Rango S Guardia Real [Tatsuya Kamisato] Mission Accomplished

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Gennai

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La tierra se estremeció con violencia bajo las pisadas conjuntas de BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon. Cada avance de aquellas bestias era un golpe seco contra el suelo, una percusión grave que hacía vibrar la hierba digital. Sus sombras se proyectaban alargadas y deformes sobre el camino, tragando la luz del amanecer como lenguas oscuras. Dainslei y Dvalin retrocedían con pasos veloces, la respiración entrecortada y los ojos abiertos de miedo contenido. Sabían que un choque directo significaba ser pulverizados en segundos.

-¡Manténganse juntos! -la voz de Tatsuya estalló como un látigo en el aire-¡No dejen que los separen!-.

Un rugido metálico atravesó la atmósfera cuando BlackMegaloGrowmon abrió el compartimiento de su pecho blindado y lanzó un Atomic Blaster. El rayo incandescente cortó el aire y se estrelló contra el suelo con una detonación que levantó una nube brutal de polvo y fragmentos de roca digital. El aire se volvió espeso, abrasador, cargado de partículas chisporroteando como brasas.

Entre la polvareda, BaoHackmon y Galemon resurgieron nuevamente. Tatsuya no esperó. Su mano se deslizó firme sobre el Digivice, activando una carta. El borde de Phasing recorrió el cuerpo de Galemon, volviéndolo intangible en un parpadeo. El ave azul atravesó de lleno un muro derrumbado, tomando un atajo imposible mientras la materia lo atravesaba como agua.

Otra carta fue absorbida por BaoHackmon: Fireworks. En un segundo, sus garras liberaron un estallido de chispas y luces que reventaron frente a SkullSatamon. El monstruo alzó sus brazos huesudos para protegerse del destello, soltando un gruñido iracundo mientras se veía obligado a detenerse.

Pero el respiro fue corto. Los dos Perfects reajustaron sus posiciones con brutal rapidez, cerrando el cerco. El suelo se quebró a espaldas de Tatsuya y Bastemon: un barranco, una caída interminable. Estaban acorralados. No había salida.

-Si tienes un plan, es el momento para ejecutarlo - Dijo Bastemon tratando de no mirar detrás.

Tatsuya apretó el Digivice contra su pecho, la mirada fija, fría, los dientes apretados hasta hacer crujir la mandíbula. -Esto se acaba aquí… o evoluciona aquí-.

BaoHackmon y Galemon se miraron un instante. No hubo palabras. Solo el pulso compartido de dos aliados que entendían que era ahora o nunca.

Un rugido grave brotó de BaoHackmon, su cuerpo ardiendo en fuego blanco mientras ascendía a SaviourHackmon. La espada se desplegó de su brazo, cortando la penumbra con un destello cegador. A su lado, Galemon extendió las alas y su silueta estalló en azul, transformándose en GrandGalemon, cada aletazo generando un viento tan fuerte que partía las ramas cristalinas a su alrededor.
Los dos dieron un paso al frente, sincronizados, el suelo resonando con un eco de desafío. Sus ojos ardían con la misma determinación que el Tamer que los guiaba.

La cacería había terminado. Ahora era el contraataque.

El filo de la espada de SaviourHackmon brilló intensamente mientras se adelantaba un paso. GrandGalemon batió sus alas, generando una corriente de aire que levantó más polvo, dificultando la visión de sus enemigos.


-¡Vamos a devolverles el favor! -ordenó Tatsuya.

BlackMegaloGrowmon rugió y cargó con su garra metálica, pero Tatsuya rápidamente activó la carta Thorn Bind Hostage en GrandGalemon. Lianas espinosas surgieron del suelo y se enroscaron alrededor de las piernas del Digimon metálico, explotando al recibir fuerza, haciéndolo retroceder tambaleante.

SkullSatamon, viendo a su compañero atascado, avanzó con su báculo oscuro, pero SaviourHackmon ya tenía la carta Cyber Nail activa. Sus garras brillaron con energía oscilatoria, y con un salto diagonal lanzó un Erase Claw directo al arma del enemigo, astillándola y forzándolo a retroceder con el brazo entumecido.

Luego el nipón deslizó una nueva carta: Grand Cross. GrandGalemon extendió sus alas, formando un círculo de luz que liberó una cruz luminosa que impactó en el pecho de SkullSatamon, empujándolo hacia atrás y separándolo de su compañero.

BlackMegaloGrowmon recuperó movilidad y, furioso, descargó un Atomic Blaster a quemarropa. Tatsuya reaccionó de inmediato, deslizando la carta Positron Laser en el D-Arc. El cañón de Imperialdramon emergió sobre el brazo de SaviourHackmon, resplandeciendo en un azul cegador. El disparo se encontró de frente con el rayo enemigo y ambos ataques chocaron en un estallido ensordecedor, liberando ondas de choque que fracturaron la roca y sacudieron el aire cargado de datos.

La explosión iluminó todo el barranco, dejando un olor metálico y vibraciones que erizaban la piel. El suelo tembló con la colisión de energías, y por un instante la polvareda fue tan densa que parecía tragarse la luz del amanecer.

-¡No podemos quedarnos aquí! -advirtió Dainsleif

Dvalin levantó vuelo y, con ayuda del su amigo, lanzaron una ofensiva coordinada:

SaviourHackmon usó su Trident Saber lanzando veloces ráfagas cortantes que mantuvieron a raya a BlackMegaloGrowmon.
GrandGalemon, impulsándose con las alas, lanzó un Draconic Storm directo a las piernas de SkullSatamon, obligándolo a caer de rodillas.


Con ambos enemigos momentáneamente contenidos, SaviourHackmon por medio de Tatsuya cargó una última carta: Top Gun. Un disparo de energía comprimida, amplificado por la velocidad del viento de GrandGalemon, estalló frente a los Perfects, creando una nube de polvo y chispas.

-¡Retirada ahora! -ordenó Tatsuya.


Aprovechando la confusión, los dos Digimon tomaron altura y se alejaron a toda velocidad. Abajo, BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon rugían de frustración, sus siluetas apenas visibles entre el humo azul y la tierra resquebrajada.

La cacería había cambiado de dueño.

El polvo aún no se disipaba tras la huida forzada del barranco, cuando el aire se tornó espeso y vibrante, como si una presencia distinta se abriera paso a través de las grietas del mundo digital. Los rugidos de frustración de BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon quedaban atrás, lejanos, cuando un nuevo sonido metálico, rítmico y pesado, comenzó a descender desde lo alto de una formación rocosa cercana. Cada pisada resonaba como martillazos en hierro.

Entre la neblina de tierra suspendida apareció una silueta erguida, envuelta en una capa ondeante que brillaba con destellos azules bajo la luz fragmentada del amanecer. Una lanza larga y un escudo de bordes filosos acompañaban la figura, irradiando una autoridad fría que helaba la piel.


Tatsuya entrecerró los ojos, sus dedos crispados sobre el Digivice. -Ese… ese no es un oponente cualquiera-.

La memoria lo golpeó con la voz envenenada de Lilithmon, palabras que habían quedado grabadas como advertencia: "El Caballero del Caos, ejecutor de juicios. Aquel que nunca deja cabos sueltos."

La figura se detuvo, apuntando su lanza directamente hacia ellos. Su voz grave rasgó la bruma como un veredicto, revelándose finalmente como ChaosDukemon.

-Bastemon… tu reinado ha sido una plaga. Tus políticas contra los Tamers sofocaron rutas, y tus prejuicios contra los humanos destruyeron acuerdos valiosos-.

-Mi reino no se arrodilla ante mercenarios vendidos a los humanos-.Bastemon apretó los dientes con furia contenida.

-Eres una soberana débil, escondida tras odio y miedo. No mereces el trono. Yo pondré fin a tu mandato-.El Caballero avanzó un paso, su armadura crujió como si arrastrara el peso de una sentencia


GrandGalemon desplegó sus alas con un batir firme, interponiéndose como un muro vivo.

-¿Todo esto por negocios?-.

-No solo negocios -respondió el Caballero, su mirada ardiendo desde la penumbra del yelmo-—. Es justicia. Eliminarte es el primer paso para limpiar el nombre de la guild-.


-Si quieres llegar a ella… tendrás que pasar sobre nosotros primero-SaviourHackmon avanzó sin dudar, la espada apoyada sobre su hombro como un juramento.

La punta de la lanza comenzó a acumular un fulgor oscuro, energía comprimida que chirrió en el aire como un trueno contenido. El Caballero del Caos no se movía con la prisa de un cazador, sino con la paciencia de un verdugo: sabía que ellos no podían ganar.


Lo que siguió no fue un combate de gloria, sino de resistencia. SaviourHackmon y GrandGalemon se lanzaron al frente en una ofensiva desesperada, no para derribar, sino para frenar, cortar segundos en medio de choques brutales que hacían vibrar el suelo. El acero divino chocó contra la lanza caótica, y cada impacto liberaba ondas de energía que destrozaban la hierba de datos y hacían sangrar chispas del cielo. GrandGalemon agitaba su gunbai con violencia, creando barreras de viento para frenar momentáneamente al enemigo, mientras SaviourHackmon bloqueaba embates que podrían haber atravesado cualquier otra defensa.

Pero el Caballero era incansable, cada embate suyo era más pesado, cada golpe de su escudo hundía a los dos compañeros un paso más hacia el límite. Tatsuya deslizó cartas sin descanso: refuerzos, descargas de fuego, proyectiles que apenas servían para forzar a ChaosDukemon a cubrirse por un instante. Un instante era todo lo que necesitaban.

Cuando la lanza carmesí golpeó a SaviourHackmon y lo hizo retroceder arrodillado, Tatsuya gritó con fuerza:
-¡Ahora!-

GrandGalemon desplegó un resplandor cegador con Gilgamesh Slicer, no como un ataque directo, sino como cortina. La luz roja se abrió como un muro en mitad del campo, ocultando por unos segundos los movimientos de ambos Digimon. Entre destellos, SaviourHackmon sujetó a GrandGalemon por el hombro y los dos se elevaron de golpe, usando la ráfaga como propulsión.

El Caballero del Caos apartó el brazo, rompiendo la cortina de luz con un gesto de su lanza, pero para entonces la silueta de los Tamers ya ascendía hacia las alturas, difuminándose entre el brillo del amanecer. Un rugido grave, más frustración que ira, se expandió en el aire, estremeciendo hasta las rocas.

-No es una victoria… pero seguimos vivos. Y eso, por ahora, es suficiente.-Tatsuya, jadeante, sostuvo con fuerza el Digivice contra su pecho mientras el viento de la altura azotaba su rostro.


Bajo ellos, ChaosDukemon se mantuvo inmóvil, observando la retirada como un cazador que sabe que la presa no ha escapado… solo ha aplazado el juicio.

GrandGalemon se elevó entre la niebla, batiendo sus alas con violencia hasta que el aire mismo se tornó en cuchillas. Desató su Draconic Storm, un torbellino cortante que giraba a su alrededor, arrancando fragmentos de datos y lanzando ráfagas que despedazaban el entorno digital sobre BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon, como una lluvia de acero imposible de esquivar.
El rugido del dragón cibernético quedó sofocado por el estruendo del impacto; sus placas metálicas chisporrotearon al recibir el corte, mientras SkullSatamon levantaba su guadaña para desviar el torrente de energía eólica, apenas logrando mantenerse en pie.


SaviourHackmon no dio respiro. Con un giro rápido, encadenó un Zwei Schneide contra el pecho de BlackMegaloGrowmon, que retrocedió un paso, enfurecido, liberando chispas desde su cañón. La embestida fue frenética, como si ambos lados supieran que esa era la batalla decisiva.

Tatsuya deslizó la última carta de su mano: Boost Chip. El cuerpo de SaviourHackmon brilló con un aura roja, su velocidad multiplicándose. Se convirtió en un vendaval plateado, golpeando una y otra vez, obligando a los enemigos a retroceder hacia el borde del claro.

-¡Ahora, juntos! - Exclamó Tatsuya.


GrandGalemon descendió en picada, atravesando la cortina de humo, mientras SaviourHackmon cargaba por tierra. El choque fue brutal: El suelo estalló en fragmentos de datos, lanzando a BlackMegaloGrowmon contra los árboles y haciendo tambalear a SkullSatamon.

La niebla, removida por el impacto, cubrió el claro entero con un torbellino de polvo digital. Cuando se disipó lo suficiente para ver, los dos Perfects aún se mantenían en pie… pero tambaleantes, jadeantes, con el código corrupto goteando de sus heridas.

-No podemos seguir… no es un combate que podamos ganar-Tatsuya apretó el Digivice contra su pecho, respirando entrecortado.

-Pero sí uno que podemos terminar aquí… escapando -SaviourHackmon asintió, su espada aún encendida.

-Esta vez no huimos por miedo, sino para mantener la esperanza-GrandGalemon se acercó a Bastemon, rodeándola con un ala como un escudo improvisado.

Los enemigos, debilitados, apenas pudieron lanzar un último ataque conjunto, una ráfaga oscura que destrozó parte del bosque. Pero Tatsuya ya había dado la orden: ambos Digimon alzaron vuelo y carrera, atravesando la niebla con Bastemon resguardada.
El claro quedó atrás, reducido a un campo de ruinas digitales. BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon se irguieron lentamente entre los escombros, sus ojos ardiendo de odio… conscientes de que la cacería no había terminado.
En el horizonte, la silueta del grupo desaparecía entre los escombros y el pasaje desértico dejando atrás no una victoria, sino una promesa: volverían a luchar, pero esta vez con un reino entero que proteger.
 
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El aire estaba denso, cargado de tensión y polvo. Davalin y Dainsleif intercambiaban respiraciones agitadas; cada músculo, cada servo, cada ala latía con dolor y adrenalina.
BlackMegaloGrowmon y SkullSatamon, aunque heridos y con datos corruptos emanando de sus cuerpos, aún sonreían con malicia.

-¡Bastemon no saldrá viva! -gruñó uno de los Tamers de BlackMegaloGrowlmon, su voz cortando el viento quien se encontraba escondido entre los escombros todo este raro-¡Prepárense para ser aplastados!-.

Tatsuya lo entendió: si no se acababa esto ahora, no habría un después.

-¡Evolución Ultimate! ¡AHORA! - La energía en torno a sus compañeros explotó. A su alrededor, el suelo se levantó en nubes de arena y escombros, formando torbellinos que giraban con violencia, arrastrando piedras y fragmentos metálicos. Un rugido atronador se mezcló con el crujido de rocas partidas y el silbido del viento cargado de polvo. Sus cuerpos se bañaron en luz, iluminando el desierto como un amanecer de fuego y acero.

-¡GrandGalemon Kyuukyoku Shinka! -Las alas de Dvalin se extendieron, fusionándose con ráfagas cortantes de viento y placas de acero reluciente. El aire se transformó en cuchillas giratorias, cortando el entorno en fragmentos de cristal. -¡Zephagamon!-.

-¡SaviourHackmon Kyuukyoku Shinka! -El cuerpo de SaviourHackmon se cubrió de capas blancas y rojas, mientras sus tres espíritus flotaban a su alrededor, listos para obedece -¡JESmon!-

-¡Prepárense, seres insignificantes! -gritó uno de los Tamers de BlackMegaloGrowmon mientras sus Digimon levantaban los cañones y se lanzaban a la ofensiva -¡No dejarán que esto termine!-.

BlackMegaloGrowmon descargó un Atomic Blaster masivo, iluminando todo el bosque con luz carmesí. Pero Zephagamon lo interceptó girando en el aire, desplegando su Anemoi Embrace: sus alas se transformaron en formas de energía eólica, dividiendo el ataque del enemigo en dos al pasar junto a él y desintegrando el rayo en millones de partículas ardientes, dispersándolas antes de que tocaran a Bastemon.

-¡No tan rápido! -exclamó el Tamer ordenando al demonio esquelético usar su Nail Bone, disparando una luz poderosa desde la joya al extremo de su bastón, con la intención de vaporizar a Tatsuya.

Pero JESmon apareció en un destello, atravesando las cadenas con un corte preciso y desencadenando una secuencia imparable: Atho, René y Por atacaron desde tres ángulos distintos, perforando su pecho, hombro y abdomen. El impacto lo lanzó contra un árbol, dejándolo tambaleante y vulnerable.

-¡Ataque combinado! ¡Liquidación total! -Exclamó Tatsuya. Los dos Ultimates del ex-yakuza intercambiaron una mirada breve y se colocaron hombro con hombro, listos para el golpe definitivo. -¡Hora de terminar con esto! -añadió el nipón.

Dainsleif adelantó un paso, Atho, René y Por flotaron a su alrededor formando un escudo triangular delante de él. La estructura brilló con un resplandor blanco puro. -Un Pour Tours -susurró.

El escudo liberó un rayo de energía condensada que atravesó el aire con fuerza ensordecedora, impactando contra SkullSatamon. El demonio esquelético intentó levantar su báculo para desviar el ataque, pero la energía lo atravesó como una flecha incandescente, destrozando su centro de datos.

Al mismo tiempo, Dvalin elevó sus espadas, que se separaron de sus manos y comenzaron a girar, transformándose en boomerangs de acero envueltos en un tornado.

-¡Gale Braver! - Rugió. Los boomerangs giratorios cortaron el viento, multiplicando su filo con cada vuelta. El tornado que los rodeaba se expandió, golpeando de lleno a BlackMegaloGrowlmon. Las cuchillas de viento atravesaron su armadura, dispersando su código de datos en un estallido negro y carmesí.

La combinación de ambos ataques fue devastadora: el rayo de JESmon derrumbó las defensas de SkullSatamon, mientras el torbellino cortante de Zephagamon pulverizó a BlackMegaloGrowmon. Cuando el viento y la luz se disiparon, solo quedaron motas de datos flotando lentamente hacia el cielo digital.

-¡No puede ser! -gritó uno de los Tamers mientras su Digimon era eliminado- ¡Imposible…!-


El aire se fue asentando poco a poco, cargado aún del eco de explosiones y rugidos que se apagaban como brasas en la noche. El desierto, antes campo de guerra, se hallaba cubierto de restos digitales que caían como ceniza luminosa, flotando entre la niebla.

Dainsleif bajó su espada lentamente, sus tres espíritus rodeándolo en calma, mientras Dvalin plegaba sus alas aún llameantes de energía cortante. Ambos se mantenían erguidos, firmes, con la mirada fija en el vacío donde un instante antes se alzaban dos enemigos que parecían invencibles.


Tatsuya, con el D-Arc aún encendido en su mano, sintió el peso de la victoria mezclado con la realidad: esa no era la última vez que serían cazados.
-Sobrevivimos… pero cada batalla nos está costando más-.

Bastemon, aún temblando, dio un paso al frente. La soberbia en su mirada se había quebrado, sustituida por un atisbo de vulnerabilidad que rara vez mostraba.

-Los traté como amenazas… como intrusos que ensuciaban mi reino. Y sin embargo… hoy estoy viva gracias a ustedes-.

-Tus decisiones forjaron enemigos que no dudarán en volver. Si persistes en ese camino, ni siquiera toda nuestra fuerza podrá protegerte eternamente-Dvalin, con voz grave y firme, inclinó apenas la cabeza.

-Un líder que no cambia, perece. Y arrastra a su pueblo con él-Añadió Dainsleif, con sus ojos dorados como soles brillosos fijos en ella.

El silencio fue profundo. Bastemon apretó los puños, como si esas palabras atravesaran más hondo que cualquier filo.

Finalmente levantó la mirada hacia Tatsuya, con una decisión que le costaba pronunciar.

-Quizá… este sea el momento de replantear todo lo que creía. Si quiero seguir reinando, no será con miedo ni odio. Será con alianzas-.

El viento sopló, llevándose consigo las últimas motas de datos de los enemigos caídos.

-Entonces más vale que lo recuerdes. Porque la próxima vez, el enemigo no será tan indulgente-Tatsuya guardó su Digivice, exhalando con cansancio.

Los Ultimates dieron un paso atrás, relajando sus posturas, aunque aún se mantenían alerta. El desierto parecía haberse tragado los ecos del combate, dejando tras de sí solo el murmullo. Por primera vez en mucho tiempo, el grupo podía respirar… aunque sabían que aquella calma era solo un preludio. El Caballero del Caos seguía allá afuera. Y él no olvidaba.
 
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El Desierto de Oasis volvió a hundirse en silencio. Las brasas de datos que aún flotaban en el aire se disipaban como ceniza arrastrada por el viento seco, y lo único que quedaba era la respiración agitada de los Digimons del Ex-Yakuza, resonando como ecos de un combate que se negaba a extinguirse. Bastemon permanecía de pie, la mirada perdida, cargada de dudas que antes habría considerado debilidad.
Pero entonces, un sonido metálico atravesó la vastedad del desierto. Pesado. Preciso. Inconfundible.

El suelo vibró con cada paso antes de que el horizonte, deformado por los espejismos digitales, revelara la silueta de un guerrero. El Caballero del Caos emergió, con su armadura reluciendo bajo la luz inclemente y la lanza impregnada de energía carmesí, vibrante como si fuese un corazón vivo. Su mera presencia hacía temblar las dunas y no venía solo.

A su lado avanzaba una mujer de porte imponente. Su cabello plateado caía como una cascada metálica hasta la cintura, y un abrigo negro con costuras carmesí ondeaba bajo el viento ardiente del desierto. En su frente brillaba un visor con runas digitales que se movían como llamas, y sus ojos ámbar, fríos y cortantes, se fijaron en Tatsuya con precisión de depredador.

La voz de Bastemon se quebró en un susurro que se perdió en el calor.
-Ella… la líder de la guild…-

La mujer sonrió con calma peligrosa, cruzando los brazos, mientras el Caballero del Caos hundía su lanza en la arena con un estruendo que sacudió la tierra.

-Soy Arcelia Veyra, líder de la guild Crimson Oath. -Su voz atravesó el aire sofocante como un látigo- Y hoy, Bastemon, tu reinado corrupto llega a su final-.

Tras ellos, la arena se desgarró, y de aquella grieta emergió Lilithmon. Su figura oscura desplegó alas proyectando una penumbra corrupta sobre el desierto.

-Lilithmon… ¿entonces fue tu guild la que movió los hilos en mi contra?-La monarca retrocedió, su respiración entrecortada.

-¿De verdad pensabas que tus decretos anti-Tamers no tendrían consecuencias? Cerraste rutas, quebraste alianzas, marginaste a quienes pudieron ser tus aliados. Arcelia solo recogió lo que dejaste caer en la arena- Lilithmon sonrió con desdén, apoyando una garra sobre los labios.


-Tu desprecio hacia los humanos debilitó el equilibrio. Comerciantes, Tamers, incluso tus propios súbditos… todos deseaban tu caída. Y yo… yo seré quien dé el golpe final-Arcelia avanzó un paso más, sus botas hundiéndose en la arena reseca como si reclamara el suelo mismo.

-¿Y qué hay de Lilithmon? Ella estaba capturada…- Tatsuya apretó los dientes bajo su cubrebocas, su mano ardiendo sobre el D-Arc.

Un destello entre las dunas reveló a un pequeño Gazimon, jadeante, con las orejas gachas y la mirada culpable.

-Yo… yo la liberé… ¡No soportaba verla cautiva!-

-Incluso los más insignificantes saben a quién seguir-La demonio rio con un eco perverso.

-Arcelia Veyra… tus palabras son veneno. Tu justicia no es más que ambición disfrazada- Dainsleif dio un paso adelante, su espada ardiendo con ira.

-Si es sangre lo que quieres… tendrás que pasar sobre nosotros- Dvalin extendió sus alas, desatando su viento mágico que iluminó las dunas.


Arcelia alzó la mano, y el Caballero del Caos inclinó su lanza hacia los defensores. El metal rugió como trueno en el desierto, mientras Lilithmon agitaba sus alas, liberando un enjambre de sombras que oscurecieron el cielo abrasador.

-Entonces que el juicio comience -sentenció Arcelia, su sonrisa iluminada por la inminente carnicería.


El desierto entero se transformó en un tablero vivo. Cada carta era una daga, cada movimiento una jugada definitiva.

-No te equivoques, Tamer -dijo Arcelia con firmeza, deslizando una carta en su D-Arc- No lucho por odio, sino por limpieza. Bastemon ha manchado este reino con prejuicios y corrupción. Mi guild no tolera gobernantes inútiles que frenan el progreso.

El dispositivo brilló: High Speed Plug-In B. ChaosDukemon se impulsó con una velocidad sobrehumana, su armadura carmesí desprendiendo chispas al friccionar con el aire. En un parpadeo estuvo frente a Jesmon, la lanza descendiendo con un corte letal.

-¡Dainsleif, intercepción! -Exclamó el Tamer, deslizando una carta: Thorn Bind Hostage. A continuación enredaderas digitales brotaron de la arena y atraparon el brazo del Caballero, desviando el impacto. La arena se levantó como explosión, y JESmon contraatacó con un tajo cruzado.

Arcelia no perdió la compostura y deslizó otra carta: High Speed Plug-In H Lilithmon rápidamente se envolvió en energía oscura y surgió detrás de Dvalin, sus garras extendidas buscando a su objetivo.

-Ni lo pienses -Tatsuya, levantó otra carta: God Flame.

Las alas de Zephagamon ardieron en azul y desataron una llamarada sagrada que iluminó el desierto como un sol incandescente, forzando a Lilithmon a retroceder entre chillidos de furia.

El choque era milimétrico: velocidad contra contención, fuego divino contra corrupción infernal. Cada carta en el D-Arc era un latido más en esta guerra de convicciones.

-¿Lo entiendes, Tatsuya? Esto no es solo un combate. Es política, es economía, es el futuro de este mundo digital. Si Bastemon cae hoy… su linaje muere con ella- Arcelia habló con tono grave, su voz como sentencia

Tatsuya dio un paso adelante, la arena crujiendo bajo sus pies, el D-Arc ardiendo en su mano como brasa viva.

-Mientras yo esté aquí, no tocarás ni un solo fragmento de su código. -Sus ojos brillaban con determinación- Y que quede claro, Arcelia: nada personal. También son negocios. Estoy cumpliendo mi misión-.

El visor de Arcelia destelló con un resplandor carmesí, como si hubiese grabado cada palabra. Su sonrisa se ensanchó, cargada de una calma peligrosa.

-Negocios… dices. -Su voz se volvió grave, firme, atravesando el calor sofocante como un filo- Tú cumples una misión, Tatsuya Kamisato… pero yo estoy escribiendo historia-.

El Desierto de Oasis rugía bajo un sol digital implacable. Cada duna parecía latir con electricidad contenida, como si todo el terreno se hubiese convertido en un campo de batalla vivo. El aire olía a hierro y ozono, cargado de presión estática, y cada inhalación quemaba los pulmones como si se respirara fuego líquido.


Dvalin y Dainsleif se lanzaron al frente, sus auras desbordando como hogueras incontrolables, abriendo un surco en la arena ardiente mientras chocaban con la imponente figura de ChaosDukemon y la sombra corrupta de Lilithmon.

El impacto inicial fue brutal: la tierra se fracturó bajo los pies de todos, y la energía digital liberada levantó un muro de polvo abrasador que los envolvió como un telón de guerra.


ChaosDukemon fue el primero en actuar. Alzó su lanza Balmung, que comenzó a girar con un zumbido demoníaco; chispas de relámpagos rojos se arremolinaron en torno a la hoja.

-¡Spiral Wailer!- La lanza giró en un arco descendente y lanzó una espiral de rayos carmesí que cortó el aire con un chillido metálico. La espiral arrancó parte de la arena y la levantó en columnas incandescentes que se arremolinaron hacia adelante como un tornado de cuchillas eléctricas.


JESmon reaccionó en un destello, invocando la guardia perfecta de sus compañeros.

-¡Schwertgeist!- Atho, René y Por emergieron a su alrededor, cruzando sus espadas etéreas en un círculo defensivo. Cada filo cortó segmentos de la espiral, quebrándolos en fragmentos que explotaban como vidrios al rojo vivo al chocar con la arena. El choque fue tan feroz que el suelo mismo retumbó bajo los pies de los Tamers.

Pero Lilithmon no esperó. Avanzó con un paso felino y sus labios dejaron escapar un suspiro negro que parecía arrastrar almas condenadas.

-Phantom Pain- La nube oscura se extendió como un velo líquido y se adhirió al torso de Dvalin. De inmediato, el dragón sintió cómo su código se corroía, como si miles de agujas penetraran sus escamas desde adentro. Un rugido de dolor brotó de su garganta, reverberando en las dunas.


Zephagamon irrumpió de inmediato, desplegando las alas y proyectando un corte de viento bendito.

-¡Anemoi Embrace!- Las alas se transformaron en cuchillas ciclónicas, y en un destello limpio atravesó la nube oscura, partiéndola en dos. El viento sacro disipó la corrupción como si quemara hollín, dejando tras de sí un cielo despejado que brilló con fulgores azules.

El Caballero del Caos, apenas afectado, giró su escudo Gorgon hacia el grupo y lo cargó con un pulso de energía corrosiva.

-¡Judecca Prison!- Un oleaje púrpura se expandió hacia adelante como un tsunami corrupto, consumiendo la arena y dejándola negra, petrificada, como si se tratara de vidrio quemado.


JESmon se interpuso con decisión.

-¡Un Pour Tous!- Los tres compañeros-espadas formaron un triángulo luminoso y descargaron un haz incandescente que atravesó de lleno la ola oscura. El choque fue un estallido de pura presión: la ola se partió en dos y el haz se prolongó hacia el cielo, donde estalló como un relámpago azul que se dispersó en lluvia de datos.


Lilithmon giró sobre sí misma con un gesto sensual y venenoso. De su pecho brotó un aura púrpura que se expandió como un perfume mortal, dibujando corazones distorsionados en el aire abrasador.


-¡Darkness Love!- La onda corrupta invadió la mente de Dainsleif, hundiéndolo en una calma artificial que no era suya. El filo de sus espadas tembló; por un instante, su voluntad se derritió como cera bajo el sol del desierto, y sus brazos parecieron aflojarse, a punto de dejar caer las armas.


-¡Resiste, Dain! -la voz de Tatsuya atravesó el campo como un latigazo, firme y desesperada.

Atho, René y Por vibraron al unísono, sus voces digitales resonando como un coro en el interior de JESmon. La sugestión corrupta que lo envolvía comenzó a resquebrajarse; el sopor de Darkness Love se enfrentaba al llamado de sus propios compañeros.

-¡No me someteré!- Con un rugido Dainsleif liberó la presión contenida. Un resplandor blanco surgió de su cuerpo, expandiéndose como una onda viva. No provenía de un golpe físico, sino de la sincronía con Atho, René y Por, que canalizaron su energía directamente al núcleo de su invocador. La ilusión de Lilithmon se fracturó en un millar de pedazos luminosos, como un cristal estallando al sol, y la mente del caballero recobró toda su claridad.

El aire volvió a arder, y en ese mismo instante Dvalin se adelantó, su Digicore brillando como un sol azul en medio del calor sofocante del desierto.

-¡Divine Tempest!- El huracán sagrado barrió la corrupción, arrancando de raíz los corazones púrpura, que se hicieron añicos y ardieron en llamas celestes antes de tocar la arena del Desierto de Oasis.

ChosDukemon no dio tregua. Elevó Balmung, que brilló con un fulgor rojo vivo, y se lanzó en un embiste recto.

-¡Duke Charge!- El impacto fue como un ariete viviente: la lanza empujó a Dainsleif varios metros atrás, hundiéndolo hasta las rodillas en la arena. Antes de que pudiera recomponerse, el caballero encadenó la ofensiva. -¡Demon's Disaster!- Una ráfaga de estocadas perforó el aire, cada golpe más rápido que el anterior. Una de ellas atravesó la guardia de Dainsleif, hiriendo su brazo, y otra alcanzó su costado, lanzándolo en un giro violento que levantó un torbellino de polvo.

Dvalin rugió en respuesta, lanzándose sobre el enemigo con una ráfaga de viento abrasador. Pero el Caballero del Caos cargó energía oscura en Balmung y el cañón Gorgon, combinando ambos en un proyectil letal.

-¡Chaos Shot!- La esfera negra atravesó el vórtice de viento y explotó contra el suelo, dejando un cráter humeante y lanzando esquirlas de arena vitrificada por todas partes.

Lilithmon, entre carcajadas, descendió con su garra dorada lista.

-¡Nazar Nail!- La uña resplandeciente buscó el corazón de Dvalin, pero Zephagamon la interceptó en un destello azul.

-¡Gale Braver!-Transformó sus espadas en boomerangs huracanados, lanzándolos contra la garra. Las hojas de viento chocaron contra la uña, desviándola en el último segundo, aunque el roce bastó para arrancar chispas del ala izquierda de Dvalin.

El Caballero del Caos saltó hacia los cielos, y su silueta descendió como un meteorito.

-¡Falling Lance!- Balmung se precipitó en línea recta hacia Dainsleif. Este no retrocedió: se impulsó hacia arriba con velocidad imposible.

-¡Tekken Seibai!- Las cuchillas de sus brazos cortaron en cruz contra la lanza, desviándola en el último instante. El impacto generó una onda expansiva que abrió una grieta en la arena, tragándose una duna entera en un rugido sordo.

El escudo Gorgon del Dukemon corrupto se iluminó, y descargó su poder a quemarropa.

-¡Shield Destructor!- Un rayo de energía oscura golpeó a Jesmon en pleno pecho, lanzándolo por los aires. Su armadura crujió, pero consiguió aterrizar de pie, clavando los talones para no caer.


Lilithmon inhaló con un suspiro maldito.

-Evil Sigh- El aliento corrompido se extendió en una ráfaga púrpura que abrazó a Dvalin por la espalda. No era un frío común: era un veneno helado que penetraba su código, bloqueando procesos vitales y haciéndolo sentir pesado, como si cada fibra de su cuerpo se congelara desde dentro, en contraste brutal con el calor abrasador del desierto. El dragón gimió, tambaleando sobre sus patas, las alas temblorosas como si fuesen a partirse.

-¡Resiste, Dvalin! -la voz de Tatsuya atravesó el campo como un latigazo, devolviéndole un atisbo de claridad.


Zephagamon rugió con todas sus fuerzas y batió las alas, abriéndose paso fuera de la nube venenosa. El brillo de su Digicore palpitaba con violencia, como un corazón azul que se negaba a rendirse. Pero Lilithmon ya estaba preparando su siguiente movimiento. Trazó runas oscuras sobre la arena, que comenzaron a arder como carbones encendidos en geometrías imposibles.

-¡Empress Emblaze!- De aquel círculo emergió una mano monstruosa, colosal, formada de energía corrupta, con dedos largos y retorcidos que se alzaron como un titán de pesadilla. La garra descendió sobre Jesmon (Dainsleif), cerrándose a su alrededor.

Dainsleif forcejeó, músculos y código al límite, mientras el agarre lo estrujaba como si fuera un juguete. La presión crepitaba en su armadura, y cada chasquido sonaba como cristal a punto de romperse.

Jesmon cayó en diagonal, las cuchillas cruzadas.

-¡Tekken Seibai!- El corte luminoso serruchó la muñeca de la aberración; la mano estalló en datos corruptos que llovieron como ceniza negra sobre las dunas.


El Caballero del Caos se giró sin perder ritmo. Balmung vibró con un resplandor siniestro.

-¡Cruel Balmung!- Un tajo seco golpeó el pecho de Dvalin. El impacto descargó una sacudida que le vació los pulmones y apagó parte del brillo de sus escamas, que se tornaron opacas, como si la vida se drenara de ellas.

Dainsleif corrió a cubrirlo, espada en alto, y se cruzó con Balmung en un choque de acero y fuego. Cada impacto era un trueno que hacía temblar las dunas.

Jesmon y Zephagamon, exhaustos pero firmes, cerraron filas detrás de ellos. La arena ardía, la electricidad digital saturaba el aire y el Desierto de Oasis entero se había convertido en un campo de batalla apocalíptico.


Arcelia sonrió apenas, la calma de quien controla la partida.

-Eres bueno, Tatsuya. Mejor de lo que esperaba. Pero el error más grave de un Tamer… es creer que siempre tendrá tiempo para reaccionar- Sacó dos cartas y, con un movimiento elegante, las deslizó juntas: High Speed Plug-In B. High Speed Plug-In H.

El D-Arc rugió con un destello violáceo. El ChaosDukemon se lanzó como una bala carmesí, multiplicando su velocidad hasta volverse casi invisible. Su lanza atravesó las defensas de Jesmon, que cayó de rodillas con la armadura crujiendo. Zephagamon intentó cubrirlo, pero Lilithmon apareció a su espalda.

-¡Phantom Pain! -susurró con deleite macabro. Sus garras se hundieron en el costado del caballero alado, inyectando corrupción que hizo vibrar su código como si fuese a desintegrarse en mil fragmentos. Zephagamon rugió de dolor, tambaleándose.


-¿Lo ves? No busco venganza. Busco un mundo libre de tiranías. Bastemon, tu era de represión terminó. Eres solo un vestigio de políticas muertas- dijo Arcelia alzando la voz como un juicio irrevocable.

-¡Y quién te dio a ti el derecho de decidir quién merece vivir!-Bastemon apretó los dientes, su cuerpo estaba temblando.


Entonces, en medio del caos, un destello inesperado rasgó el aire abrasador del Desierto de Oasis. La luz abrió un corredor improvisado entre las dunas, como si el mismo suelo hubiese decidido fracturarse para revelar un pasaje secreto. La arena chisporroteó, desprendiendo polvo ardiente que cubrió el campo de batalla con un resplandor cegador.

De aquel umbral emergió Gazimon, jadeante, las orejas gachas y el cuerpo cubierto de polvo reseco y heridas superficiales. Sus patas temblaban por el esfuerzo, pero aun así levantó la voz con toda la fuerza de sus pulmones.

-¡Rápido, muévanse! -chilló con desesperación, los ojos cargados de miedo y urgencia.

Jesmon tensó la guardia, desconfiando, mientras Zephagamon desplegaba sus alas para cubrir a Bastemon. Tatsuya apretó los dientes bajo su máscara al verlo.

-¿Gazimon? ¿Tú? -espetó con incredulidad. -¡Fuiste tú quien liberó a Lilithmon!-.

El pequeño Digimon bajó las orejas, evitando la mirada de todos.

-Yo… yo no podía soportar verla encadenada. ¡No sabía lo que haría después! -su voz temblaba, mezcla de arrepentimiento y desesperación - Pero ahora sé que me equivoqué. Si quieren vivir… este es el único camino.


El silencio fue insoportable por un segundo. El rugido del viento arrastraba la arena alrededor de todos como cuchillas incandescentes. Tatsuya lo sostuvo con la mirada, su mano ardiendo sobre el D-Arc.

-Más vale que digas la verdad… porque si es otra trampa, no habrá próxima oportunidad -sentenció con dureza.

Gazimon dio un paso atrás, temblando, pero mantuvo el brazo extendido hacia la grieta luminosa.

-¡Les estoy dando la salida! Después pueden juzgarme si quieren… pero ahora corran-.


Lilithmon giró la cabeza al instante, sus ojos brillando con la intención de cortar la huida. Las garras de Nazar Nail se prepararon para lanzarse, pero un gesto de Arcelia lo detuvo. La líder alzó una mano con elegancia calculada, sin perder la compostura.

-Déjalos- Sus labios se curvaron en una sonrisa lenta, peligrosa, que contrastaba con la tensión del momento -No podrán correr para siempre. Esto solo fue el primer aviso--


Tatsuya no lo dudó ni un segundo. La respiración le ardía en el pecho, pero la determinación era más fuerte que cualquier cansancio. -¡Vamos!-Extendió el brazo, tomó a Bastemon por la muñeca y tiró de ella con firmeza.

Jesmon y Zephagamon se movieron de inmediato, interponiéndose entre los perseguidores y el corredor. Sus cuerpos estaban cubiertos de rasgaduras, su energía aún vibraba por las heridas recientes, pero se plantaron como murallas vivientes, rugiendo para intimidar a cualquier que intentara cruzar.

La arena bajo los pies comenzó a hundirse, atraída por la grieta luminosa. El paso improvisado rugía como si el mismo desierto intentara devorar a los fugitivos. Tatsuya tiró de Bastemon y la arrastró hacia adentro, mientras Gazimon se precipitaba primero para asegurar la salida.
En cuestión de segundos, la luz los envolvió. La arena se cerró tras ellos con un rugido ensordecedor, colapsando sobre sí misma hasta borrar todo rastro de la grieta. En el silencio posterior, no quedó ni una sola huella: el desierto parecía intacto, como si nadie hubiese pasado jamás por allí.

El calor volvió a apoderarse del aire. La quietud era sofocante, como si el mundo digital mismo contuviera la respiración.

Arcelia bajó lentamente la mano, su brazalete brillando con un resplandor carmesí, pulsante como un corazón de fuego. Sus ojos ámbar no se apartaron del punto donde habían desaparecido.

-Asegúrate de que todas las rutas permanezcan vigiladas. -Su voz era firme, sin un matiz de duda, una sentencia más que una orden—. La próxima vez… no escaparán-

Lilithmon esbozó una sonrisa torcida, disfrutando del suspenso de la cacería, mientras el Caballero del Caos hundía de nuevo la punta de Balmung en la arena, dejando que el eco metálico retumbara como un recordatorio de que aquel encuentro apenas había sido un preludio.
 
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El corredor de luz los expulsó violentamente a un cañón profundo del Desierto de Oasis, donde el calor era menos sofocante y las dunas ocultaban cualquier rastro de su presencia. La arena todavía vibraba por el eco de la batalla que habían dejado atrás, y todos respiraban con dificultad, cubiertos de polvo y sudor digital.

Gazimon cayó de rodillas, jadeando, el pelaje chamuscado por la fricción del corredor. Tatsuya lo miró con el ceño fruncido, su D-Arc aún encendido en la mano, mientras Dainsleif y Dvalin permanecían en guardia, las auras chisporroteando con desconfianza. Bastemon, a un lado, lo observaba con ojos fríos, entre el dolor y la indignación.

-Habla -ordenó Tatsuya, su voz seca como la arena- ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué liberaste a Lilithmon?-.

El pequeño Digimon bajó la mirada, las orejas caídas.

-Yo… yo no podía soportar verla encadenada, escuchando sus gritos día y noche… pensé que… pensé que si la dejaba libre, se iría y nos dejaría en paz-.

-Tu ingenuidad casi nos cuesta la vida-. Dainsleif dio un paso al frente, su espada aún vibrando por la tensión.

-¡Lo sé! -gritó Gazimon, con los ojos brillando por las lágrimas que no se atrevía a soltar -Me equivoqué. No sabía la magnitud de lo que estaba liberando. Solo quería… solo quería terminar con ese sufrimiento-.

-¿Sufrimiento? ¿Y el nuestro qué? ¿El de todo este reino que ahora está bajo su sombra? ¿Crees que tus buenas intenciones compensan el caos que desataste? -Bastemon frunció el ceño, sus colmillos asomando en un gesto de rabia contenida.

Gazimon tembló, pero no retrocedió.

-No busco que me perdonen. Pero si los dejé escapar fue porque quiero enmendar mi error. Si me dejan… les ayudaré a encontrar rutas seguras. Conozco los pasos ocultos del desierto, los túneles que nadie más usa-.

Tatsuya lo sostuvo con la mirada durante largos segundos. El silencio solo lo rompía el silbido del viento entre las dunas.

-Si mientes -dijo al fin, en un tono bajo y cortante -te borraré de este mundo sin dudarlo-.

Gazimon tragó saliva y asintió, bajando la cabeza.

-No miento. No quiero verlos caer… no después de lo que hice-.

JESmon relajó apenas la postura, pero su mirada seguía cargada de sospecha. Bastemon apartó la vista con un bufido, sin disimular su desprecio.

-Está bien. Te daremos una oportunidad… pero recuerda, Gazimon: caminas sobre la línea más delgada. Una más, y no habrá regreso- Tatsuya apagó lentamente el brillo de su D-Arc.

El pequeño Digimon asintió en silencio, mientras el grupo se reorganizaba en el cañón, sabiendo que la verdadera batalla apenas comenzaba.

La noche digital cayó sobre el Desierto de Oasis, pero el calor sofocante permanecía atrapado entre las dunas, como un horno que nunca se apaga. El grupo avanzaba en silencio, sus siluetas apenas recortadas por la luz azulada de los datos suspendidos en el aire.

Al frente iba Gazimon, sus patas pequeñas hundiéndose en la arena con cada paso apresurado. Se detenía cada tanto, olfateando el aire, girando las orejas en todas direcciones, hasta que al fin señaló una formación rocosa medio enterrada.

-Por aquí -dijo con voz temblorosa. Con un esfuerzo, apartó parte de la arena y reveló la entrada a un túnel. El pasadizo parecía un antiguo conducto digital, sus paredes cubiertas de grietas de código que chisporroteaban con un resplandor tenue.

-Nadie los usa… están fuera de las rutas oficiales. Si nos movemos rápido, podremos cruzar sin que nos detecten-.

Daisleif estrechó los ojos, su silueta imponente recortada por la luz del túnel.

-O podríamos estar entrando directo a una emboscada - murmuró, sin bajar la guardia.

-Huele a trampa, Tatsu- Dvalin plegó las alas, el brillo de su Digicore reflejándose en los muros fragmentados.

-¿Y qué esperaban? Este pequeño fue el que liberó a Lilithmon. Ahora nos mete en agujeros de ratas- gruñó Bastemon con desdén caminando detrás de todos

-No es una trampa… ¡Lo juro! Estos túneles me salvaron más de una vez. Los soldados de Crimson Oath nunca los vigilan porque piensan que están colapsados- Gazimon se encogió, las orejas gachas, pero no se detuvo.

Tatsuya los observó a todos, luego a Gazimon. Sus ojos brillaron en la penumbra, fríos pero calculadores.

-Si intentas engañarnos… este será tu sepulcro-.

El pequeño Digimon tragó saliva y siguió adelante. La marcha por el túnel fue sofocante. El aire estaba cargado de polvo y chispas de datos flotantes, que estallaban de vez en cuando como luciérnagas moribundas. Cada crujido del suelo, cada vibración en los muros, parecía anunciar un derrumbe inminente. En un recodo más amplio, Gazimon se detuvo y señaló un espacio con suelo sólido y paredes menos inestables.

-Aquí… pueden descansar un poco-.

Tatsuya miró alrededor, aún desconfiado. Dainsleif permaneció de pie, como una estatua en guardia. Bastemon se sentó a un costado, la mirada fija en Gazimon, sin quitarle los ojos de encima. Dvalin plegó las alas, pero mantuvo el Digicore encendido como una linterna viva que iluminaba la penumbra.

El silencio era pesado, apenas roto por la respiración fatigada de todos. Gazimon se encogió contra la pared, evitando cruzar miradas.

-¿Por qué arriesgarte ahora? -preguntó al fin Tatsuya, con voz baja pero cortante- Si nos hubieras querido muertos, bastaba con dejarnos atrás en el desierto. -

-Porque… no soportaría cargar con eso. Ya hice suficiente daño al liberarla. Quiero… quiero demostrar que no soy solo un cobarde o un traidor-Gazimon apretó las garras contra el suelo, temblando.

El eco de sus palabras se perdió en el túnel, dejando tras de sí un silencio aún más denso. Nadie respondió de inmediato. Al cabo de un rato, fue Dainsleif quien exhaló y habló con dureza secundando las advertencias de su Tamer:

-Te daremos esta oportunidad. Pero escucha bien, Gazimon: si este camino nos lleva a una trampa… no habrá segunda chance-.

El pequeño Digimon asintió con la cabeza, las orejas caídas, mientras la tensión colgaba en el aire como una sentencia aún sin cumplir.

El lugar estaba en silencio. Solo el silbido del viento colándose por las grietas y el parpadeo tenue del Xros Loader iluminaban la penumbra. Dainsleif y Dvalin descansaban dentro, recuperando fuerzas en sus formas Child. Bastemon, más cerca de Tatsuya, permanecía recostada contra la roca, los brazos cruzados sobre el pecho. Gazimon dormitaba a unos metros, con el pelaje enmarañado y el cuerpo encogido como una bola. A pesar de estar exhausto, sus orejas se agitaban con cada crujido del desierto, como si temiera que alguien viniera a reclamarlo por su traición.

Tatsuya revisaba su D-Arc junto a un mazo de cartas disponibles en silencio, con el brillo rojizo reflejado en sus ojos.

-No deberíamos confiar en él -dijo Bastemon al fin, rompiendo el silencio. Su voz era grave, contenida, pero cargada de rencor -Fue su error lo que nos trajo hasta aquí-.

-Lo sé- Tatsuya levantó la vista, observando al pequeño Digimon dormido.

-Entonces, ¿por qué lo mantienes con nosotros? -preguntó ella, girando el rostro, los ojos encendidos como brasas.

El Tamer apretó el D-Arc entre sus manos, con expresión firme.

-Porque a veces hasta los errores nos muestran caminos que no veíamos. Si Gazimon quiere redimirse, que lo haga bajo nuestra mirada-.

-Eso es compasión… y la compasión mata en el desierto- Bastemon soltó un bufido, con los colmillos asomando.

-No -corrigió Tatsuya, sin apartar la vista del cañón oscuro -La compasión puede ser un arma, si sabes cómo usarla-.

El silencio volvió a instalarse entre ellos. Bastemon lo observó por un instante más, pero al final cerró los ojos, resignada. Tatsuya siguió en vela, con la mano sobre su D-Arc, atento al más mínimo movimiento en las sombras. A lo lejos, el viento rugió como un presagio, recordándoles que su respiro sería breve.


El amanecer digital se filtró sobre el Desierto de Oasis, tiñendo las dunas de un resplandor dorado que parecía fuego líquido. Tras una noche de verdadero descanso y la comida que Gazimon había compartido, el grupo emergió del cañón con fuerzas renovadas.

Dainsleif y Dvalin aún permanecían en reposo, pero en su lugar avanzaban sus formas Child, caminando uno al lado del otro, sus ojos brillando con energía recuperada y listos para volver a evolucionar en cuanto el combate lo exigiera. Bastemon los acompañaba con el ceño endurecido, mientras Tatsuya marchaba al centro con su Digivice en mano. Gazimon, más firme que la noche anterior, iba al frente con las orejas gachas, guiándolos hacia lo que aseguraba era una salida segura.

El aire fresco de la madrugada traía consigo un engañoso alivio… hasta que un eco metálico desgarró la quietud del cañón.

Clang.

El sonido reverberó contra las paredes, repitiéndose con un ritmo ominoso. Hackmon alzó instintivamente su pequeña espada, Pteromon extendió sus alas en alerta, y Tatsuya levantó el D-Arc, sabiendo de inmediato lo que significaba.


Una figura carmesí emergió de entre las dunas frente a ellos, la armadura resplandeciendo como si ardiera bajo el sol naciente. El Caballero del Caos plantó a Balmung en la arena con un golpe seco, levantando polvo que se extendió como una onda. A su lado, Lilithmon desplegó las alas con una risa cristalina, sus ojos brillando de malicia. La corrupción en su sonrisa era más evidente que nunca, como si disfrutara cada segundo del terror que inspiraba. Y entre ambos, caminando con calma peligrosa, apareció Arcelia Veyra. Su abrigo largo ondeaba con el viento del amanecer, y el brazalete en su muñeca brillaba como un corazón de fuego. Sus ojos ámbar se clavaron directamente en Tatsuya, cargados de firmeza y desprecio calculado.

-Sabía que terminarían aquí -dijo con una serenidad inquietante- El desierto no tiene escapatoria para quienes cargan con errores.

Dainsleif adelantó un paso, su espada vibrando con ira contenida.

-Arcelia Veyra…-

-La huida fue un buen espectáculo, lo admito. Pero ya no hay más corredores ni escondites. Aquí termina todo. Bastemon, tu linaje muere contigo. Y tú, Tatsuya Kamisato… tu misión se convierte en tu tumba-Ella sonrió, cruzando los brazos.

Lilithmon agitó una garra y el aire se impregnó de oscuridad; ChaosDukemon alzó su lanza, que comenzó a chisporrotear con electricidad roja. El desierto mismo pareció contener la respiración.

-Entonces hagámoslo, Arcelia… veamos qué negocio resulta más rentable: el tuyo o el mío- Tatsuya apretó el D-Arc, la mirada firme, la voz convertida en un filo cortante.


A su lado, Dvalin y Dainsleif brillaron en un estallido de datos. Sus siluetas se fragmentaron en miles de fragmentos luminosos que estallaron como brasas al viento. El rugido de ambos atravesó el desierto cuando la evolución se completó: JESmon y Zephagamon se alzaron de nuevo, sus auras ardiendo como hogueras vivas, proyectando ondas de calor que hicieron temblar la arena bajo sus pies.

Bastemon se adelantó con el rostro endurecido por la determinación, extendiendo sus garras como una reina dispuesta a proteger lo que aún le pertenecía. Gazimon se quedó inmóvil, temblando, pero con un brillo extraño en los ojos: miedo… y también la chispa de alguien que ya no quería volver a fallar.

El sol digital ascendió por completo, iluminando a los seis combatientes que se enfrentaban en aquel punto ciego del desierto. El viento levantó un torbellino de arena, envolviéndolos como un anillo de fuego.

La batalla final había comenzado.
 
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El amanecer del siguiente ciclo estalló sobre el Desierto Oasis, tiñendo las dunas infinitas con un resplandor dorado y carmesí, como brasas encendidas sobre un océano de arena. El viento levantaba torbellinos de polvo de datos que giraban como columnas vivientes, envolviendo el campo en un resplandor irreal.

El grupo apenas había recuperado fuerzas cuando el eco metálico de pasos resonó, grave y cadencioso, vibrando en la arena como un tambor de guerra.

Arcelia Veyra emergió en lo alto de una duna, flanqueada por Lilithmon y ChaosDukemon. Su silueta se recortaba contra el sol pixelado como una estatua imponente: alta, de cabello plateado trenzado al costado, ojos ámbar que ardían con severidad, y una armadura ligera de tonos púrpura y plata que la convertían en una mezcla de estratega y verdugo.

La Guild Leader no necesitó gritar. Su voz serena bastaba para helar el aire.

-Bastemon, tu tiempo terminó. Y tú, Tatsuya… deja de interponerte-.

Tatsuya dio un paso al frente, ajustando el D-Arc en su mano.

-No. Si quieres llegar a ella, tendrás que pasar sobre mí-.

Los digimon de ambos lados rugieron, pero antes del choque Arcelia inclinó la cabeza con curiosidad.

-Tienes madera de líder… y de verdugo. ¿Por qué arriesgarlo todo por alguien que sabes que ha cometido errores?-.

-Porque vengo de una familia que se dedicaba a lo mismo que tú… cazar, ejecutar, eliminar objetivos. Y lo dejé porque no quiero esa vida.- Respondió el nipón con voz firme, mirandole a los ojos.

Por primera vez, el rostro de Arcelia se suavizó, casi con un dejo de complicidad.

-Entonces deberías comprenderme-.

Tatsuya negó con la cabeza.

-Lo comprendo, sí. Pero yo elegí algo distinto. Prefiero ganarme la vida limpiamente… con mis negocios, con mis compañeros. Ganar en un duelo justo, no en una emboscada.-

El aire estalló en tensión. Era el preludio de un enfrentamiento que no sería solo por Bastemon… sino por la visión misma de lo que significaba ser un Tamer.

-Arcelia… este será nuestro duelo final-. Tatsuya alzó el D-Arc.

-Bien, que así sea- Ella sonrió levemente, una sonrisa afilada como un cuchillo.




Lilithmon desplegó sus alas de oscuridad, derramando un manto púrpura que ennegreció las dunas. ChaosDukemon giró su lanza como un relámpago sangriento, haciendo vibrar la arena bajo sus pies. Al mismo tiempo, Zephagamon y Jesmon se alzaron, envueltos en luz abrasadora que iluminó el horizonte como dos soles gemelos. El Desierto Digital entero resplandeció como si fuera de día. Las dunas temblaban y se desmoronaban bajo el peso de la energía que desprendían los colosos en pie, levantando columnas de polvo y datos que ascendían como llamas al cielo pixelado.
Tatsuya y Arcelia se enfrentaron con la mirada fija, cada uno con sus cartas en mano, como dos generales que habían apostado todo en la última partida de sus vidas.

Arcelia deslizó su primera carta con un giro de muñeca: Rudriya Darpana. Los cañones solares de Vritramon se materializaron sobre los brazos de ChaosDukemon, su armadura negra brillando con fuego oscuro.

-Corona Blaster.- Una lluvia de ráfagas solares arrasó el claro, quemando árboles de datos y fracturando el suelo.

-¡Dvalin!- Exclamó Tatsuya.

El caballero mágico batió sus alas y respondió con un rugido.

-¡Divine Tempest!- Un huracán sagrado descendió como un filo invisible, colisionando con los rayos solares y dispersándolos en una tormenta de chispas. El choque dejó un cráter abierto, con Bastemon retrocediendo para no ser arrastrada.

Arcelia no se detuvo. Su segunda carta brilló entre sus dedos: Pinwheel Staff.

Un báculo etéreo apareció en las manos de Lilithmon, y al blandirlo liberó un vendaval afilado, Ultra Turbulence, que se lanzó como cuchillas de aire hacia JESmon.

Tatsuya respondió en el acto con otra carta: Powerful Will. Dainsleif se envolvió en un aura con la forma de Omegamon. Sus tres espíritus flotantes brillaron, y con un movimiento cruzado partió en dos el torbellino de Lilithmon. Su espada cambió de naturaleza: cada corte físico ardía en fuego, mientras cada estocada a distancia liberaba hielo cristalino.

-No entiendes, Tatsuya -la voz de Arcelia retumbó con dureza - Bastemon es una tirana. Eliminarla es salvar al Digimundo-.

Tatsuya mantuvo el gesto sereno, la mirada fija como una roca en medio de la tormenta.

-Lo entiendo mejor que nadie… Pero te repito, mi familia también vivió de esto, de asesinatos, de pactos oscuros. Pero yo elegí otra vida. Una en la que ganar significa hacerlo de frente, limpiamente-.

-Entonces deberías comprenderme - Insistió Arcelia sonriendo con amargura.

-Te comprendo - replicó él, alzando otra carta: Ultimate Thunder. -Pero eso no significa que te justifique-.

Dvalin levantó sus espadas al cielo. La tormenta respondió con rayos de datos eléctricos que se concentraron en un único rayo colosal, cayendo con furia sobre ChaosDukemon.

El caballero oscuro se resistió con su escudo, pero su armadura se resquebrajó bajo el impacto.

-¡No acabarás con mi causa! -rugió Arcelia, revelando su última carta: Plasma Crack.

Lilithmon lanzó su hechizo final: una esfera eléctrica explotó como un sol azul, arrasando con todo a su paso.

Dainsleif apareció en medio de la explosión, atravesando el plasma con el aura ardiente de Omegamon. Dvalin descendió a su lado, desplegando un nuevo huracán sagrado.

-¡Ataque combinado! -ordenó Tatsuya.

Dainsleif fue el primero en acatar la orden, rodeado de Atho, René y Por, cada uno brillando como fragmentos de justicia viviente. Dvalin desplegó sus alas, invocando un torbellino de acero y viento que cortaba incluso la luz misma.

-¡Divine Tempest! -rugió Zephagamon, lanzando un huracán sagrado que arrasó con el bosque de datos.

-¡Un Pour Tous! -clamó JESmon, concentrando la energía de sus tres espíritus en un rayo blanco que desgarró el campo de batalla.

ChaosDukemon rugió, clavando la lanza Balmung en la arena ardiente. El ojo de Gorgon brilló en su escudo, liberando un pulso oscuro que se expandió en círculos concéntricos.

-¡Judecca Prison!- De su cuerpo brotó una ola corrosiva de energía negra, un miasma que arrastraba fragmentos de datos en descomposición, como si la arena misma se derritiera bajo su contacto. La muralla oscura se alzó como un océano maldito, dispuesto a tragarse todo.
A su lado, Lilithmon extendió sus garras y lanzó su Phantom Pain, un coro de lamentos espectrales que envolvieron la prisión de energía oscura, convirtiéndola en una esfera de gritos y corrupción que se expandía hacia adelante con violencia.
Frente a ellos, Jesmon y Zephagamon rugieron al unísono. Atho, René y Por brillaron como estrellas guardianas, canalizando su poder en un rayo blanco absoluto, mientras el dragón alzó sus alas y desató el huracán sagrado de Divine Tempest.


La colisión fue brutal.


El Judecca Prison se estrelló contra el rayo blanco y el huracán, liberando un estruendo tan grande que el Desierto Digital entero tembló como si su código estuviera a punto de quebrarse. Las dunas fueron arrancadas de raíz, columnas de arena digital se elevaron como tsunamis, y el cielo pixelado se cubrió de relámpagos rojos y blancos entrelazados. La prisión oscura se fragmentó en miles de trozos, los gritos del Phantom Pain se quebraron como vidrios rotos, y poco a poco, la luz y el viento sagrado abrieron grietas hasta pulverizar la defensa de ChaosDukemon y Lilithmon.
El resultado fue un estallido cegador que convirtió la arena en cristal fundido, iluminando el horizonte como si otro sol hubiese nacido en medio del desierto.
La arena se fundió en cristal, los relámpagos crearon grietas en el cielo pixelado, y por un instante todo quedó sumido en un silencio atronador, como si el propio mundo contuviera la respiración.

Entonces, las grietas se abrieron.

El cuerpo de ChaosDukemon fue el primero en quebrarse. Su armadura negra y carmesí comenzó a resquebrajarse desde la lanza Balmung, que aún vibraba clavada en la arena. Cada fisura liberaba destellos rojos como brasas incandescentes, fragmentos de código escapando con un siseo metálico. Sus alas se desgarraron en líneas de luz que se evaporaban al viento.

El caballero osciló, arrodillándose, su voz un rugido entremezclado con la distorsión:

-¡Arcelia…! No… ¡mi causa…!-


Su casco se partió como cristal bajo presión, dejando escapar un haz de datos que ascendió en espiral. Y finalmente, su cuerpo entero explotó en millones de fragmentos negros, que fueron arrastrados por la tormenta digital como cenizas de una hoguera apagada.
A su lado, Lilithmon resistió unos segundos más, su silueta envuelta en las motas púrpuras del Phantom Pain que aún la rodeaban. Su mirada ardía de furia y desprecio, pero también de una resignación amarga. Con un gesto casi sensual, posó su garra dorada sobre los labios y soltó una última risa, cristalina y cruel:

-Al final… hasta los monstruos sabemos a quién seguir-. Su cuerpo comenzó a deshacerse en pétalos de datos púrpura que se elevaron como un enjambre de mariposas negras. Durante un instante, su figura fue tragada por un resplandor violeta, y luego se fragmentó en miles de destellos brillantes que flotaron en el aire antes de desaparecer en el cielo pixelado.

El viento del Desierto Digital barrió las cenizas digitales de ambos guerreros. Las dunas, agitadas por la onda expansiva, se elevaron y volvieron a caer en cascadas silenciosas, cubriendo el campo de batalla con un manto nuevo, como si el mundo intentara enterrar lo ocurrido bajo una capa de olvido.

Solo quedaron las huellas quemadas en la arena cristalizada, y el eco lejano de los gritos de datos que se extinguían poco a poco, apagándose como brasas arrastradas por el viento del Desierto. El silencio fue absoluto. La tormenta había pasado, y lo que quedaba era el vacío.
En ese vacío, se sentía una verdad imposible de ignorar: con Arcelia arrodillada en la arena, sin Digimon ni cartas y sin propósito que la sostuvieran, la Rogue Guild estaba acabada. Sus cimientos se habían derrumbado junto a sus campeones caídos, y sin ella, ya no quedaba nadie que pudiera sostener ese imperio de sombras.
El futuro que había intentado imponer con hierro y corrupción se disolvía igual que los fragmentos de datos de ChaosDukemon y Lilithmon, arrastrados sin gloria hacia el olvido.

Arcelia, de rodillas, extendió una mano hacia el vacío donde habían estado sus compañeros, su voz quebrada como un lamento:
-No… no puede ser… ¡Mis compañeros! ¡Mi guild! ¡Todo!-.

Tatsuya bajó su carta, su mirada se mostraba grave y serena.

-Este es el precio de tu ambición. Tus Digimon eligieron luchar contigo hasta el final, y pagaron el precio. Tu guild está acabada, Arcelia. No queda nada.-

Ella levantó la mirada, lágrimas mezcladas con rabia recorriendo su rostro.

-¿Por qué tú…? ¡Si vienes de una familia que también vivió de esto, de la lucha y el poder! ¡Deberías entenderme!-.


Dvalin y Dainsleif retrocedieron un paso, manteniéndose como guardianes, sus auras aún chisporroteando como hogueras vivas en medio del Desierto. La arena reflejaba sus siluetas como si fueran monumentos eternos, protectores al lado de su Tamer.

-Precisamente por eso. Lo dejé atrás porque no quiero repetir ese ciclo. Yo quiero ganarme el futuro limpiamente, sin destruir todo a mi paso - Tatsuya respiró hondo, apretando los puños.

-Entonces… supongo que yo solo fui un reflejo de lo que tú pudiste haber sido-Arcelia rió, amarga, rota.

El viento arrastró los últimos destellos de datos de ChaosDukemon y Lilithmon, como si el mismo Digimundo marcara el final de su era. La guild se desmoronaba junto a su líder, dejándola sola, derrotada y despojada de todo.

-La arena del desierto lo confirma, Tatsu. Con la caída de su estandarte, la Rogue Guild se ha extinguido. No habrá quien recuerde su nombre más allá de este viento - Habló Dvalin, con voz grave y solemne como el rugido de un dragón.

-Arcelia… elegiste el camino de la ambición y de la traición. El Digimundo no recuerda con honor a los que consumen su propio futuro. Tu causa muere contigo.-Dainsleif bajó sus espadas lentamente, con sus ojos ardiendo con justicia contenida.

Entonces Bastemon, con la voz aún temblorosa pero firme, dio un paso al frente. Sus garras brillaban bajo la luz del amanecer digital, y sus ojos felinos destellaban entre la furia y el alivio.

-Tu ambición no solo destruyó tu guild, Arcelia… casi destruye este reino. Sembraste miedo, odio y ruina. Yo fui testigo de ello, y por un momento pensé que estabas ganando. Pero hoy… el Digimundo demuestra que incluso los más oscuros imperios terminan cayendo- Bastemon bajó la voz, cargada de desprecio. -Te recordaré, sí… pero no como líder. Te recordaré como advertencia-.

-Esto terminó. Tu nombre y tu guild quedarán en el olvido-Tatsuya apartó la vista, dándole la espalda mientras sus Digimon se mantenían firmes como jueces de un tribunal invisible.

Arcelia, de rodillas en el suelo vacío, solo pudo mirar cómo su mundo se derrumbaba en fragmentos de datos que desaparecían en la nada. En medio de la devastación, permaneció exhausta, con las cartas dispersas en la arena como hojas muertas, arrastradas por el viento pixelado hacia el olvido.
 
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Gennai

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Eclipse Dynasty Member
El viento del Desierto Digital arrastraba las últimas motas de datos de ChaosDukemon y Lilithmon, apagando su memoria como brasas consumidas. En la arena solo quedaron las huellas quemadas, cicatrices cristalizadas que jamás se borrarían.
Arcelia, derrotada y exhausta, permanecía de rodillas, con la mirada perdida en el horizonte. A su lado, emergiendo entre el polvo y el calor, Gazimon avanzaba a trompicones, las orejas gachas, los ojos brillando con una mezcla de miedo y culpa.

Tatsuya bajó lentamente el D-Arc y los observó a ambos.

-La batalla ha terminado… pero no su destino-.

Jesmon y Zephagamon se adelantaron, imponentes como guardianes del juicio. Sus auras proyectaban sombras largas sobre la arena, como si fueran centinelas del mismo Digimundo.

-Arcelia no puede quedar libre después de lo que ha hecho-Dvalin habló con voz grave, retumbando en las dunas.

Dainsleif levantó la espada, apuntando hacia ella.

-Y Gazimon… aunque ayudó, sigue siendo sospechoso. Su lealtad deberá ser probada-.

Arcelia levantó la cabeza, con el rostro cubierto de lágrimas y polvo, y murmuró con amargura:

-¿Así que ahora seré juzgada como si fuera un virus? Adelante. Pero sepan esto… incluso si me borran, alguien más tomará mi lugar. La codicia nunca muere-.

Bastemon dio un paso al frente, la voz firme como un latigazo.

-No. La codicia no muere, pero sí quienes la encarnan. Tú serás recordada no como líder… sino como advertencia-.

-¡Yo no quiero escapar! Lo admito, jugué en dos bandos… liberé a Lilithmon porque tuve miedo. Pero ya no quiero correr. Júzguenme si deben, pero déjenme demostrar que puedo servir a algo más grande que mi propio miedo- Exclamó Gazimon con desesperación, dando un paso delante.

Dainsleif lo observó en silencio, con Atho, René y Por girando como cuchillas listas para cortar la mentira.

-Entonces queda decidido: serán entregados a las autoridades. Ellos dictarán la sentencia que merecen. Hasta entonces, viajarán bajo nuestra custodia-. Habló Tatsuya con voz serena, cruzado de brazos.

Fue entonces que una silueta emergió entre las dunas y escombros digitales. Una figura femenina, recta como una lanza, avanzó con paso firme. Su melena oscura caía en ondas sobre el hombro, y en sus ojos brillaba una determinación fría. A su lado caminaba un caballero imponente de armadura plateada y dorada: Knightmon, portando la espada ceremonial que aún destilaba destellos de datos.

Era Lunia Arden. No pronunció palabra alguna, pero su mirada se clavó primero en Arcelia, luego en Gazimon, y finalmente en Tatsuya. Su gesto era neutral, impecable en su deber, aunque en su interior hervía una confusión que no podía permitirse mostrar. ¿Cómo había sido posible? ¿Cómo aquel hombre, al que nunca dejó de considerar un desertor, había desmantelado con sus propias manos a la líder de una guild completa?

Con una seña de la mano, Lunia indicó a Knightmon que asegurara a los prisioneros. El caballero alzó su enorme espada, y apresó con cadenas digitales tanto a Arcelia como a Gazimon. Ambos quedaron de pie a la fuerza, rodeados por el brillo azul de las ataduras.

Tatsuya, aún acompañado por sus Digimons, se limitó a observar. Bastemon respiraba hondo detrás de él, intentando procesar lo que acababa de presenciar. Lunia se mantuvo erguida, fría, sin permitir que una sola emoción asomara en su rostro. Mientras hacía su trabajo, mientras aseguraba el traslado de los prisioneros, solo podía repetirse a sí misma que este no era el mismo Tatsuya que conoció. Había cambiado… aunque se negara a aceptarlo.
El aire denso del bosque digital se estabilizó lentamente, como si la red misma respirara aliviada. La batalla había terminado. El juicio vendría después.


El traslado de Arcelia y Gazimon quedó en manos de Lunia y Knightmon. El viento sopló fuerte, cubriendo de arena los restos de la batalla, como si el propio Digimundo quisiera borrar la escena y dar paso al siguiente capítulo.

El resplandor de los Ultimates empezó a difuminarse. La energía acumulada se quebró en destellos plateados hasta disiparse en el aire. El cuerpo de Dainsleif descendió suavemente, perdiendo la armadura caballeresca para volver a su forma original de Hackmon, jadeando con el pecho agitado. A su lado, Dvalin cayó de rodillas en la tierra digital, sus alas retrayéndose hasta quedar reducido al pequeño y nervioso Pteromon, que buscó refugio inmediato en el hombro de su Tamer.

Tatsuya apoyó una mano sobre ambos, agradeciendo en silencio la resistencia que habían mostrado.

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Horas después, el escenario había cambiado por completo. El palacio de Bastemon se alzaba majestuoso sobre una colina de datos cristalinos. Sus torres felinas, cubiertas de mosaicos carmesí y dorados, brillaban bajo la luz artificial de la red. A pesar de su estilo exuberante, aquel lugar desprendía un calor acogedor, más aún después del caos vivido en el bosque.
Dentro, una gran celebración había comenzado. Bastemon había ordenado un banquete improvisado, con mesas repletas de frutas, néctares brillantes y melodías de arpas programadas que llenaban los corredores. Los guardias felinos, que hasta hacía poco desconfiaban de los Tamers, ahora aplaudían y rugían en honor a los vencedores.

Bastemon, aún con cierta vulnerabilidad en los ojos, se levantó de su trono para brindar.

-Hoy, mi reino no desapareció porque ustedes lo defendieron… no porque yo lo defendiera. -su voz, profunda y solemne, resonó en cada rincón del salón-Admito que mi orgullo me cegó, pero gracias a ustedes comprendí una verdad que nunca debí ignorar: sola no puedo mantener el equilibrio de este mundo- Se acercó al trío con paso elegante, sus colas felinas ondeando en el aire como estandartes. -Danisleif, Dvalin. Y tú, Tatsuya. Desde hoy, mi reino está en deuda con ustedes. Mis políticas cambiarán. No volveré a despreciar a los tamers ni a cerrar mis puertas a quienes buscan justicia. Desde este día, mi reinado se sostendrá sobre la alianza y no sobre el aislamiento-.

Los felinos del salón estallaron en vítores, aclamando la promesa de su reina.

Tatsuya asintió, sin dejar de mirar a sus compañeros que apenas podían mantenerse erguidos después de semejante esfuerzo. El silencio de Dainsleif fue solemne, mientras Dvalin, agotado, se acurrucaba sobre su brazo con un débil batir de alas. El eco de la música terminó apagándose. Bastemon regresó a su trono, erguida con dignidad, mientras los rugidos de su pueblo reafirmaban la nueva era que acababa de proclamar.

El trío dinámico había ganado algo más que una batalla: habían cambiado el rumbo de un reino.

Y Bastemon lo sabía bien… Su declaración no era solo un gesto de agradecimiento, sino el inicio de un futuro distinto.


El salón del palacio vibraba con los cánticos felinos. Bastemon, de pie frente a su pueblo, había hablado con solemnidad, y cada palabra se grabó como decreto inquebrantable: sus políticas cambiarían. No más aislamiento, no más desdén hacia los tamers.

El eco de su promesa aún resonaba cuando Tatsuya, Dainsleif y Dvalin se retiraron discretamente al jardín interior. Allí, entre columnas cubiertas de flores digitales que destellaban con tonos azules y carmesí, los esperaba Lunia Arden. A su lado, sereno y firme, estaba Jaden, su compañero Kotemon, con la espada enfundada y los brazos cruzados.

Lunia avanzó un paso, erguida como siempre, pero esta vez su mirada no era del todo fría. Vaciló apenas, como si una duda inesperada hubiera atravesado su máscara de autoridad.

-Tatsuya… lo que hiciste hoy… -su voz bajó un matiz, cargada de contención- Derrotaste a Arcelia, destruiste a toda una guild con tus propias manos. Nunca creí que un desertor pudiera llegar tan lejos-.

-No lo hice por gloria, ni por demostrar nada. Solo cumplí con mi misión. Nada más-.Tatsuya sostuvo su mirada sin titubear.

El silencio que siguió fue breve, pero pesado. Lunia apretó los labios, y entonces, como si esa respuesta le diera permiso para recuperar su compostura, volvió a su tono habitual, tajante y sin concesiones.

-En el juicio, Arcelia habló antes de ser trasladada. Dijo que no actuaba sola… que una guild aún más grande la manejaba desde las sombras. -sus ojos se clavaron en Tatsuya con la frialdad de un juez -¿Has escuchado hablar de los Eleven Harbingers?- No se detuvo ahí. La dureza en su voz aumentó. -Es posible que todo esto haya sido solo una tapadera. Usaron a Arcelia y a su guild, aprovecharon su ambición y su odio hacia Bastemon para desviar la atención… mientras los verdaderos responsables siguen moviendo los hilos desde la sombra-.


Las palabras se clavaron en Tatsuya como cuchillas. El recuerdo de lo ocurrido con Ei golpeó su mente con fuerza: los Harbingers, siempre presentes, siempre detrás de las grietas más oscuras del Mundo Digital. Por un instante, la tentación de hablar lo invadió. Podía contarlo todo, pero la desconfianza en los ojos de Lunia lo frenó. Sabía que cualquier palabra mal interpretada lo convertiría en sospechoso.


-No -respondió al fin, sereno, bajando la mirada un instante - No sé nada de ellos-.

Lunia lo observó con atención, buscando grietas en su tono, en su rostro, en su silencio. Pero no halló nada. Finalmente, se giró, aunque no suavizó su voz.

-Más te vale, Kamisato. Porque si descubro que mientes, o que estás involucrado… no habrá carta ni Digimon que te salve. No te metas en problemas- Con esas palabras, se dio la vuelta. Jaden inclinó la cabeza en señal de respeto, y juntos se retiraron, dejando tras de sí la tensión flotando en el jardín.

Tatsuya permaneció quieto, mirando el suelo de mosaicos de datos hasta que las figuras de Lunia y Kotemon desaparecieron entre los pasillos. Solo entonces sacó su móvil digital, lo encendió y escribió un mensaje codificado.

"Lynette… sé que trabajas con Digital Security. Confío en ti más que en nadie. Necesito que sigas de cerca el caso de Arcelia. Si los Harbingers están realmente detrás, tengo un mal presentimiento… y quiero que me mantengas informado de todo. No dejes que nada se nos escape". Guardó el dispositivo, respirando hondo, con la sensación de que había arrojado una piedra a un océano que aún no podía ver.

Dvalin se posó a su lado, batiendo las alas suavemente esta vez, con menos entusiasmo del habitual.

-Por ahora… deberíamos hacerle caso a Lunia. Descansar, recuperar fuerzas. -sonrió débilmente -Y después sí… podemos ir a Overflow Beach. La brisa marina nos vendrá bien a todos-.

Dainsleif asintió en silencio, sus ojos dorados observando a Tatsuya con esa mezcla de lealtad y cautela.

Tatsuya lo miró con una leve sonrisa cansada, pero enseguida su expresión se endureció.

-Antes de eso… quiero ir a File, al pueblo del inicio-.

-¿File? ¿Por qué allí, Tatsu?-. Hackmon frunció el ceño, desconcertado.

El japonés guardó silencio un instante, dejando que el viento digital soplara arena dorada alrededor.

-Porque todo empezó en ese lugar. Y porque… nada de lo que ocurrió aquí significa un final absoluto. Ni siquiera para los Digimon de Arcelia. Sus datos no fueron absorbidos… y eso quiere decir que en algún rincón de este mundo, volverán a empezar de nuevo - Respondió con voz serena.

-¿Quieres decir que… renacerán? - Cuestionó Pteromon que abrió mucho los ojos, sorprendido.

Tatsuya no lo confirmó ni lo negó del todo, solo se limitó a mirar el horizonte, donde la arena se mezclaba con la luz digital. De pronto Bastemon se acercó. La princesa, aún cansada pero erguida con la dignidad de su título, había escuchado parte de lo que él decía.

-¿Quieres decir… -sus ojos felinos brillaron con un atisbo de esperanza- que los Digimon de Arcelia no desaparecieron del todo?-.

Tatsuya asintió despacio.

-Como dije antes, datos no fueron absorbidos. Eso significa que, tarde o temprano, el Mundo Digital les dará otra oportunidad de renacer. -miró hacia el horizonte del desierto, su voz serena pero firme -No es un final absoluto. Nunca lo es-.

Bastemon respiró hondo, como si esa verdad aligerara un peso que la oprimía desde la batalla. Sus colas felinas se agitaron lentamente mientras su ceño se suavizaba.

-Entonces aún queda esperanza… -su tono cambió, volviéndose más firme- Si es así, no me quedaré atrás. Me equivoqué al aislar mi reino, pero no volveré a repetirlo-.

Alzó la barbilla, su voz proyectándose como un juramento solemne que resonó en las murallas del palacio.

-Si los Harbingers o cualquier otra sombra vuelven a amenazar a este reino o al Mundo Digital entero, entonces mi pueblo peleará a su lado… y yo misma estaré allí, no solo como gobernante, sino como su compañera de armas y como su amiga. Juntos, Tatsuya, Dainsleif y Dvalin, afrontaremos lo que venga-.

Dainsleif la observó con desconfianza, sus ojos dorados fijos en Bastemon como si intentara descifrar si sus palabras eran un juramento verdadero o solo otra promesa vacía de soberanos. Durante un instante, su cola se agitó con impaciencia, pero al final bajó ligeramente la cabeza en un gesto silencioso: no lo dijo en voz alta, pero aceptaba la alianza.

Dvalin, en cambio, agitó sus alas con un entusiasmo contagioso.

-¡Eso suena justo como lo que necesitamos!-.

Tatsuya asintió, aceptando la promesa sin palabras, aunque en lo más profundo de su ser sabía que el verdadero conflicto apenas estaba comenzando. ​

 
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