Lynette permaneció de pie unos segundos más, observando a Tatsuya con una seriedad que no encajaba con el ambiente cómodo de la habitación.
Tatsuya la miró desde el sofá, con una ceja apenas levantada, mientras Lumine descansaba tranquilamente sobre el respaldo, balanceando su cola con curiosidad.
—Ese silencio dramático rara vez trae buenas noticias —dijo Tatsuya, acomodándose con pereza— así que dilo de una vez—.
Lynette no sonrió. Sus ojos permanecieron fijos en él.
—Lunia Arden me pidió que te localizara —dijo, manteniendo las manos unidas frente a sí.
El nombre bastó para que el ambiente cambiara. Dainsleif abrió ligeramente los ojos, Dvalin giró la cabeza hacia Tatsuya y Lumine dejó de mover la cola, como si también hubiera percibido la tensión repentina.
Tatsuya, en cambio, no respondió de inmediato. Se quedó quieto unos segundos, con el vaso todavía en la mano, como si hubiera escuchado algo incómodo, pero no inesperado. Después soltó una risa breve, seca y sin humor.
—No —respondió, llevando el vaso de nuevo hacia la mesa.
Lynette parpadeó, sorprendida por la rapidez de la negativa.
—Ni siquiera he terminado —dijo, frunciendo apenas el ceño.
—No hace falta —respondió Tatsuya, tomando una bebida de la mesa— si Lunia te mandó a buscarme, entonces seguramente es para acusarme de algo, vigilarme, amenazarme o recordarme cuánto me odia. Así que paso—.
Lumine inclinó la cabeza, confundido por el tono cortante de su Tamer.
—No es por eso —dijo Lynette, entrecerrando los ojos.
—Con Lunia siempre es por eso —contestó Tatsuya, dejando escapar una risa baja.
Dainsleif bajó del borde de la ventana y caminó unos pasos hacia él, con sus garras resonando suavemente sobre el piso pulido.
—Tatsu —lo llamó, cruzando los brazos.
—No empieces —dijo Tatsuya, señalándolo con el vaso— estoy de buen humor. Gané dinero, tengo comida, este hotel tiene sábanas que probablemente cuestan más que algunas recompensas de Quest, y no pienso arruinar mi descanso porque una agente de Digital Security con problemas personales decidió que quiere verme—.
Dvalin lo observó con calma desde su lugar, aunque sus ojos mostraban una ligera desaprobación.
—Ni siquiera sabes qué quiere —comentó, inclinando apenas la cabeza.
—Sé quién lo quiere. Eso basta —respondió Tatsuya, encogiéndose de hombros.
Lynette respiró hondo. Sus hombros bajaron apenas, como si estuviera obligándose a no responder con molestia.
—Tiene que ver con Sung Hae-In —dijo, dejando caer el nombre con cuidado.
Tatsuya dejó de beber. El cambio fue pequeño, pero todos lo notaron. Su mano quedó suspendida a medio camino, el vaso apenas rozando sus labios. Lumine levantó la cabeza, atenta al cambio en su Tamer.
La mención del nombre provocó una pausa distinta. No fue miedo, ni preocupación evidente, pero sí atención. Por primera vez desde que Lynette entró en la habitación, Tatsuya dejó de actuar como si todo aquello fuera una molestia menor.
—¿Sung? —preguntó, bajando lentamente el vaso.
—Está en File Island —respondió Lynette, observando su reacción— Lunia la encontró hace unos días—.
Tatsuya se recargó lentamente contra el sofá y miró hacia un lado, como si el nombre le hubiera traído una mezcla desagradable de recuerdos y fastidio.
—Vaya. Entonces la señorita disciplina ya llegó al Digital World —dijo, desviando la mirada hacia las monedas sobre la mesa.
Dainsleif lo miró con severidad.
—¿Eso es todo lo que vas a decir? —preguntó, dando un paso hacia él.
—¿Qué quieres que diga? Sung nunca me ha tenido en gran estima —respondió Tatsuya, jugando con una moneda entre los dedos— dudo mucho que ahora quiera una reunión familiar—.
Lynette dio un paso al frente. La tela de su hábito oscuro se movió ligeramente con el gesto.
—No se trata solo de ella —dijo, endureciendo el tono.
Tatsuya volvió a mirarla, ahora con un poco menos de burla.
—Entonces habla claro —pidió, dejando la moneda sobre la mesa.
La Sistermon Noir sostuvo su mirada unos segundos antes de responder. Su voz bajó apenas, volviéndose más seria.
—Sung está acompañada por un Arkadimon —dijo, sin apartar los ojos de él.
El silencio cayó en la habitación. Dainsleif se quedó completamente quieto. Dvalin abrió ligeramente las alas, como si hubiera sentido un cambio en el aire. Lumine se tensó un poco, percibiendo la gravedad aunque no comprendiera del todo.
Tatsuya no dijo nada al principio. Su expresión perdió parte de la ligereza habitual, aunque intentó recuperarla casi de inmediato con una sonrisa ladeada bajo su cubrebocas.
—¿Un Arkadimon? —repitió, dejando el vaso sobre la mesa con cuidado— qué gusto tan… problemático—.
—Lunia confirmó que es su compañero —dijo Lynette, cruzando los brazos— Sung lo llama Meok Bo. Por lo que entendí, ella no sabía lo que Arkadimon representa. Lunia tuvo que explicárselo—.
Tatsuya bajó la mirada hacia el vaso que acababa de soltar. Sus dedos rozaron el borde de la mesa, inmóviles por unos segundos. La satisfacción que había tenido antes desapareció casi por completo.
Dainsleif notó el cambio y dio otro paso.
—Tatsu —dijo, observándolo con seriedad.
—No —respondió él de nuevo, sin levantar la mirada.
Esta vez la palabra sonó más seria y ante ello. Lynette frunció ligeramente el ceño.
—¿No? —preguntó, inclinando apenas la cabeza.
—No voy a meterme —dijo Tatsuya, recargándose de nuevo en el sofá.
—Es una pariente tuya —insistió Lynette, dando un paso más hacia él.
Tatsuya soltó una exhalación breve por la nariz y volvió a recostarse, como si intentara recuperar su indiferencia.
—Tengo muchas personas relacionadas por apellido que estarían encantadas de verme lejos de sus problemas —respondió, moviendo una mano con desinterés— Sung probablemente encabeza la lista—.
—Eso no cambia la situación —dijo Lynette, manteniendo la mirada firme.
—Claro que la cambia —respondió Tatsuya, extendiendo una mano hacia las monedas— si voy, ella me va a mirar como si fuera una plaga con piernas. Lunia va a hacer lo mismo, pero con ganas de arrestarme. Y yo, francamente, estaba teniendo una semana bastante rentable—.
Lumine soltó un pequeño sonido suave, como si no le gustara el rumbo de la conversación. Flotó hacia el hombro de Tatsuya, pero no llegó a posarse.
Dvalin inclinó la cabeza.
—Estás evitando el asunto —dijo, sin alzar la voz.
—Estoy preservando mi paz —respondió Tatsuya, alzando un dedo.
Dainsleif dio un paso más hacia él. Su tono se mantuvo firme, pero no agresivo.
—Hay una diferencia —dijo, mirándolo con reproche.
Tatsuya chasqueó la lengua y apartó la mirada hacia la ventana.
—No necesito una lección moral ahora —respondió, frotándose el puente de la nariz.
Lynette se cruzó de brazos. Su paciencia ya comenzaba a mostrar grietas.
—Lunia no te está llamando por gusto —dijo, observándolo con firmeza— de hecho, dudo que haya querido hacerlo—.
—Eso sí lo creo —respondió Tatsuya, soltando una risa seca.
—Pero lo hizo porque considera que puede ser importante —continuó Lynette, sin dejarse provocar.
Tatsuya tomó una moneda digital de la mesa y la hizo girar entre sus dedos.
—Lunia considera importantes muchas cosas cuando implican tener una excusa para acercarse a mí con una mirada de sentencia —dijo, observando cómo la moneda reflejaba las luces del cuarto.
La expresión de Lynette se endureció.
—Tatsuya, deja de esquivar —dijo, dando otro paso hacia el sofá.
El Tamer la miró. La sonrisa se fue apagando poco a poco. La moneda quedó atrapada entre sus dedos.
—No estoy esquivando —respondió, bajando la voz— estoy decidiendo no caminar directo hacia un problema que no me pidió ayuda—.
—Sung quizá no sabe que necesita ayuda —dijo Lynette, suavizando apenas el tono.
—Sung no es una niña —respondió Tatsuya, endureciendo la mirada.
—Pero está con un Arkadimon —replicó Lynette, dejando la frase suspendida en el aire.
Dainsleif bajó la mirada, serio. Dvalin permaneció en silencio, observando a Tatsuya con atención. Lumine se acercó un poco más a él, inquieto, como si quisiera decir algo pero no encontrara el momento.
Tatsuya apretó ligeramente los dedos contra la moneda.
—Eso no significa que sea mi asunto —dijo, aunque su voz ya no sonaba tan despreocupada.
—¿Y si se vuelve el asunto de todos? —preguntó Lynette, inclinándose apenas hacia él.
Tatsuya no respondió. Su mirada se quedó fija en la moneda, aunque era evidente que ya no la estaba viendo realmente.
La Sistermon Noir suavizó un poco su tono, aunque no dejó de presionarlo.
—Lunia dijo que Sung apenas entiende lo básico —explicó, bajando un poco la voz— sabe que Arkadimon es peligroso porque se lo explicaron, pero no comprende todo lo que podría implicar. Y aunque Lunia puede vigilar la situación desde Digital Security, no tiene la relación familiar ni la experiencia para acercarse a Sung sin que esto se convierta en un conflicto—.
Tatsuya ladeó la cabeza y soltó una pequeña risa sin entusiasmo.
—¿Y según tú yo sí? —preguntó, señalándose con la moneda.
—No dije que sería fácil —respondió Lynette, sin cambiar de expresión.
—Qué amable —murmuró Tatsuya, dejando caer la mano sobre el brazo del sofá.
—Dije que podrías ser útil —aclaró Lynette, sosteniéndole la mirada.
Tatsuya apoyó el vaso en la mesa con más fuerza de la necesaria. El sonido seco hizo que Lumine se sobresaltara apenas.
—Ser útil suele ser el primer paso para terminar metido en problemas gratis —dijo, recuperando parte de su tono cínico.
Dvalin soltó un suspiro.
—Ahí está —dijo, cerrando los ojos un instante.
Dainsleif cruzó los brazos.
—La parte codiciosa —añadió, mirando a Tatsuya con desaprobación.
—La parte práctica —corrigió Tatsuya, levantando un dedo— si quieren que alguien camine hacia un posible desastre, normalmente hay una recompensa de por medio—.
Lynette lo miró con incredulidad. Sus labios se apretaron en una línea fina.
—¿Estás intentando cobrar por ayudar a Sung? —preguntó, casi sin poder creerlo.
—Estoy considerando el costo de oportunidad —respondió Tatsuya, encogiéndose de hombros.
Dainsleif cerró los ojos, como si necesitara contener su frustración.
—Tatsu —dijo, con la voz cargada de advertencia.
—¿Qué? ¿Quieren honestidad o teatro? —preguntó Tatsuya, extendiendo ambas manos— porque puedo fingir preocupación noble si eso hace que todos se sientan mejor—.
Lynette dio un paso más hacia él. Esta vez su voz fue más baja, pero también más firme.
—No te estoy pidiendo que finjas —dijo, mirándolo directamente— te estoy pidiendo que escuches—.
Tatsuya guardó silencio.
Lumine se deslizó un poco más cerca de él, quedándose junto al sofá como si intentara reconfortarlo sin interrumpir. Tatsuya no le miró, pero tampoco le apartó.
Lynette continuó:
—Sung está buscando a Ryuuma —dijo, midiendo cada palabra.
Aquello golpeó de forma distinta y Tatsuya levantó la mirada.
—¿Qué? —preguntó, perdiendo por completo la burla.
La palabra salió más seca de lo normal. Ya no había ligereza en su voz.
—Ese es su objetivo en el Digital World —explicó Lynette, observando el cambio en su rostro— cree que, si tú terminaste aquí, Ryuuma también podría haberlo hecho—.
Dainsleif y Dvalin intercambiaron una mirada breve. Ninguno dijo nada, pero ambos entendieron que el nombre de Ryuuma había cambiado el peso de la conversación.
Tatsuya se quedó quieto, con una expresión menos fácil de leer.
—Ryuuma… —murmuró, bajando la mirada hacia el suelo.
Lumine inclinó la cabeza, curioso por el nombre, pero permaneció en silencio.
Lynette asintió.
—Lunia piensa que no es una posibilidad imposible —dijo, relajando apenas los hombros.
Tatsuya se recargó hacia atrás, pero esta vez no había pereza en el gesto. Había cálculo. Incomodidad. Tal vez algo más que no quiso mostrar. Sus ojos se movieron hacia las luces de Star City al otro lado del vidrio.
—Sung buscando a Ryuuma, con un Arkadimon a su lado, mientras Lunia Arden decide que yo soy necesario —dijo lentamente, frotándose la nuca— qué combinación tan desagradable—.
Dvalin pareció ocupar el espacio del comentario seco.
—Al menos reconoces que es serio —dijo, observándolo con calma.
—Reconozco que suena caro —respondió Tatsuya, desviando la mirada hacia la ventana.
Dainsleif lo miró con reproche.
—No todo se trata de dinero —dijo, endureciendo el tono.
—Casi todo se vuelve más tolerable con dinero —contestó Tatsuya, sin mirarlo.
Lynette suspiró, agotada, y llevó una mano a la frente por un instante.
—Sabía que no colaborarías fácilmente —dijo, bajando la mano con lentitud.
Tatsuya sonrió apenas bajo el cubrebocas.
—Entonces viniste preparada —respondió, recuperando una pizca de ironía.
—Vine porque era necesario —dijo Lynette, firme.
—No. Viniste porque Lunia no quiso buscarme ella misma —respondió Tatsuya, entornando los ojos.
Lynette no respondió. Su silencio fue suficiente.
Tatsuya lo tomó como confirmación y soltó una pequeña risa amarga.
—Lo sabía —murmuró, dejando caer la moneda sobre la mesa.
—¿Vas a ayudar o no? —preguntó Lynette, sin rodeos.
El Tamer guardó silencio durante varios segundos. Miró la mesa, las monedas, el lujo de la habitación y luego a sus Digimon. Finalmente, sus ojos pasaron a Lumine, que lo observaba con una expresión suave y expectante.
Tatsuya soltó un suspiro largo.
—No prometo nada —dijo, desviando la mirada.
Lynette mantuvo la mirada fija en él.
—Eso no es una respuesta —dijo, cruzándose de brazos otra vez.
—Es la mejor que vas a obtener por ahora —respondió Tatsuya, levantándose del sofá.
—Tatsuya —insistió Lynette, siguiéndolo con la mirada.
Él caminó hacia la ventana, observando las luces de Star City. Lumine saltó suavemente y lo siguió, quedándose cerca de su hombro.
—No voy a salir corriendo a File Island solo porque Lunia chasqueó los dedos y porque Sung decidió adoptar al Digimon más problemático que encontró —dijo Tatsuya, mirando su reflejo en el vidrio— necesito saber más—.
—Entonces habla con Lunia —dijo Lynette, dando un paso hacia él.
—Eso suena exactamente como algo que no quiero hacer —respondió Tatsuya, torciendo la boca.
—Habla conmigo, entonces —propuso Lynette, bajando la voz.
Tatsuya miró su reflejo en el vidrio. Sus ojos se entrecerraron apenas.
—¿Qué quiere exactamente? —preguntó, sin girarse del todo.
—Que te localice —respondió Lynette, contando con los dedos— que sepas lo que ocurre. Y que, si puedes aportar algo, lo hagas—.
Tatsuya soltó una risa suave, casi cansada.
—Qué cuidadosa forma de decir que quiere arrastrarme al problema sin pedírmelo directamente —dijo, apoyando una mano contra el cristal.
Lynette no negó nada.
—Puede ser —admitió, inclinando ligeramente la cabeza.
Dainsleif habló al fin, serio.
—Deberíamos escuchar más —dijo, avanzando hasta quedar cerca de la mesa.
Tatsuya giró la cabeza hacia él.
—¿También tú? —preguntó, arqueando una ceja.
—Sí —respondió Dainsleif, sin apartar la mirada.
Dvalin asintió desde su lugar.
—Si Sung está con Arkadimon y no entiende lo que implica, ignorarlo sería imprudente —dijo, plegando lentamente las alas.
Tatsuya los miró a ambos. Luego miró a Lumine, como si esperara que al menos ella estuviera de su lado.
Lumine bajó un poco las orejas.
—Tal vez… deberíamos saber más —dijo suavemente con una sonrisa, acercándose a su hombro.
Tatsuya se llevó una mano al rostro.
—Qué maravilla. Mi propio equipo votando en contra de mi descanso —murmuró, arrastrando la mano por su cara.
Dainsleif no se inmutó.
—Tu descanso puede esperar —respondió, firme.
—Mi dinero no —dijo Tatsuya, señalando la mesa.
—Tu dinero ya está ganado —replicó Dainsleif, mirando las monedas.
Tatsuya abrió la boca, pero no encontró una respuesta inmediata. Eso pareció irritarlo más que cualquier reproche. Chasqueó la lengua y volvió hacia el sofá.
Lynette aprovechó el silencio.
—No tienes que decidir ahora mismo —dijo, suavizando el tono— pero necesito llevar una respuesta—.
Tatsuya cerró los ojos un instante.
—Dile a Lunia que escuché el mensaje —respondió, dejándose caer de nuevo en el sofá.
—¿Eso es todo? —preguntó Lynette, frunciendo el ceño.
—Dile que escuché el mensaje —repitió él, tomando otra moneda de la mesa— y que si quiere que me acerque a File Island, más le vale tener información concreta y no solo sospechas, advertencias y su eterno deseo de verme esposado—.
Lynette lo observó con seriedad.
—Lo transmitiré —dijo, asintiendo una sola vez.
Tatsuya hizo girar la moneda entre los dedos, recuperando parte de su máscara despreocupada.
—Y dile también que no me busque por caridad familiar —añadió, mirando el brillo de la moneda— Sung no me quiere cerca, Lunia tampoco, y yo no soy precisamente fan de las reuniones incómodas—.
—Pero irás si es necesario —dijo Lynette, estudiando su expresión.
Tatsuya no respondió de inmediato.
La moneda siguió girando entre sus dedos. Lumine se acomodó a su lado, observándolo en silencio. Dainsleif y Dvalin esperaron sin presionarlo más.
—Si es necesario —dijo al fin, cerrando la mano sobre la moneda— lo pensaré—.
Dainsleif cerró los ojos con resignación, aunque en su expresión había algo parecido al alivio.
Dvalin miró a Lynette.
—Eso, viniendo de él, es casi un sí —dijo, con tono seco.
Tatsuya lo señaló sin mirarlo.
—No traduzcas mis negativas ambiguas —dijo, apuntándolo con la moneda.
Lynette asintió lentamente. Parecía satisfecha de haber conseguido al menos una grieta en su resistencia.
—Entonces lo tomaré como una posibilidad —dijo, acomodando su postura.
—Tómalo como quieras, mientras no arruines más mi noche —respondió Tatsuya, recostándose otra vez en el sofá.
La Sistermon Noir no respondió con molestia. Al contrario, pareció haber aceptado que esa era la mayor cooperación que podía obtener de Tatsuya por ahora.
La visita no había logrado una colaboración completa. Pero había logrado algo. Tatsuya Kamisato ya sabía que Sung Hae-In estaba en File Island.
Ya sabía que caminaba junto a Arkadimon. Y aunque se negara a admitirlo, el problema acababa de entrar en su habitación de lujo, sentarse frente a él y quitarle parte del brillo a su noche perfecta.