Metal Empire nunca dormía de verdad. Incluso en sus horas más quietas, la ciudad respiraba a través del zumbido constante de los generadores, el siseo del vapor escapando por válvulas oxidadas y el golpeteo metálico de engranes invisibles que jamás se detenían. Las luces de neón se reflejaban en superficies cromadas y charcos de aceite como si fueran constelaciones artificiales, falsas estrellas clavadas en un cielo de acero. Era un lugar donde todo tenía precio, peso y utilidad… y donde la moral solía ser un concepto negociable.
Tatsuya Kamisato caminaba con las manos en los bolsillos, el cubrebocas negro ocultando cualquier gesto que pudiera delatar su estado de ánimo. Sus pasos eran tranquilos, casi perezosos, pero cada movimiento estaba medido. Nada en Metal Empire era casual, y menos cuando un encargo prometía una paga demasiado buena para un trabajo "simple". A su lado, Dainsleif avanzaba con paso firme, la capa roja balanceándose suavemente a su espalda, los ojos atentos a cada sombra que se estiraba entre callejones y pasillos industriales. Dvalin volaba en círculos amplios y bajos, manteniéndose lo suficientemente cerca como para intervenir, pero lo bastante alto como para observar sin llamar atención.
El anuncio había sido extraño incluso para los estándares del Metal Empire. Un científico afiliado a los Fatui buscaba ayudantes temporales para su laboratorio personal. Sin antecedentes criminales. Sin registros de accidentes mortales. Sin denuncias formales. Todo en regla… demasiado en regla. Las referencias, sin embargo, eran menos tranquilizadoras: excéntrico, impredecible, brillante, inestable. Un genio, decían algunos. Un loco funcional, decían otros.
A Tatsuya le importaba poco el adjetivo, siempre y cuando la paga fuera real.
El local estaba incrustado entre dos talleres de reparación de Digimon mecánicos, una estructura angosta de metal ennegrecido con una sola puerta corrediza marcada por símbolos de advertencia desgastados. No había letreros luminosos ni guardias visibles. Solo una placa oxidada, casi oculta bajo capas de grasa, con un nombre grabado de forma irregular, como si hubiera sido añadido a posteriori: Dr. Volkov.
Dainsleif frunció ligeramente el ceño.
-No me agrada -murmuró, sin detenerse-. Demasiado discreto para alguien que necesita ayuda-.
-Eso suele significar menos competencia y más bits -respondió Tatsuya con voz plana. - O problemas. Pero los problemas también pagan bien-.
Dvalin descendió y plegó las alas, observando la puerta con una mezcla de curiosidad y cautela.
-El lugar está… cargado -dijo un poco preocupado -No oscuro, pero sí inquieto. Como si algo estuviera a medio terminar y no quisiera ser interrumpido-.
Tatsuya no respondió. Se limitó a deslizar la puerta. El interior olía a metal caliente, ozono y químicos que no pertenecían a ningún laboratorio estándar. El espacio era reducido, pero estaba saturado de mesas de trabajo cubiertas de herramientas, frascos de datos líquidos, circuitos abiertos y pantallas donde corrían líneas de código a una velocidad incómoda para el ojo humano. Brazos mecánicos colgaban del techo, inmóviles por ahora, y varias cápsulas de contención estaban alineadas contra la pared del fondo, algunas vacías, otras cubiertas con lonas opacas.
-¡Ah!-exclamó una voz aguda, demasiado animada para un espacio tan cerrado- ¡Maravilloso, maravilloso! Puntualidad, finalmente. Pensé que tendría que trabajar solo otra vez-.
El científico emergió detrás de una torre de chatarra tecnológica. Alto, delgado hasta lo antinatural, con una bata de laboratorio manchada de aceite y quemaduras pequeñas. Su cabello gris estaba desordenado en todas direcciones, y sus ojos… sus ojos eran demasiado brillantes. No locos. No aún. Pero sí febrilmente vivos, como si cada segundo sin estímulo fuera una tortura.
Sobre su hombro izquierdo se asomó una pequeña esfera naranja que dio un saltito nervioso.
-Koro -dijo el Koromon, mirando al grupo con una sonrisa simple.
-Sí, sí, hola, hola-respondió el científico sin mirarlos realmente-Dr. Volkov. Fatui Research Division, subsección independiente, autónoma y, lamentablemente, subfinanciada. Ustedes deben ser los Tamers. Qué alivio. Necesito manos, mentes… y nervios resistentes-.
Tatsuya evaluó el lugar en silencio. Cada objeto, cada pieza, cada error potencial. No vio cámaras ocultas. No vio trampas evidentes. Eso no significaba nada.
-Antes de seguir -dijo con un tono neutro y un tanto frio -hablemos de términos. Paga, duración y riesgos-.
Volkov sonrió de una forma demasiado amplia.
-Directo. Me gusta. Muy bien. Bits garantizados, pagos diarios. Bonificaciones por resultados inesperados. En cuanto a riesgos… -hizo un gesto vago con la mano-…todos mis ayudantes anteriores siguen vivos. La mayoría, al menos funcionales-.
-¿La mayoría?-Dainsleif dio un paso al frente.
-Detalles estadísticos -respondió Volkov con un encogimiento de hombros- Nada relevante. Firmarán un acuerdo de confidencialidad, claro está.
Tatsuya suspiró, largo y pesado, como si ya estuviera cansado antes de empezar.
-Dvalin, mantente atento. Dainsleif, no te separes de mí y Lumine quédate en el Digivice -Indicó Tatsuya con tono serio, sin mencionar a Culumon pues es algo que llamaria la atención del científico. Desde el interior seguro del Xross Load, una pequeña presencia cálida se replegó obediente, como una luz que decide no brillar todavía.
-¡Excelente! Entonces, sin más dilación… pongámonos las batas. El trabajo no se hace solo, y hoy… hoy es un día particularmente interesante- El científico aplaudió, emocionado. Muy por encima de ellos, uno de los brazos mecánicos emitió un leve chirrido, como si hubiera escuchado esas palabras.