Especial Ceremony of Spirits EX: "Desafío Espiritual" [Yuichi Nakamura]

Gennai

Eclipse Dynasty Member
"Desafío Espiritual" [Especial]​


- NPC involucrado: -
- Lugar donde debe ser tomada: -
- Sinopsis: El Combate Ceremonial ha culminado con éxito. Más que celebrar a un vencedor, los espectadores aplauden y felicitan a ambos guerreros por un despliegue digno del homenaje y que, sin duda, honra la memoria de los Guerreros y Espíritus que veneran, algo que también ha dejado satisfecho al Tamer que fue parte de la experiencia. No obstante, aquel ambiente de celebración dura poco. Repentinamente, un fuerte mareo ataca al Tamer, que solo alcanza a oír llamados ahogados antes que su vista se nuble y sus piernas cedan, colapsando sin explicación alguna ante los ojos de los más cercanos...

Al "despertar", el Tamer se halla a sí mismo en un escenario desconocido, sin rastro de su compañero o de la ceremonia en la que había estado momentos atrás. Ante él, un Digimon Hybrid lo observa en silencio, liberando de su ser una imponente aura y presencia que, sin necesidad de mediar palabra, le indica al Tamer que lo está retando a combatir. ¿Demostrar su aptitud como Guerrero tal vez? Sin Digivice ni el compañero cerca, es imposible para un humano enfrentar a un Digimon. O al menos así sería si no fuera por un segundo elemento misterioso en la escena: Un místico poder en la mano del Tamer, con la forma de una cinta de DigiCode que trae a su mente dos simples palabras, las únicas necesarias para entender que es lo que hay que hacer:

[Spirit Evolution]​
- Escenario: ???
- Objetivos:
  • Enfrentar en combate a Velgrmon. Yuichi se ha convertido en Duskmon.
- Notas:
  • Mínimo de Post: 3 [Al menos 2 de Combate]
  • Plazo: 7 Días
  • Requisitos: Haber completado la Crónica "Ceremony of Spirits"
  • Esta Quest ocurre inmediatamente después de haber finalizado "Combate Ceremonial"
  • En esta Quest el Tamer no tendrá su Digivice, Compañero o ninguno de sus objetos de Inventario (ropa aparte)
  • El oponente a enfrentar será uno de los 22 Digimon Hybrid (Humano/Bestia) a elección del usuario. De la misma forma, durante la batalla el Tamer "recibirá" (y podrá usar) uno de los 20 (+2) Spirits, también a elección (Al momento de pedir la Quest es necesario especificar el Spirit a usar y el Spirit a enfrentar)
  • Ninguno de los Spirits (ni el que se usa ni el que se enfrenta) poseerán capacidad del habla.
  • La diferencia de nivel entre Spirit Humano y Bestia (Adult y Perfect) será ignorada en el combate. Esto quiere decir que, sin importar los Hybrids elegidos, el combate será en igualdad de condiciones (en cuanto a poder)
  • Al terminar el "combate" una luz cegadora envolverá al Tamer y todo lo que lo rodea hasta hacerlo desaparecer. Al recuperar el conocimiento se encontrará en la "enfermería" de la Ceremonia, en compañía del Digimon Compañero y de Baromon, los cuales explicarán que el Tamer sufrió un desmayo y colapsó al final del Combate Ceremonial, estando inconsciente desde entonces hasta ese momento.
  • La "Spirit Evolution" de esta Quest no es válida para reunir requisitos de funciones de Digivice que pidan dicha evolución
- Recompensa:
85+ Puntos: DigiCode [Hybrid] a elección + Tótem Ceremonial ​

Tamer: Yuichi Nakamura
 
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Gennai

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El eco de los aplausos y vítores todavía flotaba en la mente de Yuichi Nakamura, aunque ya no podía decir si los escuchaba realmente o si solo eran un recuerdo persistente del Combate Ceremonial que acababa de presenciar. Aquel duelo había sido un despliegue de fuerza y honor, uno que había emocionado tanto a espectadores como a los propios combatientes. Sin embargo, el orgullo y la admiración dieron paso a una sensación distinta, una sombra invisible que lo envolvía.

Primero, fue un mareo sutil, una vibración en la cabeza que le hizo parpadear varias veces. Luego, la presión aumentó, y cada latido resonaba con fuerza en sus sienes. Sus pasos se tornaron inestables, y mientras intentaba sostenerse, escuchó voces apagadas llamándolo por su nombre. Antes de que pudiera responder, sus rodillas cedieron y su visión se tiñó de negro.

No hubo transición suave hacia la inconsciencia. No existió un sueño intermedio. Fue como caer a un abismo sin fondo… hasta que, de golpe, abrió los ojos.

Ya no estaba en la ceremonia. Ante él, se extendía un suelo oscuro y brillante, similar a cristal negro atravesado por hilos de luz roja que parecían latir como venas. La superficie reflejaba su figura, aunque distorsionada, como si el propio lugar se burlara de su presencia. Sobre su cabeza, no había cielo. En su lugar, una cúpula inmensa y sombría se extendía hasta donde alcanzaba la vista, cubierta de runas móviles que se deslizaban lentamente, vivas, cambiando de forma a cada segundo.

El aire era denso, frío, con un sutil aroma metálico, mezcla de hierro y algo que evocaba sangre seca. Cada inhalación pesaba en sus pulmones, como si el propio ambiente lo vigilara. Yuichi, instintivamente, buscó con la mirada a su compañero Digimon.


Nada.

Su Digivice tampoco estaba, ni su equipo, ni rastro alguno de la ceremonia o los rostros que había visto antes. Solo él y el eco distante de sus propios pasos resonando en la vasta extensión.

Entonces, un sonido profundo quebró el silencio. No era un rugido, ni un grito… era una vibración grave que parecía nacer en el mismo núcleo del espacio, haciéndole retumbar el pecho y los huesos. Giró lentamente hacia el origen del ruido.

Ahí estaba.

Una figura imponente, alada, se alzaba frente a él. Sus alas negras se desplegaban con majestuosidad, absorbiendo la poca luz del lugar. Su cuerpo, afilado y cubierto de plumas oscuras como la noche, irradiaba un aura de amenaza pura. Los ojos, de un rojo incandescente, se clavaron en Yuichi como cuchillas. No necesitaba palabras; la intención era clara.

Velgrmon.

El depredador demoníaco lo observaba sin apartar la mirada, exigiendo un combate que estaba más allá de la lógica. Un humano no podía enfrentar a un Digimon de ese calibre. No aquí, no ahora… salvo que el destino quisiera otra cosa.

Yuichi bajó la mirada y vio que su mano derecha brillaba. Una cinta flotante, hecha de caracteres DigiCode, giraba lentamente alrededor de su muñeca, pulsando al ritmo de su corazón. No sabía cómo había llegado allí, pero en cuanto la miró, comprendió lo que significaba. No fue una deducción lógica, sino un conocimiento instintivo, grabado en lo más profundo de su mente.

Dos palabras lo llenaron por completo.

Spirit Evolution.

No dudó. Cerró los ojos y dejó que aquella energía lo envolviera. Una ola de luz oscura lo consumió desde los pies hasta la cabeza. Sintió cómo su cuerpo se fragmentaba en miles de partículas, reconstruyéndose bajo una nueva forma. El calor desapareció, reemplazado por una armadura fría, metálica, afilada. Su visión se multiplicó, su respiración se volvió controlada y profunda, su fuerza… tangible.

Cuando abrió los ojos, ya no era Yuichi Nakamura. Era Duskmon.

Su silueta, envuelta en placas negras y púas carmesí, destilaba un aura tan imponente como la de su adversario. Las múltiples miradas de su cuerpo fijaron a Velgrmon con intensidad depredadora. Cada paso que daba resonaba con firmeza en el suelo cristalino, anunciando que el reto había sido aceptado.

Velgrmon desplegó sus alas y lanzó un chillido ensordecedor, un corte de viento que agitó las sombras. Sin más preámbulos, el cazador alado inició el descenso, y Duskmon flexionó las piernas, preparado para interceptarlo.


En aquel lugar sin nombre, el choque entre ambos estaba a punto de desatarse.
 
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El aire se desgarró cuando Velgrmon descendió a toda velocidad, sus alas generando corrientes que cortaban como cuchillas. Duskmon se mantuvo firme, observando cada movimiento con sus múltiples ojos, analizando la trayectoria del adversario. No se movió hasta que la silueta del Digimon alado estuvo lo suficientemente cerca como para sentir el calor de su aura.

Con un giro brusco, Duskmon se apartó hacia un costado, dejando que el ataque inicial de Velgrmon impactara contra el suelo. El estruendo fue ensordecedor; fragmentos de cristal oscuro se levantaron como metralla, destellando con los reflejos rojos del entorno. Duskmon apenas tuvo tiempo de recuperar la postura cuando un segundo embate llegó desde el lateral: Velgrmon giró sobre sí mismo, intentando golpearlo con sus garras delanteras.

El guerrero de las sombras levantó ambos antebrazos y bloqueó el impacto. El choque generó un crujido metálico, y la fuerza del golpe lo hizo deslizarse varios metros hacia atrás. El suelo quedó marcado por las huellas de sus talones. Velgrmon batió las alas de nuevo, elevándose para preparar otra embestida, esta vez desde arriba.

Duskmon no pensaba permitirle dominar el ritmo. Sus ojos centellearon en un patrón carmesí y, en un instante, su cuerpo se desvaneció en una serie de destellos oscuros. Surgió justo en el punto ciego de Velgrmon, su espada oculta extendiéndose desde el brazo derecho con un brillo amenazante. Un corte rápido y preciso pasó a escasos centímetros del ala izquierda del oponente, pero este reaccionó con un giro abrupto, esquivando por puro instinto.

El intercambio se volvió frenético. Velgrmon atacaba con barridos aéreos, garras y mordidas; Duskmon respondía con desplazamientos veloces, ataques directos y ráfagas de energía oscura. Cada impacto que conseguía conectar dejaba un rastro de chispas rojas sobre la armadura o las plumas de su rival. Sin embargo, ambos parecían igualados: ninguno cedía terreno por mucho tiempo.

Un aullido agudo de Velgrmon llenó la cúpula, reverberando como un eco distorsionado. Segundos después, proyectiles de energía oscura, en forma de cuchillas curvas, comenzaron a llover desde lo alto. Duskmon retrocedió, sus pasos calculados mientras giraba y bloqueaba cada ataque con sus espadas gemelas. El contacto de la energía contra sus armas dejaba un zumbido metálico en el aire, y cada impacto fallido golpeaba el suelo con tal fuerza que abría grietas adicionales en la superficie cristalina.

En un instante, Velgrmon desapareció de su campo de visión. Duskmon detuvo su defensa y escaneó el entorno. Nada. Entonces lo sintió: una sombra que se movía directamente detrás de él. Giró, pero fue demasiado tarde; un ala cubierta de plumas afiladas como cuchillas lo golpeó de lleno, enviándolo a volar varios metros. Su armadura resistió el corte, pero la fuerza del impacto lo dejó arrodillado.

El dolor no lo detuvo. Duskmon clavó una de sus espadas en el suelo y, usando la inercia, se impulsó hacia adelante con una velocidad brutal. La distancia entre ambos se cerró en un parpadeo. Con un giro, lanzó un corte ascendente que atravesó la defensa de Velgrmon y dejó una línea luminosa en su costado. El chillido de la bestia resonó como un trueno, más de rabia que de dolor.

Ambos combatientes se separaron, midiendo de nuevo la distancia. La respiración de Duskmon era lenta, controlada, pero cada músculo estaba al límite. Velgrmon agitaba las alas, levantando remolinos de polvo y fragmentos de cristal. El ambiente se había cargado de tensión estática; la energía de ambos chocaba en el aire antes incluso de que sus cuerpos se movieran.

En un impulso simultáneo, los dos avanzaron. Velgrmon bajó la cabeza, su pico listo para perforar. Duskmon giró sobre su eje, cruzando ambas espadas y canalizando energía oscura en un solo golpe. El impacto fue como una explosión muda: el destello negro y carmesí iluminó la cúpula por un segundo.

Cuando la luz se desvaneció, ambos habían sido empujados hacia lados opuestos del campo. El silencio regresó, roto solo por el sonido de las respiraciones agitadas.

Velgrmon dobló ligeramente las alas, preparándose para un último embate. Duskmon, con sus ojos múltiples brillando como brasas, no retrocedió ni un paso. En este enfrentamiento, no había espacio para el miedo.

La siguiente colisión decidiría quién prevalecería en aquel duelo imposible.
 
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El silencio duró apenas un parpadeo. En cuanto ambos combatientes se fijaron mutuamente, la tensión estalló. Velgrmon desplegó las alas con fuerza, creando un vendaval oscuro que levantó fragmentos de cristal del suelo y los proyectó como cuchillas improvisadas. Duskmon avanzó a contracorriente, cortando los proyectiles en pleno aire con movimientos calculados, cada impacto dejando un destello de chispas carmesí.

El aire vibraba con la intensidad de las energías en juego. Velgrmon, con un batir súbito, se elevó hasta la parte más alta de la cúpula, su silueta recortándose contra las runas vivas que giraban lentamente. Desde allí, su cuerpo comenzó a irradiar una luz rojiza, acumulando energía en un patrón espiral que se concentraba en su pecho. Era un ataque definitivo.

Duskmon lo sabía. Sus múltiples ojos se enfocaron en la figura del ave demoníaca, y sin apartar la mirada, colocó ambas espadas cruzadas frente a su pecho. La oscuridad se acumuló a su alrededor, envolviéndolo en un halo que parecía absorber incluso los reflejos del suelo. El aire frío se volvió casi helado.

Velgrmon descendió como un rayo, trazando una línea roja en el aire. La fuerza de su caída era tal que el propio suelo se agrietaba anticipando el impacto. Duskmon no se movió hasta el último instante.

Cuando Velgrmon estaba a punto de golpear, el guerrero de las sombras giró sobre sí mismo, liberando toda la energía acumulada en un único tajo horizontal. El golpe chocó contra el ataque del ave en un estallido que sacudió el escenario entero. La onda expansiva fue tan potente que las grietas del suelo se iluminaron con un resplandor rojo, como si debajo de aquel cristal latiera un corazón ardiente.

Por un instante, la visión se volvió borrosa, cegada por el destello y el viento. Cuando la luz se disipó, ambos se encontraban arrodillados, respirando con fuerza. Velgrmon tenía un corte diagonal que cruzaba parte de su ala derecha, y Duskmon, una grieta en la armadura del torso que dejaba escapar un hilo de energía oscura.

A pesar del daño, ninguno cedía la mirada. El enfrentamiento había sido igualado hasta el último segundo. Entonces, Velgrmon se incorporó lentamente, plegó sus alas y emitió un sonido grave, distinto de los chillidos anteriores. No era un grito de guerra… era un reconocimiento silencioso.

Duskmon permaneció inmóvil, pero sus ojos múltiples disminuyeron su brillo, respondiendo al gesto. No había palabras, pero la comunicación era clara: ambos aceptaban la fuerza y la determinación del otro.

En ese momento, una luz blanca, intensa y repentina, comenzó a emanar desde las grietas del suelo, creciendo con rapidez hasta cubrirlo todo. Duskmon levantó una mano para protegerse de la intensidad, pero la luz lo envolvió por completo. Sintió cómo su cuerpo se deshacía nuevamente en partículas, la armadura desvaneciéndose, los sentidos distorsionándose.

La sensación de caída volvió, pero esta vez fue breve. Cuando la luz se apagó, Yuichi abrió los ojos y se encontró tumbado en una camilla. El techo de madera y las cortinas blancas lo sacaron de golpe de la tensión del combate. Estaba en la enfermería de la ceremonia.


A su lado, sus compañeros Digimon lo observaban con evidente preocupación, mientras Baromon, de pie junto a la cama, mantenía una expresión serena.

-Despertaste al fin -dijo Baromon, con voz calmada-Te desmayaste al final del Combate Ceremonial. Estuviste inconsciente todo este tiempo-.

Yuichi intentó incorporarse, pero su cuerpo estaba pesado. Entre Murakan y Diluc lo ayudaron a recostarse de nuevo.

-No intentes moverte demasiado -añadió Baromon- Tu pulso y tu respiración se estabilizaron hace poco. Fue un colapso repentino, pero no hay daño grave-.


Yuichi no respondió de inmediato. Las imágenes del lugar extraño, la cúpula de runas, el brillo de DigiCode en su mano… y sobre todo, Velgrmon, aún estaban frescas en su mente. Había sentido la fuerza de ese enfrentamiento, la intensidad de cada golpe, y el reconocimiento final del adversario.

Pero al mirar a su alrededor, no había rastro de aquello. No tenía su armadura de Duskmon, ni heridas visibles del combate. Como si nada hubiera pasado.

Baromon pareció notar la confusión en sus ojos.

-A veces, la mente y el espíritu recorren caminos que el cuerpo no entiende. Lo importante es que regresaste-.

Yuichi asintió, aunque sabía que lo que había vivido no había sido un simple sueño. En algún lugar, más allá de ese mundo tangible, Velgrmon aún recordaba el duelo que habían compartido. Y en su interior, algo le decía que aquel encuentro no sería el último.
La enfermería volvió a llenarse de silencio, roto solo por la respiración tranquila de su compañero. Yuichi cerró los ojos, dejando que la calma reemplazara el eco de la batalla, aunque en el fondo sabía que la experiencia había dejado una huella que no desaparecería.
Había enfrentado a un adversario sin igual, y en lo más profundo de su ser, había despertado una fuerza que hasta entonces desconocía.
 
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