.
Arkadimon se enderezó.
—Meok Bo cuida Sung y Mika —respondió, levantando ambas garras.
—Y nada de comerte cosas extrañas —añadió Sung, estrechando ligeramente los ojos.
Meok Bo bajó lentamente las garras.
—Meok Bo no come bosque —prometió, después de pensarlo unos segundos. Mika soltó otra carcajada y Sung suspiró.
—Empezaremos por eso —respondió, encaminándose hacia la salida.
Los tres abandonaron la Central poco después. Sung caminaba al frente, consultando ocasionalmente su D-Terminal para revisar las rutas autorizadas hacia el Bosque Inquebrantable. Mika avanzaba a su lado, observando con curiosidad a los Digimon que circulaban por File City, mientras Meok Bo caminaba entre ambas con una actitud exageradamente vigilante. Cada vez que un Digimon pequeño se acercaba demasiado, Arkadimon levantaba la cabeza como si estuviera preparado para protegerlas de una amenaza formidable.
—Meok Bo vigila —declaró, observando fijamente a un Koromon que cruzó frente a ellos.
El Koromon lo miró, después continuó rebotando tranquilamente y Mika sonrió.
—Creo que ese no era peligroso —comentó, acomodándose la mochila.
—Meok Bo nunca sabe —respondió Arkadimon, siguiéndolo con los ojos.
Sung guardó el D-Terminal.
—No necesitamos intimidar a todos los Digimon de la ciudad —le indicó, colocando una mano sobre su cabeza para que continuara caminando.
—Meok Bo protege —insistió él, dejando de mirar al Koromon.
—Proteger también significa saber cuándo no hay peligro —respondió Sung, retomando la marcha.
Meok Bo permaneció pensativo unos segundos.
—Proteger difícil —murmuró, tocándose la cabeza.
—Por eso seguimos aprendiendo —respondió Sung, sin apartar la vista del camino.
Mika los observó con una sonrisa.
—Se llevan muy bien —comentó, caminando más cerca de Sung.
Sung miró brevemente a Arkadimon.
—Nos entendemos —respondió, mientras Meok Bo se distraía mirando un Biyomon desplazarse en el aire.
—¡Meok Bo vio cosa voladora! —exclamó Arkadimon, dando dos pasos hacia ella.
Sung lo sujetó de la cabeza antes de que pudiera perseguirla.
—La mayoría de las veces —añadió, con resignación.
Mika volvió a reír. Por primera vez desde su llegada al Digital World, parecía estar disfrutando del inicio de una aventura.
Sin embargo, cuando las murallas de File City comenzaron a quedar atrás y el sendero se internó entre árboles cada vez más altos, la expresión de Mika cambió. La joven redujo el paso, mientras su Digivice emitió un pequeño destello. Sung lo notó inmediatamente.
—¿Ocurre algo? —preguntó, deteniéndose a su lado.
Mika permaneció inmóvil. Sus dedos se cerraron sobre el dispositivo.
—La escuché… —susurró, mirando hacia los árboles.
Meok Bo levantó la cabeza.
—¿Voz? —preguntó, olfateando el aire. Mika asintió lentamente.
—Sí —respondió, dando un pequeño paso hacia el bosque—. Es la misma voz—.
Sung extendió un brazo para detenerla antes de que siguiera avanzando.
—¿Qué dijo? —preguntó, observando cuidadosamente su expresión.
Mika cerró los ojos. Durante unos segundos, el viento movió suavemente las ramas del camino. Entonces abrió los ojos de golpe.
—Dijo mi nombre —respondió, llevándose una mano al pecho—. Y después… "Estoy aquí"—. Sung miró hacia el interior del Bosque Inquebrantable. No escuchaba ninguna voz. Meok Bo tampoco pareció reconocer palabras, aunque su expresión se volvió extrañamente atenta.
—¿Meok Bo huele compañero? —preguntó Mika, agachándose un poco hacia Arkadimon.
Meok Bo levantó el rostro y olfateó varias veces.
—Meok Bo huele árboles, tierra, bichitos —respondió, moviendo la cabeza de un lado a otro. Hizo una pausa. —Y Meok Bo hambre —añadió, tocándose el estómago.
Sung suspiró discretamente.
—Eso último no nos ayuda —comentó, volviendo a observar a Mika.
La joven se aferró a las correas de su mochila.
—Está ahí —aseguró, mirando hacia el sendero que desaparecía entre los árboles—. No sé cómo explicarlo, pero estoy segura—.
Sung estudió el camino. Después revisó una última vez la ruta en su D-Terminal y lo guardó.
—Entonces lo averiguaremos —respondió, avanzando hasta colocarse delante de ambas—. Pero nadie se separa del grupo—.
Mika asintió con determinación.
—Entendido —respondió, siguiéndola y Meok Bo levantó una garra.
—¡Meok Bo encuentra compañero! —declaró, caminando alegremente detrás de Sung.
Los tres cruzaron el límite del Bosque Inquebrantable.
La luz del sol comenzó a filtrarse entre las copas de los árboles, dibujando manchas doradas sobre la tierra húmeda. El ruido distante de File City desapareció gradualmente, sustituido por el canto de pequeños Digimon, el crujido de las ramas y el murmullo del viento.
Sung mantuvo una mano cerca de su Digivice, Mika avanzaba con el corazón acelerado y Meok Bo observaba el bosque con curiosidad, todavía ignorante de los peligros que podían esconderse entre los árboles.
La voz no volvió a escucharse durante los siguientes minutos, pero Mika sabía que estaba cerca. Y, por primera vez desde su llegada al Digital World, no tendría que seguirla sola.